ISBN: 9788490673508
Número de páginas: 448
Encuadernación: Tapa blanda
Fecha de lanzamiento: 14/01/2016
Colección: Algaida Eco
Sinopsis:
Misterioso, callado y taciturno, de Jorge Perotti se decía que había heredado una gran fortuna. Sin embargo, ninguno de los parroquianos que lo saludaban todos los días en el bar de la calle La Luna había intimado demasiado con él. Su única amiga era una niña de diez años, hija de los propietarios del bar, a quien él llamaba tiernamente Cucurucho. Cuando Perotti murió, ya centenario, sus últimas palabras fueron: «El Gran Juego. Sólo quiero volver al Gran Juego». Y el Gran Juego es la herencia que dejará a la pequeña Cucurucho: una serie de pistas encadenadas que la niña deberá resolver en compañía de su hermano mayor, Cosme, y que a la postre se convertirá en la gran aventura de su vida.
No tengo ni idea de cuándo añadí este libro a mis pendientes ni por qué razón. Quizás me llamara la atención lo del juego misterioso y la búsqueda de la herencia a partir de pistas; en el fondo, tengo alma de aventurera. El caso es que lo cogí con pocas ganas: hay libros que llevan tanto tiempo en mis estanterías que ya no encajan conmigo. Creía que lo dejaría al cabo de un par de páginas; sin embargo, me quedé: me intrigaba descubrir el misterio de El Gran Juego y el tono no era tan juvenil como esperaba.
El retrato del barrio es muy completo y realista, especialmente en lo que se refiere a los parroquianos que frecuentan el bar de la familia de Cucurucho, el centro neurálgico del lugar. No es que profundicemos en la vida de todos ellos, sino que los iremos conociendo a pinceladas, con el objetivo de construir un ambiente creíble. En quien sí se profundiza es en Cucurucho y su hermano Cosme. La primera es una niña de diez años que habla y actúa como tal, algo que no todos los autores son capaces de conseguir. En el caso de Cosme, es un chico universitario que está en la fina línea que separa la niñez del mundo adulto: disfruta de la aventura que supone El Gran Juego con la misma emoción que su hermana, mientras empieza a ver el mundo con ojo crítico. Ambos son muy interesantes y suponen un buen contraste: Cucurucho nos cautiva por su ingenuidad y sencillez, mientras que Cosme logra que nos identifiquemos con su miedo a crecer, a enamorarse, a ser rechazado.
Pese a que ambos hermanos recorrerán el barrio arriba y abajo, los escenarios principales en los que transcurre la novela son el bar y la buhardilla de Perotti, atiborrada de objetos variopintos. Ambos lugares me han parecido trabajados; por desgracia, no se puede decir lo mismo del resto de la ciudad. Me he sentido espacial y temporalmente confundida, y eso que no es una novela muy compleja. Las descripciones del barrio son muy genéricas y no incluyen muchos elementos que permitan identificar si es un pueblo o una ciudad, si estamos en España o en un país de Latinoamérica. Lo mismo sucede con la época que retrata: los periodistas usan máquinas de escribir y hay teléfonos, pero no móviles. Eso abarca desde 1960 a 1980. La única pista clave sobre cuándo y dónde estamos es el siguiente diálogo:
«—¡Ya le queda poco! ¡Ya le queda poco a Fidel! El tirano se nos cae y nos deja la Cuba libre.—No empiece, don Olegario —decía mi abuelo vaciando los ceniceros del mostrador.—Que sí, de esta va. Se nos va Castro a tomar por la puta su madre.Cada semana don Olegario entraba en el bar con la misma cantinela. Llevaba años pronosticándolo.—Y usted —decía señalando a mi abuelo— ya puede ir enfriando las botellas de champán para que brindemos todos.Luego, se acercaba más a la barra, para que no le pudiera oír nadie, y le susurraba:—Algún día brindaremos por la caída de «todos» los dictadores.Mi abuelo afirmaba y le miraba con gratitud.»
Con esa última línea de diálogo, interpretamos que estamos en España antes de 1975. Es la pista más clara que he encontrado a lo largo de la mayor parte de la novela. Quizás hubiera algún detalle más aquí o allá, pero yo no lo he visto. Lo curioso de todo esto, y por eso le doy tanto énfasis, es que parece intencional: no es fácil esconder las señas identitarias ni las características de una época. Lo que pasa es que no comprendo cuál es la motivación detrás de ello.
Relacionado con esto, hay un tema, el de la emigración, que se trata muy superficialmente y de forma confusa. Lo marcaré como spoiler, porque aunque sea irrelevante, es un pequeño giro para los personajes.
SPOILER (subrayar para leer)
Resulta que el padre de Cucurucho nació en un pueblo de España, emigró a La Habana por la Guerra Civil (creo), donde se hizo de oro, se casó y tuvo a sus hijos. Por algún motivo, perdió todo lo que tenía y tuvo que volver a España, se instaló en una ciudad y enviaba dinero a la familia del pueblo de España. Esto se cuenta en un aparte, de forma abreviada, después de la revelación a Cucurucho de que nació en La Habana. Esta historia de su familia no tiene ninguna relevancia para nada más ni afecta a los personajes de ningún modo. Se podrían suprimir todas las páginas relacionadas con ello y no se notaría. ¿Para qué meter este tema tan complejo, un tema que además afecta a otros personajes de su entorno, si no vas a tratarlo?
FIN SPOILER
Hasta el momento, no os he hablado de El Gran Juego, porque la gracia está en descubrir qué es. Durante la novela, Cucurucho y su hermano Cosme irán siguiendo unas pistas que les ha dejado Perotti. Estas les llevan a recopilar objetos, aunque no tienen muy claro si son los objetos correctos, qué conexión hay entre ellos ni a dónde les llevará todo eso. Es un juego raro, cuyas reglas no quedan claras: no esperéis, como yo, algo así como un mapa del tesoro.
El misterio de El Gran Juego me tenía atrapada; quizás por eso el final me ha parecido tan decepcionante. Para empezar, la novela se busca una excusa para que, a mitad del juego, la persona que las estaba enviando les entregue la última. Entiendo que seguir el juego hubiera implicado años y años de buscar pistas y que eso hubiera sido soporífero. Pese a todo, es decepcionante que se resuelva el pastel cuando los protagonistas aún no están preparados para valorar el significado de El Gran Juego ni han trabajado tanto como para merecerlo. A eso hay que sumarle que la resolución no es "los amigos que hemos hecho por el camino", pero sí algo similar. No esperaba un cofre lleno de oro, ni mucho menos, pero no algo tan etéreo. El significado de El Gran Juego y la razón de la búsqueda me parecen bonitos, pero esperaba algo más.
SPOILER (subrayar para leer)
No hay unos objetos correctos e incorrectos. La gracia está en que ir buscándolos te permite reflexionar sobre qué es importante para ti y quién eres. Al mismo tiempo, en principio habla de la transmisión generacional, de cómo el descubrir lugares y objetos importantes para el otro, en este caso, Perotti, hace que la memoria de esa persona perdure. Esto me parece absurdo. Un objeto que perteneció a otra persona no significa nada si no conoces la historia que hay detrás. No creo que Cucurucho conozca mejor a Perotti por los objetos que este le deja, ni que esos objetos le permitan conocer a la tía de Perotti, que sale mencionada en la carta final, pero de la que Cucurucho no ha oído hablar en toda la novela. Nosotros como lectores sí que conocemos mejor a ambos gracias a los flashbacks, no por otra cosa.
FIN SPOILER
Por último, me gustaría hablaros de la narración, ya que es bastante curiosa. La historia está narrada en pasado y en tercera persona por la hija de Cucurucho, así que se refiere a los personajes como "mi madre" (Cucurucho), mi tío (Cosme), mi abuelo (el padre de los dos hermanos) y "mi abuela" (la madre de ambos). Comprendo la elección de esta narradora, puesto que la novela habla mucho de la transmisión generacional; eso no quita que la historia sea un poco más confusa por ello, puesto que reproduce los diálogos muy fielmente, como si hubiera estado allí, y conoce muy a fondo los sentimientos de los personajes. A esto hay que sumarle que hay algunos capítulos salidos de ninguna parte que hablan de la infancia y juventud de Perotti. Esperaba que fueran fragmentos de algún diario que encuentran al final, pero no hay ninguna justificación; su único propósito es que conozcamos mejor a Perotti y la historia de cómo descubrió el Gran Juego.
En conclusión, El Gran Juego es un libro entretenido, que ofrece tanto un misterio intrigante como un retrato de barrio obrero rico en personajes creíbles y realistas. Es una obra tranquila y pausada, sin grandes sobresaltos ni giros de guion, que se centra en dar vida a los dos protagonistas, Cucurucho y Cosme. Ambos son personajes carismáticos, con los que es muy fácil empatizar porque nos recordarán nuestra infancia y adolescencia. Junto a ellos, nos embarcaremos en una aventura que nos ayudará a valorar más la belleza de la vida. Eso sí, he de admitir que el ritmo es, en ocasiones, demasiado lento, y que la obra hace algunos apartes innecesarios porque no se desarrollan lo suficiente. Además, personalmente, el final me ha parecido decepcionante.
Cosas que he aprendido:
- El valor de las pequeñas cosas buenas de la vida.
Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:
PUNTUACIÓN...2'5/5!
Primeras Líneas...



