Tengo un método especial para seleccionar mis siguientes lecturas. En la estantería, mis libros están ordenados por colores, así que aprovecho eso para leer cada año todos los de un mismo color. Esta decisión no es inamovible: a veces, por un motivo o por otro, se cuelan otras lecturas. Ese ha sido el caso de Becky Chambers, a quien he decidido leer porque ha sido invitada al Celsius 232 de este año.
Título original: The Long Way to a Small, Angry Planet
Idioma original: Inglés
Año: 2014
Editorial: Insólita (2018)
Traducción: Alexander Páez
Título: El largo viaje a un pequeño planeta iracundo
Autor: Becky Chambers
Formato: Rústica
Número de páginas: 502Sinopsis:
Rosemary Harper se une a la tripulación de la Peregrina, una vieja nave tuneladora, sin saber muy bien qué esperar de su primer trabajo. Aunque la nave ha visto tiempos mejores, le proporciona un pequeño lugar al que llamar hogar durante un tiempo, algo de aventura en los confines más alejados de la galaxia y, lo que es más importante para ella, la oportunidad de dejar atrás su pasado.
Hasta que les ofrecen el trabajo de sus vidas: la oportunidad de construir un túnel hiperespacial a un lejano planeta. Si completan el encargo, ganarán el suficiente dinero para vivir sin preocupaciones durante años… Sin embargo, antes deberán sobrevivir a un largo viaje a través del espacio.
Pero Rosemary no es la única persona a bordo con secretos que ocultar, y la tripulación pronto descubrirá que, aunque el espacio sea un lugar inabarcable, las naves espaciales son muy pequeñas.
Opinión:
La ciencia ficción es un género que he tocado poco (eso solo lo piensas tú: la lista de reseñas ordenadas por géneros lo desmiente). Supongo que lo que me echa para atrás es la ciencia: las descripciones largas, complejas y detalladas de procesos mecánicos y de desarrollo tecnológico me la bufan. Mi interés es tan limitado que tiendo a aceptar cualquier explicación científica como acepto que las varitas funcionan.
Por eso, como os imaginaréis, esta no es una novela de ciencia ficción dura. A ver, los protas viven en una nave tuneladora y su principal ocupación es crear atajos espaciales: algo de ciencia hay. Sin embargo, más allá de una explicación básica sobre la perforación espacial, no profundizamos en explicaciones técnicas. Esto se debe, principalmente, a que el interés de Becky Chambers no radica tanto en la ciencia y los avances tecnológicos como en el contacto interespecie.
Las novelas de fantasía, el género que más leo, cuentan con mundos que derrochan imaginación; sin embargo, esos mundos siempre están poblados por criaturas que o bien son similares a nosotros o bien pertenecen a la tradición fantástica (elfos, enanos, trolls, el rollo de siempre). Quizás porque es más fácil crear un mundo humano con alguna peculiaridad, como que la gente obtiene poderes portando jade o puede viajar en el espacio dibujando intrincados portales, que no un mundo con criaturas que necesitan refractarse en prismas de cristal para ser vistas. De ahí viene últimamente mi afición por la novela de ciencia ficción, puesto que aboga por mostrarnos especies que rompen por completo con nuestros esquemas y que se alejan mucho de aquello que conocemos. Yo, como siempre, en busca y captura de cosas que me resulten refrescantes.

La Peregrina, la nave en la que se ambienta la novela, cuenta con una gran diversidad de tripulantes, tanto humanos como de otras especies. Los humanos (Rosemary, Ashby, Kizzy, Jenks y Corbin) son mayoría: supongo que esa decisión se debe, en parte, a que es un punto de vista mucho más fácil de escribir y leer. Que sean de la misma especie no significa que no haya variedad: proceden de lugares culturalmente dispares y sus experiencias vitales han sido muy distintas. Que haya tanto punto de vista humano me parece necesario: partir de lo que conocemos nos ofrece un ancla para comprender lo desconocido. Además, esa visión del Otro se complementa con capítulos narrados desde el punto de vista del resto de la tripulación (Dr. Chef, Lovey, Sissix, Ohan). Ellos sí que pertenecen a otras especies con características sociales, culturales y físicas muy alejadas de las nuestras. Los grums, por ejemplo, experimentan biológicamente fluidez de género, por lo que, según su etapa vital, son hembras, machos o neutros. Otro ejemplo es el caso de los sianat, quienes, por razones culturales, sacrifican su longevidad a cambio de una percepción casi total de la física interdimensional, un don que comparten con el resto del universo. La diversidad de especies refuerza la idea de extrañeza y ensalza la capacidad imaginativa de cualquier autor, pero Becky Chambers va un paso más allá. No solo estamos ante especies con características peculiares, sino que esas peculiaridades nos ofrecen la posibilidad de percibir nuestro entorno de forma distinta.

Para mí, lo más interesante de conocer estas especies es que te abre la mente a otras realidades y hace que te cuestiones ideas muy arraigadas. Por ejemplo, me ha impresionado mucho el concepto de familia que tienen los aandrisk. En lugar de relaciones monógamas, son poliamorosos y no tienen una única familia a lo largo de su vida, sino tres: la familia de eclosión, formada por aquella gente que te cría y con la que vives tus primeros años (gente con la que no tienes lazos de sangre); la familia de pluma, que puede variar a lo largo de los años, formada por un grupo de compañeros elegidos por ti mismo con los que creas lazos íntimos; y la familia de hogar, un grupo estable con el que convives en la vejez y con el que crías a hijos de otros. Mucha gente ve el poliamor como un estilo de vida temporal, una fase fruto de la inmadurez o el miedo al compromiso. La propuesta social de los anndrisk demuestra que es posible una sociedad basada en el poliamor, donde los celos no se conciben, las relaciones se adaptan a la etapa vital de cada uno y la familia la establece el individuo. Con este tipo de propuestas, Becky Chambers quiere hacernos soñar con el mundo en el que podríamos vivir en lugar del mundo en el que vivimos.

Este es solo uno de los temas que trata la novela, pero hay muchos más, en concreto, uno por personaje. Si tenemos en cuenta que hay unos diez personajes relevantes, por mucho que la novela tenga 500 páginas, es inevitable que el desarrollo se quede cojo. Puede que algunos se conformen con asomarse a varias reflexiones en lugar de enfocarse en una sola; sin embargo, a mí, personalmente, me hubiera gustado algo más de profundidad. El hecho de que la trama consista simplemente en viajar en una nave hasta llegar a un destino daba espacio ("espacio", ¿lo pilláis?) a que los temas se desarrollasen con calma. Siento que la autora tenía oro en las manos y se ha conformado con cobre, priorizando la variedad por encima de la profundidad.

A raíz de esto, los personajes son bastante unidimensionales, porque se definen por un solo rasgo. Se profundiza en ese rasgo y evolucionan, pero he sentido que la novela estaba dividida en pequeños arcos dedicados a cada personaje, en lugar de ser un conjunto orgánico. Al principio, creía que Rosemary, con su gran secreto, iba a ser la protagonista, quizás con Ashby como coprotagonista, pero una vez se descubre lo que está ocultando y se enfrenta a ello... queda bastante relegada. Con Corbin, en cambio, pasa lo contrario: casi no interacciona con los demás ni aparece hasta que hay una subtrama en la que es relevante. Con el resto pasa un poco lo mismo, que tienen escenas y momentos solo para ellos, aunque después quedan apartados. El problema es que la realidad no funciona así. Las personas somos complejas, y por mucho que en algunos momentos nos sintamos abrumados por un conflicto o nos enfoquemos mucho en algo, eso no significa que solo nos definamos por ello. Ni mucho menos que una vez lo enfrentamos lo olvidemos, ni que nos abstraigamos de nuestro entorno.
Por otra parte, la novela intenta mostrarnos a La Peregrina como una familia; sin embargo, la mayoría de los personajes solo hablan de sus conflictos con uno de los tripulantes, dejando de lado al resto, creando sus propios grupitos de intimidad. Eso es lógico en una familia normal, donde la gente se ve cada mucho. Aquí, en cambio,
conviven durante casi un año y el plan es seguir juntos.
Lo lógico sería que todos intervinieran en cualquier conflicto y supiéramos qué opinan unos de otros. Sin embargo, al haber tantos conflictos personales y temas a tratar, si la autora hiciera eso, la novela sería eterna.
La excepción es Ashby, quien, al ser el capitán, es quien mantiene a todos los demás unidos. Él sí que interactúa con el resto de los miembros de la tripulación en todo momento y les ofrece su apoyo. Además, su conflicto se desarrolla en paralelo a las tramas de los demás y a lo largo de toda la novela, sin que haya escenas íntegramente dedicadas a él.

Como veis, me estoy centrando mucho en los personajes, porque la trama es escasa: tienen que llegar a Hendra Ka, un sistema solar remoto y conflictivo, y conectarlo con el resto del universo. No es que sea un camino lleno de peligros, simplemente, es un camino largo, por lo que la trama es bastante costumbrista, con algún tropiezo lógico, así que la autora puede centrarse mucho en los personajes. Personalmente, esperaba más de este viaje, porque me atraen más las tramas trepidantes; sin embargo, ese no ha sido mi problema, sino que Hendra Ka es muy relevante a lo largo de la novela para lo que al final resulta ser.
Los toremi de Hendra Ka son una raza ausente, de la que se sabe muy poco, que se va construyendo entre capítulo y capítulo únicamente con informes de investigación. Incluso al final tenemos su punto de vista en algunos capítulos bastante breves, como si la autora no tuviera suficientes temas por desarrollar. Y sí, terminan siendo una amenaza tan despersonalizada como lo sería un meteorito cualquiera. Como los personajes ya se habían enfrentado a sus propios fantasmas, la única forma de hacer un buen final era con un problema que afectara a todos. Por desgracia, como la trama no es el punto fuerte de la autora, el conflicto final no tiene una construcción paulatina y se desarrolla demasiado rápido como para crear desasosiego en el lector.
No he podido conectar emocionalmente con el epílogo por una suma de todo lo mencionado anteriormente. A la autora se le dan bien los personajes, así que desarrolla bien las consecuencias emocionales del conflicto final. Por desgracia, como le dedica pocas páginas, se centra solo en los personajes más vinculados al conflicto y deja al resto de la tripulación en segundo plano. El resultado es que, al individualizar el sentimiento en unos pocos, parece más la conclusión al arco de esos personajes que no la de todos.
Puede que suene algo desanimada con la novela. ¿Que esperaba más de ella? Sí. ¿Que he disfrutado con cada página? También. Me gustan mucho todos los temas que propone y me gustan los personajes y lo diversos que son. No es que no me haya gustado la obra, es que creo que se ha quedado corta y que no aprovecha del todo su potencial. Por lo demás, es un libro muy entretenido, que propone reflexiones interesantes y que logra fascinarte al crear un mundo tan sólido formado por especies tan dispares. Aunque el final es completamente cerrado, la autora ha publicado varios libros ambientados en el mismo mundo (en español, por ahora, solo han traducido uno más) y no me los pienso perder.
Por último, me gustaría mencionar que la nota final de la autora me parece muy bonita. En ella, la autora, que originalmente publicó la novela de forma independiente gracias a una campaña de Kickstarter, anima a los autores que no tienen el apoyo de una editorial a seguir adelante con su proyecto si realmente creen en él. Sus palabras son un precioso mensaje de esperanza para todos aquellos que sueñan con ser leídos.
Cosas que he aprendido:
- Crear criaturas con características físicas, sociales y culturales distintas a nosotros puede servir para hablar de nuestro mundo.
Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:
PUNTUACIÓN...3'5/5!
Primeras Líneas...