Autor: Charlotte Delbo
Título: La medida de nuestros días
Traducción: Palmira Feixas
Editorial: Libros del Asteroide
Año: 2025
Páginas: 168
Sinopsis:
En 1943, Charlotte Delbo fue enviada al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau en un convoy con doscientas treinta mujeres francesas. Las cuarenta y nueve supervivientes regresaron a una sociedad que difícilmente podría imaginar por lo que habían pasado. «No puedo mirar a la gente sin interrogar su rostro. Así es desde que volví. Interrogo sus labios, sus ojos, sus manos. Cuando conozco a alguien, me pregunto: ¿Me habría ayudado a caminar? ¿Me habría dado un poco de su agua?»
En La medida de nuestros días, libro que forma parte de su famoso ciclo Auschwitz y después, Charlotte Delbo trata de entender si es posible retomar una vida tras haber conocido el horror más inimaginable. Su propia experiencia y la de los diversos supervivientes a los que la autora visita veinte años después de su internamiento le sirve para componer una impactante polifonía de voces que interpela al lector y lo acompaña para siempre. Una obra maestra de la literatura del pasado siglo y uno de los libros imprescindibles de la literatura concentracionaria.
Opinión:
Charlotte Delbo fue liberada de Auschwitz en 1945. A su regreso, escribió sus memorias, pero no publicó el primer volumen hasta 1965; el segundo y el tercero los guardó en un cajón hasta 1970 y 1971, respectivamente. Dejar pasar tanto tiempo entre la escritura y la publicación me parece un acierto: el testimonio conserva la emoción del momento, al mismo tiempo que, con las revisiones y el paso de los años, esa emoción ha sido atemperada.
La editorial Libros del Asteroide trajo a España, en un mismo volumen, la traducción de Ninguno de nosotros volverá y Un conocimiento inútil. Ambos los podéis encontrar aquí reseñados. Cinco años después, en 2025, la editorial publicó el libro que faltaba, La medida de nuestros días. No entiendo muy bien esta decisión editorial. O los publicas los tres por separado o los tres juntos (son bastante finos), ¿para qué hacer esta división? Por mi parte, hubiera preferido, con diferencia, leer los tres seguidos. Es verdad que el segundo ofrece algo más de conclusión que el primero, pues termina con la liberación del campo; sin embargo, esta última parte se siente como una conclusión desde principio a fin.
Esta obra toca un tema del que no había visto nada hasta el momento: ¿y qué pasa después? He leído mucha literatura concentracionaria; sin embargo, esas obras suelen quedar inconclusas (por la muerte de quien la escribe) o terminar en cuanto el campo es liberado. Charlotte Delbo nos habla en este volumen de las dificultades de volver a la vida cotidiana. ¿Es posible reintegrarte en la sociedad? ¿Cómo te relacionas con gente que solo te mira con lástima? ¿Cómo consigues que los problemas diarios te importen, después de lo que has vivido? ¿Cómo es permitirte recordar el pasado, volver a sentir y asimilar el dolor que llevabas reprimiendo tanto tiempo? ¿Qué secuelas mentales deja una experiencia como esa? Aquí os dejo un par de fragmentos que son mucho más elocuentes de lo que yo podría llegar a serlo.
Nunca se me hubiera ocurrido que alguien podría tener miedo de volver, que algunos supervivientes se hubieran acostumbrado a la brutal rutina hasta el punto de temer abandonarla. Por lo que cuenta la autora, la vida en el campo era insoportable; pese a ello, la esperanza de volver y el lazo con tus compañeras te mantenían a flote. Es lógico que al conseguir escapar, sientas que te ahogas, pues has perdido tu objetivo en la vida y aquellos a los que te sentías tan unida dejan de formar parte de tu vida.
Estamos demasiado acostumbrados a la idea de que una vez termina la situación traumática, termina el sufrimiento, cuando en realidad no es más que el principio. Los recuerdos de lo que has padecido te acompañarán toda la vida y las secuelas psicológicas influirán en cada paso que des. ¿El tiempo lo cura todo? Una parte del dolor sí; el resto estará siempre contigo.
Las secuelas perduran a lo largo del tiempo, de toda una vida. Y es algo que me parece importante recordar. Cuando alguien de mi entorno sufre, me vuelco en esa persona, pero con el tiempo, doy por hecho que ya ha superado la situación y tiendo a no hablar de ello por si le duele recordar, cuando quizás, simplemente, se está guardando el dolor. También hubo un caso de una persona de mi entorno que cambió a raíz de algo que le pasó y durante mucho tiempo estuve esperando a que volviera a ser la persona de antes... en vano. La vida nos cambia, para bien o para mal, hay que aceptarlo.
Una de las debilidades del libro anterior es que narraba exclusivamente la experiencia personal de la autora. Eso hace que unas vivencias y unos sentimientos específicos se generalicen, como si todo el mundo se hubiera sentido como ella. Aquí introduce una novedad: la voz de sus compañeras. La mayoría de capítulos no están narrados por la autora, sino por las otras mujeres francesas que fueron deportadas junto a ella y sobrevivieron. Y no solo salen ellas, sino que también se incluye la experiencia de LouLou y Jacques, compañeros de la resistencia que fueron deportados. Estos testimonios son de veinte años después de la liberación del campo y todos narran lo que supuso volver, adaptarse al mundo y continuar viviendo.
Esta perspectiva más global resulta enriquecedora, pues aunque los testimonios tienen muchos lugares comunes (el peso de los recuerdos, las pesadillas, los ataques de ansiedad, la desorientación inicial, el desencanto al ver que nada ha cambiado, el sentimiento de incomprensión...), son personas cuyas vidas tomaron rumbos muy distintos: algunas tuvieron hijos, varias se reencontraron con una familia para la que eran extrañas, hay una que se casó con otro deportado y otra con alguien que no había pasado por esa experiencia, uno se topó a su regreso con que su familia había muerto y su hogar había sido destruido...
Mi mayor problema con este tipo de testimonios corales es que, como ya me pasó con Svetlana Alexievich, me falta contexto. Con esto no me refiero a una introducción sobre quién es cada persona, pero sí una nota de la autora al principio explicando cuándo y cómo recogió esos testimonios, simplemente, para poner al lector sobre aviso. Los libros anteriores solo contenían sus propias palabras, así que encontrar otras voces de repente fue extraño. Por comentarios sueltos aquí y allá, entendí que hubo una reunión de compañeras veinte años después de la liberación del campo y que eso dio lugar a estos textos. En algunos casos, por el uso de la segunda persona plural o por cómo se dirigen directamente a la autora, parecen cartas; en otros, la autora visita a la otra persona y nos transcribe la conversación que mantuvieron, dejando su propia voz muy en segundo plano.
Quizás no me importaría tanto saber el origen de estos testimonios si no fuera porque todo el libro está escrito con el estilo personalísimo de la autora (podéis leer más sobre ello en la reseña anterior). A pesar de los nombres con los que se inician algunos capítulos, yo creía que seguíamos con la historia de la autora (y que el nombre inicial indicaba la persona de la que iba a hablar), hasta que me di cuenta de que biográficamente las cosas no cuadraban. Me costó tanto darme cuenta de que eran testimonios distintos porque el estilo narrativo es el mismo: las mismas repeticiones, pausas y prosa poética. Eso hace que me pregunte: ¿Ha modificado algo en las cartas? ¿Hizo una grabación de los encuentros, apuntó la conversación en una libreta o hizo una transcripción de lo que recordaba con su propio estilo? No he encontrado nada al respecto.
Poco más me queda por decir de un libro que no se siente como algo unitario, sino parte de algo mayor. La mejor forma de leer la trilogía de esta autora, para mí, es con los tres libros seguidos: el primero nos introduce en el tono y el lugar, el segundo desarrolla algunas de las vivencias más traumáticas de la autora, y este último nos habla de lo que sucede al volver. Con un estilo muy personal, muestra las dificultades a las que se enfrentaron los deportados a su regreso y cómo las secuelas psicológicas afectaron a sus vidas. La autora ofrece una perspectiva más general y enriquecedora al incluir la voz de varias de sus compañeras. Así, vemos cómo cada uno intentó reintegrarse en la sociedad de forma distinta. Una lástima que no incluya información acerca de cómo y cuándo obtuvo esos testimonios. Por lo demás, es un libro emotivo, que profundiza en el estrés postraumático y que nos muestra cómo huir de una situación traumática no significa el final del sufrimiento.
- Los deportados tuvieron muchos problemas para adaptarse de nuevo a la vida cotidiana.
- En algunos países, el gobierno trató de compensar con una paga.
- No hay un equilibrio entre el dolor que padeces a lo largo de la vida y la felicidad que recibes a cambio.
- Los títulos de los tres libros son fragmentos de poemas.
Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:
PUNTUACIÓN... 4/5!
Primeras Líneas...










