martes, 19 de mayo de 2026

Vuelven, de Jason Mott

Leí este libro conjuntamente con Omaira de Entre la lectura y el cine. En su caso, ya lo había leído hacía un par de años (es más, fue ella quien me lo recomendó), pero decidió unirse a la lectura porque no recordaba nada.

Traductor: Mireia Carol Gres
Editorial: Planeta
ISBN: 9788408125792
Título original: The Returned
Número de páginas: 384
Encuadernación: Tapa blanda
Año de edición: 2014

Sinopsis:
Harold y Lucille Hargrave han vivido durante décadas con la pena de haber perdido a su único hijo, Jacob, en un trágico accidente en 1966.
Ahora, ya entrados en la tercera edad, disfrutan de una vida tranquila. Hasta que un día, un agente gubernamental aparece en su puerta de la mano de Jacob, que sigue teniendo ocho años y el mismo aspecto que tenía el día de su muerte.
A lo largo y ancho del mundo, los muertos están volviendo del más allá. Nadie sabe cómo ni por qué, o si se trata de un milagro o un anuncio del fin de nuestros días. Ni siquiera Harold y Lucille saben cómo reaccionar ante la vuelta de su hijo, lo que sí saben con certeza es que se trata de Jacob.

Opinión:

¿Cómo reaccionaríais si ahora, de repente, llamara a vuestra puerta un ser querido que murió hace tiempo? No estoy hablando de un zombie, sino de esa persona tal cual era antes de morir: con sus mismos recuerdos, su mismo aspecto, su misma forma de comportarse y hablar. El debate moral que surge a raíz de esta situación es muy interesante y el libro muestra todo tipo de posturas al respecto. Por desgracia, se queda ahí: no hay un diálogo entre esas perspectivas ni se profundiza en los argumentos que las defienden.

En su lugar, la novela se limita a ofrecernos una perspectiva general de cómo el fenómeno de los Regresados afectaría a nivel mundial: el miedo de la población, el rechazo de algunos, la aceptación de otros, las dudas de la mayoría, los problemas de superpoblación, los inevitables campos de refugiados... Incluso hay interludios con casos concretos: una pareja que se reencuentra tras la muerte, un pintor que se enamora de la mayor experta en su obra, unos nazis que son el blanco de las críticas... 

Al final hay una nota del autor preciosa en la que habla de su motivación para escribir esta historia:

"Quería que fuera un lugar donde —gracias a unos métodos y una magia desconocida incluso para mí— las duras e indiferentes reglas de la vida y de la muerte no existen, y donde la gente puede volver a estar con sus seres queridos. Un lugar donde un padre o una madre pueden volver a abrazar a sus hijos. Un lugar donde los amantes pueden reencontrarse el uno al otro después de perderse [...] Tengo la esperanza de que los lectores puedan entrar en este mundo y encontrar las palabras nunca pronunciadas y las emociones irreconciliadas de sus propias vidas representadas dentro de estas páginas. Tal vez encontrar incluso sus propias deudas perdonadas. Las preocupaciones olvidadas por fin"

La clave, por tanto, está en el reencuentro; eso es lo que de verdad le interesaba mostrar al autor. Por eso, creo que esta historia hubiera funcionado muy bien como antología de relatos. A lo largo de la historia principal, se cuelan capítulos independientes que muestran cómo reaccionan distintas personas al encontrarse con los Regresados. Son muy interesantes, aunque, por desgracia, como duran dos o tres páginas, no hay espacio para ningún tipo de desarrollo o para que conectemos con los personajes. Si el libro estuviera conformado en exclusiva por esas historias, podría permitirse dedicarle más páginas a cada una y que, por los detalles, fuéramos conociendo el contexto.

Tampoco me hubiera disgustado que el libro, como promete la sinopsis, se centrara en el caso de Jacob y sus padres, Harold y Lucille. No esperaba que los protagonistas fueran una pareja de ancianos que de repente son responsables de un niño por el que llevan cincuenta años de luto. El choque emocional, reabrir viejas heridas, tener una prueba palpable de cómo la edad te ha pasado factura... Todo son temas muy interesantes que se tratan superficialmente: vemos cómo son y cómo piensan Harold y Lucille sin profundizar en sus posturas, en sus sentimientos ni en sus emociones, quizás, con el objetivo de no individualizar y que los lectores puedan sentirse más identificados con ellos. 

Esta familia es el eje de la historia; aun así, parece que están en segundo plano, pues hay constantes interrupciones con capítulos o escenas dedicados a otros personajes. Algunos son personajes completamente desconectados que no vuelven a salir; otros, están mínimamente relacionados con la familia de Jacob y tienen algo más de desarrollo. La historia del agente Bellamy con el campo de refugiados y su madre; la de los Wilson, que fueron asesinados; la de Fred, cuya mujer no vuelve y eso le radicaliza en contra de los Regresados; la del Reverendo Peters, cuya exnovia adolescente regresa... Estas historias están muy bien, pero pierden cualquier fuerza e impacto que pudieran tener al estar tan fragmentadas.

Siento que el autor pretendía hacer una historia con una narrativa tradicional, con su introducción, nudo y desenlace, al mismo tiempo que quería ofrecer una mirada multiperspectivista de un suceso internacional. ¿El resultado? No conectamos con ningún personaje y la trama es muy floja. Tras la introducción, la situación de Harold, Lucille y Jacob se estanca, hasta que llegamos a un final bombástico cuyo tono no encaja: es más propio de una película de acción que de una obra melancólica como esta.

Otro de los aspectos más flojos es el worldbuilding. No me parece mal que la historia empiece yendo al grano, sin mostrarnos las primeras semanas del fenómeno de los Regresados: no es necesario mostrar la confusión inicial, porque ese estado emocional permea toda la obra. Tampoco me parece un problema que no se sepa muy bien por qué la gente está volviendo de entre los muertos: la vida está llena de misterios. Sin embargo, hay mucha información que debería estar al alcance de nuestros protagonistas, gente de a pie, y que nosotros desconocemos: ¿hay algún patrón en los Regresados? ¿Alguna característica que los diferencie del resto de humanos? ¿Los cadáveres de esas personas siguen en su sitio? ¿Qué planes a futuro tiene el Gobierno, más allá de los campos de refugiados? ¿Cómo se sienten los Regresados? Entiendo que la obra no pretendía ofrecer explicaciones y lo respeto; pese a ello, creo que los lectores merecemos saber, al menos, tanto como los personajes.

Durante toda la lectura me he sentido como un barco sin rumbo, no solo porque no sabía cómo se podía dar un final a una historia así, sino también porque hay información básica que los protagonistas no comparten con el lector. Su hijo ha vuelto: lo lógico sería que se informaran todo lo posible sobre los Regresados. Es más, Lucille se pasa todo el día delante de la televisión, pero no se nos dice lo que ve. Harold duda de que Jacob sea realmente su Jacob y se siente confuso sobre el tema; pese a ello, no le vemos buscando información.

La situación política es tensa, pero a ellos solo les preocupa Jacob. Lucille sabe desde el primer momento en que le ve que es él; Harold, en cambio, se muestra distante. Me gustaría compartir su desazón; sin embargo, me falta información. Ellos dicen que el chico que está con ellos es igual que su Jason (habla, se comporta igual y tiene sus mismos recuerdos); a mí me parecía un niño raro, al que le faltaba vida, ilusión, como si no tuviera perspectivas de futuro. No pregunta por sus amigos de aquella época, no se sorprende por los cambios tecnológicos y no muestra emociones.

Esto no es algo exclusivo de Jacob, sino que los miembros de la familia Wilson son también así. No hay muchos más ejemplos, porque a los demás Regresados les vemos demasiado poco como para decir algo sobre su personalidad. Tampoco estoy segura de si hay algo que los delata: en la novela, la gente enseguida detecta si lo son o no y no sé cómo lo saben. Estas dudas vienen del hecho de que la obra intenta por todos los medios enfocar la atención del lector en los vivos. Por eso, el narrador omnisciente evita entrar en la mente de los Regresados, así que no sabemos qué piensan o cómo se sienten realmente. Por supuesto que las autoridades preguntan al respecto, pero no vemos las respuestas. Es más, uno de los capítulos interludio se centra en una Regresada a la que interrogan diariamente y, en lugar de ver lo que dice, nos centramos en qué opinión tiene ella de su interrogador.

En conclusión, la novela no ha estado mal, pero me ha sabido a poco. La premisa nos enfrenta a una situación compleja de la que vemos distintas posturas, aunque no llega a haber un debate real. La obra alterna entre una historia continua con una narrativa tradicional y breves capítulos y escenas de personajes secundarios poco o nada conectados que impiden que los principales tengan suficiente espacio para desarrollarse y demostrar profundidad. Además, se centra tanto en mostrar a los vivos y en la idea de los reencuentros que deja de lado la parte básica de la construcción de mundos. El libro tiene mucho corazón, pero no logra calar hondo. 

Cosas que he aprendido:

  • Todos terminaremos por irnos. Aprovecha el momento y no te dejes cosas por decir.

Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:


PUNTUACIÓN...3/5!

Primeras Líneas...

domingo, 10 de mayo de 2026

Viñeta del lector 132#

 

Mi hermano siempre ha sentido interés por los libros. Guardo buenos recuerdos de cuando le leía algunos en voz alta, le explicaba la última historia que había leído o cuando le soltaba mis fragmentos favoritos de la lectura que tenía en ese momento entre manos. Por desgracia, nunca ha sido una persona muy dada a la reflexión, por lo que hacer debates con él o criticar una obra siempre ha sido inviable.

G, en cambio, ha estudiado filología, al igual que yo y siempre ha sido muy crítico. A ambos nos gusta leer y coincidimos en algunas lecturas, aunque tenemos gustos distintos. Él es más de mangas o libros sesudos y lentos; yo, en cambio, soy más de novelas de acción o que desarrollan una sola tesis. Pese a las diferencias, coincido con lo que dice la viñeta del lector: al vivir con otro lector, el placer de la lectura es el doble. 

En primer lugar, como G me cuenta las historias que lee, es como si leyera el doble. Normalmente son libros que no me interesan lo más mínimo, pero me gusta cómo se expresa, descubrir por qué a él sí que le interesa esa obra, ver en qué detalles se centra y cuáles pasa por alto y qué ha aprendido de esas historias.

En segundo lugar, yo también le cuento mi opinión de los libros que voy leyendo. Hablar con alguien de tus lecturas te permite profundizar en ellas, fijarte en detalles que no habías notado, y te obliga a ahondar en las razones por las que te ha gustado o no la obra. Además, si se da el caso, puedo fangirlear sin frenos o poner a caldo una novela sin miramientos.

Por último, está el hecho de que a veces hacemos lecturas conjuntas. Compartimos un mismo libro, nos turnamos para leerlo y lo comentamos a medida que avanzamos. ¿Problema? G me parece muy perspicaz y suele acertar con sus teorías sobre qué pasará a continuación.

Y eso es todo por hoy. ¿Vosotros también tenéis a alguien con quien compartir vuestras lecturas en casa?

domingo, 3 de mayo de 2026

El gran timo de las hadas, de Félix J. Palma

Segunda oportunidad que le doy al autor. Una de mis peores lecturas de 2025 fue El amor no es nada del otro mundo. Achaqué mi disgusto con la novela a que estuviera escrita a cuatro manos y decidí intentarlo de nuevo con una obra en solitario (en realidad, es porque tenías otros dos libros suyos en la estantería, no te quedaba otra). La sinopsis no me llamaba especialmente la atención (las de este autor no suelen ser muy llamativas), pero me gustan los engaños y ese parecía el centro de la novela, así que me animé a leerlo.  

Publicación: 5 junio 2024
Colección: Áncora & Delfín
Presentación: Rústica con solapas
Formato: 13.3 x 23 cm
Editorial: Ediciones Destino
ISBN: 978-84-233-6550-0
Páginas: 488

Sinopsis:
Londres, 1922. Alan y Violet Schofield son los mayores especialistas en fotografía mágica de Inglaterra; una pareja de pícaros que se aprovecha de la fiebre por retratar seres feéricos que se extendió por la crédula sociedad londinense tras la Gran Guerra después de que dos niñas de Cottingley lograran convencer al mismísimo Conan Doyle de que habían fotografiado unas hadas. Del cielo ya han dejado de caer bombas y la ciudad entera espera turno ante el famoso estudio de los Schofield para conseguir la preciada fotografía que demostrará a sus familiares y vecinos que su desván o su jardín ha sido bendecido con la presencia de alguna de esas misteriosas criaturas.
Por desgracia para ellos, su suerte cambiará cuando un nuevo cliente llame a su puerta: el temido y poderoso Percival Drake, señor de los bajos fondos de Londres. Un hombre de gran astucia, brutalmente despiadado y, sobre todo, que no cree en la magia. Mientras emprenden una peligrosa carrera contrarreloj para salvar sus vidas, Alan y Violet descubrirán que para timar a un gánster que no cree en las hadas hay que ser más listos que ellas.

Opinión:

La novela está ambientada en Londres, un par de años después de la Primera Guerra Mundial. Supongo que todos conoceréis el caso de las hadas de Cottingley. A raíz de las fotografías de hadas que hicieron estas hermanas, las criaturas feéricas se popularizaron y mucha gente empezó a verlas. No tenía ni idea de que la fiebre por las hadas había pegado tan fuerte; creía que había sido un único caso, no que todo el mundo empezara a alucinar. En general, la ambientación me ha parecido muy interesante y se nota que el autor se ha documentado sobre la época y las leyendas de criaturas feéricas locales. Lógico, si tenemos en cuenta que nuestros protagonistas, Alan y Violet, se dedican a "fotografiar" este tipo de seres, aunque nosotros como lectores sabemos que todo no es más que un truco.

Las primeras cincuenta páginas cumplen con las expectativas de la sinopsis y se dedican a presentarnos a esta pareja y su oficio. Sin embargo, a partir de este punto, hay una digresión, volvemos atrás en el tiempo y nos cuentan la vida de Jimmy (verdadero nombre de Alan), desde sus inicios como ebanista, pasando por cómo empezó en el mundo de los timos, sus experiencias en la guerra, su encuentro y romance con Violet, hasta llegar a cómo terminaron dedicándose a la fotografía de hadas.

Estas biografías de personaje son marca de la casa (también las había en la Trilogía Victoriana); sin embargo, dedicarle 200 páginas me parece un exceso. La trama principal queda en suspenso hasta la página 270 para darnos a conocer tanto a Jimmy como al verdadero Alan. Y más adelante, volvemos a hacer otra pausa larga para hablarnos del antagonista, Percival Drake. Si tenemos en cuenta lo poco que me gustan las biografías (el año pasado abandoné la de Pratchett, pese a ser muy interesante), que haya seguido leyendo tiene mérito. Que los personajes sean tan carismáticos y que su vida esté tan llena de sobresaltos, sin duda ayuda. No me he aburrido con sus historias de vida; pese a todo, me he sentido un poco engañada, porque yo venía por el tema de los timos de hadas, no por otra cosa. Creo que hubiera sido mejor dosificar la información o darla de forma más orgánica.

En cuanto al gran timo de las hadas mencionado en el título, está bien elaborado y tiene un par de giros que le dan vidilla. Es impresionante los planes tan complejos que es capaz de idear el autor; si se dedicara a la magia en sus ratos libres, no me sorprendería. Por desgracia, esta vez no me ha encandilado con sus trucos. En su otra trilogía, había también muchos engaños; sin embargo, aquí el autor no intenta embaucar al lector, que este dude de lo que está sucediendo (más allá del final, aunque esa duda no está muy conseguida), sino demostrar su pericia para engañar a un escéptico, como sería Percival Drake. Y sí, el reto es mayúsculo, pero requiere menos habilidad.

A eso hay que sumarle que, en realidad, Percival Drake no resulta tan difícil de convencer. Creía que iba a ser más obstinado, presentar más oposición y que en el fondo se guardara algún as bajo la manga: hay un cabo suelto que esperaba que hiciera estallar el plan en cualquier momento, pero que no llega a emplearse en ningún momento.

SPOILERS (subrayar para leer)

Percival Drake coincidió en la guerra con el verdadero Alan, conoce su apellido y le recuerda, pues gracias a él pudo abandonar el campo de batalla. Esperaba que en algún momento se revelara que sabe que Jimmy es un impostor... pero en ningún momento se hace ninguna mención a ello. ¿Para qué meter esta casualidad si no va a afectar en nada?

FIN SPOILERS

El resto de personajes, que no son muchos, están bien, en especial los protagonistas, muy carismáticos. El mayor problema que he tenido es que, mientras que conocemos la vida de Jimmy al dedillo, Violet es la gran desconocida, solo para que sospechemos de sus intenciones para con el prota. El autor sacrifica la construcción del personaje a cambio de la sorpresa. Al final nos cuentan más sobre ella, pero no solo es tarde, sino que eso impide que haya ningún desarrollo.

El segundo problema que he tenido con la pareja protagonista es su relación. Definitivamente, no coincido con la visión del autor sobre las relaciones. Empezamos con la pareja ya establecida desde hace años, cosa que es interesante porque no se suele ver. Así nos asomamos a su día a día y a su dinámica como pareja, que está bien hasta que notas el artificio: la gente no habla así, encadenando una respuesta ingeniosa tras otra (lo he probado alguna vez con G y nos ha funcionado, pero lo hacíamos a propósito, no es algo que salga natural). El flashback nos permite conocer un poco cómo surgió la llama del amor. A ello le dedican bastantes páginas, aunque, curiosamente, se queda corto: faltan escenas intrascendentes que nos muestren cómo crece ese amor, más allá de los momentos clave de su relación.

De todas formas, eso es un detalle menor. Lo peor es que, al igual que en El amor no es nada del otro mundo, la relación es tóxica: ambos guardan secretos del pasado que no se atreven a compartir con el otro. Lo más positivo de esto es que decidieron de mutuo acuerdo mantener oculta esa parte de su vida: al menos son sinceros con eso. Para mí, la confianza en una relación es clave. Por supuesto que no tienes que contárselo todo al otro; puedes guardarte cosas para ti, siempre que no afecte a la relación. Si solo conoces algunas de las cosas que convierten a alguien en quién es, solo puedes enamorarte de la imagen que tienes de la otra persona, que puede diferir mucho de la real. Que Jimmy diga que amará a Violet independientemente de lo que haya hecho me parece tóxico.

A eso hay que sumarle que, en el momento de la revelación, no se hace ningún énfasis y tampoco vemos cómo les afecta descubrir esas cosas del otro. Es más, en el caso de Violet, se nos oculta el momento en que le cuenta a Jimmy su pasado solo para que el lector siga con la incógnita. Entiendo que el narrador sea peculiar, pero me parece tramposo.

Como ya sucedía en la Trilogía Victoriana, tenemos un narrador omnisciente en tercera persona que tiene personalidad propia. Pese a no formar parte de la historia, es un personaje en sí mismo. Es consciente del lector, a veces se dirige a él, y no es fiable. No porque vaya a mentirte directamente, sino porque le gusta adelantarte cosas que van a pasar o guardarse información. Me parece un recurso original que no he visto en muchas partes y que aporta personalidad a la narración. De todas formas, puedo entender que para algunos sea pesado e irritante. Por eso, aquí os dejo algunas de sus apariciones estelares para que comprendáis mejor cómo interviene:

"lo cual los había hecho merecedores del escrutinio nada disimulado de las dos cincuentonas sentadas frente a frente. Grace y Gladys —no me preguntéis quién es quién— sentían gran curiosidad por la relación que mantenían sus vecinos de asiento."

"Para Alan se trataba de su beso número cuarenta y ocho, y para Violet, el treinta y dos —ellos no llevaban la cuenta, claro; pero yo sí, que para eso soy el narrador—; aunque de amor amor, me atrevería a suponer que era el primero para ambos."

"Sin ir más lejos, la primera cómoda que barnizó fue a parar a la mansión donde habían fecundado a su madre, y en sus cajones su desconocido padre guardaba ahora los calcetines. ¡Qué queréis! Mi condición de narrador me permite reparar en este tipo de casualidades sin fines dramáticos con las que la vida muestra su retranca."

"Aunque en alguna ocasión, como veréis, Alan atribuirá el mérito a la sutil guía de alguna entidad superior, en realidad no consideraba seriamente la posibilidad de que hubiera fuerzas distintas a la de su voluntad interfiriendo en el destino de los hombres, y no seré yo quien le lleve la contraria."

"Como todo moribundo que se precie, con la pierna cayéndosele a pedazos y devorado por la fiebre, Alan desgranó un relato inconexo, a ratos dictado por el delirio, jalonado de largos parones y pasajes casi inaudibles narrados con lo que parecía su último aliento, que Jimmy y Violet tuvieron que recomponer como si se tratara de un jarrón que alguien hubiera destrozado a martillazos en una playa de conchas. Permitidme que os ahorre ese suplicio y os suministre directamente la versión de su vida depurada de obstrucciones."

En general, no ha estado mal. La historia es entretenida, los personajes son carismáticos, el timo está bien elaborado y el narrador se hace de querer. Sin embargo, tarda mucho en arrancar, porque dedica demasiadas páginas a presentarnos la vida de los personajes, en lugar de integrarlo en la historia. Además, esperaba algo un poco más espectacular del final: esta vez, el autor no ha logrado engañarme

Cosas que he aprendido:

  • Tras la Primera Guerra Mundial hubo un gran fanatismo por las hadas.
  • Cuanto más complejo es un timo, con más agentes implicados, más creíble es.
Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:

PUNTUACIÓN...3/5!
Primeras Líneas...

lunes, 27 de abril de 2026

Frases memorables: Ronda de noche


«Una de las lecciones más duras de la vida del joven Sam había sido descubrir que los responsables no eran responsables. Había sido descubrir que los gobiernos no estaban, en general, integrados por gente que dominara la situación, y que los planes eran lo que la gente hacía en lugar de pensar.»  

Este fragmento pertenece a Ronda de noche, de Terry Pratchett, una de las mejores novelas de la saga de La guardia. Puede leerse independientemente de las otras, aunque se valora mucho más si las has leído todas porque notas la evolución de los personajes. Es de mis favoritas del autor porque cuenta con una trama innovadora que permite jugar con los contrastes y está plagada de humor inteligente, reflexiones y crítica social. Además, la construcción del protagonista es increíble, la trama está muy bien hilada y el humor situacional te arranca carcajadas mientras hace que reflexiones sobre el sistema policial y el funcionamiento de las revoluciones sociales. Una novela redonda, cuya reseña podéis leer aquí

Este fragmento es una de las reflexiones que podéis encontrar en la novela. Coincido con Vimes que uno de los mayores chascos de crecer es descubrir que los adultos no lo saben todo. Cuanto más avanzamos en la vida, más nos damos cuenta de que aquellos que están por encima de nosotros no tienen muchos más conocimientos que nosotros. En bachillerato descubrí que mis padres ya no eran capaces de ayudarme con los estudios. Cuando estuve trabajando como maestra de secundaria me di cuenta de que yo no sabía mucho más que aquello que impartía, por lo que los alumnos modélicos, una vez aprendían lo que les enseñaba, estaban bastante a mi nivel. Al asistir a las reuniones de departamento como representante del alumnado, noté que por mucho conocimiento especializado que tuvieran los profesores, en unos cuantos años de estudios podría alcanzarles.

Y eso hablando de profesiones que se pueden estudiar, para las que puedes prepararte. Pero, ¿cómo te preparas para gestionar una DANA? ¿Para medir tus palabras, incluso cuando te ponen contra las cuerdas? ¿Para hacer unos presupuestos del Estado? ¿Para saber todo lo que se cuece en tu municipio y actuar en consecuencia? Ni siquiera hace falta ponernos tan catastrofista ni ir tan a lo grande: ¿qué le dices a un niño enfadado, al que has echado de la biblioteca, que te dice que le echan de todas partes?

Muchos hablan de sueldos altos, y sí, lo que cobran los altos cargos es una barbaridad acorde con la responsabilidad que cargan a la espalda. Pero es que más responsabilidad no debería implicar un mayor sueldo, sino más ayuda. Como profesora, cobraba mucho porque tenía una gran carga de trabajo (seis clases de distintos cursos dos o tres veces a la semana). Me sentía impotente porque no podía ni preparar material de calidad ni prestar atención especializada a los alumnos. Hubiera preferido cobrar menos y tener menor carga de trabajo.

Mi intención no es defender a los políticos o a las personas que ocupan altos cargos: son ellos quienes han decidido aceptar el cargo a sabiendas de que no están preparados; sin embargo, no hay que olvidar que son personas y que tienen sus limitaciones. Como descubrió Sam Vimes en su momento, los gobiernos no los llevan las personas mejor preparadas, sino las que ha elegido el pueblo (o las que han logrado imponerse). Y todos sabemos que el que sale elegido como delegado de clase nunca es quien mejor desempeñaría el cargo.

Y es que son muchas las circunstancias que te pueden llevar a ocupar un cargo u otro. Soy jefa de bibliotecas y la única formación que tengo en biblioteconomía es el temario que estudié para las oposiciones (de lo que me ha sido útil un 1%). En consecuencia, he tenido que trabajar duro este medio año para adaptarme al puesto, como si estuviera haciendo un curso intensivo de biblioteconomía y cada suspenso implica un fallo en mi trabajo. No tengo ni idea de qué estoy haciendo; lo estoy aprendiendo sobre la marcha. Hace unos meses, estuvieron de prácticas unos chicos y mientras les estaba enseñando pensaba "cómo puedo formarles, si esto lo aprendí yo hace nada".  

Durante el tiempo en que me he ido formando, he seguido el plan marcado y ya. Por supuesto, eso es lo importante: no quedarte en la ignorancia y esforzarte por estar a la altura del cargo que ocupas. Como responsable, tienes que ser lo más responsable posible. 

miércoles, 22 de abril de 2026

El final del día, de Claire North

Autor: Claire North
Colección: 
Colmena Ediciones
ISBN: 978-84-16387-91-5
Páginas: 600
Fecha de publicación: 24-04-2017 

Sinopsis:
La muerte nos acaba visitando a todos.
Pero, justo antes, lo hace Charlie.
Algunas veces, su visita es un gesto de cortesía, pero en otras se trata de una temible advertencia.
Puedes encontrártelo en un hospital, en mitad de una zona de guerra o junto a un accidente de tráfico.
Y cuando le tengas cara a cara, estarás a punto de descubrir qué te aguarda al final del día.

Opinión:

No había terminado un libro raro que ya me estaba embarcando en otro (es gracioso, porque este libro lo empecé en un barco). Hace muchos años leí por primera vez a la autora con Las primeras quince vidas de Harry August, una novela sobre una persona que, al morir, se reencarna una y otra vez en su mismo cuerpo. Fue una obra peculiar con un argumento interesante. Esta también es una propuesta innovadora: Charlie, el protagonista, es el Heraldo de la Muerte, es decir, se encarga de visitar a gente, a veces como cortesía, otras como advertencia. En el primer caso, es porque la Muerte considera que esas personas merecen que Charlie les muestre sus respetos antes de morir; en el segundo, nuestro protagonista entrega a esas personas algo que puede servir para que cambien el rumbo de sus vidas y esquiven o no la muerte. Y a veces, no asiste a la muerte de una persona, sino de una idea, de una forma de ver el mundo, como cuando visita a la última hablante de una lengua o a un miembro del Ku Klux Klan. 

Con esta premisa, esperaba una historia bastante tradicional donde Charlie empieza en este oficio y a medida que visita a gente y se encuentra un caso u otro, evoluciona y reflexiona sobre el significado de la muerte. En su lugar, Charlie hace tiempo que forma parte de esto, por lo que ya tiene claro lo que piensa al respecto. Sí que iremos visitando a gente, aunque dando saltos cronológicos, recordando las personas que más marcaron a Charlie. Y poco a poco iremos descubriendo qué significa la muerte para nuestro protagonista.

Teniendo en cuenta el tema, esperaba un drama que ha resultado inexistente. Charlie lamenta algunas muertes (como en el caso de masacres o niños), pero las acepta como parte de la vida. Es un mensaje que me gusta: la muerte es algo natural. Como afirma el protagonista en un momento: "Todos acabaremos muriendo. No tenemos por qué vivir teniendo miedo del final". Charlie no es un mal augurio, sino un mensajero cuya misión es celebrar la vida.

Tengo miedo a la muerte, al vacío de la propia y al dolor de la ajena. Esta novela nos alienta a ver más allá de la oscuridad. Si morimos es porque hemos estado vivos, hemos amado y sido amados, nos hemos divertido, hemos cambiado a los demás. Hay que celebrar todas las cosas buenas que hemos hecho, cómo hemos contribuido a que el mundo sea mejor, por qué hemos sido importantes para el resto.

Charlie se dedica, sobre todo, a escuchar. Está con la gente en sus últimos momentos y les ofrece su apoyo. Eso no significa que vayamos a leer las historias de vida de la gente a la que visita, solo que estamos ahí, con ellos, un rato, acompañando, como hace Charlie.

La trama no ofrece nada más. De la vida personal de Charlie veremos poco, solo cómo se enamora y un par de pinceladas sobre cómo funcionaría una relación en una situación como la suya. La mayor parte de la novela se centra en su vida laboral, en cómo va de un país a otro, visitando a gente, sin saber muy bien el motivo por el que son relevantes los objetos que regalasin saber del todo si la otra persona tiene las horas contadas, si estamos ante la muerte de una idea o si la vida del otro cambiará de rumbo. Hay algunas historias más largas que otras. Mis favoritas han sido aquellas que tienen más acción, como cuando le secuestran los rusos, cuando se pierde en el Ártico o cuando le interrogan sobre la Muerte. Esta última en concreto me ha parecido impresionante por cómo la autora retrata una tortura que te puede conducir a la locura. Pese a todo, no dejan de ser aventurillas contenidas en sí mismas, que ni siquiera funcionarían como relatos cortos independientes por cómo se mezcla pasado y presente. Por desgracia, toda la novela se siente como un barco a la deriva: Charlie vaga de aquí para allá sin rumbo fijo.

Este ir y venir por el mundo no causa mucho revuelo. No lo había mencionado hasta ahora, pero estamos ante una ucronía. Charlie no es un ser enviado por la muerte, sino un humano corriente y moliente que se apuntó a una entrevista de trabajo como Heraldo de la Muerte y le cogieron. La Muerte, al igual que el resto de Jinetes del Apocalipsis, que también tienen sus propios heraldos, es un ente real (la veremos interactuar con algunas personas a las que ha visitado Charlie, e incluso con él) y el trabajo de Heraldo existe desde hace siglos. La gente se sorprende cuando Charlie menciona en qué trabaja tanto como se sorprendería con un astronauta. La reacción habitual suele ser una mezcla de suspicacia y curiosidad; sin embargo, la gente lo acepta bastante bien.

Esta es una de las cosas que más me chocó al principio: la naturalidad con la que todos recibían a Charlie. No diría que esta novela es de realismo mágico, aunque se le acerca. La mayoría de personas agradecen la visita de Charlie, tanto en el caso de familiares como de aquellos que van a morir. Hay un par de casos en los que huyen, le gritan o se niegan a abrirle la puerta de casa; sin embargo, casi siempre terminan por aceptarlo como a un fenómeno natural: puedes detener los relojes, pero no el tiempo. Entiendo que es un mundo que está acostumbrado a los Heraldos; pese a ello, esperaba reacciones más viscerales y que su existencia tuviera alguna consecuencia social. Sí, en Estados Unidos son muy recelosos en los controles de aeropuertos (después de todo, Charlie implica una estela de muertes); se menciona que en algunos países no creen en el oficio de Charlie; en un momento le secuestran para exigir un trato con la Muerte; y en otro hay un debate televisivo en que critican a la Muerte por intervenir en cuestiones políticas, ya que Charlie visita a una persona implicada en un conflicto social. Poco más. No sé, es decir, tenemos la certeza de que la Muerte (y los otros tres Jinetes) existen, ¿es que eso no implica ningún cambio en la humanidad?

Puede que no lo parezca, pero me he sentido muy confundida a lo largo de esta novela por múltiples razones. La primera es que me costó mucho comprender el mundo en el que me encontraba. En lugar de introducírtelo, te dejan suelto sin más, por lo que tardé un rato en encontrar el rumbo. La segunda razón de confusión fue la narración, que es poco convencional. La novela está narrada en tercera persona con foco en Charlie, pese a que en ocasiones nos narra sus recuerdos en primera persona. Y en algunos momentos hay escenas protagonizadas por la Muerte o los otros Heraldos. La presencia de la primera la puedo entender; la de los otros no. No sé muy bien qué aportan los otros Heraldos ni a qué se dedican. Como Charlie, van de aquí para allá visitando gente, aunque no sé muy bien con qué objetivo. Aquí podéis verles:

 A eso hay que sumarle que algunos capítulos, de poco más de dos páginas, son una retahíla de fragmentos de conversaciones, lo que uno escucharía paseando por la calle. No sé a qué viene esto ni qué objetivo cumple en la novela. A Charlie le gusta escuchar a la gente y las voces. Podrían ser capítulos de lo que escucha al pasar por un lugar concreto, pero no siempre parece gente de un mismo sitio. Además, eso sigue sin explicar qué aporta que haya tantos capítulos así. Aquí tenéis un ejemplo:

Más allá del problema con el foco narrativo, la forma de la narración es también experimental. Los diálogos, por ejemplo, a veces aparecen insertados dentro de la narración, en estilo directo. En otras ocasiones tienen la forma tradicional... pero faltan los guiones de diálogo y las didascalias. Aquí os dejo un ejemplo de lo primero:


A esto hay que sumarle que en mitad de una escena, podemos encontrarnos largos paréntesis explicando qué hacen los otros Heraldos en ese momento o paréntesis más breves con comentarios desconectados de todo. Esto último no he terminado de entenderlo: ¿es la Muerte hablando? ¿La mente de Charlie, que divaga? De nuevo, aquí tenéis un ejemplo:

Como veis, es una novela curiosa. Parte de una premisa original y el mensaje sobre la naturalidad de la muerte me parece positivo. Sin embargo, es un libro que cansa, tanto por la ausencia de trama como por la indefinición de sus objetivos. En general, por muy entretenidas que sean algunas de las historias de Charlie, es un libro denso y que, por desgracia, siento que no he entendido del todo, que algo se me escapa. Imaginaos: lo que más me motivaba a seguir leyendo era el mar de confusión en el que me encontraba. Esperaba que, tarde o temprano, se hiciera la luz y todos los interrogantes obtuvieran respuesta. No ha sido así. He terminado la novela y no sé si hay reflexiones que no he captado, por qué tiene esta narración tan extraña, qué aportan algunos personajes y para qué los saltos cronológicos. Si con todo lo que os he contado la novela os sigue llamando la atención, os animo a darle una oportunidad. Yo no me arrepiento de haberla leído, porque ha sido toda una experiencia. Por desgracia, no he conectado tanto con ella como esperaba.

Cosas que he aprendido:

  • No hay que vivir temiendo la muerte.
  • Ante la muerte hay que aferrarse a los buenos recuerdos.

Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:

PUNTUACIÓN...2'5/5!

Primeras Líneas...

miércoles, 15 de abril de 2026

Viñeta del lector 131#

Más allá del tópico "la belleza está en el interior", lo que me gustaría resaltar de esta viñeta del lector es el tema de las apariencias. Soy una persona muy confiada, que siempre piensa lo mejor de los demás. Eso hace que algunas veces se aprovechen de mí, pero prefiero eso a juzgar mal a alguien. Cuando estoy con alguien, siempre pienso: ¿qué le hace ser así? Hay días en que estoy agotada o con mucho estrés y entonces soy más borde con la gente. Es por eso que si algún día viene alguien a la biblioteca de malos modos no me lo tomo como algo personal.

En el caso de ser una actitud continuada, ya me lo tomo de otra forma. Tenemos un nuevo bibliotecario que no sabe tratar con la gente, es muy seco, no tiene iniciativa, es muy vago, no sabe ordenar libros alfabéticamente, tiene ideas retrógradas y no habla mucho (nos llegó de rebote porque no le querían en otro sitio y no podemos echarle). No me cayó bien desde el principio, pero le di un margen de varias semanas. Poco a poco se ha ido abriendo y he ido comprendiendo su contexto y por qué es como es. Eso no justifica su actitud ni hace que me caiga mejor, pero prefiero comprender por qué actúa así y no pensar que es mala gente y punto.

Otro ejemplo. En mi clase de la universidad había una chica muy retraída y tímida que no se relacionaba con nadie y que no sabía actuar según las convenciones sociales. Durante años no le presté atención hasta que un día descubrí que era la única que compartía los mismos gustos que yo en cuanto a anime, manga, libros y debates. Con el tiempo, he trabado amistad con ella y he ido comprendiendo por qué actúa como lo hace.

G cree mucho en su instinto (y todo hay que decirlo: suele acertar), pero yo creo que hay que conocer la historia de los demás antes de juzgarlos. Hay que tomarse la vida con calma y no saltar a la mínima, porque lo que mostramos a los demás es solo una ínfima parte de lo que somos. 

sábado, 11 de abril de 2026

El Gran Juego, de Leticia Sánchez Ruiz

Editorial: Algaida
ISBN: 9788490673508
Número de páginas: 448
Encuadernación: Tapa blanda
Fecha de lanzamiento: 14/01/2016
Colección: Algaida Eco

Sinopsis:
Misterioso, callado y taciturno, de Jorge Perotti se decía que había heredado una gran fortuna. Sin embargo, ninguno de los parroquianos que lo saludaban todos los días en el bar de la calle La Luna había intimado demasiado con él. Su única amiga era una niña de diez años, hija de los propietarios del bar, a quien él llamaba tiernamente Cucurucho. Cuando Perotti murió, ya centenario, sus últimas palabras fueron: «El Gran Juego. Sólo quiero volver al Gran Juego». Y el Gran Juego es la herencia que dejará a la pequeña Cucurucho: una serie de pistas encadenadas que la niña deberá resolver en compañía de su hermano mayor, Cosme, y que a la postre se convertirá en la gran aventura de su vida.

Opinión:
Impresión: Indiferencia

No tengo ni idea de cuándo añadí este libro a mis pendientes ni por qué razón. Quizás me llamara la atención lo del juego misterioso y la búsqueda de la herencia a partir de pistas; en el fondo, tengo alma de aventurera. El caso es que lo cogí con pocas ganas: hay libros que llevan tanto tiempo en mis estanterías que ya no encajan conmigo. Creía que lo dejaría al cabo de un par de páginas; sin embargo, me quedé: me intrigaba descubrir el misterio de El Gran Juego y el tono no era tan juvenil como esperaba.

Con una premisa como la que tiene, la novela hubiera podido ser, perfectamente, un thriller juvenil. En ese caso, lo hubiera dejado, porque historias como esas las hay a patadas (los de Una herencia en juego, sin ir más lejos). Lo que tenemos entre manos es una historia costumbrista: todo gira en torno a la búsqueda de El Gran Juego... que no es más que una excusa para que conozcamos a la familia de la protagonista, Cucurucho, y a la gente de su entorno.

El retrato del barrio es muy completo y realista, especialmente en lo que se refiere a los parroquianos que frecuentan el bar de la familia de Cucurucho, el centro neurálgico del lugar. No es que profundicemos en la vida de todos ellos, sino que los iremos conociendo a pinceladas, con el objetivo de construir un ambiente creíble. En quien sí se profundiza es en Cucurucho y su hermano Cosme. La primera es una niña de diez años que habla y actúa como tal, algo que no todos los autores son capaces de conseguir. En el caso de Cosme, es un chico universitario que está en la fina línea que separa la niñez del mundo adulto: disfruta de la aventura que supone El Gran Juego con la misma emoción que su hermana, mientras empieza a ver el mundo con ojo crítico. Ambos son muy interesantes y suponen un buen contraste: Cucurucho nos cautiva por su ingenuidad y sencillez, mientras que Cosme logra que nos identifiquemos con su miedo a crecer, a enamorarse, a ser rechazado.

Pese a que ambos hermanos recorrerán el barrio arriba y abajo, los escenarios principales en los que transcurre la novela son el bar y la buhardilla de Perotti, atiborrada de objetos variopintos. Ambos lugares me han parecido trabajados; por desgracia, no se puede decir lo mismo del resto de la ciudad. Me he sentido espacial y temporalmente confundida, y eso que no es una novela muy compleja. Las descripciones del barrio son muy genéricas y no incluyen muchos elementos que permitan identificar si es un pueblo o una ciudad, si estamos en España o en un país de Latinoamérica. Lo mismo sucede con la época que retrata: los periodistas usan máquinas de escribir y hay teléfonos, pero no móviles. Eso abarca desde 1960 a 1980. La única pista clave sobre cuándo y dónde estamos es el siguiente diálogo:

«—¡Ya le queda poco! ¡Ya le queda poco a Fidel! El tirano se nos cae y nos deja la Cuba libre.
—No empiece, don Olegario —decía mi abuelo vaciando los ceniceros del mostrador.
—Que sí, de esta va. Se nos va Castro a tomar por la puta su madre.
Cada semana don Olegario entraba en el bar con la misma cantinela. Llevaba años pronosticándolo.
—Y usted —decía señalando a mi abuelo— ya puede ir enfriando las botellas de champán para que brindemos todos.
Luego, se acercaba más a la barra, para que no le pudiera oír nadie, y le susurraba:
—Algún día brindaremos por la caída de «todos» los dictadores.
Mi abuelo afirmaba y le miraba con gratitud.»

Con esa última línea de diálogo, interpretamos que estamos en España antes de 1975. Es la pista más clara que he encontrado a lo largo de la mayor parte de la novela. Quizás hubiera algún detalle más aquí o allá, pero yo no lo he visto. Lo curioso de todo esto, y por eso le doy tanto énfasis, es que parece intencional: no es fácil esconder las señas identitarias ni las características de una época. Lo que pasa es que no comprendo cuál es la motivación detrás de ello.

Relacionado con esto, hay un tema, el de la emigración, que se trata muy superficialmente y de forma confusa. Lo marcaré como spoiler, porque aunque sea irrelevante, es un pequeño giro para los personajes.

SPOILER (subrayar para leer)

Resulta que el padre de Cucurucho nació en un pueblo de España, emigró a La Habana por la Guerra Civil (creo), donde se hizo de oro, se casó y tuvo a sus hijos. Por algún motivo, perdió todo lo que tenía y tuvo que volver a España, se instaló en una ciudad y enviaba dinero a la familia del pueblo de España. Esto se cuenta en un aparte, de forma abreviada, después de la revelación a Cucurucho de que nació en La Habana. Esta historia de su familia no tiene ninguna relevancia para nada más ni afecta a los personajes de ningún modo. Se podrían suprimir todas las páginas relacionadas con ello y no se notaría. ¿Para qué meter este tema tan complejo, un tema que además afecta a otros personajes de su entorno, si no vas a tratarlo?

FIN SPOILER

Hasta el momento, no os he hablado de El Gran Juego, porque la gracia está en descubrir qué es. Durante la novela, Cucurucho y su hermano Cosme irán siguiendo unas pistas que les ha dejado Perotti. Estas les llevan a recopilar objetos, aunque no tienen muy claro si son los objetos correctos, qué conexión hay entre ellos ni a dónde les llevará todo eso. Es un juego raro, cuyas reglas no quedan claras: no esperéis, como yo, algo así como un mapa del tesoro.

El misterio de El Gran Juego me tenía atrapada; quizás por eso el final me ha parecido tan decepcionante. Para empezar, la novela se busca una excusa para que, a mitad del juego, la persona que las estaba enviando les entregue la última. Entiendo que seguir el juego hubiera implicado años y años de buscar pistas y que eso hubiera sido soporífero. Pese a todo, es decepcionante que se resuelva el pastel cuando los protagonistas aún no están preparados para valorar el significado de El Gran Juego ni han trabajado tanto como para merecerlo. A eso hay que sumarle que la resolución no es "los amigos que hemos hecho por el camino", pero sí algo similar. No esperaba un cofre lleno de oro, ni mucho menos, pero no algo tan etéreo. El significado de El Gran Juego y la razón de la búsqueda me parecen bonitos, pero esperaba algo más.

SPOILER (subrayar para leer)

No hay unos objetos correctos e incorrectos. La gracia está en que ir buscándolos te permite reflexionar sobre qué es importante para ti y quién eres. Al mismo tiempo, en principio habla de la transmisión generacional, de cómo el descubrir lugares y objetos importantes para el otro, en este caso, Perotti, hace que la memoria de esa persona perdure. Esto me parece absurdo. Un objeto que perteneció a otra persona no significa nada si no conoces la historia que hay detrás. No creo que Cucurucho conozca mejor a Perotti por los objetos que este le deja, ni que esos objetos le permitan conocer a la tía de Perotti, que sale mencionada en la carta final, pero de la que Cucurucho no ha oído hablar en toda la novela. Nosotros como lectores sí que conocemos mejor a ambos gracias a los flashbacks, no por otra cosa.

FIN SPOILER 

Por último, me gustaría hablaros de la narración, ya que es bastante curiosa. La historia está narrada en pasado y en tercera persona por la hija de Cucurucho, así que se refiere a los personajes como "mi madre" (Cucurucho), mi tío (Cosme), mi abuelo (el padre de los dos hermanos) y "mi abuela" (la madre de ambos). Comprendo la elección de esta narradora, puesto que la novela habla mucho de la transmisión generacional; eso no quita que la historia sea un poco más confusa por ello, puesto que reproduce los diálogos muy fielmente, como si hubiera estado allí, y conoce muy a fondo los sentimientos de los personajes. A esto hay que sumarle que hay algunos capítulos salidos de ninguna parte que hablan de la infancia y juventud de Perotti. Esperaba que fueran fragmentos de algún diario que encuentran al final, pero no hay ninguna justificación; su único propósito es que conozcamos mejor a Perotti y la historia de cómo descubrió el Gran Juego.

En conclusión, El Gran Juego es un libro entretenido, que ofrece tanto un misterio intrigante como un retrato de barrio obrero rico en personajes creíbles y realistas. Es una obra tranquila y pausada, sin grandes sobresaltos ni giros de guion, que se centra en dar vida a los dos protagonistas, Cucurucho y Cosme. Ambos son personajes carismáticos, con los que es muy fácil empatizar porque nos recordarán nuestra infancia y adolescencia. Junto a ellos, nos embarcaremos en una aventura que nos ayudará a valorar más la belleza de la vida. Eso sí, he de admitir que el ritmo es, en ocasiones, demasiado lento, y que la obra hace algunos apartes innecesarios porque no se desarrollan lo suficiente. Además, personalmente, el final me ha parecido decepcionante.

Cosas que he aprendido:

  • El valor de las pequeñas cosas buenas de la vida.

Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:

PUNTUACIÓN...2'5/5!

Primeras Líneas...