lunes, 31 de octubre de 2022

BookTag 36: Rip it o Ship it

 ¡Hola a todos!

Como podéis ver, hoy os traigo una entrada distinta de lo habitual: ¡Un BookTag!

Hace tiempo que no os traía uno porque me daba pereza, pero hoy me he animado porque estaba un poco cansada de hacer siempre lo mismo. Cogí el BookTag de La domadora de libros, y, en principio, consistía en escoger unos cuantos personajes literarios, emparejarlos al azar y decidir si funcionarían como relación o no, pero yo he decidido hacer algunos cambio. 

Para empezar, he hecho una lista de los libros que he leído este año y he tomado nota de los nombres de sus protagonistas. Como eran muchos, he reducido la lista a 20 personajes de los libros más conocidos. Además, en el caso de Fullmetal Alchemist, he escogido a tres en lugar de solo uno porque son 18 libros. 

A continuación, los he ordenado de forma alfabética y los he separado en parejas. No me gustaba casi ninguna, por lo que he decidido hacer algo completamente distinto, como veréis. La primera lista que vais a ver es de afinidades: quiénes se llevarían mejor. La segunda lista es de animadversión: quiénes se odiarían a muerte. 

AFINIDADES

Conde Drácula (Drácula, de Bram Stoker) - Al Elric (Fullmetal Alchemist, de Hiromu Arakawa)

Empiezo con uno difícil de defender, y es que no resulta fácil emparejar a Drácula. A ver, no quiero decir que hubiera romance, ni siquiera una amistad, pero si os fijáis, Al está hecho de metal, por lo que Drácula no le mataría, cosa que ya es un avance. Sí que es cierto que lo que mantiene con vida a Al es un dibujo hecho con sangre, pero tiene los poderes suficientes como para mantener a Drácula alejado. Y mientras Drácula intenta comérselo sin lograrlo, como Al es muy buena gente, estoy segura de que le convencería de que matar está mal y de que tiene que hacerse vegetariano. 

Lyra (La brújula dorada, de Philip Pullman) - Piranesi (Piranesi, de Susanna Clarke)

Lyra es una chica a la que le gusta la naturaleza y le encanta explorar. Piranesi es un náufrago encerrado en una casa de habitaciones infinitas al que le gusta la naturaleza y le encanta explorar. Son perfectos. Se llevarían muy bien tanto en el mundo de Lyra, pues los dos serían compañeros de viaje hacia el norte y descubriendo otros mundos, como si estuvieran encerrados en la Casa en la que vive Piranesi. Además, como Lyra siempre lleva a su daimonion, eso fascinaría a Piranesi, quien reverencia a todo ser vivo. Quizás la mayor discrepancia entre ellos sería la brújula dorada, pues te revela la verdad y Piranesi no quiere conocerla.

Amano (Livingstone, de Tomohiro Maekawa y Jinsei Kataoka) - Diletta Mair (Lilim 2.10.2003, de Belén Martínez Sánchez)

(Ya sé que la de la imagen es Isabelle, de Cazadores de sombras, pero yo a Diletta la imaginaba así, pero un poco menos molona)

Amano es un chico al que le gustan los videojuegos y pintar graffitis. Miradle: tiene toda la pinta de ser un chico malo, justo lo que le gusta a Diletta. Ella es la típica chica fuerte e independiente que solo piensa en el romance (mal) y le gustan los tipos como Amano, que van a su aire y pasan de todo. Es cierto que a Amano no le van las relaciones, por lo que nunca saldrían juntos, pero sí permitiría que Diletta flirteara con él y que se lanzaran pullas constantemente. Eso es positivo, pues dudo que Diletta fuera capaz de manejarse en una relación real o de declararse. A todo esto añadir que tienen algo en común: su trabajo. Amano se dedica a recolectar el alma de gente que se ha desviado de su ruta vital para que se reencarne, mientras que Diletta vive en Mausoleo y está aprendiendo a ser un demonio, pero un demonio bueno que solo mata a los ángeles (y en su caso, creo que ni eso). Seguro que tendrían mucho de qué hablar.

Abby (Un desastre es para siempre, de Jamie McGuire) - Emmi (Contra el viento del norte, de Daniel Glattauer)

Parecen bastante el mismo personaje, aunque la diferencia de edad (Abby 21, Emmi 34) sería el principal obstáculo en su relación, perosi no revelan ese dato, no lo notarían, pues tienen la misma madurez mental. Ambas aman de forma incondicional y son obsesivas y controladoras. Teniendo en cuenta eso, creo que su relación sería tóxica, pero que harían buena pareja. Además, a Abby le importa el aspecto, pero a Emmi no, por lo que no se verían nunca en persona y mentirían respecto a su identidad.

Lift (Arcanum ilimitado, de Brandon Sanderson) - Yeray Ayala (Antihéroes, de Iria G. Parente y Selene M. Pascual)

Menudo ship entre estos dos. Son la pareja perfecta. A ver, quizás está el defecto de que Lift tiene 12 años y Yeray 17, pero no se nota porque de madurez mental son iguales. Si no tienen una relación, como mínimo serían mejores amigos. A ambos les gusta burlarse de la gente y las aventuras, así como saltarse la ley. Yeray puede teletransportarse, cosa que permitiría a Lift viajar a un montón de sitios y robar comida de los lugares más insospechados. Por parte de Yeray, Lift tiene unos poderes muy interesantes y divertidos, como deslizarse y hacer crecer plantas, por lo que ambos se convertirían en la mejor pareja de ladrones del mundo.

Arthur Dent (Guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams) - Rincewind (Rechicero, de Terry Pratchett)

Pero miradlos, ¡si físicamente son iguales! Me ha costado mucho emparejar a estos personajes, pues no me parece que tengan mucha personalidad. Se parecen en que ambos preferirían quedarse en casa viviendo tranquilamente, pero sin quererlo ni beberlo, se ven metidos en un montón de aventuras y líos de índole mágica (la ciencia en Guía del autoestopista galáctico es como magia). Creo que serían buenos amigos por el hecho de que Arthur no se sorprendería por Mundodisco ni por las particularidades de Rincewind, y este está tan acostumbrado a las cosas extrañas que suceden en su vida que viajar en nave espacial sería lo de menos. Creo que ambos colaborarían para volver a casa. 

Ed Elric (Fullmetal Alchemist, de Hiromu Arakawa) - Karos (Esinita roja, Carmelo Monsalve)

Bueno, en el segundo libro Karos ya está algo tocado mentalmente y ha visto mucha muerte, pero creo que Ed podría hacerle bien. Creo que entre ambos podrían ser amigos porque se sacrifican por los demás y buscan hacer el bien y salvar a todos los que puedan. Ambos tienen poderes similares (Karos también puede modificar la materia, entre otras cosas), por lo que podrían crear buenas dinámicas. Además, estoy segura de que Ed encontraría solución a los conflictos internos de Karos y conseguiría que Karos volviera a ser el joven de la primera novela. Karos me parece Ed si este hubiera vivido el rechazo de la sociedad desde pequeño y asumido la culpa por la muerte de tantas personas como lo ha hecho Karos.

Roy Mustang (Fullmetal Alchemist, de Hiromu Arakawa) - Connor (Desconexión, de Neal Shusterman)

A ver, Roy es el mejor de los dos, me encanta este personaje, pero de todos los de la lista, con quién mejor se llevaría es con Connor. Ambos quieren un cambio social y se preocupan por la población y la política, así como el hecho de que saben coordinar a su equipo de gente, a la que quieren, y tratan de ser líderes. Por supuesto, Connor es mucho más infantil y tonto, así como ingenuo, pues no ha vivido una guerra como Roy, pero podría ser un buen subalterno de este.

Thor (Mitos nórdicos, de Neil Gaiman) - Natalia (El campamento, de Blue Jeans)

Best pareja ever. A ver Thor está casado, pero estoy segura de que no le importa ser infiel y a Natalia le pone estar con alguien casado. Es muy guapo y fuerte, aunque bastante tonto, justo lo que le gusta a Natalia, pues a ella la inteligencia y la personalidad le dan igual, solo le interesa una cosa. Además, ella suele ser infiel a sus parejas y es una mentirosa muy pija, algo que dudo que le importe a Thor.

Peter (Hook, de Terry Brooks) - Isabelle (Hermanastra, de Jennifer Donnelly)

Por la diferencia de edad, principalmente, me parecería que la relación de estos dos sería más de padre e hija. El Peter del final del libro es alguien que se preocupa por sus hijos y que quiere vivir aventuras y divertirse con ellos, sin olvidar que es el adulto responsable. La Isabelle del final del libro es una mujer empoderada que necesita el apoyo de los suyos, pero que quiere ser guerrera y vivir aventuras. Creo que ambos se darían mucho apoyo.


ANIMADVERSIÓN

Conde Drácula (Drácula, de Bram Stoker) - Ed Elric (Fullmetal Alchemist, de Hiromu Arakawa)

Mientras que Al tendría paciencia para convencer a Drácula de lo correcto, estos dos empezarían la lucha nada más verse. Es cierto que Ed es un pacifista que cree en el perdón, pero sería incapaz de dialogar con Drácula, pues este no le escucharía. No es como los homúnculos que tenían capacidad de reflexión, sino una bestia que no piensa más que en su supervivencia. Con suerte, si Ed venciera el combate, lo recluiría en un ataúd maniatado y lo alimentaría como una mascota con sangre animal o con su propia sangre. 

Diletta Mair (Lilim 2.10.2003, de Belén Martínez Sánchez) - Thor (Mitos nórdicos, de Neil Gaiman) 

En principio podría parecer que estos dos se llevarían bien, pues son guapos y se sentirían atraídos el uno por el otro...hasta que Diletta abriera la boca. A ella le encanta lanzar pullas y burlarse de la gente, algo que Thor odia con todas sus fuerzas, por lo que seguramente le inflingiría algún castigo eterno por burlarse de él... en el momento en que fuera capaz de captar la burla.

Lyra (La brújula dorada, de Philip Pullman) - Rincewind (Rechicero, de Terry Pratchett)

Estos dos se saludarían y no volverían a verse las caras. Lyra quiere aventuras, explorar  y ayudar a la gente. Rincewind es egoista y quiere quedarse tranquilo. Nada que ver.

Piranesi (Piranesi, de Susanna Clarke)- Karos (Esinita roja, Carmelo Monsalve)

A ver, no se llevarían tan mal, porque Piranesi es un amor de persona, pero estoy segura de que tampoco se llevarían bien. Karos se sentiría agobiado en la Casa y, pese a sus poderes, no lograría escapar, pero sí destruirlo todo, algo que Piranesi odiaría. Además, ambos se aburrirían entre sí. 

Amano (Livingstone, de Tomohiro Maekawa y Jinsei Kataoka) - Al Elric (Fullmetal Alchemist, de Hiromu Arakawa)

Otro emparejamiento difícil, pues no es fácil que Al odie a alguien, a no ser que esa persona fuera completamente malvada. He juntado a estos dos porque creo que habría un fuerte choque de ideologías. A Amano no le importa quitarle el alma a la gente y permitir que se suiciden con tal de que no se desvíen del camino marcado. Al n o estaría nada de acuerdo. Defendería que siempre hay una oportunidad de salvarse y de retomar el camino, así como de crear su propio camino. Además, si supiera el tiempo de vida que le queda a la gente, intentaría avisarlos sin tener en cuenta las consecuencias. 

Abby (Un desastre es para siempre, de Jamie McGuire) - Yeray Ayala (Antihéroes, de Iria G. Parente y Selene M. Pascual)

Puede que Yeray sea un poco chico malo, como le gustan a Abby, y que ella sea guapa, lo que le gusta a Yeray, pero no serían pareja porque Abby , como ya he comentado, es muy posesiva, controladora y celosa, mientras que Yeray es un alma libre. Cada vez que desapareciera, Abby se preguntaría dónde ha ido sin ella y qué está haciendo, algo que agrietaría la relación.

Emmi (Contra el viento del norte, de Daniel Glattauer) - Arthur Dent (Guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams

Un poco lo mismo que en la anterior, pues Emmi es una Abby adulta. Le gustaría comunicarse por escrito con Arthur y la distancia, pero sentiría celos de sus aventuras, así como inseguridad acerca de qué está haciendo realmente. Además, las vivencias de Arthur son demasiado extrañas para alguein tan racional. Tampoco se iría con él porque le gusta la estabilidad.

Lift (Arcanum ilimitado, de Brandon Sanderson) - Roy Mustang (Fullmetal Alchemist, de Hiromu Arakawa)

No puede haber dos personas más contrarias. Lift es despreocupada, alegre, bromista, traviesa, ingenua y ama de romper las reglas. Roy es serio, adulto, preocupado siempre por el bienestar social y no tolera la indisciplina. Seguramente se pasaría su vida intentando atrapar a Lift.

Natalia (El campamento, de Blue Jeans) - Isabelle (Hermanastra, de Jennifer Donnelly)

Este emparejamiento me resulta difícil, porque Natalia sale con todo lo que se menea, por lo que también le gustaría Isabelle. Mirad que es feo, pero seguro que le gustaría incluso Drácula. El único con el que realmente se llevaría mal es Amano, pues sería inmune a sus encantos. Pero ese ya estaba cogido, así que la he puesto con Isabelle. A esta última le gustaría la libertad de Natalia, pero no soportaría lo pija y femenina que es. Además, no podrían vivir en el mundo de la otra. Para Natalia, la época de Isabelle limitaría mucho sus libertades, mientras que para Isabelle, en nuestro presente no hay tantas guerras con espada como le gustaría. 

Connor (Desconexión, de Neal Shusterman) - Peter (Hook, de Terry Brooks) 

Otro emparejamiento que resulta difícil. Como padre e hijo no funcionaría, pues por muy buen padre que sea ahora Peter, Connor ha roto completamente con ellos y se siente demasiado independiente como para hacer caso o necesitar a alguien. Como amigos tampoco funcionaría, pues Peter es demasiado despreocupado respecto a la sociedad como para que le resulte útil a Connor.


Y bueno, hasta aquí mis relaicones entre personajes. Ahora es vuestro turno, siento mucho curiosidad. De los personajes que conocéis y teniendo en cuenta mis explicaciones. ¿Estáis de acuerdo con las parejas románticas/amistad que he formado? ¿Y con las de enemistad? ¿Con quiénes los juntaríais vosotros? Por supuesto, os podéis llevar el BookTag sin problema. 


jueves, 27 de octubre de 2022

Los muchachos de zinc, de Svetlana Alexiévich

Traductor/a: Zahara García González y Ioulia Dobrovolskaia
Número de páginas:  336 
Dimensiones: 189 cm × 125 cm × 0 cm
Fecha de publicación: 2019
ISBN: 978-84-663-3967-4
Idioma original: ruso
Título original: Cíncovie málchiki 
Año de publicación: 1990

 Sinopsis
Entre 1979 y 1989 un millón de tropas soviéticas combatieron en una guerra devastadora en Afganistán que provocó más de 50.000 bajas y acabó con la juventud y la humanidad de varias decenas de miles de soldados más. Los muertos soviéticos volvían a casa en ataúdes de zinc sellados mientras el estado no reconocía ni la mera existencia del conflicto.

Opinión:
Impresión: Necesario

Lo primero que leí de esta mujer fue Voces de Chernóbil, un libro que me dejó devastada. He tardado mucho en leer otra obra de esta autora, pues sus libros no se pueden leer a la ligera, sino que tienes que estar anímicamente preparado.

Este ha sido bastante similar, tanto en estructura como en temas, al otro, aunque me ha impactado un poco menos. Se centra en las consecuencias en Rusia de la guerra de Afganistán (1979-1989). A mí, ver estas fechas me da repelús. ¡Todo esto sucedió en los 80! ¡No hace tanto! ¡Ya éramos una sociedad civilizada! En cambio, la imagen que nos muestra tanto de la mentalidad como de la tecnología rusa es propia de principios del siglo XX.

A lo largo de varios años, la autora se entrevistó con soldados, médicos, enfermeras, madres y esposas, entre otros, para que conozcamos de primera mano qué significó la guerra para la población. Como afirma la autora en el prólogo:

«Yo rastreo el sentimiento, no el suceso. Cómo se desarrollan nuestros sentimientos, no los hechos. Probablemente lo que yo estoy haciendo se parece a la labor de un historiador, soy una historiadora de lo etéreo. ¿Qué ocurre con los grandes acontecimientos? Quedan fijados en la Historia. En cambio, los pequeños, que sin embargo son importantes para el hombre pequeño, desaparecen sin dejar huella. Hoy mismo un chico —no parecía un soldado, era frágil y de aspecto enclenque— me ha contado lo extraño y a la vez apasionante que es matar todos juntos. Y lo espantoso que es fusilar.
¿Acaso eso quedará en la Historia? Eso es a lo que yo me dedico desesperadamente (libro tras libro): a disminuir la historia hasta que toma una dimensión humana.»

Desde Voces de Chernóbil, me he aficionado a los testimonios reales, por su sinceridad, por la frialdad con la que hablan de hechos terribles, por el sentimiento contenido, porque a medida que lees incrédula, tienes que recordarte que esto NO es una ficción, que tras esas palabras hay alguien de carne y hueso. Eso sí, siempre con el filtro de la autora, quien ha seleccionado los fragmentos de las entrevistas que le permiten transmitir mejor su mensaje y quien las ha transcrito imitando el habla oral (repeticiones de palabras, duda, ausencia de conectores), pero puliendo la sintaxis y el lenguaje para darle una forma literaria. Entonces, ¿qué parte es real y qué parte es modificada? Me hubiera gustado que se hablara en el prólogo de los criterios de transcripción. Aun así, me gusta que en cierta parte se cuestione la veracidad del género:

«la literatura documental se centra rigurosamente en la autenticidad y la veracidad. Sin embargo, ¿son posibles el realismo total, la verdad absoluta? De acuerdo con las palabras de Albert Camus, escritor, Premio Nobel de Literatura, la verdad absoluta solo sería posible si frente al hombre hubiera una cámara que registrara su vida desde el nacimiento hasta la muerte. Pero ¿existiría en tal caso otra persona dispuesta a sacrificar su vida para asistir a la proyección infinita de esta increíble película? Y ¿sería esa otra persona capaz de divisar tras los acontecimientos formales las razones internas del «personaje»?»

Ya que estoy con la parte más técnica, me gustaría hablar de la estructura. La obra se divide en tres partes introducidas por una cita de la Biblia. Yo lo siento, pero no he percibido diferencia alguna entre los testimonios que pertenecen a las distintas partes. En estos testimonios, de una duración de entre dos y diez páginas, no se indica quién está hablando (nunca dice nombres reales, para evitar problemas políticos, sino un pseudónimo y el oficio) hasta el final, algo que me ha molestado. Es cierto que es un libro de poco contexto, pero como mínimo necesito saber antes de leer el testimonio si la voz es de un hombre, una mujer, cuál era su papel en el conflicto y cuando se realizó la entrevista. Este último dato no aparece por ninguna parte y me parece clave, pues no es lo mismo lo que pueda opinar un soldado durante la guerra, un año o diez años después.

Tras esto, encontramos toda la documentación relativa a los juicios a los que tuvo que enfrentarse la autora tras la publicación del libro. No me esperaba algo así y he quedado gratamente sorprendida. Me encanta la idea de no querer ocultar la polémica, los insultos recibidos y las críticas, sino blandirlas con orgullo y convertirlo en una argumento más a su favor, pues muestra cómo el gobierno ruso manipula, trata de silenciar todas las voces disidentes y oculta información a la población. 

Toda esta parte me ha parecido maravillosa, pues permite que veamos la censura a la que son sometidos los autores y periodistas rusos, así como el punto de vista de los detractores de Svetlana. Para muestra, un botón:

«Inna Serguéevna Galovneva, madre del oficial Galovnev, caído en Afganistán, no abandona el «sendero de la guerra»: se prepara para tramitar el recurso de casación y seguir demandando a la escritora. ¿Qué impulsa a esta mujer? ¿A esta madre? La pena inconsolable. Inconsolable en el sentido de que cuanto más se aleja la guerra afgana, cuanto más concienciada está la sociedad de lo oportunista que fue esa guerra, más absurda se vuelve la muerte de nuestros chicos en tierra extranjera… Es por eso por lo que Inna Serguéevna no acepta el libro Los muchachos de zinc. Es por eso por lo que para ella es un ultraje: para una madre la verdad al desnudo sobre la guerra afgana es una carga insoportable.»

En este caso, la crítica se fundamenta en algo emocional, pero es que en otros resulta sorprendente cómo una obra que tiene un mensaje tan claro y directo, puede malinterpretarse y que alguien entienda justo lo contrario. Por último, relacionado con los juicios, destacar que se tratan temas polémicos, algunos relacionados con el género documental (los derechos de autor, hasta qué punto la autora puede modificar las palabras) y otros con la autora (¿la autora se aprovecha de los testimonios para ganar dinero?).

Volviendo a la parte central del libro, me gustaría hablar acerca del tema principal de la obra: las guerras no deberían producirse. Ese es uno de los mensajes que transmite la autora. Para empezar, las tenemos muy mitificadas por el cine, pues aunque sabemos que es algo terrible, también lo asociamos con algo épico, cuando las guerras son sucias, aburridas, brutales e inhumanas. En las películas no se ven los meses de espera para cinco minutos de batalla, cómo los héroes matan a inocentes, cómo los soldados están insensibilizados, cómo los "malos" solo se están defendiendo, cómo los cadáveres resultan descuartizados y tienen que recoger los trozos de sus compañeros, cómo mueren los soldados por enfermedades, cómo se maltratan entre ellos, la falta de medicinas, cómo pueden hacer vida normal tras todo lo que han vivido. Aquí os dejo un par de ejemplos:

«Era cerca de Bagram… Entramos en un kishlak y pedimos comida. Según sus leyes, si un hombre entra en tu casa y está hambriento, no puedes negarle una torta caliente. Las mujeres nos dejaron sentarnos a su mesa y nos dieron de comer. Cuando nos hubimos marchado, los vecinos apedrearon a esas mujeres y a sus hijos hasta la muerte. Ellas sabían que los iban a matar, y sin embargo no nos echaron de sus casas. Y nosotros irrumpíamos en su país con nuestras reglas…»

 «Una guerra nunca hace mejor a un hombre. Solo lo hace peor. De eso no cabe duda. Nunca podré regresar al día en que me fui a la guerra. Ya nunca seré el hombre que era antes de la guerra. Cómo puedo ser una persona mejor si he visto… como los médicos le compraban con vales dos vasos de orina a un ictérico. Luego se los bebían. Enfermaban. La comisión médica los mandaba a casa. He visto como se disparaban a sus propios dedos. Como se mutilaban con los cerrojos de las ametralladoras. Como… Como… Como dentro del mismo avión regresaban a casa los ataúdes de zinc sellados y maletas repletas de abrigos de piel, de tejanos, de braguitas de mujer… de té chino…»

 «Después del combate recogimos a los nuestros pedazo por pedazo, tuvimos que raspar algunos trozos para quitarlos de la coraza. No había chapas de identificación, desplegamos una lona que hizo de fosa común… Vete tú a identificar piernas o fragmentos de cráneos…»

La autora pretende que tomemos consciencia de que las guerras solo benefician a los políticos, que participar no te convierte en un héroe. Muchos rusos, antes de la publicación del libro, no sabían nada acerca de lo que vivieron los soldados que fueron enviados allí ni de la parte más oscura de la guerra de Afganistán. Según la autora:

«Si no conseguimos aclararnos con el pasado, nos volverá a alcanzar en el futuro. Habrá un nuevo engaño y nueva sangre. El pasado está por delante.»

Lo cual ha demostrado ser cierto, como se ha visto con la guerra con Ucrania. Es más, me ha impactado mucho leer este libro justo en este momento, pues ahora sé exactamente lo que se está viviendo allí en el frente y también comprendo mejor a los soldados rusos, a los que, como en la guerra de Afganistán, habrán lavado el cerebro con mentiras acerca de proteger su patria y cómo los soldados no pueden negarse a luchar.

Muchos de los soldados que fueron a la guerra de Afganistán a penas tenían 18 años. Fueron allí con la esperanza de convertirse en héroes, pero al volver, se encontraron con que el resto de la población los consideraba unos asesinos violentos. Svetlana en ningún momento los culpabiliza por matar o los juzga por sus actos, al contrario, cada una de las barbaridades que se ven obligados a hacer (a veces por órdenes recibidas, otras porque las circunstancias les han afectado tanto que se han vuelto crueles) es responsabilidad de aquellos altos cargos políticos que estaban a favor de la guerra. Svetlana no desprecia a los soldados por lo que se han convertido, sino que los considera unos mártires, títeres que no podían huir de la guerra.

Esto se ve especialmente al final de cada testimonio. Considero que Svetlana ha sabido seleccionar muy bien los fragmentos para transmitir su mensaje y cortarlos en el momento justo, de manera que las palabras finales de los testimonios se pueden interpretar como críticas al sistema político que los llevó a esa situación.

Los testimonios de los soldados son en su mayoría fríos, como si se hubieran insensibilizado ante la violencia. Hay alguna que otra escena bastante dura, pero la obra te impacta y te traslada al campo de batalla tanto por la cotidianeidad con la que hablan de ello como por la suma de todas las voces que afirman lo mismo. Es cierto que esperaba algo más explícito y terrible, pero es que a veces es peor la suma de los pequeños actos que una gran explosión de sangre y vísceras.

La autora es claramente partidista y está en contra de la guerra, pero eso no implica que no incluya el testimonio de soldados que se sienten orgullosos por sus actos, que continúan defendiendo la Patria y que consideran que la guerra de Afganistán fue un acierto. En lugar de ir en contra de su mensaje, este tipo de testimonios lo refuerzan, pues vemos hasta qué punto llega la manipulación mental.

También me ha gustado mucho la perspectiva de las consecuencias psicológicas tras la guerra, y cómo los soldados tratan de reincorporarse a la vida cotidiana. Lo peor es volver y ser juzgado por la mirada de los demás, por estar tan acostumbrado a resolver las cosas con violencia que ya no ves otra salida.

«Aquí les han estropeado la visión. Por eso no nos debe sorprender que después, en casa, su comportamiento no se ajuste a lo normal. Tengo un amigo que ya ha ido a parar a la cárcel… Vuelven con una experiencia distinta. Se han acostumbrado a resolverlo todo con un arma, a la fuerza… Había un ducán donde el dueño vendía sandías, una sandía por cien afganis. Nuestros soldados querían que se las vendiera más baratas. El vendedor se negó. “¿Me estás diciendo que no?”. Un soldado se encabritó y frió a balas las sandías, una montaña entera de sandías. Imagínese qué puede pasar si le pisas un pie en el autobús o no le cedes el paso en un cruce. ¡Imagine!»

«El hombre no cambia en la guerra, el hombre cambia después de la guerra. Se transforma cuando mira lo que hay aquí con los mismos ojos con que miraba lo que había allí»

Además del testimonio de los soldados, hay muchos testimonios de las madres y las viudas. Estos han sido los que me han parecido más desgarradores, pues están llenos de dolor, te pueden identificar fácilmente con su sufrimiento y son los más cohesionados cronológicamente.

Uno de los problemas que he tenido es que me ha faltado variedad de puntos de vista. En especial, me hubiera gustado leer sobre los altos mandos del ejército o de políticos, incluso de personas que aparentemente no tienen nada que ver, pero que la guerra les afectó de una manera u otra. Sin todo eso, siento que a la obra le falta cierta perspectiva. Además, los testimonios, si los lees seguidos, pueden hacerse aburridos, pues es lo mismo una y otra vez. Yo recomiendo ir descansando y dedicando tiempo, unos minutos, para reflexionar tras la lectura de cada testimonio.

Otra de las pegas que le puedo poner al libro es la falta de contexto. No sé nada acerca de la guerra de Afganistán y me hubiera gustado que la obra incluyera un prólogo con algunos datos históricos y hablando de las motivaciones políticas. No es absolutamente necesario ese contexto, pero, más allá de algunas palabras en árabe, he sentido que podría estar hablando de una guerra cualquiera, en lugar de esta en concreto.  

En conclusión, estamos ante una obra muy necesaria hoy en día y de mucha actualidad, pues permite empatizar con los soldados rusos que ahora mismo están luchando contra Ucrania y entender cómo les han lavado el cerebro. Con el objetivo de mostrar cuan terribles son las guerras y despojar el concepto de esa pátina de epicidad de la que siempre están recubiertas, la autora nos ofrece el testimonio de soldados que lucharon en Afganistán, de sus familiares y de otras personas que estuvieron en el campo de batalla. Mediante un lenguaje que imita la oralidad, nos transmite la brutalidad de la guerra, el duelo por la muerte de tantos jóvenes y la injusticia de perder la vida por los designios de los políticos. Se tiene que leer con calma, pues puede ser repetitivo, y aunque hubiera estado bien que incluyera puntos de vista más variados, resulta ser un relato desgarrador por la frialdad con la que se habla de la muerte y la violencia. Además, la crítica a la censura y la desinformación por parte del gobierno ruso es estremecedora.

Cosas que he aprendido:

  • Cuando estalla algo hay que abrir la boca o se te romperán los tímpanos.
  • Los soldados pueden ser muy crueles entre ellos.
  • La población rusa está más desinformada de lo que creía.
  • En los campos de batalla hay trozos de carne por todas partes.
  • No puedes volver de una guerra y ser una persona normal.
  • Los mutilados de guerra sin ninguna extremidad también existen.
  • Técnicas para matar más enemigos, como dejar minas junto al cadáver para matar a quien lo recoja

Y ya para terminar, os dejo con mi avance en Goodreads:

PUNTUACIÓN...4/5!

Primeras Líneas...