miércoles, 4 de noviembre de 2026

Borne, de Jeff Vandermeer

Autor: Jeff Vandermeer
Nº de páginas: 432 págs.
Encuadernación: Tapa blanda
Editorial: HIDRA
ISBN: 9788417036591
Colección: Colmena Ediciones
ISBN: 978-84-17036-59-1
Fecha publicación: 16-10-2017
Traductor: Jaime Valero

Sinopsis:
La joven Rachel sobrevive rebuscando entre los restos de una ciudad en ruinas debido a la sequía y a la guerra. La ciudad es peligrosa, y está poblada por experimentos biológicos fallidos de la Compañía, además de por un oso gigantesco. Rachel y su compañero, Wick, viven refugiados en un viejo santuario que apenas se mantiene en pie. Un día, Rachel descubre a Borne: apenas es un bulto verde, pero desprende un extraño carisma — ¿se trata de un animal? ¿Una planta?—, y se lo lleva al refugio. Borne le recuerda a la vida marina que conoció de niña, cuando vivía en una isla, y decide protegerlo. Hablar con él es divertido, y Borne está comenzando a descubrir el mundo. Todavía es ingenuo. Pero a medida que Borne crece, también cambia el equilibrio de poder en la ciudad.

Opinión:

Mi lectura de Borne ha sido toda una experiencia que resultará difícil plasmar en palabras. No hay una gran historia, ni unos grandes personajes, ni un gran worldbuilding; lo que me ha fascinado es cómo la narrativa te sumerge en una atmósfera de profunda desazón. Es por eso que, en lugar de hacer un análisis exhaustivo de esta novela, mi intención es explorar lo que me ha hecho sentir.

Según Goodreads, Borne no está clasificada como una novela de terror; con todo, a mí me ha tenido sumida en un estado de constante inquietud. El autor consigue construir una atmósfera opresiva que transmite muy bien la desolación que sienten los personajes. Hay momentos macabros, pero curiosamente, eso no es con lo que lo he pasado peor. Pese a que la novela cuenta con los elementos propios del terror (criaturas monstruosas, lucha por la supervivencia, muestras de violencia, situaciones límite), todos forman parte del día a día de Rachel, la protagonista. Esa naturalidad es lo realmente aterrador: cómo alguien puede acostumbrarse a vivir con tanta incertidumbre y miseria. Es el mismo tipo de terror que podemos encontrar en las novelas ambientadas en los campos de concentración: lo más terrible no es lo que sucede, sino ver la resignación y sumisión de quienes lo están viviendo.

La novela exuda desesperanza por todos sus poros, empezando por la ambientación. La ciudad en la que vive la protagonista, Rachel, no es más que un cadáver putrefacto de lo que fue: la tierra y el agua están contaminadas, la atmósfera es tóxica, no quedan recursos para reconstruir y sus gentes no recibirán ayuda de un mundo exterior que les ha dado la espalda. Desde hace años, la ciudad está inmersa en una guerra civil tan estéril como el terreno en el que transcurre: ya no queda nada valioso por lo que luchar. Ni siquiera hay un bando "de los buenos". El resultado será un gobierno tiránico, no importa si vence la Compañía, representada por Mord, un oso volador del tamaño de un rascacielos, o si vencen la Maga y sus secuaces modificados genéticamente. El escenario es tan dantesco que, en lugar de preguntarme cómo podría solucionarse la situación, me preguntaba por qué Rachel no se marchaba de allí. 

La respuesta, por supuesto, es la desesperanza. No es que quiera quedarse porque esta sea la ciudad de su infancia, ni porque nunca haya conocido nada mejor, ni porque se sienta ligada al lugar por algún vínculo emocional. Simplemente, se ha rendido. ¿Sabéis lo de "más vale malo conocido que bueno por conocer"? Durante su infancia y juventud, Rachel estuvo huyendo junto a su familia de una ciudad a otra, sin encontrar la paz en ninguna parte. Si todo es un infierno, ¿para qué cambiar uno por otro? Así que malvive en la ciudad en ruinas, a sabiendas de que en cualquier momento podría hallarse sin recursos, caer víctima de una trampa, quedar atrapada en el fuego cruzado, enfermar... No tiene ninguna expectativa de futuro, ningún deseo, más allá de sobrevivir un día más.

Rachel es un personaje bastante vulgar. A diferencia de otras protagonistas de novelas postapocalípticas, no tiene nada especial o que la haga destacar: no posee amplios conocimientos del mundo, ni es astuta, hábil, fuerte o locuaz. Si ha sobrevivido hasta el momento, creo que ha sido más gracias al azar que a la habilidad. Se ha adaptado a lo que le ha tocado vivir y el instinto de supervivencia le ha llevado a pensar únicamente en ella misma, así como a insensibilizarse ante el dolor ajeno, el horror de los cuerpos desmembrados y el miedo a morir en cualquier instante. Me he sentido cómoda con ella, quizás porque estoy cansada de mujeres que, ante una situación así, hacen de tripas corazón y se convierten en personas muy distintas, que aprenden a usar armas, a matar sin miramientos o que exprimen al máximo su astucia. Me parece más probable que, en una situación límite, cualquier persona puede convertirse en alguien como Rachel: alguien curtido ante el horror, pero que no forma parte de él.

Como la unión hace la fuerza, Rachel sobrevive en parte gracias a la ayuda de Wick, su amigo-amante. Eso no significa que Rachel no esté sola, sino que ambos comparten la soledad. No son una pareja al uso: lo que les une es más la desesperación que el amor. Se quieren en la misma medida que se necesitan para sobrevivir emocionalmente. La suya es una relación pasional, cimentada en la necesidad de descargar las tensiones del día a día. Hay mucha incomunicación, muchos silencios y secretos entre ellos. Me gusta que se muestren este tipo de relaciones; sin embargo, me han faltado escenas que profundicen en su dinámica tóxica y de complicidad. Es extraño que Wick salga tan poco al principio, teniendo en cuenta el protagonismo que tiene en el último tercio. A mí, personalmente, Wick me producía aprensión. No es que hubiera nada realmente inquietante en él, pero parecía muy inestable (¿cómo iba alguien a estar perfectamente cuerdo en un mundo así?). Que una persona a punto de derrumbarse sea el principal puntal de Rachel es una muestra más de lo desesperada que es la situación.    

Por suerte para ella, al principio de la novela aparece en su vida Borne, que le ofrece un extra de motivación para seguir viviendo. En él, Rachel encuentra alguien a quien cuidar, una evasión de los horrores del exterior. Por supuesto, la curiosidad lleva a Borne a explorar lo que hay más allá de las cuevas en las que viven y se corrompe poco a poco. Rachel siempre trata a Borne como si fuera una persona, pero no lo es. Es una criatura extraña, seguramente creada con biotecnología, un ser pensante que crece, evoluciona y se comunica. Es amigable, pero no conocemos realmente sus intenciones. En cuanto a su forma, puede modificarla a voluntad y suele ser distinta en cada escena. En ese aspecto, el autor hace un trabajo de imaginación y descripción excepcional. Y no solo eso. En cualquier otra novela de terror, Borne sería el monstruo; sin embargo, pese a su forma terrorífica, aquí le vemos como un niño perdido y confundido que no sabe quién es ni cuál es su propósito en la vida. Conseguir que una masa de carne informe llena de ojos que cubre todo el techo te resulte tan humana no es tarea fácil, sin duda.

Que Borne va a tener una participación activa en el cambio de la ciudad es algo que nosotros, como lectores, tenemos claro desde el principio. Eso no significa que sea algo que le importe lo más mínimo a la novela, hasta el punto de que cuanto más cerca está Borne de su propósito narrativo, menos protagonismo tiene. Y es que el enfoque que tiene esta novela es muy distinto a lo que viene siendo habitual: aquí, la trama principal, luchar contra la tiranía para mejorar la ciudad, es algo secundario. Ni siquiera tenemos claro que esa sea la trama principal; es lo que suponía que iba a pasar, ya que la cosa no podía ir a peor. 

Lo curioso es que nuestros protagonistas no son nadie, personajes terciarios que en cualquier otra novela postapocalíptica aparecerían vagabundeando de fondo mientras los verdaderos protagonistas cambian el mundo. En consecuencia, prácticamente toda la trama consiste solo en seguir a Rachel, que se dedica a sobrevivir, criar a Borne y gestionar sus emociones. Si eso, de tanto en tanto, hay algún enfrentamiento crucial entre Mord y la Maga que los protagonistas observan desde una ventana, en la periferia de la historia. Y es que la novela, al igual que no va sobre cómo se llegó a esta situación, no va sobre cómo resolverla. En su lugar, habla de la gente corriente, de cómo gestionan la construcción de su identidad, de los complicados lazos que nos unen a los demás y de cómo las situaciones límite muestran realmente cómo somos.

Por eso, a diferencia de lo que suele ser habitual en las novelas de este género, en ningún momento es importante descubrir por qué la ciudad está como está y qué ha sucedido a lo largo y ancho del mundo. Así que si os animáis a leer la novela solo por resolver el misterio, os vais a llevar una decepción. Al principio nos dicen algo tan vago como que hay guerra por todas partes y que la ambición humana nos llevó a creernos dioses y jugar con la biotecnología; no se profundiza mucho más. Y está bien, porque eso ya lo hemos visto en muchas otras partes; considero más interesante explorar las consecuencias emocionales que no las causas de lo sucedido.

Teniendo en cuenta todo esto, el tramo final se me hizo muy extraño: en cierta manera ofrece algunas respuestas, aunque son tan ambiguas e imprecisas que, en lugar de ayudar, confunden aún más. Tuve que releerlo varias veces, porque no sabía si las metáforas eran solo metáforas o eran literales. El resto de lectores, por lo que he investigado, tampoco lo tienen muy claro. El autor se ha metido un tiro en el pie al escribir una novela en la que la trama de los protagonistas no va a ninguna parte. No se puede poner un cierre si no hay un conflicto. Así que al final se ve obligado a meter algún tipo de misterio y resolverlo de forma poco llamativa, para que tampoco distraiga la atención del lector. Sin embargo, me ha parecido rebuscado y poco satisfactorio.

A modo de apunte, no he hablado del worldbuilding, porque está de fondo, pero es muy chulo. Se mencionan constantemente cosas propias de este mundo de forma muy natural y allá tú, lector: con tu imaginación, tienes que suponer qué es qué. A raíz de la reseña, descubrí este bestiario curradísimo sobre todas las criaturas que pueblan la novela, con ilustraciones y descripciones. Ojalá en una edición especial de la novela: me parece un añadido que, sin ser esencial, enriquece. Os animo a darle un vistazo para curiosear.  

No esperaba que esta reseña fuera a ser tan larga. Pese a lo mucho que me había gustado, no puse un solo post-it y me planteé escribir una minireseña o ni siquiera eso. Me ha ido bien dejar reposar la obra. Eso me ha permitido entender por qué una novela sin trama y con solo un par de personajes potentes me había hecho sentir tanto. No suelo leer novelas de este género porque generan más asco que terror, recurriendo constantemente al gore y a la violencia explícita. Sin embargo, esta obra destaca por su terror ambiental, donde el miedo no surge de las acciones directas, sino de la forma en que se narra la historia y de la habilidad del autor para construir, poco a poco, una atmósfera inquietante y un mundo desolador. Tengo un par de novelas más del autor por leer que tienen un tono y una ambientación similares. Siento curiosidad por ver qué más tiene que decir.

Cosas que he aprendido:

  • El terror ambiental, cuando se hace bien, mola.

Y para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:


PUNTUACIÓN...4/5!

Primeras Líneas...

jueves, 29 de octubre de 2026

Viñeta del lector 136#

 ¡Hola a todos!

Ya vuelvo a estar aquí con una nueva entrada de Viñeta del lector, aunque en esta ocasión os traigo, no una, sino cinco viñetas. ¿Cuál es vuestra favorita?

No sé si realmente la cita es de Voltaire o no (ya sabemos que lo de "atribuido a" es bastante cuestionable); lo que importa es que es una metáfora preciosa. Hace referencia a cómo, al igual que un pintor usa un lienzo y colores para plasmar un paisaje efímero, el escritor utiliza letras y signos para atrapar las ideas. La voz muere nada más nacer, pero la escritura la rescata del olvido, permitiendo que un mensaje cruce fronteras y trascienda a lo largo de los siglos.

Esta imagen debe ser de la época en que estaba de moda el "bookface". Es una iniciativa que ya ha caído en el olvido, pero durante un tiempo estuvo por todas partes. En su momento, me pareció muy divertida y creativa. En el centro escolar en el que trabajaba, hicimos un concurso y salieron cosas muy interesantes. Yo también intenté hacer alguna fotografía de este estilo y no veáis qué difícil es lograr que portada y realidad encajen. En este caso concreto, me parece que lo logran muy bien. 

Los gatos son monísimos. Y gatos + libros son una gran combinación. Menuda casualidad captarle justo en ese momento. Sin duda, parece que está leyendo junto al niño de la estatua.

Gracias al autocorrector, ya se ha pasado la moda de escribir "k" por "que", "tmb" por "también" o "x" por "por". Yo viví esa época, no sé vosotros. Sí, ahorraba tiempo... pero tampoco tanto.

Lástima que con la desaparición de las teles de tubo, este tipo de viñetas estén un poco desactualizadas. No veo posible hacer algo parecido con los móviles... En todo caso, la idea me gusta, por muy idealista que sea. Las pantallas son cada vez un problema mayor, no solo para jóvenes, sino también para adultos. Según el libro que esté leyendo, a veces estoy demasiado cansada para ello. Los vídeos o scrollear son tareas mucho más digeribles que las novelas más sencillas; eso es un hecho. Sin embargo, creo que siempre que nos sea posible, hay que hacer un esfuerzo.  

Y eso es todo por hoy. Espero que os haya gustado la entrada^^

domingo, 25 de octubre de 2026

Todos en mi familia han matado a alguien, de Benjamin Stevenson

Traductor: Víctor Ruiz Aldana
Editorial: Editorial Planeta
ISBN: 9788408271130
Título original: Everyone in my family has killed someone
Número de páginas: 448
Encuadernación: Tapa blanda
Fecha de lanzamiento: 12/04/2023

Sinopsis:
A Ernie Cunningham nunca le han gustado las reuniones familiares. Aunque algo tiene que ver el hecho de que hace tres años viera a su hermano, Michael, matar a alguien y lo denunciara a la policía, un ultraje que la familia nunca le ha perdonado. Ahora han decidido reunirse para una ocasión especial: pasarán un fin de semana en un hotel en la montaña para celebrar el reencuentro con Michael. Pero los Cunningham no son una familia que se pase el fin de semana bajo la manta contemplando el paisaje. El día en que llegue Michael encontrarán el cadáver de un hombre en las inmediaciones del hotel. Cuando la policía sea incapaz de resolver el crimen, quedará en manos de Ernie deducir si el culpable es uno de sus familiares... antes de que sea demasiado tarde.

Opinión:

«La cuestión es que soy un apasionado de la novela negra. Y soy consciente de que, por lo general, en este tipo de libros nos encontramos con lo que se conoce hoy en día como un “narrador sospechoso o poco fiable”, en que la persona que te está contando la historia se pasa, en el fondo, la mayor parte del tiempo, mintiéndote». 

Esas son las palabras que el autor pone en boca de Ernie, narrador de la novela, nada más empezar. Desde la publicación de La chica del tren (2015), el narrador no fiable está de moda. Narradores con problemas mentales, que beben, se drogan, han perdido la memoria... y que obligan al lector a estar muy atento para adivinar, no solo el misterio, sino cuánto de lo que se cuenta es verdad. Durante un tiempo estuve muy enganchada a este tipo de historias, porque suponían un reto mayor y porque eran muy distintas a las narrativas de misterio tradicionales (aunque es un recurso que ya se usa en algunas novelas de Agatha Christie). Sin embargo, llegué a cansarme, en especial porque la mayoría de narradores no fiables lo eran porque ocultaban cosas sin justificación, solo para engañar al lector.

Por eso, me resultó llamativo que en el prólogo de este libro, Ernie se dirija directamente a nosotros, los lectores, y diga:

«Así que mi objetivo es hacer justo lo contrario. Piensa en mí como un narrador "fiable". Todo lo que te cuente será verdad o, como mínimo, lo que yo creía que era verdad en el momento que creía saberlo. Te doy mi palabra».

Me gusta la propuesta de la novela. No pretende ofrecer una historia cuyo núcleo sea la compleja psicología de los personajes ni quiere centrarse en un tema social específico. Sus únicas aspiraciones son desarrollar una historia entretenida y poner en valor los argumentos y las técnicas básicas de las novelas de detectives. Y me parece bien. Soy una gran defensora de la originalidad y la innovación literaria; no obstante, creo que los modelos clásicos no tienen nada de malo. Pueden resultar repetitivos, es verdad, pero la mayor parte de la gracia de una novela está en cómo se cuenta.

En este caso, lo curioso es el narrador, Ernie, que es consciente de estar escribiendo una novela e interpela a los lectores de tanto en tanto. Estas intervenciones extradiegéticas tienen varias funciones: reflexionar sobre tópicos de las novelas de misterio, aclarar malentendidos antes de que se conviertan en misterios irrelevantes o avanzarnos detalles de la trama para generar curiosidad en el lector.  

En cuanto a lo primero, el autor no se anda con chiquitas. Nada de pullas indirectas a los tópicos: las suelta a bocajarro. Y sin embargo, no me parece una crítica mordaz ni que el tono sea de superioridad, sino juguetón. A medida que Ernie se encuentra en su investigación con tópicos de este tipo de novelas, habla de por qué funcionan (o no). Cosas como que es lógico que en los refugios de montaña haya tormentas cada cierto tiempo o que la gente se quede sin batería en el móvil (a mí me pasa con mucha frecuencia). Aquí os dejo con un ejemplo:

«Hago una breve pausa para comentar que sé que hay autores incapaces de incluir una mujer vomitando sin que eso indique que está embarazada. Son los mismos que creen que las náuseas son el único síntoma de embarazo, por no mencionar que también piensan que la mujer comienza a expulsar el vómito por la boca a pocas horas de haber concebido a la criatura. Y ese "autores" no es un masculino genérico. Lo último que quiero es decirte en qué pistas debes fijarte, pero Sofía no está preñada, ¿vale? Tiene derecho a vomitar por voluntad propia.»

En este caso, además de la crítica, el autor aprovecha para señalar una pista importante, como esas películas de misterio en las que la cámara queda fija en un punto concreto, señalando algo. La ironía dramática es una de las técnicas habituales de las novelas de misterio clásicas, junto al hecho de enumerar las pistas que se tienen sobre el caso o resumir la información que el detective ha conseguido sobre los sospechosos. En determinado momento de la novela, el narrador se detiene para hacer eso mismo y dar la oportunidad a los lectores de resolver el misterio antes que él.

En cuanto al segundo uso de las intervenciones del narrador, el hecho de que aclare posibles malentendidos, me gusta también por la crítica. Aquí os dejo un ejemplo: 

"Ah, por cierto. Erin no está muerta. Me acabo de fijar en que al haber hecho una referencia velada a un antiguo amor parece como si más tarde fuera a revelar que ya estaba muerta desde el principio, porque eso es lo que ocurre en este tipo de libros, pero no es el caso. Ella llegaría al día siguiente. De hecho, técnicamente seguíamos casados"

En cualquier momento de la narración podría haber dicho que Erin llegaría al día siguiente y así ya no hubiera sido necesario hacer esta aclaración, pero no lo hace precisamente para señalar cómo algunas narrativas utilizan este tipo de técnicas para captar la atención del lector.

En cuanto al hecho de avanzarnos detalles de la trama, eso sí que me parece un poco tramposo. Apelando a su sinceridad, el narrador podría contarnos desde la primera página quién es el culpable. No lo hace por dos motivos: el primero, que sin conocer toda la historia es muy difícil explicar quién es el culpable y por qué hace lo que hace; el segundo, porque el narrador nos cuenta las cosas tal y cómo él pensaba que eran en su momento. Es por eso que, al hacer algún spoiler, rompe un poco esta última promesa. En algunos casos, como el siguiente, no me molesta:

«Se volvió hacia la propietaria —mira, sé que cronológicamente la propietaria todavía no me ha dicho su nombre, pero ya me está cansando, así que voy a empezar a llamarla Juliette, porque me lo dirá pronto— y le dijo:»

Pero en otros casos, como este, me parece que el único objetivo es captar la atención del lector:

«Sofía, cirujana, le había reconstruido el hombro a Marcelo tres años atrás, y ya hacía tiempo que se había restablecido. Era evidente que estaba haciendo el paripé. Y que conste que a mí me parece que se ha recuperado bastante bien cuando me pega un puñetazo en el capítulo 32.»
En general, las interrupciones del narrador no me han molestado, sino que me han parecido parte de la gracia de la historia, como pasa con el narrador de El mapa del tiempo o La princesa prometida. De todos modos, puedo entender que a algunos lectores no les parezca gracioso y que les resulte cargante. Personalmente, es algo que me gusta y más por el hecho de que aquí la parte metanarrativa está justificada (Ernie está escribiendo una novela sobre lo sucedido), al igual que la fijación de Ernie por los tópicos de las novelas de misterio (es un autor de libros de consejos de escritura, aunque sea solo para ganarse el sustento).

Es cierto que la novela gana puntos por el hecho de que Ernie sea un narrador consciente que interpela a los lectores; sin embargo, sin ello la novela funcionaría perfectamente porque tiene un guion muy sólido: la investigación de Ernie sigue una estructura clara; sus deducciones son coherentes y no se basan en suposiciones infundadas; nos presenta a los sospechosos sin apabullarnos con la información; y todas las acciones de Ernie son lógicas con el personaje y la situación.

Con todas estas piezas sobre el tablero, el autor logra una resolución del crimen muy satisfactoria. A mí ha logrado pillarme por sorpresa, y eso que las pistas estaban ahí, a la vista. Hay quien cree que romper las reglas es la única forma de sorprender al lector; en realidad, lo único que hace falta es tener un buen dominio de la narrativa. 

Como veis, no he hablado de los personajes porque, como en las novelas clásicas de detectives, no son importantes. La mayoría de secundarios pertenece, en mayor o menor grado, a la familia de Ernie. Los lazos con nuestro narrador no son muy estrechos, puesto que delató a su hermano y eso es algo que crea ciertos roces. A medida que nos los presenta, veremos la tensión que hay entre todos y la complejidad de las relaciones familiares, incluyendo aquellas que no son de sangre.

Sin duda, se nota la sensibilidad actual: los secundarios son más memorables que cualquiera de los sospechosos de Agatha Christie, por poner un ejemplo. Al igual que en las novelas policíacas tradicionales, todos los secundarios tienen un trasfondo que los señala como sospechosos y a todos les remuerde la conciencia por cosas que hicieron en el pasado, así que, por miedo a que se descubran sus pecados, ocultan información a los demás. La principal diferencia está en que aquí hay muchísimas más escenas de diálogo, donde estos personajes se muestran tal y como son, en lugar de limitarse a una intervención inicial y una entrevista con el detective. Sin embargo, no tienen profundidad ni desarrollo, y el autor no intenta que los tengan. 

Poco más que añadir de una novela que me ha gustado mucho y que ha sido un soplo de aire fresco después de varias novelas de misterio con más agujeros de guion que víctimas. Si estás harto de detectives que ocultan información al lector, de investigaciones sin rumbo, de protagonistas que no hacen las preguntas lógicas cuando deberían hacerlas y de culpables salidos de la nada, estoy convencida de que esta novela te atrapará. Todos en mi familia han matado a alguien es una propuesta tradicional y moderna al mismo tiempo, con un narrador sincero que critica la tendencia actual del género a engañar al lector. Me he divertido, me he sentido retada y me he llevado una buena dosis de sorpresas. No buscaba más.

Nota: Hace poco he descubierto que existe un término japonés para describir este subgénero de la novela de misterio donde lo más importante es el puzzle que supone el crimen y donde el escritor siempre juega limpio: honkaku.

Cosas que he aprendido:

Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:


PUNTUACIÓN...4/5! 

Primeras Líneas...

miércoles, 21 de octubre de 2026

BookTag 40: ¿Cómo han cambiado mis hábitos lectores?

Hace un tiempo, vi este BookTag en el blog de Una taza de letras, me gustó y me lo apunté. Suelo intercalar la escritura de una reseña con la preparación de una entrada de Viñeta del lector o de Frases memorables, pero lo cierto es que me aburría esta rutina y decidí tomarme un respiro para hacer un BookTag, un tipo de entradas que, para bien o para mal, han pasado de moda (a mí me parece una pena, más que nada porque son otro indicativo de que los blogs están de capa caída). Podría haber escogido cualquier otro (tengo una lista de los que, en su momento, me llamaron la atención); me decidí por este  por lo adecuado que era (eso es mentira, simplemente lo tenías más a mano y se dio la casualidad de que coincidía con el aniversario del blog): este año, el 1 de octubre, se cumplen quince años desde la creación de Paseando entre páginas. Quince años de aquella primera entrada de Bienvenidos!, en la que enumeraba cuáles eran mis intenciones con el blog. He cambiado mucho con el tiempo (¿os podéis creer que durante los primeros años ofrecía links de descarga?) y creo que este BookTag es una buena forma de hacer balance.   

Como me apetecía hablar de más cosas, he añadido algunas ("algunas", dice) premisas a las que proponía Una taza de letras. Por supuesto, sois libres de llevaros este Tag a vuestro blog y hacerle las modificaciones que queráis. Y si eso os da pereza, os invito a compartir vuestra experiencia con cada premisa en los comentarios.     

1. Qué géneros leía antes vs ahora
Mi género favorito de toda la vida ha sido la fantasía. Eso sí que no ha cambiado. Sin importar la época, la fantasía siempre me ha acompañado. No pasa así con los otros géneros, que han fluctuado una barbaridad. Si hago un repaso de lo que he leído en los últimos 15 años, en 2012 leía mucha romántica juvenil y novelas de instituto (con 15 años era lo que más conectaba conmigo). Eso evolucionó a un interés por el romance juvenil paranormal o romantasy (que no es nada nuevo). Con el éxito de Los juegos del hambre, tuve mi época de disfrutar con las distopías, que me llevaron a interesarme por el drama y a empezar a leer novelas ambientadas en la Segunda Guerra Mundial (en realidad, como antes leías tanto, leías todo eso a la vez). A raíz de eso, ahora estoy tanteando la novela intimista, aquella que se centra en las emociones que guardamos dentro. Como veis, todo un viaje.

2. Libro favorito de antes vs ahora.
Esto tampoco ha cambiado: Elantris, El nombre del viento y La princesa prometida. Ya en su momento esta era mi respuesta automática y sigue siendo la que doy hoy en día (más que nada porque así te evitas pensar). Lo que es distinto es mi percepción del valor de esas obras. Antes creía genuinamente que eran lo mejor de la literatura, obras que gustarían a cualquiera. Ahora, soy consciente, no solo de que tienen sus fallos, sino que, por sus características, puede que no encajen con todo el mundo (a G no le gustaron tanto como a mí y eso fue muy dramático). En esos 15 años han surgido muchas otras obras que me han atrapado al mismo nivel, pero me aferro a estas por lo que han significado para mi vida como lectora. Elantris me mostró cómo puede brillar un libro si no se repite siempre la misma fórmula. El nombre del viento hizo que empezara a valorar la prosa. La princesa prometida me descubrió la metanarrativa y la experimentación literaria. Esas tres obras propiciaron que cambiara mi visión de la literatura. 

3. Autor favorito de antes vs ahora.
Los autores evolucionan y no siempre en la dirección que nosotros queremos. Antes me gustaba mucho Sanderson; ahora me tiene hastiada (tengo un par de libros suyos más por leer, pero tras el último del archivo, necesito tomarme un respiro largo). Rothfuss no ha publicado nada más, así que mi opinión sobre él no ha cambiado (el de El estrecho sendero entre deseos no cuenta, porque es una reescritura de un relato que publicó hace muchos años). Otros autores que antes me gustaban mucho, como Eloy Moreno o Félix J. Palma, me han decepcionado en posteriores obras. Al mismo tiempo, he descubierto nuevos autores favoritos, como Svetlana Alexievich o Ferran Varela, autores que escriben en géneros o con un tono que antes no me interesaban en absoluto.

4. Beber o comer mientras leía antes vs ahora.
Por mucho que G haya intentado inculcarme que debo cuidar los libros como oro en paño, no ha tenido mucho éxito (casi diría que tú has sido una mala influencia para él). Antes leía a la hora de comer o cenar, cosa que ya no suelo hacer, más que nada porque aprovecho ese tiempo para charlar con G. Eso sí, lo de merendar mientras leo un libro, sigo haciéndolo a menudo (solo son patatillas no es para tanto...DORITOS).

5. Libros físicos vs Libros digitales.
En 2012 no tenía recursos económicos, como cualquier adolescente. Ni siquiera conocía la biblioteca (drama). Así que leía una barbaridad de libros pirata (una BARBARIDAD), incluso con traducciones fans que, si veo ahora, me sangran los ojos. Al cabo de un par de años, descubrí la biblioteca y arrasé con ella: la mitad de mis lecturas procedían de allí. A medida que he ganado capacidad adquisitiva, he podido permitirme comprar los libros en físico (...que compras de segunda mano porque lo importante es ahorrar), y en esas estoy. Incluso ahora que soy bibliotecaria, con toda la red de bibliotecas a mi disposición, la mayoría de mis lecturas son de libros en papel que están en mi estantería: los he ido acumulando a lo largo de los años y me parece conveniente ir avanzando para descartar los que no me gusten.
 
6. Ficción vs No ficción. 
En 2012 no tocaba la no ficción ni con un palo. En cambio, en los últimos años he empezado a cogerle el gusto, en especial (y casi en exclusiva) a las obras testimoniales, que han llegado a ser incluso parte de mis mejores lecturas de algunos años.

7. Reseñas antes vs ahora
Como supongo que le pasará a cualquiera que tenga un blog, las reseñas que escribía al principio ahora me producen vergüenza ajena. Eran muy breves, centradas en exclusiva en mis emociones tras la lectura, con bastante espacio dedicado a resumir el principio de la novela, mucho más expresivas (incluso había gifs. Ahora los gifs me parecen muy molestos para leer) y también más directas: no me importaba tanto herir a alguien criticando la novela. Lamento un poco haber perdido esa expresividad y emoción; sin embargo, prefiero (¿100%?) las reseñas de ahora, más ordenadas, menos agresivas y mucho más cuidadas. Ahora tengo en cuenta muchos más aspectos de la obra (hablo de personajes, trama, ambientación, prosa, ritmo, conclusión...) e intento ofrecer argumentos en lugar de solo opiniones.  

8. Tiempo dedicado a la lectura antes vs ahora.
Aquí la diferencia es abismal. En los primeros años del blog leía más de 100 libros al año (era una barbaridad); ahora apenas supero los 50 (oye, oye, que no está tan mal). Independizarme y encontrar pareja han afectado mucho al tiempo que puedo dedicar a la lectura.
 
9. Motivos para leer antes vs ahora
Antes leía mucho para evadirme del mundo; ahora leo para comprenderlo mejor. Aunque alguna cae de vez en cuando, he dejado muy de lado las lecturas de evasión para centrarme en historias que me lleven a cuestionarme la realidad, me permitan profundizar en la naturaleza del ser humano y comprender mejor al otro.

10. Formato de lectura antes vs ahora
Supongo que antes leía más sagas que ahora: no me daba pereza embarcarme en una historia de trece libros porque en ese momento disponía de tiempo para zampármelos en un mes o dos; ahora, leer una trilogía puede llevarme un año (y por eso tu estantería de sagas por leer te durará toda la vida. No puedo con todo, hago lo que puedo).
 
11. Lugar donde leía antes vs ahora
Otra cosa que no ha cambiado. Siempre he sido muy de leer en cualquier parte en cualquier momento, tanto cuando camino por la calle como al esperar en el médico. No tenía preferencias y sigo sin tenerlas.

12. Cómo elegía libros antes vs ahora
Como tengo poco tiempo para leer, ahora soy muy selectiva (MUY selectiva). Antes me dejaba llevar por las opiniones o por la portada; eso ya no es suficiente. Omaira podrá confirmar que soy difícil de convencer. Tengo que ver muchísimas recomendaciones de una obra como para decidirme a investigarla (¡solo investigarla!) y las reseñas tienen que ofrecer razones de peso (como la originalidad, que trate conceptos interesantes o indicios de que te remueve por dentro) como para animarme a leer esa novela.

13. Abandono de libros antes vs ahora
De nuevo, el factor tiempo: como antes podía leer tanto, no me importaba sacrificar un par de horas a una lectura entretenida que sabía que no iba a llenarme. Ahora tengo tan poco tiempo, en comparación, que ya no estoy para tonterías: si no me gusta, lo dejo (claro, como hiciste con El priorato del naranjo...). También hay que tener en cuenta que mis motivaciones para leer han cambiado: antes me conformaba con cualquier cosa entretenida, mientras que ahora busco algo más.

14. Subrayar y tomar notas antes vs ahora.
Aquí sí que ha habido toda una evolución, resultado de la influencia de G. Antes de conocerle, doblaba las esquinas para indicar por qué página iba o para indicar cosas que quería comentar en la reseña. Después, empecé a comentarle los detalles de los libros que leía y los marcaba también con esa doblez. Tras sus quejas de "no hagas eso, oigo cómo los libros gritan", pasé a apuntar las cosas en un papel. Eso me resultaba muy engorroso, así que, finalmente, me decidí por los post-its, que quito tras escribir la reseña y comentar la novela a G. En algunos casos, con los libros que G quiere leer más adelante, apunto en el margen, con lápiz, qué significaba el post-it. Para cuando lo lea en el futuro.

15. Relecturas antes vs ahora
Curiosamente, antes, cuando tenía todo el tiempo del mundo, aborrecía las relecturas. Eso es porque tenía las historias muy frescas. Es ahora, 15 años después, cuando estoy empezando a releer las obras que tanto me gustaron. No me veo con ánimos de recomendar algo que me voló la cabeza hace tanto tiempo, porque mi criterio ha cambiado mucho. Algunas novelas me han gustado tanto o incluso más que entonces; por desgracia, con la mayoría he notado que eran obras que encajaron con la persona que era en ese momento, pero no con la que soy ahora.

Y eso es todo. ¿Qué os ha parecido? ¿A que he cambiado una barbaridad? ¿Os animáis a hacer la comparativa en los comentarios?

viernes, 16 de octubre de 2026

Gótico, de Silvia Moreno-García

Traductor: Alexander Páez García
Corrección de la autora
Editorial: Minotauro
ISBN: 9788445009819
Número de páginas: 352
Encuadernación: Tapa blanda
Fecha de lanzamiento: 23/06/2021
Título original: Mexican Gothic
Autora: Silvia Moreno-García

Sinopsis:
Tras recibir una extraña carta de su prima recién casada, Noemí Taboada se dirige a High Place, una casa en el campo en México, sin saber qué encontrará allí. Noemí no parece tener dotes de salvadora: es glamurosa, más acostumbrada a asistir a cócteles que a las tareas de detective. Pero también es fuerte, inteligente y no tiene miedo: ni del nuevo marido de su prima, un inglés amenazante y seductor; ni de su padre, el antiguo patriarca que parece fascinado por Noemí; ni de la casa, que empieza a invadir los sueños de Noemí con visiones de sangre y fatalidad.
El único amigo que Noemí encontrará es el hijo menor de la familia, quien también da la impresión de estar tapando secretos oscuros. Porque hay muchos secretos escondidos en las paredes de High Place, como descubrirá Noemí cuando empiece a desenterrar historias de violencia y locura. Cautivada por este mundo aterrador a la par que seductor, a Noemí le resultará difícil salvar a su prima... O incluso escapar de esa enigmática casa.

Opinión:
Impresión: Indiferencia

Ante una literatura cada vez más influenciada por el contexto estadounidense y anglosajón, las obras que tratan culturas menos hegemónicas me llaman la atención. En este caso, me habían comentado que la novela se centraba en la cultura mexicana. También me habían dicho que era de terror, un género que suelo evitar, pero como era poco gráfica, decidí darle una oportunidad.

Mi primer intento fue en formato audiolibro. La narradora, Susana Reyes, es mexicana, y eso fue un problema. No tengo por costumbre leer narrativa latinoamericana, así que estoy muy poco acostumbrada al acento. Por eso, no lograba meterme en la historia y al final la dejé. Aun así, no pensaba rendirme. Decidí darle una oportunidad al libro en papel: pensé que por escrito, no tendría tantos problemas, puesto que la única dificultad estaría en expresiones y palabras muy concretas.

Cuál fue mi sorpresa al descubrir que el libro estaba escrito en castellano, libre de particularidades del mexicano. Cuando un libro se traduce de otra lengua, algunas editoriales hacen dos versiones en español, una para Latinoamérica y otra para España, esta última en castellano. Así que pensé que quizás, aunque la lengua original fuera el español, lo que había pasado es que la editorial había decidido hacer una versión en castellano. Fue entonces cuando me enteré de que Silvia Moreno-García nació en Canadá y que la obra está publicada originalmente en inglés como Mexican Gothic. Así que sí, tiene momentos de esos tan graciosos en los que un personaje dice "a partir de ahora vamos a hablar en español, para que los demás no nos entiendan"... y sigue hablando normal. Si es que me merezco llevarme decepciones como esta por no investigar ni un poquito a los autores antes de ponerme a leer.

Un poco desilusionada, seguí leyendo. Puede que no encontrara la riqueza lingüística del mexicano, pero aún podía disfrutar de los elementos culturales. O eso pensaba yo. Efectivamente, la novela sucede en México y la protagonista nació allí; sin embargo, la mayor parte de la novela sucede en la mansión victoriana de los Doyle, una familia de emigrantes ingleses muy aferrados a sus costumbres y tradiciones. Así que al final, la novela se siente como si sucediera en Inglaterra.

Lo único mínimamente relacionado con México es el tema de la colonización, pese a que, por cómo lo trata la obra, podría suceder en cualquier otro lugar, puesto que las características culturales del pueblo colonizado no importan. La novela centra toda la atención en la cultura hegemónica e invisibiliza la cultura colonizada. Me parece muy hipócrita criticar a los ingleses por aplastar al pueblo mexicano, cuando este en la novela está en segundo plano. Me gustó mucho cómo lo explica Alicia Mares en su reseña:

«Es "mexicano", pero lo suficiente como para que a los gringos no les chirríe o les haga cuestionarse ninguno de sus estereotipos. Es como un taco-tostada con salsa que no pica, vendido como la verdadera experiencia culinaria mexicana. Aun así se puede comer».

Además, no se ahonda en la crítica colonialista, que solo está de telón de fondo. Los antepasados de los Doyle exploraron a los mineros mexicanos y se quedaron con toda la riqueza de la tierra. Actualmente, viven en su mansión aislados del resto y defienden la eugenesia y la pureza de su raza basándose en las teorías darwinianas. La protagonista, Noemí, tiene varias conversaciones sobre estos temas, pero el foco es el misterio en torno a la mansión y sus habitantes. Gótico es de esas novelas en las que el componente histórico está ahí solo para atraer la atención del lector. Al menos no he detectado anacronismos ni otros errores históricos, pero sí desinterés por el tema del colonialismo, que solo es mencionado en un par de ocasiones.

Quizás podría perdonárselo si la trama fuese especialmente original; por desgracia, no es así. En general, los misterios me han llamado poco la atención: ¿por qué el hijo mayor (Virgil), tan tradicionalista, se ha casado con Catalina (prima de la prota), de profundas raíces mexicanas? ¿Qué secreto esconden los Doyle y por qué insisten a Noemí para que se vaya? ¿Por qué Catalina tiene accesos de locura? Desde el principio intuía cómo se iba a desarrollar todo, porque los personajes cumplen con los estereotipos del tropo "familia extraña que vive en una casa encantada". Como suele suceder en este tipo de historias, hay un elemento sobrenatural que es el causante de todo; Noemí debe descubrir cuál es y destruirlo. En resumen: a nivel de trama no hace nada nuevo.

Tampoco puedes agarrarte a los personajes, puesto que son bastante funcionales: estereotipos sin profundidad ni características destacables. Hay algunos que son tan de cartón piedra que me sobran, como Catalina, cuya única función es ser el motor de la trama. El que más me ha llamado la atención ha sido Virgil, el que muestra más ambivalencia. Mientras que con los demás sabía a qué bando pertenecían y cuál era su rol, Virgil no solo a veces se muestra amable y otras siniestro, sino que a veces parece dispuesto a cumplir con las tradiciones familiares y en otras se muestra abierto a romperlas.

Lo único a lo que uno puede agarrarse de esta novela es a la atmósfera. Estamos ante una novela gótica, como bien indica su título. En este tipo de novelas, no hay sustos, ni monstruos, ni sucesos atroces, sino que el terror se construye por medio de la evocación. Las descripciones están plagadas de adjetivos que te recuerdan constantemente la decadencia del lugar y lo siniestras que son las personas que lo habitan. Las pesadillas y alucinaciones añaden un elemento de confusión a lo que está sucediendo en realidad y los diálogos y las acciones de la familia Doyle son tan extraños que indirectamente te llevan a pensar que algo no encaja, que lo mejor sería marcharse antes de que sea demasiado tarde. A esto hay que sumarle que la casa poco a poco se convierte en un personaje más, un personaje controlador y posesivo que asfixia a quien cruza sus puertas. Toda esta ambientación, este terror con un fuerte componente psicológico, no está mal, pero tampoco es nada espectacular. Sí, la novela da mal rollo, pero poco más. Y es que para hacer este tipo de obras, debes tener un gran dominio del lenguaje y de la narración, y aquí solo es pasable. En concreto, siento que a las descripciones les ha faltado lirismo, profusión de detalles y recurrir más a lo grotesco.

El final sigue un poco la misma línea que toda la novela. Es bastante genérico y, para mi gusto, incongruente con el género de la novela, ya que no hay consecuencias para los protagonistas. Ese final da un cierre al mensaje del colonialismo, pero es muy básico. SPOILER (subrayar para leer) Ni Noemí ni su prima sufren daño alguno. La casa y todos sus miembros son consumidos por las llamas, excepto Francis, el único que se nos muestra como positivo. Por tanto, el mensaje es que los colonos que quieren imponerse deben morir y aquellos que aceptan la convivencia entre culturas, como Francis, pueden quedarse y ser felices. Un poco agresivo y simplista, pero ok, lo que tú quieras. Eso sí, a lo largo del final, sentí muy poca tensión, puesto que me daba la impresión de que todos los buenos iban a lograr su objetivo y salir de la situación sin un solo rasguño. Soy la primera que defiende que las novelas románticas pueden tener finales trágicos, así que las novelas de terror también pueden tener finales felices; sin embargo, que no haya ninguna consecuencia en los personajes hace que me pregunte para qué todo.  FIN SPOILERS

En fin, que una vez más, estoy en racha este año, estamos ante una novela que ni me va ni me viene. No hace nada mal, porque no se arriesga ni ofrece nada nuevo. Tenemos a personajes estereotípicos, en un escenario estereotípico y con una trama estereotípica. La parte del terror atmosférico y psicológico es lo mejor llevado, con algunas escenas perturbadoras con descripciones que evocan desasosiego y asfixia; sin embargo, la prosa podría estar más trabajada. ¿Mi recomendación? Si no lo leéis, tampoco os perdéis nada.

Curiosidad: Hubo toda una polémica, de la que no me enteré, sobre el tema de la traducción al castellano. Al parecer, Minotauro no avisó con tiempo a la autora de la traducción y esta se encontró, a un par de meses de la publicación, con un libro con muchos localismos españoles que iban en contra del espíritu de la obra. Es por eso que tuvo que revisar la traducción a toda prisa, añadiendo algunas notas y cambiando expresiones para que el lenguaje fuera un poco más neutro.

Cosas que he aprendido:

  • En la época victoriana, se usaba un pigmento verde para pintar las paredes que era tóxico para la salud.
  • Los hongos son una flora muy interesante para las novelas de terror.

Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:


PUNTUACIÓN...2'5/5!

Primeras Líneas...