martes, 17 de marzo de 2026

Los incomprendidos, de Pedro Simón

Fecha de lanzamiento: 12-01-23
Formato: Audiolibro
Autor: Pedro Simón
Narrador: Esther Giralt, Mercè Torrens y Roger Batalla
Duración: 7 horas y 35 mins
Editor: Planeta Audio

Sinopsis:
Javier y Celia son un matrimonio de clase media con un hijo pequeño y una hija preadolescente. Él trabaja en una editorial y ella en un hospital; él arregla vidas de mentira y ella arregla vidas de verdad. Tratan de prosperar, se mudan a un barrio mejor, la cotidianidad. Podría ser la historia de muchos. Hasta que tiene lugar una excursión a Pirineos que lo cambia absolutamente todo.
Esta es la historia de un viaje al abismo que habla de otros muchos viajes. El viaje de la infancia a la convulsa adolescencia. El que va de la algarabía infantil al silencio más sepulcral. El de los padres que caminan detrás con su culpa y llegan tarde. El de los abuelos que fueron delante y a los que nadie escucha. El que hace alguien para salvar una vida. También es la historia de ese otro viaje al que todos tenemos miedo: el que habla de nuestro pasado más oscuro y secreto.
Los incomprendidos es una novela sobre la soledad familiar, la incomunicación entre padres e hijos, el horror de decir, pero también, y desde la primera página, sobre la esperanza.

Opinión:

Las novelas intimistas nunca han encajado conmigo: yo siempre he sido una persona muy de tramas y acción. Sin embargo, el tiempo pasa para todos, y con el tiempo, cambiamos. Al principio, no me interesaba lo más mínimo ninguno de los libros que reseñaba MarianLeeMásLibros; ahora, cada vez me resultan más atractivos, en especial los que tratan la complejidad de las relaciones familiares, como el libro que os traigo hoy.

La relación con mi familia es tirante. Comparto gustos con mi hermano, pero es una persona obtusa y hermética. A mis padres no solo no les ha interesado nunca la lectura, sino que mi madre es reacia al debate y mi padre a la mención de los sentimientos. Al menos, así es como lo veo yo. Durante muchos años creí que lo que teníamos estaba roto y que cada uno tiraría por su propio camino. En lugar de eso, llevo un tiempo intentando recomponer los pedazos: comprender por qué somos así, qué nos ha distanciado. Libros como este me ayudan a tener otra visión del conflicto, un conflicto que siempre he mirado desde mi óptica y nunca desde la de mis padres. 

Como imaginaréis, esta reseña va a ser más personal de lo que viene siendo habitual. No me apetece hablar de esta obra desde la objetividad y la razón, sino desde el sentimiento, adentrándome en lo que me ha transmitido y cómo su mensaje ha prendido dentro de mí. Eso es lo que buscan todas las historias, enraizarse en el alma de los lectores y que la semilla que sembró el autor dé sus frutos. Pues bien, en este caso lo ha conseguido.

Esta novela busca estrechar lazos intergeneracionales alternando entre el punto de vista de un padre, Javier, y de su hija, Inés, durante la adolescencia de esta. En primera persona, ambos personajes ponen por escrito sus silencios y dan voz a sus sentimientos en pequeños monólogos en los que sueltan todo lo que no se atreven a decirle al otro. Por una parte, Javier, el padre, nos habla de cómo ha cambiado su hijita, cómo ha dejado de hablar con ellos, cómo se ha distanciado sin que ninguno se diera cuenta. Por otra parte, Inés, que se siente un cuadrado en una familia de círculos, celosa de la relación de sus padres con su hermano y confundida con su lugar en el mundo. Esta convivencia tensa se observa en las conversaciones entre ellos:

Un retrato muy fiel, lo sé de buena tinta: cuanto hablo con mi hermano, siento que le estoy sometiendo a un interrogatorio de tercer grado y que solo obtengo migajas de información sobre su vida. No tengo ninguna duda de que yo en mi adolescencia me comportaba igual, aunque a mi parecer, sabía esconderlo mejor: hablaba por los codos, sin decir nada realmente importante para mí. Y es que cuando eres adolescente, cuando empiezas a ver que el mundo no es cómo tú creías, te lo guardas todo dentro, con la certeza de que tus padres no serán capaces de comprenderte.

Y puede que sea así. Nuestros padres fueron nosotros, sí, pero hace mucho de eso, Además, las circunstancias eran distintas y es posible que no tengan suficiente inteligencia emocional como para ofrecer consuelo. A pesar de todo, ¿por qué no intentarlo? ¿Por qué no darles una oportunidad, dos, tres? Somos lo suficientemente importantes para ellos como para que no se rindan a la primera y quieran aprender de sus errores. Por supuesto, todo esto lo digo teniendo en mente una familia normal, y con normal no me refiero a una familia donde no haya problemas, porque en todas partes cuecen habas, sino a familias en las que no haya maltrato físico y psicológico, familias en las que, por muchos errores que cometan unos y otros, realmente lo que les une es el amor.

Este tipo de historias suelen retratar familias muy desestructuradas con problemas muy graves (adicciones, malos tratos, acoso escolar, enfermedades crónicas...). Me parece muy interesante que Javier y Celia sean unos padres del montón, que simplemente no saben cómo acercarse a su hija y que Inés también sea una adolescente del montón que simplemente no sabe quién es. Esto nos permite conectar e identificarnos mucho mejor con los personajes. Los padres son personas de bien, con recursos, que disponen de tiempo para su hija, que incluso van a terapia para intentar arreglar las cosas; y, aun así, no pueden superar el escollo de la adolescencia. Como cualquier familia, también tienen conflictos personales; no todo es un camino de rosas en la vida y tienen que superar sus propios obstáculos emocionales, aunque se enfrentan a situaciones bastante cotidianas. Por supuesto, no está mal que algunas novelas se centren en conflictos como los que he mencionado al principio del párrafo; son realidades que están ahí. Sin embargo, creo que en este caso distraería la atención del tema principal: un estudio de los lazos paternofiliales durante la adolescencia.

Tanto el personaje de Javier como el de Inés están muy bien trabajados y construidos. Hablan de forma sincera y abierta con el lector, dejando al descubierto todos sus miedos y sus sentimientos de forma muy evidente, como si estuvieran en la consulta de un terapeuta. Javier nos habla de sus padres, de su infancia y adolescencia, de cómo conoció y se enamoró de Celia, de su matrimonio, de cómo cambió su vida al tener a Inés y Roberto, de la distancia con Inés, del duelo. Inés, por su parte, nos habla de sus inseguridades, de los motivos por los que se ha alejado de sus padres, de lo que supone ser una adolescente, de su crisis de identidad.

Junto a Javier e Inés exploraremos varios temas, siendo el núcleo de todo la adolescencia, esa edad difícil tanto para los hijos como para los padres. El autor se adentra en el corazón del conflicto y desmenuza las emociones de ambos, en lugar de centrarse solo en las de Inés. Por una parte, nos habla del miedo, el miedo de Javier y Celia de distanciarse de su hija y de no ser buenos padres, el miedo de Inés a no cumplir las expectativas, a no ser suficiente. Por otra parte, veremos la impotencia de unos padres que se esfuerzan en entender, conversar y pasar tiempo con su hija, mientras que esta calla, se encierra en su habitación durante horas y horas, les ignora e incluso a veces les desprecia, porque siente que no serán capaces de comprenderla.

En la forma de expresarse, directa, no hay espacio para las sutilezas, los recovecos oscuros ni los secretos. Bueno, sobre esto último, sí que hay ciertos temas que no se mencionan de buenas a primeras, en los que ambos evitan pensar porque aún no se sienten preparados, porque son en realidad el origen de todo. Un poco conveniente para sorprender al lector con temas que no esperaba; aun así, puedo comprender que la clave de profundizar en ti mismo es ir desgranando poco a poco qué te hace ser y actuar de una forma concreta, así que me parece lógico dar vueltas en torno a cosas menores hasta llegar al meollo del asunto.

Afortunadamente, el libro es corto: no creo que una obra así, donde no hay una verdadera trama, pudiera ser sostenida durante muchas páginas. Para mi gusto, se va un poco por las ramas al meter algunos dramas que no pintan demasiado. Entiendo que todos tenemos que superar varios obstáculos en la vida y que no todo les pasa a los protagonistas (cosa que no sería creíble), sino también a gente de su entorno; aun así, me parece que algunas de las tramas secundarias restan, en lugar de sumar: los conflictos centrales de la obra son suficientemente potentes como para no necesitar más.

Y es que más allá de la adolescencia, la novela habla del duelo, un tema complejo que cada uno gestiona a su manera. A todos, en un momento u otro, se nos ha muerto un ser querido, alguien cercano, por lo que este tema toca muy de cerca a cualquier lector. Me gusta que se trate con respeto y no como un giro de guion; el duelo es algo que requiere tiempo, que puede llevar años superar. Por eso, en este caso se habla de una muerte que sucedió hace tiempo, pero que sigue afectando a los personajes como si hubiera sucedido ayer: al no compartir la pena, la carga es más pesada.

Ese es uno de los mensajes principales de la novela: la importancia de la comunicación. Puede que parezca que Javier es quien más lo intenta, que realmente busca comunicarse con su hija; sin embargo, se calla muchas cosas, al igual que su hija, y los silencios entre padres e hijos (para evitar hacer daño al otro, por creer que no tienes nada que el otro quiera escuchar), pesan como losas que terminan por asfixiarnos.

El mensaje de la obra es positivo, aunque para mí, peca un poco de idealista. Si bien es cierto que con el tiempo la adolescencia se pasa y que la comunicación es esencial para resolver cualquier conflicto, eso no significa que, al final todo vaya a salir bien: a veces no tienes las palabras adecuadas, otras no tienes la inteligencia emocional para hablar del tema con tacto y que una de las dos partes esté dispuesta a hablar y abrirse no significa que la otra esté preparada. Sin duda, hablar con mi familia sobre cómo me sentía contribuyó a mejorar nuestra relación, aunque aún queda mucho camino por andar.

Mi reseña se ha centrado mucho en Javier e Inés: su relación es el alma de la novela. Me gusta que los protagonistas sean padre e hija, porque es una relación que no se suele explorar tanto y que tiene mucho que ofrecer: en la adolescencia, con todos los cambios hormonales que experimentamos, la diferencia de género hace que la distancia entre un padre y su hija parezca insalvable. Sin embargo, ellos no son, ni mucho menos, los únicos personajes de la novela. Nuestra relación con los distintos miembros de la familia nunca es igual, por lo que resulta interesante ver las diferencias entre la relación de Inés y Javier y la que estos tienen con los demás: Celia, madre y esposa, Roberto, hermano e hijo, y Clara, tía y hermana, respectivamente. Las experiencias vividas con unos y otros, la (in)compatibilidad de carácter, el hecho de compartir unas aficiones... todo eso hace que los lazos que se establecen sean distintos. Ver lo que une y lo que separa a los protagonistas de los demás miembros de la familia nos ayuda a comprender mejor las razones por las que hay esa distancia entre padre e hija.


En general, he disfrutado mucho de escuchar este audiolibro. Escogí el formato porque no las tenía todas conmigo y ahora, me apetece tener el libro en papel, para saborear mejor algunas escenas. Aun así, el audiolibro ha estado muy bien: las voces (una masculina para los capítulos de Javier y una femenina para los de Inés) encajan muy bien con los personajes y la forma en que está escrito se corresponde con la edad que tienen, cosa que no siempre es fácil lograr. En cuanto al estilo narrativo, es muy directo, sentencioso con los sentimientos e hila muy bien las oraciones cortas en los momentos de resolución con las subordinadas propias del monólogo interior en los momentos en que divagan.

En conclusión, la novela me ha gustado mucho, en gran medida por lo bien que he conectado con sus personajes. El autor hace un buen retrato de la adolescencia y se adentra tanto en la mente de los jóvenes como en la de sus padres, con el objetivo de que comprendas y empatices con ambos. Es una obra realista que utiliza el monólogo interior para tratar los lazos familiares, especialmente entre padre e hija, y para incidir en temas complejos como el duelo, el miedo a no ser suficiente y la crisis de identidad. Su conclusión es un poco idealista, aunque el mensaje sobre la necesidad de comunicarnos es positivo. Personalmente, este libro me ha ayudado a comprender un poco mejor a mis padres, los problemas que surgieron entre nosotros durante mi adolescencia y cómo debían sentirse entonces. He dejado de poner tanto el foco en mí, para pensar también en ellos; también es verdad que ahora que soy mayor, eso es cada vez más fácil. Gracias a ello, me siento más capacitada para hablar de nuestra relación sin estallidos de ira ni arrebatos de lágrimas. Creo que nunca es tarde para intentar arreglar las cosas si la otra persona te importa.

Cosas que he aprendido:

  • Hablar las cosas es mejor que callarse.
  • Cómo se sentían mis padres durante la adolescencia.

Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:

PUNTUACIÓN...4/5!

Primeras Líneas...
Aquí podéis escuchar el principio

lunes, 9 de marzo de 2026

Viñeta del lector 130#

¡Hola a todos!

Ya vuelvo a estar aquí con una nueva entrada de Viñeta del lector, aunque en esta ocasión os traigo, no una, sino cinco viñetas. ¿Cuál es vuestra favorita? 

A mí también me pasa. A veces, voy a buscar un libro y me quedo hipnotizada mirando los libros, recordando aquellas historias que tanto me gustaron y las que tengo pendientes por leer. 

Este fue el primer banco que vi de este estilo y me enamoró. Este verano, cuando fui a Avilés, habían puesto uno temporal del libro Viento y verdad, de Brandon Saderson. ¿Os habéis tropezado alguna vez con uno así?

Supongo que esto depende de cada uno. Al igual que hay gente que considera atractivas a las personas rollizas, hay gente a la que le gustan los tocholibros. Pero también pasa a la inversa: hay gente que prefiere a las personas delgadas y gente que prefiere los libros breves. Tiene que haber para todo el mundo. 

A mí es que este tipo de declaraciones que juegan con los conceptos literarios me parecen preciosos, porque conectan mucho conmigo. Si alguien en la vida real me dijera algo tan cursi, me echaría a reír, pero en literatura me parece bonito.

Cualquier vida daría para un libro. Es posible que la nuestra parezca del montón, que los pocos momentos tensos que hemos vivido, vistos desde la distancia, no parezcan gran cosa. Sin embargo, fueron importantes para ti; sin embargo, son precisamente las historias más cotidianas con las que mejor empatiza la gente, porque todos hemos pasado por cosas similares y sentir que otro ha superado esa situación es todo un apoyo. 

 
Y hasta aquí la entrada de hoy. Espero que lo hayáis disfrutado^^

viernes, 6 de marzo de 2026

Flores para Algernon, de Daniel Keyes

Leí este libro por primera vez a los once años. Era de la colección Barco de vapor serie roja y pasó por mis manos sin pena ni gloria, hasta el punto de que solo me quedé con la idea principal. Años después volví a comprarlo en otra edición (2€ en ReRead) con la intención de releerlo; era considerado un clásico, así que quizás me había perdido algo. Hace un par de meses lo empecé con la certeza de que iba a dejarlo. No solo por la portada, sino porque ¿cómo iba a gustarme un libro infantil que en su momento no me dijo nada? Para mi sorpresa, me ha encantado. 

Autor: Daniel Keyes
Editorial: Círculo de Lectores
ISBN: 978842267257
Título original: Flowers for Algernon
Año de publicación: 1966
Páginas: 253
ISBN: 978-84-226-7257-9
Tapa dura

Sinopsis:
Flores para Algernon es mucho más que el relato de un experimento neuropsicológico y sus consecuencias; más, también, que la descripción emocionante y contenida de la personalidad de un retrasado mental; es una parábola, despiadada y tierna, de la condición humana. Keyes le ha dado voz a Charlie -el retrasado bienintencionado y voluntarioso que se convierte, casi sin quererlo, en genio-, y el eco de sus palabras nos resulta extrañamente familiar. Su inteligencia recién adquirida no solo no le hace feliz ni mejor persona, sino que, además, tiene fecha de caducidad… Como todo, como todos.

Opinión:

Flores para Algernon es de esos libros que tienen la habilidad de ser para todas las edades. O casi todas: con once años no lo aprecié como merecía; quizás con un par más lo hubiera entendido mejor. El protagonista es Charlie, un hombre de 37 años que tiene una deficiencia mental. Es un niño en el cuerpo de un adulto: inocente como es, no ve la maldad en el comportamiento de los demás y tiene muchas ganas de aprender, pese a que sus capacidades no se lo permiten. Esta historia conecta tanto con un público juvenil como con uno adulto por la ambivalencia de Charlie. Para empezar, Charlie es adulto, cosa nada habitual en novelas para jóvenes; sin embargo, su comportamiento infantil y el tono de coming of age permite que los jóvenes empaticen con él: no deja de ser una persona maltratada y rechazada por la sociedad, que busca estar a la altura de los demás. A esto hay que sumarle que cualquiera puede identificarse con sus conflictos internos (cómo encajar en la sociedad y descubrir quién es), dudas que nos asaltan a cualquier edad. A partir de la segunda mitad de la novela, y supongo que es aquí donde me perdió de niña, Charlie empieza a ver el mundo como un adulto y algunos de sus conflictos, como su incapacidad para estar con una mujer, se alejan del interés de los jóvenes. 

No esperaba que una obra tan corta tratara con suficiente profundidad tantos temas. Habla de las personas con deficiencia mental, el rechazo social que sufren, el afán que tenemos todos por ser como los demás, la ética de la ciencia, la crisis de identidad que provoca un cambio grande en nuestra vida y los problemas de alguien más inteligente que la media. Lo bueno es que la historia no se va por las ramas (no hay tramas secundarias ni personajes secundarios que no estén intrínsecamente relacionados con Charlie) y no se para a hablarnos de estos temas, sino que lo vemos reflejado en las palabras y acciones de los personajes así como en las situaciones que vive Charlie. Además, la novela va al grano y en las primeras páginas Charlie ya se somete a una operación para aumentar su inteligencia, operación a la que Algernon, un ratón de laboratorio, ha sobrevivido con éxito.

En general, el personaje de Charlie me ha parecido espectacular. La novela hace, en primer lugar, un buen retrato de alguien con una deficiencia mental: la ingenuidad respecto al mundo, la incapacidad para ver los dobles sentidos, la ausencia absoluta de la abstracción y, por tanto, de imaginación... A esto hay que sumarle las lagunas en su memoria. No había tenido en cuenta que uno de los motivos por los que estas personas son incapaces de aprender es el hecho de que olvidan con mucha facilidad. Charlie tiene recuerdos muy borrosos de su pasado, no se le quedan las lecciones porque las olvida y no siente rencor porque no recuerda las afrentas. Lo único que recuerda es lo más básico o aquello que ha repetido incansablemente.

La evolución de Charlie se nota tanto en la narrativa como en su percepción del mundo. En cuanto a lo primero, la obra está en primera persona narrada por Charlie, que ha empezado a escribir unos informes de progreso para reflejar los cambios que experimenta a raíz de la operación, a petición de sus doctores. En estas anotaciones periódicas se ve cómo evoluciona. Si al principio escribe con un montón de faltas, como se ve en el fragmento de arriba, poco a poco comete menos errores ortográficos, domina más la puntuación, utiliza una sintaxis más compleja y un vocabulario más rico... Adaptar todo esto en la traducción habrá sido un infierno. En cuanto a lo segundo, a medida que evoluciona la percepción del mundo de Charlie, veremos cómo este empieza a tomar consciencia de cómo es y cómo le tratan de verdad los otros. Además, poco a poco recuerda su pasado, escenas que se narran en tercera persona para reforzar el sentimiento de dualidad: ¿cuál es el verdadero Charlie, el de antes o el de después de la operación?

El Charlie de después es listo. Muy listo. Demasiado listo. Y eso también supone un problema, porque cuando la sociedad no te comprende, si sobresales por un motivo o por otro, surge el rechazo. He de confesar que esta parte de la novela se me ha hecho más aburrida. Es más adulta y en ella se explora el hastío de la vida, la ética de la ciencia, los traumas que le impiden relacionarse físicamente con otras personas y el reencuentro con su pasado. Por una parte, cuanto más avanza Charlie, más engreído es y más muestra su menosprecio por los demás, incluso hacia los doctores que le operaron y que, ahora se da cuenta, tampoco son "tan" listos. Es un cambio lógico en el personaje y se va viendo con naturalidad la angustia de no encontrar nada que te estimule ni nadie a tu altura. Para combatir la desesperación, Charlie se vuelca en la ciencia, en todas las ramas que existen, y observa con ojo crítico la deshumanización en pruebas y experimentos como las que le realizaron a él. Esta crítica me parece muy acertada tanto para la época en que se publicó la novela (los 60, que se dice pronto) como para hoy en día.


En esta segunda mitad también hay romance, lógico si tenemos en cuenta que Charlie está madurando y que es una experiencia nueva para él. Las distintas relaciones por las que pasa me han parecido muy adecuadas para cada momento vital. He comprendido la atracción que siente Charlie; sin embargo, me ha quedado un poco cojo por la otra parte: no sé qué ven en él. Y es que no esperéis un romance al uso; Charlie es una persona en proceso de cambio y las relaciones con los demás le sirven para ir descubriéndose a sí mismo.

El reencuentro con el pasado es también una herramienta para profundizar en su identidad. No me refiero solo a visitar a su familia en el presente, sino en el hecho de ir recuperando sus recuerdos. A la familia de Charlie la vemos muy poco; lo suficiente para entender cómo en aquella época las familias gestionaban una situación como esa. Para mi sorpresa, es la madre el personaje más negativo, ya que recurre a los malos tratos y la violencia para intentar que Charlie sea normal; el padre, en cambio, le acepta sin más.

El final me ha gustado mucho. Es uno de esos desenlaces que, en lugar de buscar la sorpresa, buscan la emoción a raíz de lo inevitable. Sabes lo que va a pasar y el personaje también. Sabes que es un destino ineludible, que no habrá ningún giro inesperado que lo cambie todo. Y eso también está bien, porque en la vida real tampoco los hay, porque es emotivo ver cómo uno se hace cargo de lo que se viene y cómo sigue adelante a pesar de todo.

La novela se publicó en los 60, pero no lo parece. Por los valores, el mensaje y la crítica social, es como si la novela hablara de nuestro presente, un presente en el que, por desgracia, aún hay mucho rechazo por las personas con una discapacidad mental. Charlie es un personaje atemporal, porque pese a las diferencias, sus conflictos (encajar en la sociedad, descubrir quién es) son los nuestros, indistintamente de si somos lectores adultos o jóvenes. A eso hay que sumarle cómo la obra juega con la narrativa para conseguir una experiencia más inmersiva, que realmente sintamos que quien nos habla es el propio Charlie. Un clásico que funciona hoy en día como un tiro y que no podéis dejar pasar.

Curiosidad:
El autor escribió primero una historia larga que envió a la editorial Galaxy. Esta se negó a publicarla si no cambiaba el final por otro más tradicional. El autor se negó y terminó publicando el cuento largo en The Magazine of Fantasy and Science Fiction en 1959. Un año después, ganó el premio Hugo a mejor relato. Entre 1962 y 1965 lo transformó en una novela, pero la editorial Doubleday también lo rechazó, empeñada en suavizar el final. Al cabo de seis intentos, la editorial Harcourt aceptó publicarla en 1966 y aquel mismo año ganó el premio Nebula.

Cosas que he aprendido:

  • A la gente con una deficiencia mental muy grande le cuesta recordar su pasado.
  • La narración debe ser capaz de reflejar la voz del personaje.
  • Los libros para jóvenes y adultos son aquellos que tratan temas que les interpelan a ambos.
Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:



PUNTUACIÓN...3'5/5!


Primeras Líneas...