miércoles, 30 de septiembre de 2026

Saga La peregrina, Libro II: Una órbita cerrada y compartida, de Becky Chambers

El largo viaje a un pequeño planeta iracundo fue una lectura con un par de puntos flojos que disfruté por los temas que abordaba y su original worldbuilding. El final era cerrado, pero quería ver qué más era capaz de ofrecer la autora. Por eso, tras una breve pausa, me embarqué en la lectura de esta segunda parte, que me ha ofrecido más de lo mismo, con más foco y profundidad. Os dejo con la reseña que, como os imaginaréis, tiene spoilers del libro anterior. 

Traductor: Alexander Páez García y Antonio Rivas
Editorial: Insólita Editorial
ISBN: 9788412104325
Número de páginas: 448
Encuadernación: Tapa blanda
Fecha de lanzamiento: 17/02/2020
Título original: A Closed and Common Orbit
Idioma original: inglés
Año original: 2016

Sinopsis:
Lovelace era la inteligencia artificial de la Peregrina, una nave tuneladora. Tras despertarse en un nuevo cuerpo sintético después de un traumático reinicio y borrado de memoria, tendrá que empezar desde cero en un mundo donde los de su clase son considerados ilegales. Nunca se ha sentido tan sola. Pepper, una de las ingenieras que arriesgó su vida para reinstalar a Lovelace, se ha comprometido a ayudarle a adaptarse a su nueva vida. Porque Pepper sabe algunas cosas acerca de empezar desde cero. Juntas, Pepper y Lovey descubrirán que, aunque el universo sea un lugar inabarcable, dos personas pueden ser suficientes para llenarlo.

Opinión:

No puedes leer Una órbita cerrada y compartida sin destriparte el final de El largo viaje a un pequeño planeta iracundo (yo lo siento mucho, pero qué títulos más terribles), puesto que empieza justo en el momento en que Sidra, la IA que reemplazó a Lovey, y Pepper se marchan de La Peregrina. No se vuelve a hablar mucho más de los tripulantes de la nave y, si no fuera porque el origen de Sidra está intrínsecamente relacionado con el final de la otra novela, se podrían leer independientemente. Así que, si por casualidades de la vida este libro cae en vuestras manos y no os interesa leer el otro, dadle una oportunidad, porque merece mucho la pena.

El largo viaje a un pequeño planeta iracundo me gustó, pero esta novela me ha parecido mucho mejor. ¿Sabéis todos los problemas que comenté en la otra reseña? Pues aquí, la mayoría se resuelven. La principal novedad es que la autora, al fin, ha encontrado un foco que es, en este caso, la búsqueda de la identidad. En lugar de tener diez personajes, cada uno con su trama, como pasaba en el otro libro, aquí nos centramos en dos, Sidra y Pepper, y ambas tramas se relacionan con lo mismo. En consecuencia, la novela es mucho más cohesiva y permite profundizar mucho más en el tema que pretende explorar.

La obra se centra tanto en los personajes que, en el caso de Sidra, ni siquiera hay una trama como tal, más allá de adaptarse a su nueva forma de vida y a Puerto Coriol. Así, seguiremos a Sidra en su autoexploración, desde el yo mental al yo físico. Las dudas que siente acerca de su identidad derivan, en primer lugar del hecho de convertirse en un individuo. Eso la lleva a preguntarse cuál es su lugar en el mundo y emprender la búsqueda de un objetivo vital. Un poco como nos pasa a todos, una vez llegamos a la madurez. En segundo lugar, reflexiona acerca de cuestiones relativas al determinismo vs libre albedrío. Lógico, teniendo en cuenta que es una inteligencia artificial que no sabe hasta qué punto su programación la condiciona a ser como es. Por último, está la cuestión del cuerpo, un cuerpo que no eligió Sidra, sino Lovey, y que ella aceptó sin pensar en sí misma, sino preocupada por el bienestar de los tripulantes de La Peregrina:
Se marchó porque estaba estaba diseñada para ser complaciente, para anteponer a los demás, para hacer que todos estuvieran cómodos a toda costa.
Pero ¿y su comodidad? ¿Qué pasaba con ella? ¿A las ocho personas que ya no tenían que escuchar su voz cada día les parecería un trato justo si supieran cómo se sentía ahí fuera? ¿Les importaría si supieran que su existencia era un sufrimiento? ¿No se habrían acostumbrado a ella, del mismo modo que probablemente se habían acostumbrado a la ausencia de su predecesora?
Vemos las dificultades que experimentaría una IA para adaptarse a un cuerpo y cómo le afectarían sus limitaciones. Me gusta que se trate esta cuestión, porque es algo muy aplicable a nosotros: mucha gente no se siente a gusto en su propio cuerpo y eso hace que no se sientan a gusto con sus vidas. En general, la reflexión que hace es muy acertada, se trata con profundidad y abarca distintas perspectivas.

Ahora bien, personalmente, me hubiera gustado algo más de trama: el único avance narrativo es la relación de amistad entre Sidra y Tak, un auleon. Esto me parece un buen añadido, porque impulsa la evolución emocional de Sidra y contribuye al desarrollo de la cuestión de la identidad. A diferencia de la anterior novela, donde la diversidad de especies solo aportaba conceptos interesantes, aquí se relaciona con el tema central. Por ejemplo, Tak también tiene problemas para adaptarse a la sociedad, puesto que no puede comunicarse como quisiera: los auleones tienen un lenguaje de colores que deben traducir a fonemas. Otra característica de esta especie relacionada con todo esto es que Tak cambia de género cada cierto tiempo, por lo que tiene una identidad cambiante. Es un personaje interesante que enriquece el debate, aunque su participación en la trama no hace que esta sea más dinámica, que es un poco lo que buscaba. Aquí os dejo dos ejemplos de su cultura.
"Para otras especies, cualquier gris servía, pero los aeluones tenían que seguir una serie de reglas más tradicionales. Cuando estaban entre sus vecinos galácticos, los aeluones usaban el conjunto habitual de pronombres masculinos, femeninos y neutros que entendería cualquier especie. Pero entre ellos eran una sociedad de cuatro géneros. En Centella lo reflejaban en la ropa: negro para aquellos que producían óvulos, blanco para aquellos que los fertilizaban, gris oscuro para los shons, que alternaban de forma cíclica su papel reproductivo, y gris claro para aquellos que no podían asumir ninguno. Era sorprendente ver una exhibición tan definida en una especie cuyo dimorfismo sexual era relativamente insignificante en comparación con el de otras especies, y cuya vestimenta mostraba pocas o ninguna distinciones de género en cualquier otra ocasión.
A pesar de que las pistas que proporcionaba la ropa eran inconfundibles, Sidra se alegraba de haber descargado más referencias sociales antes de salir de casa, ya que los dos últimos géneros eran físicamente imposibles de distinguir. Los shons cambiaban su papel reproductor muchas veces a lo largo de un estándar, y siempre se los consideraba machos o hembras por completo según su situación en el momento. Dirigirse a un shon usando un pronombre neutro se consideraba un insulto, a menos que estuvieran en mitad de un cambio. Los términos neutros estaban reservados para los demasiado jóvenes, los demasiado viejos y los que simplemente eran incapaces de procrear. Como los adultos neutrales en edad reproductiva tenían un aspecto idéntico al de sus homólogos fértiles, en general no les importaba lo que otras especies asumieran en cuanto a los pronombres de género, pero agradecían el uso de los términos correctos. Aunque sabía que la apariencia humana del kit la disculparía en caso de cometer un error con los pronombres, Sidra agradeció el código de colores de la ropa. Detestaba la idea de equivocarse en esas cosas".
"—Para conseguir el título —continuó; estaba lanzado— hay que asistir a cursos de desarrollo infantil, cuidados médicos básicos y comunicación interpersonal. Este es el primer nivel. Después, si se quiere ser viable en este campo, hay que añadir cursos especializados, a beneficio tanto de los niños como de las madres. Yo, por ejemplo, soy experto en masajes, tutoría básica y asesoramiento emocional. Loh, el de ahí, está especializado en artes plásticas y cocina de maravilla. Sei es nuestro jardinero, y también se ocupa de las reparaciones domésticas y la decoración. Un buen nido necesita una combinación de habilidades para prosperar, especialmente en lo relacionado con las madres. La baja por fertilidad es algo importantísimo, y es de lo más divertido, pero al principio es muy estresante para cualquier mujer. Son dos meses imprevistos alejada de su vida normal. Tiene que abandonar cualquier proyecto que tenga en marcha en el trabajo. Tiene que cancelar cualquier otro plan que haya hecho. Si es una espacial, tiene que localizar la comunidad aeluona más cercana antes de perder su oportunidad. Y a menos que su compañero sentimental también pueda tomarse ese tiempo libre, también va a estar separada una temporada de la persona más importante para ella. Va a tener que vivir con extraños (y tener sexo con ellos), y durante todo el tiempo tendrá la preocupación adicional de tener que soportar todo eso y que, a pesar de ello, no consiga tener un óvulo fertilizado al final. Y luego está el asunto de cargar con ese óvulo y dar a luz un mes después, algo que, aunque no es ni de cerca la molestia que supone para vuestra especie, sería un agobio para cualquiera. Así que hacemos todo lo que está en nuestra mano para que la experiencia sea lo más gratificante posible. Es un descanso. Unas vacaciones. Hacemos todo lo que podemos para que las mujeres que vienen a nosotros estén lo más cómodas y felices posible. Tenemos unas camas maravillosas, las habitaciones están limpias. Nuestra comida es espectacular. Disponemos de un hermoso jardín y enormes baños de agua salada. Somos amantes experimentados, y ponemos un gran empeño en asegurarnos de que copular varias veces al día se convierta en algo deseable."

Es por eso que la historia de Pepper me ha gustado más: como se centra en su supervivencia en un entorno hostil, sin duda hay más acción. Realmente no hay tensión, porque sabemos que Pepper logra escapar del planeta; lo interesante es el cómo. El desarrollo de la trama y de los personajes me ha parecido bien equilibrado, pues los obstáculos con los que tropieza no son tan grandes como para distraer la atención de cómo esta experiencia obliga al personaje a evolucionar. Esto demuestra que una historia puede tener profundidad de personajes y una trama interesante al mismo tiempo.

La evolución de Pepper es paralela a la de Sidra. Pepper fue creada como un clon modificado genéticamente para que cumpliera unas funciones concretas. Por eso, una vez se libera, tiene las mismas dudas que Sidra acerca de su identidad y su cuerpo, pero desde una perspectiva más humana. Todo este paralelismo entre la influencia del código binario y la de la genética a la hora de establecer tu identidad me ha parecido muy acertado.

El paralelismo no termina ahí: mientras que el motor de cambio para Sidra es Tak, para Pepper fue Lechuza, una inteligencia artificial de navegación que la ayuda a conocer el mundo más allá de su planeta. La relación maternofilial entre ambas está muy bien llevada, en gran medida porque se le dedica tiempo. ¡Qué diferencia entre Lechuza y Lovey! Y no me refiero a la personalidad (en ese aspecto, por programación, son bastante parecidas), sino al hecho de que, como se profundiza en ella y tiene muchas escenas para desarrollar al personaje, te encariñas pronto con ella. Me alegro de que la autora haya reducido el número de personajes y se dedique más a cada uno de ellos.

El único que me ha quedado cojo es Azul. No sé por qué este personaje no es más relevante. Procede del mismo planeta que Pepper, así que, al igual que ella, es un clon modificado genéticamente para cumplir una función específica, aunque fue apartado por nacer defectuoso. Azul está presente desde el principio (en la actualidad es la pareja de Pepper), pero solo en la trama de Sidra. En la trama del pasado, no conoce a Pepper hasta un par de meses antes del despegue y su interacción es mínima. No me parece un personaje que sobre, puesto que ofrece a Sidra una perspectiva distinta sobre sus dudas; sin embargo, no entiendo para qué se ha molestado en relacionarlo con el pasado de Pepper si aparece tan poco.

Como veis por lo que he comentado, esta novela mejora la anterior en muchos puntos; aun así, hay algo que la autora sigue sin dominar: las escenas de acción. Ambas tramas tienen un final con mucha acción (tampoco tanta, pero es mucha si lo comparamos con todo lo anterior) que no funciona por razones distintas. En el caso de la trama de Pepper (nada de lo que voy a decir es spoiler, porque sabemos desde el principio lo que pasó), sucede demasiado rápido: una vez despega, no tenemos casi ningún capítulo de lo que sucede después. Y eso que es muy relevante, pues no solo es la primera vez que entra en contacto con un mundo que hasta entonces solo conocía por hologramas, sino que es cuando se separa de Lechuza, algo que la marca de por vida. Pasan un montón de cosas que no vemos o que nos resumen por encima y eso le quita toda la emoción al momento.

En el caso de la trama de Sidra, no solo no está preparada, sino que el desenlace resulta insatisfactorio porque está más relacionado con Pepper que con ella. De repente, por casualidad, reciben una información que podrían haber recibido en cualquier otro momento (solo que a la trama no le convenía) y de forma muy acelerada, asimilan lo ocurrido, maquinan y ejecutan un plan para infiltrarse en un sitio y realizar un robo. No he sentido absolutamente nada. No solo porque te ocultan constantemente información sobre el plan o lo que está ocurriendo, sino porque se dedica demasiado poco tiempo a la gestión emocional. Además, el epílogo, donde deberían verse las consecuencias de todo lo que ha sucedido, cuál es la resolución de Sidra y cómo afecta todo a Pepper, dura seis páginas. Lo justo para resumirte cómo sigue la vida de los personajes a continuación. Una lástima, no solo porque pierde cualquier atisbo de sentimiento, sino también porque la conclusión a la reflexión sobre qué hacer si te sientes incómodo con tu propio cuerpo y cómo puedes descubrir quién eres se da de forma directa y escueta, sin espacio para los matices.

Hay muchos tipos de finales y todos dicen mucho de una obra. En algunos casos es donde el autor muestra sus verdaderos colores; en otros, reitera su mensaje sin sutilezas, dando por hecho que algún lector se habrá perdido. En este caso, después de dedicar la novela a dar pros y contras, en el epílogo toma una decisión, cuyas consecuencias no explora. Eso me da a entender que lo que le interesa a la autora es más el debate que la cuestión en sí misma.

Puede que el final no me haya convencido mucho, por cerrar de forma tan brusca los arcos de personaje y estar desconectado de Sidra, además de los problemas para manejar la acción. Pese a ello, he disfrutado mucho leyendo la novela, porque a mí me van los debates y, en este caso, trata con mucha profundidad y desde múltiples perspectivas la cuestión de la identidad y de sentirte incómodo con tu propio cuerpo. La novela tiene un foco claro, donde todas las tramas de los personajes tratan de enriquecer el tema central. ¿Hubiera preferido algo más de acción y un hilo conductor más claro en el caso de Sidra? Sí, pero prefiero que deje eso de lado y se centre en desarrollar sus temas, que es lo que hace, que no en meter acción aleatoria.  

Quisiera terminar diciendo que me alegro de estar leyendo tanta ciencia ficción este año. Es algo que siempre me había echado un poco para atrás: le tenía miedo a las densas explicaciones científicas. Sin embargo, por casualidad, se me han juntado varias lecturas de este género que me han dejado bastante satisfecha. Son libros que han tenido sus más y sus menos, pero han cambiado mi perspectiva: al igual que no toda la fantasía son elfos y dragones, no toda la ciencia ficción son batallas espaciales e ideas complejas y abstractas. Lo que he descubierto es que puede que prefiera la magia dura, pero en el caso de la ciencia ficción, prefiero que sea blanda.

Cosas que he aprendido:

  • Comprender mejor el dilema de no sentirte cómodo con tu propio cuerpo

Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:


PUNTUACIÓN...4/5!

Primeras Líneas...

miércoles, 23 de septiembre de 2026

Frases memorables: Dafne desvanecida

"—Escribir carece de significado —acotó Virgilio—. Es la solapa lo que le otorga un sentido u otro. ¡La solapa es MÁS, MUCHÍSIMO MÁS importante que el libro!
—Le pondré otro ejemplo para que se percate de esa importancia —prosiguió Neirs—. Sabemos que la Biblia pretende ser la palabra de Dios mientras que Las mil y una noches son una recopilación de cuentos fantásticos. Eso es la solapa: lo que sabemos, o creemos saber, sobre estos libros. Ahora imagine que la Biblia y Las mil y una noches hubieran trastocado sus solapas hace milenios: a estas alturas, las andanzas de Yavé constituirían un deleite para niños pequeños, mientras que muchos devotos habrían muerto por Aladino o habrían sido torturados por negar a Scherezade… Y no crea que exagero: la solapa es como el cauce de un río, y nuestra lectura fluye siempre sometida a sus límites. ¿Me explico?"

"La historia no revestía especial dificultad: creo que fue Tolstoi quien dijo que todas las familias felices se parecen entre sí, pero erró al afirmar que las desgraciadas son diferentes. En realidad, la vida (lo descubrí en aquel momento) carece de imaginación: un bebé, una abeja y una foto amarilla olvidada en un álbum poseen innumerables réplicas, todas iguales. El pasado de cualquier ser humano es idéntico al de todos; sólo nos diferenciamos a la hora de contarlo. Fue sencillo inventar fiestas, navidades y juguetes para Natalia; insomnios, pesadillas y terrores emergieron con similar facilidad."

De pequeña, me gustaba leer la versión adaptada que tenía en casa de la Biblia. No es que fuera una chica religiosa, sino que las parábolas y los cuentos que contenía, yo los trataba como tales, me gustaban tanto como cualquier fábula o cuento de los hermanos Grimm. Yo es que devoraba cualquier cosa que pasara por mis manos. Que fuera un texto religioso o no me traía sin cuidado. Lo mismo pasaba en la misa: mi parte favorita era cuando narraban alguna historia.

Como bien comentan los personajes del fragmento, que una cosa sea la palabra de Dios y lo otro cuentos fantásticos, es algo que depende de la solapa, es decir, de la forma que tienen otros de presentarnos el libro. Algo similar pasa con todas las historias de la mitología griega y romana, que en su momento se consideraban novela histórica y que ahora pertenecen al género fantástico. Aunque no todo, porque la guerra de Troya es una historia que está imbuida de tanto realismo (las adaptaciones que conoce el gran público se saltan la parte de la intervención divina) que mucha gente hoy en día cree que esa guerra, tal y como se describe, fue real. Otro ejemplo fue La guerra de los mundos, de H. G. Wells, una historia que, durante su locución, se vendió como verídica.

Por supuesto, estos casos extremos son contados. Aun así, hoy en día es tan importante cómo se vende el libro como el libro en sí. Es muy distinto saber que estás leyendo una novela histórica basada en un conflicto a saber que los personajes fueron personas de carne y hueso, a saber que la novela está escrita de puño y letra por alguien que vivió ese conflicto. Hace unos años vi la película de Braveheart y quedé muy impresionada por los acontecimientos que se narraban. Luego descubrí que se basaba ligeramente en hechos reales y que realmente la película había hecho un pastiche, cogiendo sucesos que no habían ocurrido cronológicamente así. Menuda decepción me llevé.

Creo que el mercado tiende demasiado al engaño al vendernos thrillers que son novelas de misterio, terror que solo es misterio paranormal, romantasy que es fantasía, romántica que es erótica, etc. Empezar algo con las expectativas equivocadas hace que uno termine, inevitablemente, decepcionado, por mucho que lo que encuentre sea mejor de lo esperado.

Pasando ahora a hablar un poco de la segunda cita, he de decir que estoy bastante de acuerdo. Por norma general, la vida transcurre igual para uno que para otro. Si se analizaran los álbumes de fotos de toda una vida de distintas personas, habría una gran similitud. Con esto no quiero decir que seamos todos iguales, sino que personas de contextos similares tienen vidas, a grandes rasgos, similares. 

Eso sí, no creo que la única diferencia radique en la forma de contarlo, sino también en el detalle. Al comparar esos álbumes, veríamos que en todos hay fotografías tomando algo con los amigos, una excursión a la playa, otra a la montaña, fiestas de cumpleaños, varios viajes a X distintos lugares, una foto familiar,... La diferencia está en cómo son esos amigos, qué playa o montaña fue, cómo era la tarta de cumpleaños, qué país se visitó, cuánta gente posaba en la foto familiar y cómo eran sus sonrisas... etc. Puede que todos tengamos vidas similares, pero los detalles son los que hacen que nuestra vida sea única.

Los fragmentos que os he compartido hoy pertenecen a la novela Dafne desvanecida, de José Carlos Somoza. En su momento, me pareció un novelón muy original, aunque debería hacer relectura. Recuerdo que era un libro que tenía un alto componente metaliterario y experimental, con reflexiones en torno al sector editorial y la diferencia entre realidad y ficción. Pese a lo mucho que me gustó, tampoco me veo con coraje de recomendarlo a diestro y siniestro, porque era un libro muy bizarro y complejo, que puedo comprender que no encaje con todo el mundo. Si aun así os ha llamado la atención, os animo a leer la reseña que escribí en su momento.

Y eso es todo por hoy. Espero que os hayan resultado interesantes los fragmentos. ¿Alguna vez os ha pasado que esperábais algo de un libro y os ha ofrecido algo completamente distinto? ¿Cómo os lo habéis tomado? ¡Nos leemos en los comentarios!

viernes, 18 de septiembre de 2026

Saga La Peregrina, Libro I: El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, de Becky Chambers

Tengo un método especial para seleccionar mis siguientes lecturas. En la estantería, mis libros están ordenados por colores, así que aprovecho eso para leer cada año todos los de un mismo color. Esta decisión no es inamovible: a veces, por un motivo o por otro, se cuelan otras lecturas. Ese ha sido el caso de Becky Chambers, a quien he decidido leer porque ha sido invitada al Celsius 232 de este año. 

Título original: The Long Way to a Small, Angry Planet
Idioma original: Inglés
Año: 2014
Editorial: Insólita (2018)
Traducción: Alexander Páez
Título: El largo viaje a un pequeño planeta iracundo
Autor: Becky Chambers
Formato: Rústica
Número de páginas: 502

Sinopsis:
Rosemary Harper se une a la tripulación de la Peregrina, una vieja nave tuneladora, sin saber muy bien qué esperar de su primer trabajo. Aunque la nave ha visto tiempos mejores, le proporciona un pequeño lugar al que llamar hogar durante un tiempo, algo de aventura en los confines más alejados de la galaxia y, lo que es más importante para ella, la oportunidad de dejar atrás su pasado.
Hasta que les ofrecen el trabajo de sus vidas: la oportunidad de construir un túnel hiperespacial a un lejano planeta. Si completan el encargo, ganarán el suficiente dinero para vivir sin preocupaciones durante años… Sin embargo, antes deberán sobrevivir a un largo viaje a través del espacio.
Pero Rosemary no es la única persona a bordo con secretos que ocultar, y la tripulación pronto descubrirá que, aunque el espacio sea un lugar inabarcable, las naves espaciales son muy pequeñas.

Opinión:

La ciencia ficción es un género que he tocado poco (eso solo lo piensas tú: la lista de reseñas ordenadas por géneros lo desmiente). Supongo que lo que me echa para atrás es la ciencia: las descripciones largas, complejas y detalladas de procesos mecánicos y de desarrollo tecnológico me la bufan. Mi interés es tan limitado que tiendo a aceptar cualquier explicación científica como acepto que las varitas funcionan. 

Por eso, como os imaginaréis, esta no es una novela de ciencia ficción dura. A ver, los protas viven en una nave tuneladora y su principal ocupación es crear atajos espaciales: algo de ciencia hay. Sin embargo, más allá de una explicación básica sobre la perforación espacial, no profundizamos en explicaciones técnicas. Esto se debe, principalmente, a que el interés de Becky Chambers no radica tanto en la ciencia y los avances tecnológicos como en el contacto interespecie.

Las novelas de fantasía, el género que más leo, cuentan con mundos que derrochan imaginación; sin embargo, esos mundos siempre están poblados por criaturas que o bien son similares a nosotros o bien pertenecen a la tradición fantástica (elfos, enanos, trolls, el rollo de siempre). Quizás porque es más fácil crear un mundo humano con alguna peculiaridad, como que la gente obtiene poderes portando jade o puede viajar en el espacio dibujando intrincados portales, que no un mundo con criaturas que necesitan refractarse en prismas de cristal para ser vistas. De ahí viene últimamente mi afición por la novela de ciencia ficción, puesto que aboga por mostrarnos especies que rompen por completo con nuestros esquemas y que se alejan mucho de aquello que conocemos. Yo, como siempre, en busca y captura de cosas que me resulten refrescantes.

La Peregrina, la nave en la que se ambienta la novela, cuenta con una gran diversidad de tripulantes, tanto humanos como de otras especies. Los humanos (Rosemary, Ashby, Kizzy, Jenks y Corbin) son mayoría: supongo que esa decisión se debe, en parte, a que es un punto de vista mucho más fácil de escribir y leer. Que sean de la misma especie no significa que no haya variedad: proceden de lugares culturalmente dispares y sus experiencias vitales han sido muy distintas. Que haya tanto punto de vista humano me parece necesario: partir de lo que conocemos nos ofrece un ancla para comprender lo desconocido. Además, esa visión del Otro se complementa con capítulos narrados desde el punto de vista del resto de la tripulación (Dr. Chef, Lovey, Sissix, Ohan). Ellos sí que pertenecen a otras especies con características sociales, culturales y físicas muy alejadas de las nuestras. Los grums, por ejemplo, experimentan biológicamente fluidez de género, por lo que, según su etapa vital, son hembras, machos o neutros. Otro ejemplo es el caso de los sianat, quienes, por razones culturales, sacrifican su longevidad a cambio de una percepción casi total de la física interdimensional, un don que comparten con el resto del universo. La diversidad de especies refuerza la idea de extrañeza y ensalza la capacidad imaginativa de cualquier autor, pero Becky Chambers va un paso más allá. No solo estamos ante especies con características peculiares, sino que esas peculiaridades nos ofrecen la posibilidad de percibir nuestro entorno de forma distinta.

Para mí, lo más interesante de conocer estas especies es que te abre la mente a otras realidades y hace que te cuestiones ideas muy arraigadas. Por ejemplo, me ha impresionado mucho el concepto de familia que tienen los aandrisk. En lugar de relaciones monógamas, son poliamorosos y no tienen una única familia a lo largo de su vida, sino tres: la familia de eclosión, formada por aquella gente que te cría y con la que vives tus primeros años (gente con la que no tienes lazos de sangre); la familia de pluma, que puede variar a lo largo de los años, formada por un grupo de compañeros elegidos por ti mismo con los que creas lazos íntimos; y la familia de hogar, un grupo estable con el que convives en la vejez y con el que crías a hijos de otros. Mucha gente ve el poliamor como un estilo de vida temporal, una fase fruto de la inmadurez o el miedo al compromiso. La propuesta social de los anndrisk demuestra que es posible una sociedad basada en el poliamor, donde los celos no se conciben, las relaciones se adaptan a la etapa vital de cada uno y la familia la establece el individuo. Con este tipo de propuestas, Becky Chambers quiere hacernos soñar con el mundo en el que podríamos vivir en lugar del mundo en el que vivimos.

Este es solo uno de los temas que trata la novela, pero hay muchos más, en concreto, uno por personaje. Si tenemos en cuenta que hay unos diez personajes relevantes, por mucho que la novela tenga 500 páginas, es inevitable que el desarrollo se quede cojo. Puede que algunos se conformen con asomarse a varias reflexiones en lugar de enfocarse en una sola; sin embargo, a mí, personalmente, me hubiera gustado algo más de profundidad. El hecho de que la trama consista simplemente en viajar en una nave hasta llegar a un destino daba espacio ("espacio", ¿lo pilláis?) a que los temas se desarrollasen con calma. Siento que la autora tenía oro en las manos y se ha conformado con cobre, priorizando la variedad por encima de la profundidad.

A raíz de esto, los personajes son bastante unidimensionales, porque se definen por un solo rasgo. Se profundiza en ese rasgo y evolucionan, pero he sentido que la novela estaba dividida en pequeños arcos dedicados a cada personaje, en lugar de ser un conjunto orgánico. Al principio, creía que Rosemary, con su gran secreto, iba a ser la protagonista, quizás con Ashby como coprotagonista, pero una vez se descubre lo que está ocultando y se enfrenta a ello... queda bastante relegada. Con Corbin, en cambio, pasa lo contrario: casi no interacciona con los demás ni aparece hasta que hay una subtrama en la que es relevante. Con el resto pasa un poco lo mismo, que tienen escenas y momentos solo para ellos, aunque después quedan apartados. El problema es que la realidad no funciona así. Las personas somos complejas, y por mucho que en algunos momentos nos sintamos abrumados por un conflicto o nos enfoquemos mucho en algo, eso no significa que solo nos definamos por ello. Ni mucho menos que una vez lo enfrentamos lo olvidemos, ni que nos abstraigamos de nuestro entorno.

Por otra parte, la novela intenta mostrarnos a La Peregrina como una familia; sin embargo, la mayoría de los personajes solo hablan de sus conflictos con uno de los tripulantes, dejando de lado al resto, creando sus propios grupitos de intimidad. Eso es lógico en una familia normal, donde la gente se ve cada mucho. Aquí, en cambio, conviven durante casi un año y el plan es seguir juntos. Lo lógico sería que todos intervinieran en cualquier conflicto y supiéramos qué opinan unos de otros. Sin embargo, al haber tantos conflictos personales y temas a tratar, si la autora hiciera eso, la novela sería eterna.

La excepción es Ashby, quien, al ser el capitán, es quien mantiene a todos los demás unidos. Él sí que interactúa con el resto de los miembros de la tripulación en todo momento y les ofrece su apoyo. Además, su conflicto se desarrolla en paralelo a las tramas de los demás y a lo largo de toda la novela, sin que haya escenas íntegramente dedicadas a él.

Como veis, me estoy centrando mucho en los personajes, porque la trama es escasa: tienen que llegar a Hendra Ka, un sistema solar remoto y conflictivo, y conectarlo con el resto del universo. No es que sea un camino lleno de peligros, simplemente, es un camino largo, por lo que la trama es bastante costumbrista, con algún tropiezo lógico, así que la autora puede centrarse mucho en los personajes. Personalmente, esperaba más de este viaje, porque me atraen más las tramas trepidantes; sin embargo, ese no ha sido mi problema, sino que Hendra Ka es muy relevante a lo largo de la novela para lo que al final resulta ser.

Los toremi de Hendra Ka son una raza ausente, de la que se sabe muy poco, que se va construyendo entre capítulo y capítulo únicamente con informes de investigación. Incluso al final tenemos su punto de vista en algunos capítulos bastante breves, como si la autora no tuviera suficientes temas por desarrollar. Y sí, terminan siendo una amenaza tan despersonalizada como lo sería un meteorito cualquiera. Como los personajes ya se habían enfrentado a sus propios fantasmas, la única forma de hacer un buen final era con un problema que afectara a todos. Por desgracia, como la trama no es el punto fuerte de la autora, el conflicto final no tiene una construcción paulatina y se desarrolla demasiado rápido como para crear desasosiego en el lector.

No he podido conectar emocionalmente con el epílogo por una suma de todo lo mencionado anteriormente. A la autora se le dan bien los personajes, así que desarrolla bien las consecuencias emocionales del conflicto final. Por desgracia,  como le dedica pocas páginas, se centra solo en los personajes más vinculados al conflicto y deja al resto de la tripulación en segundo plano. El resultado es que, al individualizar el sentimiento en unos pocos, parece más la conclusión al arco de esos personajes que no la de todos.

Puede que suene algo desanimada con la novela. ¿Que esperaba más de ella? Sí. ¿Que he disfrutado con cada página? También. Me gustan mucho todos los temas que propone y me gustan los personajes y lo diversos que son. No es que no me haya gustado la obra, es que creo que se ha quedado corta y que no aprovecha del todo su potencial. Por lo demás, es un libro muy entretenido, que propone reflexiones interesantes y que logra fascinarte al crear un mundo tan sólido formado por especies tan dispares. Aunque el final es completamente cerrado, la autora ha publicado varios libros ambientados en el mismo mundo (en español, por ahora, solo han traducido uno más) y no me los pienso perder.

Por último, me gustaría mencionar que la nota final de la autora me parece muy bonita. En ella, la autora, que originalmente publicó la novela de forma independiente gracias a una campaña de Kickstarter, anima a los autores que no tienen el apoyo de una editorial a seguir adelante con su proyecto si realmente creen en él. Sus palabras son un precioso mensaje de esperanza para todos aquellos que sueñan con ser leídos.   

Cosas que he aprendido:
  • Crear criaturas con características físicas, sociales y culturales distintas a nosotros puede servir para hablar de nuestro mundo.
Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:




PUNTUACIÓN...3'5/5!

Primeras Líneas...

viernes, 11 de septiembre de 2026

Viñeta del lector 135#

 
Hay gente que cree que leer es sinónimo de inteligencia. Como si el simple acto de la lectura nos hiciera más cultos o como si por ello nuestro criterio fuera más válido que el de alguien que no lee. Ni que fuéramos mejores solo por leer. Para desmontar este mito, basta con recordar que Hitler era un ávido lector.

Dejémonos de tonterías: ser aficionado a la lectura no implica que entiendas mejor la vida que, por ejemplo, alguien que es aficionado al futbol. A mí, personalmente, alguien que lee siempre me parece más interesante, pero eso no significa que vaya a fiarme de buenas a primeras de todas sus opiniones. La lectura amplía tus conocimientos, te permite tener una perspectiva más completa del mundo y de la gente que lo habita, además de contribuir a comprender mejor al resto. Pero eso no lo ofrece la lectura per se: depende de qué lees y las razones por las que lees.

No todos tenemos la misma motivación para leer. Puede ser que leas por evasión, saltando de un libro a otro, con el único objetivo de entretenerte. Y oye, está bien, como mirar esos programas de sobremesa; cada uno hace lo que quiere con su tiempo. Otros leen para reafirmarse y validar aquello en lo que ya creen. Escogen lecturas seguras, sin tonos de gris, con personajes y tramas que encajan con ellos. Que también está bien, todos necesitamos sentirnos comprendidos por los demás. Además, esa gente se suele especializar mucho en un nicho concreto y eso hace que lo conozcan a fondo. Por último, los hay que leen variedad, libros de géneros muy distintos, que tratan todo tipo de temas y con personajes muy diversos. Son lecturas que desafían al lector, le enfrentan con su propia moralidad y hacen que su ideología se tambalee. Hacen que te cuestiones el mundo tal y como creías que era y que comprendas a personas cuya mentalidad aborreces.

Este es el tipo de lector de cuyo criterio me fío. Un lector que no es de un solo libro o un solo género, que tiene una mirada abierta, que escucha antes de hablar y que reflexiona. Ahora tengo mucho más bagaje lector que cuando empecé con el blog. Eso lo noto cuando releo libros que en su momento me encantaron y que ahora me parecen una patata. Y esa valoración no se debe solo a que me encuentro en una etapa vital distinta, sino a que cada vez tengo más ojo crítico.

Claro que siempre se puede mejorar. El otro día mi madre me pedía una recomendación de una novela cozy. Tengo un par de libros del género en la estantería, pero no he leído ninguno, así que no sabía muy bien qué ofrecerle. Para evitar situaciones así, es importante salir de tu zona de confort. Por eso, aunque me gusta mucho la fantasía, a veces le doy una oportunidad a la novela romántica, leo thrillers que muestran la complejidad de la mente humana, novelas históricas que me hacen entender el mundo que hemos heredado y novelas intimistas que me permiten conocerme mejor. ¿Que muchas veces tropiezo con historias que no me gustan? Sí, pero si se me hacen pesadas, las dejo. Las novelas de las que no esperaba nada y con las que me he llevado una grata sorpresa compensan, y con creces, aquellas que he terminado abandonando. 

Por supuesto que esta clasificación de lectores no es en absoluto rígida. A veces leo por evasión, otras a autores que ya conozco y sé que su rollo encaja conmigo. Pero no quiero estancarme, quiero ser alguien de cuyo criterio los demás puedan fiarse, acertar cada vez más con mis recomendaciones (algo que depende no solo de conocer libros, sino también a las personas a las que recomiendas esos libros) y, por encima de todo, confiar en mí misma.

Y eso es todo por hoy. ¿Qué opináis de este tema? ¿Añadiríais algún tipo de lector más? En mi caso, la fantasía es mi nicho, ¿cuál es el vuestro? ¿Os cuesta salir de vuestra zona de confort? ¿Alguna vez os habéis llevado una sorpresa al leer una obra que no es de vuestro estilo? ¿Leéis novelas que tratan temas polémicos y que ofrecen múltiples perspectivas de ellos?

viernes, 4 de septiembre de 2026

Cordero: El evangelio según el mejor amigo de la infancia de Jesucristo, de Christopher Moore

Cuando un autor nos gusta, tendemos a comprar todo lo que publica. El problema viene cuando te animas a leer el resto de libros y descubres que el único que te gusta es el primero que leíste. Por desgracia, es lo que me está pasando con Christopher Moore. Un trabajo muy sucio me gustó mucho: a partir de ahí, todo ha ido cuesta abajo. La sanguijuela de mi niña no estuvo mal, pese a la relación tóxica, pero Aleta fue un desastre: el autor usa un humor escatológico y sexual que no conecta para nada conmigo. Este ha sido ligeramente mejor que el anterior, aunque tampoco por mucho. 

Traductor: Juanjo Estrella González
Editorial: La Factoría de Ideas
ISBN: 9788498001242
Número de páginas: 416
Encuadernación: Tapa blanda
Fecha de lanzamiento en español: 2010
Publicación original: 2002
Título Original: Lamb: The Gospel According to Biff, Christ's Childhood Pal
Autor: Christopher Moore

Sinopsis:
El nacimiento de Jesús está bien documentado, al igual que, tras su trigésimo cumpleaños, sus gloriosas enseñanzas, sus actos y su divino sacrificio. Pero nadie conoce la adolescencia del Hijo de Dios, los años perdidos; nadie excepto Colleja. Desde el día en que se encontró con Joshua de Nazareth, un chaval de seis años, resucitando lagartijas en la plaza del pueblo, Levi bar Alphaeus, llamado «Colleja», tuvo el honor de ser el mejor amigo del Mesías. Por eso, el ángel Raziel lo ha resucitado y lo ha llevado a América para escribir un nuevo Evangelio, uno que cuente la historia real y hasta ahora desconocida.

Opinión:

Sabía que los textos bíblicos no hablaban mucho de la infancia y juventud de Jesús; sin embargo, no sabía que hablaban TAN poco de ella. Según la nota final del autor, no ha podido documentarse mucho al respecto, porque apenas hay información, llamémosla "oficial". Lo del nacimiento se menciona por encima y lo único que se sabe de sus primeros treinta años de vida es que de joven enseñaba a los sabios en el templo.

Para mi sorpresa, lo he investigado y no hay muchos más libros que ficcionalicen este período de la vida de Jesús y que lo narren en clave de humor. Así que ya sabéis: si conocéis algún otro título similar a este, no dudéis en decirlo. Por mi parte, el único que conozco con ciertas semejanzas es Jesús me quiere, de David Safier. Al igual que este libro, es una obra de humor sobre Jesús, pero no se habla de su pasado, sino que va de cómo actuaría Jesús si apareciera en nuestro presente.

Quizás la reticencia a escribir sobre este tema es el miedo a faltar al respeto. En ese aspecto, creo que el libro hace un buen trabajo. Para empezar, al final incluye una nota en la que, más allá de hablar de la documentación, afirma que no intentaba herir los sentimientos de nadie y se disculpa si alguien se ha sentido ofendido, aunque añade que:

"Esta historia no pretende, ni ha pretendido nunca, ser un desafío para la fe de nadie. Con todo, si la fe de alguien se tambalea con las historias que se cuentan en una novela humorística, tal vez es que a ese alguien le convenga rezar un poco más"

Para continuar, lo único que critica duramente son las tradiciones religiosas más extremistas del judaísmo: no comer carne de cerdo, el descanso absoluto en sábado, la Ley de Talión, el celo en lavarse las manos, las lapidaciones, el odio a los otros pueblos... En el fondo, esta crítica es lógica, puesto que el protagonista es Jesús, el promotor de que eso cambiara. 

Pese al humor que impregna cada página, no se burla del cristianismo ni lo ridiculiza. Además, Jesús es considerado una figura positiva y un ejemplo a seguir. Eso no significa que alguna crítica no caiga: la historia está narrada por Colleja, su mejor amigo, quien no siempre está de acuerdo con sus doctrinas, y critica con humor las propuestas más radicales 
subrayando los problemas que conllevan (como el hecho de poner siempre la otra mejilla).

Ante la espiritualidad y bondad innata de Jesús, Colleja es un buen contrapunto. No es que sea mala gente, sino que es un pillo de cuidado. Conoció a Jesús de pequeño y desde entonces le acompaña y le apoya como si fuera su hermano mayor. Él será el responsable de narrarnos su infancia y el viaje que emprendieron en busca de la sabiduría de los tres reyes magos. Este larguísimo viaje justificaría bastante bien la filosofía de vida que adoptó Jesús, con componentes de varias religiones orientales.

Lo lógico sería que este evangelio apócrifo estuviera escrito teniendo en cuenta el lenguaje y los referentes de la época; sin embargo, tanto lo uno como lo otro son actuales, puesto que no es un texto que se escribiera hace dos mil años y que se haya recuperado ahora, sino que, por orden divina, Colleja ha sido resucitado para contarnos su versión de la historia, así que domina el lenguaje moderno. Así, tenemos una trama del presente en la que Colleja, encerrado en un hotel con el ángel Raziel, es obligado a redactar su propio evangelio. Esta trama sirve para justificar que el lenguaje sea asequible, pero también para incluir algunas escenas de humor resultado del choque cultural y temporal. Entiendo que esta trama era necesaria para lo primero, pero lo segundo me parece que está de más. Para empezar, Raziel lee todo lo que Colleja escribe, así que es bastante ilógico que este último interrumpa su historia para narrar, dentro del Evangelio, los desencuentros que tiene con el ángel, sus planes para escapar y lo desconcertado que está ante nuestro mundo.

Todas estas escenas podrían formar parte de una historia propia, en lugar de ser elementos que interrumpen constantemente la narración. Esta trama no solo no enriquece la historia principal al estar completamente desligada de ella, sino que, como está formada por escenas sueltas, sin apenas continuidad ni construcción, la conclusión es muy insatisfactoria. No solo es abrupta, sino que se deja mil cosas en el tintero: no sabemos qué pasará con el nuevo evangelio, ni con Colleja, ni qué pinta en nuestro mundo otro de los apóstoles al que, al parecer, también han resucitado.

Más allá de la parte del presente, la novela podría haber estado bien si el humor me hubiera parecido mínimamente gracioso. Como descubrí con Aleta, el estilo del autor se caracteriza por los chistes soeces y básicos, de carácter sexual o escatológico. Entiendo que esto sea del gusto de algunos lectores, pero no es mi caso.

Como ya me ha pasado con las últimas obras del autor que he leído, Cordero me ha parecido entretenido sin más. La historia es muy fácil de seguir gracias a su tono distendido y el viaje de Jesús y Colleja está lleno de aventuras divertidas. Además, pese a ser una obra humorística, el autor se ha esforzado en documentarse sobre la época y las religiones que retrata. Sin embargo, no he conectado con el humor escatológico y sexual, que es la base de la novela, ni me ha convencido la trama del presente, que cuenta con escenas de humor muy artificial, no es lógica en algunos puntos y se cierra de forma abrupta. Leeré los siguientes (tengo cuatro en la estantería), en parte porque son anteriores (¡quizás el tono será distinto!), en parte porque están ahí. Eso sí, a la mínima que no me interesen, los dejaré.

Cosas que he aprendido:

  • Se sabe muy poco de la infancia y juventud de Jesús.
  • En ninguna parte de los textos bíblicos se dice que María Magdalena fuera prostituta.
  • Qué tradiciones judías rechaza el cristianismo.

Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:


PUNTUACIÓN...2'5/5!

Primeras Líneas...