lunes, 17 de agosto de 2026

Visto en las redes 79#

¡Hola a todos! Quizás habréis notado que en los últimos meses he estado algo menos activa en redes. Eso se debe a que prefiero dedicar el tiempo a escribir reseñas o a leer. Eso no significa que no esté al tanto de las últimas polémicas literarias o de aquello que compartís, sino que participo menos. Por eso, seguramente esta entrada será más corta de lo habitual. 

Para los que no lo sepan, la sección de Visto en las redes me gusta mucho porque da pie a muchos debates (aunque no os veo muy por la labor de debatir), así que, pese a que lleva mucho tiempo, me encanta escribirla. Espero que la disfrutéis y que podamos comentar un montón de temas interesantes. ¡No os olvidéis de comentar todo aquello con lo que estéis o no de acuerdo!

Eso sí, antes que nada, empezaré explicando en qué consiste la sección para aquellos que aún no lo sepan. Ya sé que estos párrafos que vienen a continuación son muy repetitivos; el caso es que siempre hay gente nueva que no sabe en qué consiste la sección y me gusta informar de ello. Visto en las redes es una recopilación de todos aquellos tweets que me han parecido interesantes (y a los que he dado retweet) publicados los últimos meses (junio y julio) por diversas personas, y una selección de las reflexiones relacionadas con el mundo literario que he compartido por las diferentes redes sociales. Es decir que... ¡atención, porque podríais salir mencionados en esta entrada! 

Me decidí a crear esta sección como excusa para hacer debates porque sé que algunos de vosotros no me seguís en las redes sociales tranquilos, estáis en la lista negra (tanto porque no os interesa como porque no tenéis una cuenta) y pensé que os podría parecer interesante tener una recopilación de esta información. Así, todos los que no tenéis redes podrías estar al tanto y los que me seguís, pero estáis saturados, podríais tener un resumen.  

Como sabéis, el blog está en varias redes: en Twitter, en Facebook, en Instagram, en The Storygraph, en Goodreads y en Bloguers (podéis acceder a mi perfil de cada red social haciendo click en los enlaces), aunque estoy especialmente activa en Twitter e Instagram, por lo que en esta sección me centraré en esas redes sociales.   

Repito, como en cada ocasión, que la idea de esta sección no es completamente mía (siempre hay que dar créditos). Me inspiré en una sección muy parecida en el blog de Deja volar tu imaginación llamada Citando a Twitter. En ella, Patt recopilaba algunos de sus retweets favoritos, siempre relacionados con reflexiones sobre el mundo en general, no centradas en el ámbito literario. 

Y sin más dilación, os dejo con la entrada:

Visto en Twitter
No estoy de acuerdo con esta propuesta de Irina Hirondalle. El acceso a los libros está descentralizado, al menos en España. Por mucho que un libro esté descatalogado, mínimo habrá cuatro ejemplares de acceso público: dos en la Biblioteca Nacional de España, uno en la biblioteca nacional de la comunidad autónoma correspondiente y otro en una biblioteca pública de la zona. Que un libro esté descatalogado puede ser por muchas razones y no creo que se deba perjudicar al autor poniendo el libro en dominio público por ello. Yo he podido cursar mi carrera perfectamente sin comprar un solo libro técnico, solo recurriendo a la red de bibliotecas.

Eh... sí. Muy de acuerdo con esto que señala Goodreads. Mi montaña de pendientes da más miedo que cualquier novela de terror o historia de fantasmas. La veo y sé que nunca voy a poder terminarla. ¿Qué historias se quedarán para siempre en las estanterías sin ser leídas? Pobres...

Soy muy tonta y los libros me obsesionan, ¿vale? Así que sí, nada más ver el cartel de esta película que promociona Period Drama Lovers, lo primero que he pensado es en el imperativo de leer. ¿A vosotros también os pasa en la vida?

Puede que tenga mil y una quejas del Celsius 232, pero coincido con Northark en que es sorprendente cómo siendo un festival tan de nicho, haya tanta variedad literaria. En el Día del Libro me da pereza salir a la calle, porque en las mesas y casetas hay siempre los mismos títulos. En el Celsius, donde solo hay libros de fantasía, terror y ciencia ficción hay una diversidad enorme. Los libros no se repiten en los puestos y se da mucho espacio al catálogo de autores y editoriales independientes. Me encanta pasear por los puestecitos y apuntarme títulos para investigar más adelante. 

Soy de la opinión de que, para los libros, siempre hay hueco. Justo hace unas semanas nos enfrentamos al dilema que plantea Goodreads y lo que hicimos fue comprar estanterías para los Blu-rays, moverlos ahí y aprovechar el sitio que había quedado para poner libros. ¿Hasta dónde os ha llevado vuestra imaginación para conseguir almacenar más libros?

Bastante de acuerdo con Goodreads en que cada formato tiene su momento. Yo lo hago un poco así. Si es un libro que necesito YA, lo compro en la edición que sea. Si no tengo prisa, lo compro de bolsillo o tapa blanda, lo que encuentre. En digital tengo los libros con los que dudo, aquellos que no sé si me van a gustar o no y que no me merece la pena comprar y que ocupen espacio durante años en mi estantería. Y por último, están los audiolibros, perfectos para cuando me toca limpiar la casa. ¿Vosotros también leéis libros en todos los formatos?

Que entiendo que sea difícil, pero llevamos ya varios años conviviendo con esta revolución cultural que menciona Carlos di Urarte y aún no se ha hecho gran cosa a nivel legislativo para regular todo esto. Si yo no pido que se prohíba, solo que se indique si se ha usado IA o no, porque, seamos sinceros, estas herramientas son cada vez mejores, hasta el punto de que cuesta distinguir entre un mal libro y un libro escrito por IA.

Completamente de acuerdo con la crítica de Dr. Motosierra y con la observación de Aurora de que los libros de bolsillo tienen que costar entre 6 y 9 euros (para mí más 6 que 9, pero bueno). Los libros de bolsillo no son ni para que duren ni para presumir, sino para consumir a un precio bajo. Que ahora algunos libros de bolsillo cuesten lo mismo que los libros tapa blanda de hace diez años, me duele.

Conmigo, reclamos publicitarios como este que critica Dr. Motosierra nunca han funcionado. Sin embargo, me parece interesante ver cómo ha evolucionado el enfoque. Mientras que antes era "es bueno porque ha vendido muchos ejemplares" ahora es un "cómpralo, no sea que te pierdas la novela de la que todos van a estar hablando". Suerte que todo el tema de las modas me interesa tan poco, pero me enfada ver cómo se manipula a la gente.

Hay que ir con mucho cuidado con la manipulación en el mundo editorial, porque hay gente que se aprovecha de la falta de autoestima de algunos con estrategias como esta que menciona Carlos di Urarte: concursos donde el premio es que te publiquen tu obra en una antología que luego puedes comprar y vender por tu cuenta. Eso no es un premio, es una empresa de autopublicación encubierta.

Visto en Instagram

Puede que esta foto de librosdememphis
 no sea nada del otro mundo, pero es que el acrílico del lobo ME ENCANTA, no solo por el acrílico en sí, sino porque me parece perfecto para acompañar a una novela con una marca de zarpas en la portada y cuyo título te hace pensar en aquello que se oculta en los bosques, como los lobos.


Babelreader siempre me enamora con sus fotos. En el caso de la primera, me parece muy original que haya añadido las manchas de sangre dibujadas a mano. En el caso de las otras dos, ya sabéis que los elementos florales me encantan y más cuando encajan con las flores de la portada. Por cierto, es increíble que los dos libros, con un diseño tan parecido, sean de autoras distintas.


Andresysusana_atrapada es también una habitual en esta sección. En el caso de la primera foto, me gusta que haya encontrado una tela como fondo tan acorde con los colores y patrones del libro. En el segundo caso, no es solo la camiseta de Alonso, que va de perlas con el libro, sino también los pequeños elementos que lo acompañan, las ruedas y los pins de los cascos. No sé cómo lo hace para encontrar objetos tan acordes con sus lecturas.

Voy a confiar en que los fondos de naitoramcline son reales (¿vosotros qué decís?). Si es así, vaya maravilla de composición. Son todos fondos muy recargados, pero muy bien equilibrados. Puede que no tengan mucho que ver con los libros, más allá del tono general (la última parece en una boda y las dos primeras parecen muy veraniegas y alegres), pero está muy currado.


No es nada del otro mundo, pero me parecen muy guays los elementos relacionados con la muerte que ha encontrado Mientrasleos para acompañar a este libro. La botella calavera es increíble, al igual que la velita con el esqueleto y ese bote que, claramente, es veneno.



La composición de Mirada_lectora es simple pero efectiva. Me gusta el contraste de colores de fondo y las dos joyas que acompañan al libro y que sin duda podrían pertenecer a una princesa de la época.



En este caso, no es tanto que la foto me parezca original como la idea de thebookbar.bcn. ¿Sabéis qué es lo que hay en la imagen? ¡Galletas! Me hizo muchísima gracia que para el club de lectura hubieran preparado galletas con la portada del libro. Son una cucada. 





Y esto es todo por hoy. Espero que os haya resultado entretenido y que os haya gustado. Ahora es vuestro turno, que yo he hablado mucho. ¿Os han gustado las fotos? ¿Estáis de acuerdo conmigo en todos los debates planteados? ¡Nos leemos en los comentarios!

lunes, 10 de agosto de 2026

Estació boria, d'Enric Herce

Autor: Enric Herce
Títol: Estació Boira
Editorial: Males Herbes
Any: 2018
Pàgines: 250
ISBN: 9788494780059

Sinopsis:
Estació Boira és l’indret on van a parar els refugiats provinents del planeta Terra com a conseqüència de l’última gran guerra mundial. Max, un exsoldat reconvertit en policia, es dedica a controlar que els ciutadans de l’estació consumeixin la dosi diària de relev, una droga que frena els impulsos violents. La introducció clandestina d’una nova substància que neutralitza els efectes del relev, i l’inesperat ressorgiment del seu passat, el portaran a veure’s involucrat en una trama frenètica en què les grans corporacions lluiten pel poder i els individus viuen cada vegada més sotmesos al xantatge de la seguretat vital.

Por qué este título...
"Vivim al limbe, al purgatori. En una zona de traspàs, de qualitats esmorteïdes, on ja ha marxat la xafagor de l'estiu, però les fulles no es decideixen a llençar-se al buit i abraçar la tardor; allà on no queda rastre del fred hivernal, però la vegetació encara no gosa florir. Vivim al no-res deixant passar els dies, esperant, esperant que arribi no sabem ben bé què d'una vegada per totes, encara que intuïm que quan ho faci no ens agradarà. Tenim els sentits anul·lats i els sentiments diluïts. Tenim la mirada cansada i el posar dels qui no són feliços. Vivim a Estació Boira"

Opinión:

Me gustan los libros raros y experimentales, esos en los que el autor explora nuevas narrativas o juega con el lector. Cosas simples como el narrador en tercera persona que habla contigo, como en los libros de Palma, y cosas tan complejas como El barco de Teseo. Escribir este tipo de obras no es fácil: primero, tienes que ser consciente de que no vas a vender, porque este tipo de obras no venden (excepto El barco de Teseo porque HABÉIS VISTO QUÉ EDICIÓN MÁS GUAY), y segundo, debes tener un gran dominio de la técnica o al final te saldrá un churro incomprensible. 

Este tipo de obras exigen un lector activo y muy dispuesto a hacer un esfuerzo extra por entender qué quiere decir el autor y por qué quiere decirlo así. Vamos, que nunca son lecturas fáciles. En mi caso, he leído este libro centrada, en silencio, volviendo atrás y releyendo algunas escenas, así que os puedo asegurar que el problema no es que no me haya esforzado.

Esta novela tiene como peculiaridad una narrativa fragmentada, por lo que las escenas alternan entre el presente en el que Max está en una investigación, su pasado en la guerra, los recuerdos con su familia y las telenoticias, además de otros fragmentos varios. Para que os hagáis una idea, las primeras 15 páginas contienen las escenas siguientes: 1) Max va por la autopista hacia un restaurante; 2) Max escucha la radio y habla con la camarera; 3) el telenoticias dice cosas sobre el mundo; 4) Max está en casa con su familia siendo feliz, pero resulta que en realidad está solo y es un recuerdo; 5) Max se ha ido a una cafetería con la camarera, hay un flashback de lo que sucedió en el restaurante y volvemos a la conversación de la cafetería (todo esto, presumiblemente antes de estar en su casa recordando a su familia). ¿Estáis confundidos? Bien, así es como me sentía yo mientras leía. Como veis, no hay orden establecido ni interrelación entre unas escenas y otras, por lo que al principio, me sentí perdida. Poco a poco me adapté a esta forma de contar la historia; eso no significa que mi confusión desapareciera del todo.

En parte, entiendo por qué la narrativa es así: representa la visión fragmentada y confusa que tiene Max del pasado y del presente. Aun así, me parece una justificación endeble. Entiendo que no se explique previamente que las escenas de Max con su familia son recuerdos, puesto que para el personaje no lo son, como explicaré más adelante. Sin embargo, no comprendo por qué las escenas bélicas no están conectadas a nada (no es que el personaje piense en ello o algo le recuerde a su pasado) ni qué aportan las telenoticias, más allá de ofrecer de forma artificial información sobre el mundo.

A esto hay que sumarle dos factores que aumentan la confusión. El primero es que estamos ante una de esas novelas en las que la información es muy diegética y el lector tarda un rato en situarse. Así, al principio, no sabemos nada del mundo ni del personaje, por lo que cuando Max utiliza el visor que le permite revivir el pasado como si estuviera allí, no sabemos que todo es un recuerdo. Lo mismo sucede con las partes bélicas: Max es policía, así que creía que esas escenas pertenecían al presente, a los momentos en que vigila el perímetro de la ciudad. 

En segundo lugar, la edición no ayuda. La diferencia entre una escena y otra es un salto de párrafo doble, es decir, un espacio mayor, cosa que no sería un problema de no ser porque algunas escenas empiezan a principio de página y ese espacio pasa desapercibido. En consecuencia, a veces no sabía que habíamos cambiado de escena hasta que me sentía perdida y tenía que volver atrás y releerlo todo. Hacer uso de esta separación de escenas es una decisión estilística que no comparto, pero no es un error en sí. Lo que sí que es un error de edición es olvidarse del espacio que marca el cambio de escena. Solo pasa dos o tres veces, pero ya son muchas. En esos momentos sí que sentí confusión total.

Como veis, me he centrado mucho en el tema de la narración, porque todo lo demás me ha dado un poco igual. Para empezar, el mundo, lo poco que sabemos de él porque las descripciones escasean, no es nada espectacular: Max vive en una estación espacial tras una terrible guerra que convirtió la Tierra en un lugar inhóspito y dividido en facciones. Sinceramente, no he sentido que se ambientara en el espacio, sino en una ciudad futurista cualquiera, donde, como siempre, las megacorporaciones lo controlan todo. En este mundo, la población está sometida a, atención a esta idea tan original, una droga llamada relev, de uso obligatorio, que reduce tu agresividad. Como os decía, nada del otro mundo.

Lo mismo sucede con los personajes. El protagonista absoluto es Max, a quien iremos conociendo con el paso de las páginas gracias a los flashbacks, los recuerdos de su familia y sus acciones en el presente. Es el típico investigador policial que ha sufrido y que ya está cansado de todo, pero que en este caso va a por todas porque el caso afecta a alguien que le importa. Al final nos revelan un detalle importante sobre él que, si se hubiera sabido desde el principio, hubiera dado más empaque al personaje y hubiera permitido ofrecer más debate y reflexiones. En su lugar, es un giro del final que no se desarrolla. No he sentido ningún interés en el personaje porque, al igual que el mundo, tampoco me ofrece nada nuevo.

No hay muchos personajes más. Está Erika, quien acompaña a Max desde el principio, pero es de cartón piedra: sabemos cuatro cosas sobre ella, lo justo para aparecer en esta lista de personajes. Supongo que si la incluyo a ella, lo justo es que también mencione al Poeta. No es que salga mucho, pero es relevante para la trama y lo conocemos más que a Erika porque nos insertan 30 páginas interminables con el diario que ha escrito sobre su vida (por fin un libro en el que un diario tiene la duración de un diario de verdad).

Los personajes no son el punto fuerte de la novela, pero es que la trama tampoco: la investigación sobre qué droga está contrarrestando el relev y quién la ha puesto en circulación también me ha importado poco. No es que la trama esté mal llevada, sino que lo que quiere decir con ella la obra, criticar a las megacorporaciones que controlan el mundo desde las sombras, no me dice nada nuevo. Hay más temas por ahí metidos (la memoria, la guerra, los refugiados, el control social...), pero se tratan muy superficialmente.

Supongo que, visto mi entusiasmo, debería haber dejado el libro. Seguí leyendo por varias razones: porque quería darle una oportunidad a la ciencia ficción en catalán; porque es un libro corto (250 páginas), así que cuando pillé su rollo ya llevaba más de la mitad; porque una vez te situas, es entretenido. Entonces, ¿lo recomendaría? No sabría deciros. Más allá de la narrativa excesivamente confusa, no está mal. Te presentan un futuro distópico tradicional con una trama de corte policial (¡al menos no estamos ante otro de esos libros del individuo derrocando al sistema!) que advierte sobre las megacorporaciones. Cuesta pillarle el tranquillo, pero una vez lo haces, la trama es entretenida. Si sois muy fans del género y queréis ver una muestra perteneciente a la literatura catalana, puede que os guste.

Nota: La edición que yo he leído es en catalán, pero el libro también está traducido al castellano como Estación niebla.

Cosas que he aprendido:

  • Me reafirmo en la idea de que la literatura catalana no parece para mí.

Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads...

PUNTUACIÓN...2'5/5!

Primeras Líneas...

lunes, 3 de agosto de 2026

Libros abandonados 2026 (enero-junio)

¡Hola a todos!

Tras una pausa larga, vuelvo a estar aquí con mi lista de libros abandonados. Esta sección, por llamarla de algún modo, la empecé hace un par de años. No son publicaciones con una periodicidad fija, sino que depende de la cantidad de libros que deje de lado. En este caso, por ejemplo, he agrupado todas las lecturas abandonadas entre enero y junio de este año.

Para la entrada, seguiré la misma estructura que en publicaciones anteriores: os dejaré la sinopsis y un par de líneas justificando por qué he abandonado cada lectura. No son reseñas, porque no he leído los libros completos, pero me gusta hablar de ellos para poner algo de orden en mi cabeza. Además, seguro que es útil poner de sobre aviso a otros lectores.

No es que los libros de los que os voy a hablar a continuación sean malos; muchas veces, dejo los libros porque, por una razón u otra, no encajan conmigo. Seguid leyendo y os lo explico.

Los últimos testigos, de Cynthia Ozick

Sinopsis:
La gran narradora Cynthia Ozick plasma con absoluta maestría el enrarecido clima de América y Europa en la antesala de la Segunda Guerra Mundial.
La amenaza nazi se cierne sobre el horizonte de Europa. Estamos en los fascinantes, peligrosos y turbulentos años treinta. La familia Mitwisser abandona Alemania para exiliarse en Nueva York, donde Rose Meadows acude a la llamada de un anuncio que solicita una ayudante para el señor Mitwisser, el enigmático patriarca, un oscuro erudito especializado en una remota secta judía. Su esposa, Elsa, había sido una reputada física pero vive ahora recluida en una habitación. Una hija de dieciséis años, la misteriosa y exquisita Anneliese, gobierna la casa. Rose entra así en un mundo de incertidumbres, silencios y secretos, la geografía del destierro, un país hechizado por la ambigua figura de otro personaje inquietante: James A'Bair, el benefactor de la familia, hijo de un exitoso autor de libros para niños que se enriqueció con la fabulación de la infancia de su hijo. James es también ahora una especie de refugiado, un hombre que huye de la fama, que le ha dado dinero, pero también de una madurez amarga.
La probada maestría de Cynthia Ozick como una de las grandes narradoras norteamericanas de nuestro tiempo alcanza aquí la cota más alta de su carrera. Los últimos testigos es una novela transida de romanticismo sobre el deseo, la fama, el fanatismo y los insospechados caminos de la fortuna.

Impresiones:
Por Navidad, pedí el libro Últimos testigos, de Svetlana Alexiévich y mi familia me regaló este por error. ¡Ya es casualidad que haya dos libros con títulos y temáticas tan similares! Ya que lo tenía, decidí darle una oportunidad, pero terminé por dejarlo porque me parecía muy aburrido. No me parece que sea un libro malo; simplemente, soy muy quisquillosa con las novelas históricas y aquellas que tienen un tono biográfico, como es el caso, me aburren soberanamente. 

La sombra de los dioses, de John Gwynne

Sinopsis:
Ha pasado un siglo desde que los dioses lucharon y se extinguieron. Ahora solo quedan sus huesos, que prometen un gran poder a aquellos lo suficientemente valientes como para buscarlos.
Mientras los susurros de guerra resuenan en la tierra de Vigrið, el destino sigue los pasos de tres guerreros: una cazadora en una búsqueda peligrosa, una mujer noble que busca la fama en la batalla y un esclavo que busca venganza entre los mercenarios conocidos como los Hermanos de Sangre.
Los tres darán forma al destino del mundo, ya que una vez más cae bajo la sombra de los dioses.

Impresiones:
Aprovechando que John Gwynne venía al Celsius, decidí darle una oportunidad al libro. Me llamaba la atención porque la portada prometía una épica impresionante (¿Yo? ¿Superficial? No sé de qué me estáis hablando) y porque los mundos en los que los dioses existen o han existido de verdad me parecen atractivos: pueden dar pie tanto a reflexiones religiosas como a mostrar lo pequeños que somos. G se animó a leerlo también, pero lo abandonó incluso antes que yo, eso sí, por los mismos motivos: el aburrimiento. Las tres tramas que propone la novela son interesantes, pero no solo están desconectadas, sino que dan vueltas sobre ellas mismas. Intuía que los personajes se iban a encontrar tarde o temprano (más tarde que temprano), pero prefiero las relaciones estrechas a los encontronazos rápidos. Para mí, la historia hubiera funcionado mejor si se podaran las tramas y cada una tuviera su propio libro. 

Una mujer, de Annie Ernaux

Sinopsis:
Annie Ernaux se esfuerza aquí por reencontrar los diferentes rostros y la vida de su madre, muerta el 7 de abril de 1986, al término de una enfermedad que había destruido su memoria y su integridad intelectual y física. Ella, tan activa, tan abierta al mundo. Búsqueda de la existencia de una mujer, obrera, luego comerciante ansiosa por mantener su nuevo estatus y por aprender. Puesta al día, también, de la evolución y la ambivalencia de los sentimientos de una hija por su madre: amor, odio, ternura, culpabilidad, y, por último, apego visceral a la anciana disminuida. «Ya no volveré a oír su voz… Perdí el último nexo con el mundo del que salí.»

Impresiones:
Estoy pasando por una etapa vital en la que las novelas intimistas me llaman la atención, en especial si hablan sobre la familia. Me habían hablado muy bien de esta autora y le di una oportunidad aprovechando que estaba en la eBiblio. Sé que Annie Ernaux habla de su experiencia personal con su madre, pero no esperaba que el tono fuera tan biográfico. La prosa es buena, pero como he dicho con anterioridad, las biografías y yo no encajamos.


Fahrenheit 451, de Ray Bradbury

Sinopsis:

Guy Montag es un bombero y el trabajo de un bombero es quemar libros, que están prohibidos porque son causa de discordia y sufrimiento.
El Sabueso Mecánico del Departamento de Incendios, armado con una letal inyección hipodérmica, escoltado por helicópteros, está preparado para rastrear a los disidentes que aún conservan y leen libros.
Como 1984, de George Orwell, como Un mundo feliz, de Aldous Huxley, Fahrenheit 451 describe una civilización occidental esclavizada por los medios, los tranquilizantes y el conformismo.
La visión de Bradbury es asombrosamente profética: pantallas de televisión que ocupan paredes y exhiben folletines interactivos; avenidas donde los coches corren a 150 kilómetros por hora persiguiendo a peatones; una población que no escucha otra cosa que una insípida corriente de música y noticias transmitidas por unos diminutos auriculares insertados en las orejas.

Impresiones:
No sabéis lo mucho que me duele haber dejado este libro. Lo leí hace muchos años, en la época en que se pusieron de moda las distopías, y me encantó. Cuando G lo leyó, reconoció su valor, pero se quejó mucho de la prosa. Yo le resté importancia; sin embargo, ahora me doy cuenta de que su juicio era muy acertado. La primera vez que leí el libro era en la época en la que leía traducciones de fans, así que os podéis imaginar que mi criterio de calidad literaria era bastante bajo. Con el bagaje lector que tengo ahora, veo que la prosa es un desastre. Intenté leer el libro con traducciones distintas, tanto en castellano como en catalán, pero ninguna me dejaba satisfecha, así que sospecho que el problema es el original. La narración no fluye y el texto no suena bien, como si las palabras rechinaran. Era incapaz de abstraerme en la lectura precisamente por eso. A diferencia de los demás libros, que descarto por completo, en este caso quizás volveré a darle una oportunidad en el futuro con otra edición.



El infinito en un junco, de Irene Vallejo
Sinopsis:
Este es un libro sobre la historia de los libros. Un recorrido por la vida de ese fascinante artefacto que inventamos para que las palabras pudieran viajar en el espacio y en el tiempo. La historia de su fabricación, de todos los tipos que hemos ensayado a lo largo de casi treinta siglos: libros de humo, de piedra, de arcilla, de juncos, de seda, de piel, de árboles y, los últimos llegados, de plástico y luz.
Es, además, un libro de viajes. Una ruta con escalas en los campos de batalla de Alejandro y en la Villa de los Papiros bajo la erupción del Vesubio, en los palacios de Cleopatra y en el escenario del crimen de Hipatia, en las primeras librerías conocidas y en los talleres de copia manuscrita, en las hogueras donde ardieron códices prohibidos, en el gulag, en la biblioteca de Sarajevo y en el laberinto subterráneo de Oxford en el año 2000. Un hilo que une a los clásicos con el vertiginoso mundo contemporáneo, conectándolos con debates actuales: Aristófanes y los procesos judiciales contra humoristas, Safo y la voz literaria de las mujeres, Tito Livio y el fenómeno fan, Séneca y la posverdad…
Pero, sobre todo, esta es una fabulosa aventura colectiva protagonizada por miles de personas que, a lo largo del tiempo, han hecho posibles y han protegido los libros: narradoras orales, escribas, iluminadores, traductores, vendedores ambulantes, maestras, sabios, espías, rebeldes, monjas, esclavos, aventureras… Lectores en paisajes de montaña y junto al mar que ruge, en las capitales donde la energía se concentra y en los enclaves más apartados donde el saber se refugia en tiempos de caos. Gente común cuyos nombres en muchos casos no registra la historia, esos salvadores de libros que son los auténticos protagonistas de este ensayo.

Impresiones:
Un libro sobre libros. De verdad que esperaba que me gustara tanto como Contra la lectura. Tengo que escuchar más a G cuando me dice que antes de comprar un libro o añadirlo a la lista de pendientes hay que leer las primeras páginas... La sinopsis no miente. Habla de la historia del libro y hay anécdotas. Sin embargo, no me ha gustado nada cómo estaba articulado el libro, dejando de lado la implicación personal y poniendo el foco en Historia más que en Libro. Me encanta la Biblioteca de Alejandría, pero para hablarnos de ella, no me hace falta conocer la vida de Ptolomeo II. El ensayo me estaba pareciendo demasiado técnico y poco emocional. Lo cierto es que no entiendo por qué ha cautivado a tanta gente.

Y bueno, hasta aquí el resumen de las novelas que he abandonado y las razones que me han llevado a ello. ¿Habéis leído alguna de ellas? ¿Qué tenéis que decir a mis quejas? ¿Cuál fue el último libro que abandonasteis? 

miércoles, 29 de julio de 2026

La medida de nuestros días, de Charlotte Delbo

Autor: Charlotte Delbo
Título: La medida de nuestros días 
Traducción: Palmira Feixas
Editorial: Libros del Asteroide
Año: 2025
Páginas: 168

Sinopsis:
En 1943, Charlotte Delbo fue enviada al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau en un convoy con doscientas treinta mujeres francesas. Las cuarenta y nueve supervivientes regresaron a una sociedad que difícilmente podría imaginar por lo que habían pasado. «No puedo mirar a la gente sin interrogar su rostro. Así es desde que volví. Interrogo sus labios, sus ojos, sus manos. Cuando conozco a alguien, me pregunto: ¿Me habría ayudado a caminar? ¿Me habría dado un poco de su agua?»
En La medida de nuestros días, libro que forma parte de su famoso ciclo Auschwitz y después, Charlotte Delbo trata de entender si es posible retomar una vida tras haber conocido el horror más inimaginable. Su propia experiencia y la de los diversos supervivientes a los que la autora visita veinte años después de su internamiento le sirve para componer una impactante polifonía de voces que interpela al lector y lo acompaña para siempre. Una obra maestra de la literatura del pasado siglo y uno de los libros imprescindibles de la literatura concentracionaria.

Por qué este título...
"¿Cómo iban a comprenderlo? No han visto lo que vimos nosotras. No han contado sus muertos cada día al amanecer, no han contado sus muertos cada día al anochecer. Nos pasamos los días contando el tiempo, nos pasamos el tiempo contando los muertos. Nos habría horrorizado contar a los vivos. Y, para cada muerto que contábamos, no mostrábamos pesar ni lágrimas. Un dolor extenuado. Solo sentíamos espanto y ansiedad: ¿cuántos días antes de que me cuenten a mí? ¡Cuánto contamos el tiempo! 'El tiempo que medimos no es en absoluto la medida de nuestros días' Allí, sí. Era un poema que recitabas. Siempre lo recuerdo. ¿Cuántos días antes de que me cuenten a mí? ¿Quién quedará para contarme?"

Opinión:

Charlotte Delbo fue liberada de Auschwitz en 1945. A su regreso, escribió sus memorias, pero no publicó el primer volumen hasta 1965; el segundo y el tercero los guardó en un cajón hasta 1970 y 1971, respectivamente. Dejar pasar tanto tiempo entre la escritura y la publicación me parece un acierto: el testimonio conserva la emoción del momento, al mismo tiempo que, con las revisiones y el paso de los años, esa emoción ha sido atemperada.

La editorial Libros del Asteroide trajo a España, en un mismo volumen, la traducción de Ninguno de nosotros volverá y Un conocimiento inútil. Ambos los podéis encontrar aquí reseñados. Cinco años después, en 2025, la editorial publicó el libro que faltaba, La medida de nuestros días. No entiendo muy bien esta decisión editorial. O los publicas los tres por separado o los tres juntos (son bastante finos), ¿para qué hacer esta división? Por mi parte, hubiera preferido, con diferencia, leer los tres seguidos. Es verdad que el segundo ofrece algo más de conclusión que el primero, pues termina con la liberación del campo; sin embargo, esta última parte se siente como una conclusión desde principio a fin.

Esta obra toca un tema del que no había visto nada hasta el momento: ¿y qué pasa después? He leído mucha literatura concentracionaria; sin embargo, esas obras suelen quedar inconclusas (por la muerte de quien la escribe) o terminar en cuanto el campo es liberado. Charlotte Delbo nos habla en este volumen de las dificultades de volver a la vida cotidiana. ¿Es posible reintegrarte en la sociedad? ¿Cómo te relacionas con gente que solo te mira con lástima? ¿Cómo consigues que los problemas diarios te importen, después de lo que has vivido? ¿Cómo es permitirte recordar el pasado, volver a sentir y asimilar el dolor que llevabas reprimiendo tanto tiempo? ¿Qué secuelas mentales deja una experiencia como esa? Aquí os dejo un par de fragmentos que son mucho más elocuentes de lo que yo podría llegar a serlo.

Nunca se me hubiera ocurrido que alguien podría tener miedo de volver, que algunos supervivientes se hubieran acostumbrado a la brutal rutina hasta el punto de temer abandonarla. Por lo que cuenta la autora, la vida en el campo era insoportable; pese a ello, la esperanza de volver y el lazo con tus compañeras te mantenían a flote. Es lógico que al conseguir escapar, sientas que te ahogas, pues has perdido tu objetivo en la vida y aquellos a los que te sentías tan unida dejan de formar parte de tu vida. 

Estamos demasiado acostumbrados a la idea de que una vez termina la situación traumática, termina el sufrimiento, cuando en realidad no es más que el principio. Los recuerdos de lo que has padecido te acompañarán toda la vida y las secuelas psicológicas influirán en cada paso que des. ¿El tiempo lo cura todo? Una parte del dolor sí; el resto estará siempre contigo.

Las secuelas perduran a lo largo del tiempo, de toda una vida. Y es algo que me parece importante recordar. Cuando alguien de mi entorno sufre, me vuelco en esa persona, pero con el tiempo, doy por hecho que ya ha superado la situación y tiendo a no hablar de ello por si le duele recordar, cuando quizás, simplemente, se está guardando el dolor. También hubo un caso de una persona de mi entorno que cambió a raíz de algo que le pasó y durante mucho tiempo estuve esperando a que volviera a ser la persona de antes... en vano. La vida nos cambia, para bien o para mal, hay que aceptarlo.

Una de las debilidades del libro anterior es que narraba exclusivamente la experiencia personal de la autora. Eso hace que unas vivencias y unos sentimientos específicos se generalicen, como si todo el mundo se hubiera sentido como ella. Aquí introduce una novedad: la voz de sus compañeras. La mayoría de capítulos no están narrados por la autora, sino por las otras mujeres francesas que fueron deportadas junto a ella y sobrevivieron. Y no solo salen ellas, sino que también se incluye la experiencia de LouLou y Jacques, compañeros de la resistencia que fueron deportados. Estos testimonios son de veinte años después de la liberación del campo y todos narran lo que supuso volver, adaptarse al mundo y continuar viviendo.

Esta perspectiva más global resulta enriquecedora, pues aunque los testimonios tienen muchos lugares comunes (el peso de los recuerdos, las pesadillas, los ataques de ansiedad, la desorientación inicial, el desencanto al ver que nada ha cambiado, el sentimiento de incomprensión...), son personas cuyas vidas tomaron rumbos muy distintos: algunas tuvieron hijos, varias se reencontraron con una familia para la que eran extrañas, hay una que se casó con otro deportado y otra con alguien que no había pasado por esa experiencia, uno se topó a su regreso con que su familia había muerto y su hogar había sido destruido... 

Mi mayor problema con este tipo de testimonios corales es que, como ya me pasó con Svetlana Alexievich, me falta contexto. Con esto no me refiero a una introducción sobre quién es cada persona, pero sí una nota de la autora al principio explicando cuándo y cómo recogió esos testimonios, simplemente, para poner al lector sobre aviso. Los libros anteriores solo contenían sus propias palabras, así que encontrar otras voces de repente fue extrañoPor comentarios sueltos aquí y allá, entendí que hubo una reunión de compañeras veinte años después de la liberación del campo y que eso dio lugar a estos textos. En algunos casos, por el uso de la segunda persona plural o por cómo se dirigen directamente a la autora, parecen cartas; en otros, la autora visita a la otra persona y nos transcribe la conversación que mantuvieron, dejando su propia voz muy en segundo plano.

Quizás no me importaría tanto saber el origen de estos testimonios si no fuera porque todo el libro está escrito con el estilo personalísimo de la autora (podéis leer más sobre ello en la reseña anterior). A pesar de los nombres con los que se inician algunos capítulos, yo creía que seguíamos con la historia de la autora (y que el nombre inicial indicaba la persona de la que iba a hablar), hasta que me di cuenta de que biográficamente las cosas no cuadraban. Me costó tanto darme cuenta de que eran testimonios distintos porque el estilo narrativo es el mismo: las mismas repeticiones, pausas y prosa poética. Eso hace que me pregunte: ¿Ha modificado algo en las cartas? ¿Hizo una grabación de los encuentros, apuntó la conversación en una libreta o hizo una transcripción de lo que recordaba con su propio estilo? No he encontrado nada al respecto.

Poco más me queda por decir de un libro que no se siente como algo unitario, sino parte de algo mayor. La mejor forma de leer la trilogía de esta autora, para mí, es con los tres libros seguidos: el primero nos introduce en el tono y el lugar, el segundo desarrolla algunas de las vivencias más traumáticas de la autora, y este último nos habla de lo que sucede al volver. Con un estilo muy personal, muestra las dificultades a las que se enfrentaron los deportados a su regreso y cómo las secuelas psicológicas afectaron a sus vidas. La autora ofrece una perspectiva más general y enriquecedora al incluir la voz de varias de sus compañeras. Así, vemos cómo cada uno intentó reintegrarse en la sociedad de forma distinta. Una lástima que no incluya información acerca de cómo y cuándo obtuvo esos testimonios. Por lo demás, es un libro emotivo, que profundiza en el estrés postraumático y que nos muestra cómo huir de una situación traumática no significa el final del sufrimiento. 

Cosas que he aprendido:
  • Los deportados tuvieron muchos problemas para adaptarse de nuevo a la vida cotidiana.
  • En algunos países, el gobierno trató de compensar con una paga.
  • No hay un equilibrio entre el dolor que padeces a lo largo de la vida y la felicidad que recibes a cambio.
  • Los títulos de los tres libros son fragmentos de poemas.

Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:

PUNTUACIÓN... 4/5!

Primeras Líneas...