viernes, 6 de febrero de 2026

Així es perd la guerra del temps, de Amal El-Mohtar y Max Gladstone

ISBN: 978-84-120576-7-6
Publicado: marzo 2020
Dimensiones: 15 x 23 cm
Formato: Tapa blanda
Título: Així es perd la guerra del temps
Autores: Amal El-Mohtar y Max Gladstone
Traducción: Lluís Delgado i Rosa Borràs
Il·lustració de cubierta: Marina Vidal y Miquel Muerto
Col·lección: Nüwa
Editorial: Mai Més
Pàgines: 180
Título original: This Is How You Lose the Time War
Año original de publicación: 2019

Sinopsis:
Entre les cendres d’un món moribund, la Roja troba una carta amb la inscripció: «Cremar abans de llegir. Signat, Blava». Així s’inicia una correspondència improbable entre dues agents rivals en una guerra que s’estén fins als confins del temps i l’espai.
La Roja pertany a l’Agència, una utopia tecnològica postsingularitat. La Blava pertany al Jardí, una vasta consciència col·lectiva present en tota la matèria orgànica. Els seus passats estan amarats de sang i els seus futurs són mútuament excloents. No tenen res en comú tret del fet que són les millors i estan soles.
El que va començar sent un intercanvi d’ostentacions en el camp de batalla es converteix progressivament en un joc perillós que tant la Roja com la Blava estan decidides a guanyar. Perquè el més important a la guerra és guanyar. O no?

Opinión:
Impresión: Raro

A medida que aumenta mi bagaje lector, me resulta más difícil encontrar libros que logren cautivarme. Es cierto que a veces tropiezo con novelas sobre temas que me interesan y de los que aún no había leído nada, pero no suele ser habitual: tampoco me interesan tantas cosas. Al final, me aburro de encontrar lo mismo una y otra vez. En realidad, ya está todo escrito, todo son iteraciones de las mismas historias: la diferencia radica en la forma de contarlo. Es por eso que últimamente me ha dado por leer libros raros, libros que experimentan con la forma y la narración. En especial, me atraen las novelas que tienen como núcleo los viajes en el tiempo, como es el caso de este libro, porque me parece un argumento que da pie a historias que escapan de los cánones narrativos. De los que he leído hasta ahora, es verdad que ha habido libros mejores que otros; sin embargo, ninguno me ha dejado indiferente. Y este, el que menos.

Estamos ante la historia de Blava y Roja, dos viajeras en el tiempo que pertenecen a agencias rivales. No se han visto nunca más que de reojo, pero llevan tanto tiempo saboteándose que son capaces de reconocer cuando un revés lleva la firma de la otra. La novela empieza cuando tras una misión, Roja encuentra una carta de Blava. Esto da lugar a un intercambio de misivas que supera los límites del tiempo y el espacio. No es un argumento tan peculiar, todo hay que decirlo; la originalidad está en cómo se articula la historia.

Para empezar, todos los capítulos siguen la misma estructura: en tercera persona, vemos como Roja está en una misión, sale mal porque Blava se le ha adelantado, encuentra una carta presentada de forma muy imaginativa que se destruye una vez ha sido leída, alguien recoge los restos de la carta y, finalmente, vemos el contenido de la misiva en un aparte. El siguiente capítulo sigue el mismo esquema, pero con los papeles invertidos. El libro tiene las páginas justas como para no resultar aburrido, además de ofrecer algo de variedad al final. A eso hay que sumarle el interés que genera la figura misteriosa que persigue a las protagonistas y la forma tan original que tienen las cartas, que pueden estar ahí, en cualquier parte. Para muestra, un botón: en una de sus misiones, Roja tala un árbol y los anillos de ese árbol tienen una forma concreta que crea la carta en un lenguaje secreto. Aquí podéis leerlo:

Para conseguir eso han sido necesarios muchos, muchos años de dedicación; sin embargo, eso no es importante, porque en este libro el tiempo no existe o, mejor dicho, no existe para nuestras protagonistas. No son inmortales, pero llevan en esto centenares de años. Que han vivido tanto se nota en ese vacío existencial que las une, en el hecho de vivir solo el presente y en su visión efímera del mundo. No sabemos casi nada del pasado de ambas, más allá de algún recuerdo fugaz, ni de sus relaciones con los demás, ni de las agencias para las que trabajan, ni de los mundos que habitan.

El libro es muy confuso, porque las protagonistas son unos seres que escapan de nuestra comprensión. Por muy extraños que sean los lugares que visitan, se supone que todo es, antes o después, la Tierra, en una infinitud de dimensiones distintas, así que ellas son humanas. Aun así, a nivel físico, Roja tiene partes robóticas y Blava en un capítulo es un lobo de seis patas, así que no sé muy bien cómo imaginármelas. Lo más probable es que ambas sean multiformes y si tenemos en cuenta que, en principio, nunca se ven, qué más da qué aspecto tengan. A nivel psicológico, nos adentramos en la soledad que las acompaña, en la desidia del día a día, en el hambre de emociones que las devora por dentro. En un ejercicio perfecto de «mostrar, no contar», la personalidad de ambas se dibuja a través de sus propias palabras, de la forma en que se dirigen a la otra, de sus experiencias pasadas, de su visión del mundo. Así vemos que cumplen órdenes sin rechistar, ansían a alguien capaz de desafiarlas y no tienen lazos, porque las vidas de los demás son pasajeras: cualquier pequeño cambio temporal puede borrarlos de un plumazo.

Blava y Roja son dos mitades de una misma alma que, por azares del destino, pertenecen a bandos distintos. Son enemigas que, sobre todo al principio, no dudarían en matarse la una a la otra, aunque a medida que avanza su relación, cada vez sienten más reticencia. Estamos ante un enemies to lovers muy bien llevado: no es que ambas sean polos opuestos y se odien, sino que sus objetivos, los de las agencias a las que pertenecen, se contraponen. Es por eso que puedo creerme el amor que paulatinamente surge entre ambas: en realidad tienen una gran afinidad y comparten una misma visión del mundo. Su relación está desarrollada de forma coherente: empiezan provocándose la una a la otra, hasta que poco a poco se convierten en confidentes. Eso no quita, en ningún momento, que sean enemigas, un hecho que marca su relación de principio a fin.

Poco más puedo decir de la novela. Como veis, no he hablado de los viajes en el tiempo porque la novela no les da la menor importancia, así que espero que no vengáis por la ciencia ficción. No sabemos qué objetivo persiguen las agencias temporales, por qué son relevantes para el devenir del tiempo las misiones que realizan Blava y Roja ni cómo funcionan los viajes en el tiempo. Y tampoco creo que la novela necesite resolver esas incógnitas porque es solo el contexto que permite que las protagonistas sean como son. El entorno en el que suceden las misiones es ajeno a nosotros, al igual que lo son Blava y Roja. Los viajes en el tiempo no son al pasado o al futuro tal y como los conocemos (o imaginamos), sino a realidades alternativas a las que solo nos asomamos. Esto intensifica la sensación de irrealidad, de estar en un espacio casi onírico. Esta atmósfera de incomprensión refuerza la idea de que las protagonistas son seres muy distintos a nosotros, que trascienden el concepto de humanidad, pese a moverse por las mismas pasiones.

Alguien que te quiera la mitad de lo que se quieren estas dos

No es tarea fácil conseguir mi suspensión de la incredulidad. Suelo ser muy exigente con la verosimilitud y siempre tengo preguntas sobre el contexto. Sin embargo, en este caso un mayor desarrollo solo distraería la atención de lo importante: la única importancia de la guerra del tiempo es que es tanto lo que une como lo que separa a las protagonistas. A mí me basta con creer que alguien en ambos bandos es capaz de calcular todas las variantes y posibilidades del efecto mariposa y que misiones como la del siguiente fragmento tienen una razón de ser. 

"Té una missió. Va amb compte. No hauria de topar amb cap mena d'oposició mentre executa un canvi minúscul tan lluny fil amunt. Al cor del laberint hi ha una caverna i, ben aviat, una ràfega d'aire entrarà en aquesta cova, i si el vent xiula en travessar uns ossos acanalats concrets, un pelegrí sentirà el bram i l'interpretarà com un presagi que l'inspirarà a renunciar a tots els béns materials i retirar-se per construir una ermita al vessant llunyà d'una muntanya, i així, d'aquí a dos-cents anys, l'ermita existirà per arrecerar una dona que fugirà amb una criatura durant una tempesta."

Como habréis notado en las citas que os he ido dejando a lo largo de la reseña, el libro está muy bien escrito. Lo leí en catalán (también está traducido al castellano) y fue una decisión muy acertada porque es una lengua con la que funciona muy bien el lirismo. La prosa está muy cuidada y juega mucho con las pausas, las repeticiones de palabras y la puntuación para transmitir las emociones, en concreto, la pasión que abruma a nuestras protagonistas. Aquí os dejo un par de fragmentos más que me han encantado:

"Així doncs, amb aquesta carta soc teva. Ni de Jardí, ni de la teva missió, sinó teva, només teva. També soc teva en altres sentits: teva perquè observo el món esperant els teus senyals, apofènica com un harúspex; teva perquè pondero mètodes, motius, oportunitats de lliurar-te missatges; teva perquè reviso els teus mots tenint-ne en compte la seqüència, el so, l'olor, el gust, sempre amb compte de no permetre que el record de cap d'ells acabi massa erosionat"

En conclusión, Així es perd la guerra del temps es una novela corta que me ha encantado. Juega con varios elementos de la ciencia ficción; sin embargo, todo queda desdibujado a excepción de la relación entre Blava y Roja, el foco de la historia. Lo suyo es un enemies to lovers coherente y con un buen desarrollo, que atrapa al lector por la tensión latente en cada intercambio de cartas. Al fin una historia de amor que logra emocionarme (guiño, guiño, Omaira), aunque no es una historia al uso, ni mucho menos. Mitad narrativa epistolar, con una prosa que roza el lirismo, es una obra confusa por la ausencia de contexto y por estar protagonizada por dos personas que han vivido tanto y tanto tiempo que solo se asemejan a los humanos en las pasiones que las mueven. Os animo a darle una oportunidad, siempre y cuando seáis conscientes de que es una historia con muchos toques experimentales, donde el núcleo no es la trama, sino los sentimientos de los personajes.  

Cosas que he aprendido:

  • Cómo hablar sobre la pasión que siente uno.
  • Cualquier cosa puede ser una carta si uno se esfuerza lo suficiente.

Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:


PUNTUACIÓN...4/5!

Primeras Líneas... 

domingo, 1 de febrero de 2026

Balance lector 2025

 ¡Hola a todos!

Adivinad con qué entrada vengo hoy. ¡Correcto! ¡Un resumen de mis lecturas del 2025! A principios de año (finales de diciembre es demasiado pronto, aún se está a tiempo de leer más) me gusta hacer un poco de balance de mi año lector. Eso no significa solo hacer recuento de libros y páginas, sino valorar el conjunto: algunos años leo más que otros, de un género o de otro y disfruto más o menos del total de mis lecturas. ¿Mi meta? Leer cuantos más buenos libros, mejor.

Espero que os guste este resumen: así podéis confirmar que habéis leído mucho más que yo (es lo más seguro) y descubrir hasta qué punto nuestro año lector coincide. Eso sí, no quiero que esto sea un monólogo: ¡espero leer vuestras impresiones en los comentarios!

RETOS LITERARIOS 2025

Hace ya un buen puñado de años que solo me apunto a dos retos: el Reto Goodreads (y el de The Storygraph, que no cuenta, porque es el mismo) y el que organizo anualmente en el blog, 25 kilos de conocimiento (solo faltaría que no me apuntara a mi propio reto). Antes participaba en un montón de retos porque era divertido. Por desgracia, ya no dispongo del tiempo necesario como para ir actualizándolos periódicamente ni para organizar mis lecturas (ya escasas de base) según las premisas que se piden. Por ahora, me conformo con lo que tengo; si alguna vez me tomo un año sabático, puede que me anime a participar en algunos más.

En cuanto al reto de Goodreads, como cada año, me propuse leer 80 libros, una cifra simbólica: lo que realmente me interesa es hacer un recuento de los libros que voy leyendo. Mi meta real sería leer 100 libros anuales, pero teniendo en cuenta la cantidad de lecturas anuales de los últimos años y el tiempo del que dispongo, es poco asumible por el momento. Es por eso que establecí como objetivo 80, una cifra a la que a veces me acerco. 

En un principio, puede parece que este año he leído más (57 libros en 2025, frente a los 51 que leí en 2024); sin embargo, hay que tener en cuenta el tamaño de los libros: este año he leído unas 16.302 páginas, frente a las 19.456 que leí en 2024. Me entristece haber leído menos. Solo en 2018 y 2019, cuando empecé mi relación con G, la cifra de lecturas había sido tan baja. No sé por qué habrá sido. Supongo que se debe, en parte, a que ya no voy tanto en autobús. En marzo cambié de trabajo: conseguí un puesto fijo de bibliotecaria en mi pueblo. La biblioteca está a un tiro de piedra (en solo cinco minutos a pie, ya estoy ahí); en cambio, antes dedicaba tres horas al día a leer en el autobús (o a dormir).

A ver si este año me organizo mejor para tener más tiempo para leer, sin renunciar al resto de cosas que me hacen feliz: otras aficiones (estar en redes, escribir reseñas, gestionar el blog, ver películas, series y animes...), mi pareja, mi familia, los amigos... Por supuesto, lo que más me quita tiempo es el trabajo y las tareas del hogar. Está bien esto de ser adulto y tener dinero para comprar todos los libros que quieres... pero es un asco no tener tiempo para leerlos.

En cuanto al reto de 25 kilos de conocimiento, por desgracia, este año no lo he conseguido por poco: he alcanzado los 23'352 kg, una cifra que se le acerca.  Supongo que eso se debe a que este año he leído más manga, y claro, los tomos son finitos. Pese a todo, me alegro de haber estado tan cerca de lograrlo. Lo importante es  que gracias a este reto estoy haciendo mella en la estantería de libros pendientes (aunque no tanto como me gustaría). Es cierto que, en consecuencia, tengo el ebook muy abandonado, cosa que es un poco triste: mi lista de libros digitales es muy amplia y de aquí a que me ponga con ellos seré tan distinta que ya no me gustarán. De todas formas, no queda otra que priorizar; la vida no da para más.

Mis avances con ambos retos los he ido registrando en el blog, así que si queréis ver la lista completa de libros de cada reto, aquí os dejo el enlace para que veáis los resultados completos.

ESTADÍSTICAS LECTORAS
Para empezar, me gustaría dejaros dar un vistazo a mi total de libros leídos, clasificados por puntuación. La estadística ha sido extraída de Goodreads, por lo que se rige por su impreciso sistema de estrellitas.
Como ya os había adelantado, este año he leído 57 libros, entre los que hay 29 tomos manga (32, si contamos que tres los he releído). En realidad, todos esos tomos pertenecen a un único manga, Vinland Saga, la historia más larga en este formato que he leído hasta la fecha. Me alegro de haber ampliado mis fronteras literarias, porque he encontrado verdaderas joyas. Eso sí, echo de menos leer más libros anualmente.

Lo más positivo del escaso número de lecturas es que nunca antes habían sido tan buenas. Ya lo dice el dicho: cantidad no es lo mismo que calidad. Para mi sorpresa, cada año pongo más cuatro y cinco estrellas. Esto no se debe a que haya bajado mis expectativas, haya tenido suerte o haya relajado mi vena crítica, sino porque cada vez soy menos reacia a abandonar libros.

Eso no significa que deje los libros con facilidad; a veces, sigo leyendo, por poco que me guste la historia, porque confío en el autor y quiero comprender por qué a otros lectores esa obra les ha gustado tanto. Es lo que me ha pasado con las dos grandes decepciones del año: Viento y verdad, de Brandon Sanderson y Los diablos, de Joe Abercrombie. Ambos autores me gustan mucho, pero sus últimas publicaciones no me han convencido. 

Si damos un vistazo a las lecturas podréis ver una peculiaridad: hay un libro sin puntuación que he leído dos veces (aunque en realidad fueron unas cuantas más): Vola, Ioa, vola, de Jeanette Randerath. Este año, en la biblioteca, me tocó hacer un cuentacuentos sobre la prehistoria y este fue el libro que cogí. No lo he leído porque me apeteciera y no soy el público objetivo de la obra, así que no me siento capacitada para valorarla; es por eso que no le he puesto puntuación.

Esa no ha sido la única relectura: hay otros cuatro libros que he leído dos veces a lo largo del año. Es el caso de los tres últimos tomos de Vinland Saga, de Makoto Yukimura (me gustaron mucho, pero los leí muy deprisa y quería volver a paladearlos), y de Detrás del ruido, de Ángel Martín (este autor ofrece experiencias distintas en audiolibro y en papel). Ya sabéis que no soy fan de las relecturas, así que ya tiene que ser especial un libro para que lo lea dos veces en un mismo año.

Por otra parte, vereis que he seguido con los audiolibros y este año he leído tres. Es un formato que me gusta, pero menos que el papel: recurro a él cuando no tengo el libro en físico y no estoy segura de si lo quiero o no. Con lo que no he seguido es con las lecturas en inglés. Me había propuesto leer al menos un libro al año, para no perder la práctica; sin embargo, me da pereza invertir tiempo en ello si puedo conseguir el libro en español (que suele ser el caso). Hay tanto por leer en mi idioma (o en catalán, en su defecto) que para qué ampliar fronteras y leer también en inglés.

Una vez terminado el vistazo general, pasemos a algo más específico: las estadísticas. Como las de Goodreads son una patata, os comparto las de The storygraph, una plataforma para lectores muy similar que incluye un montón de estadísticas y un Wrap-up que se genera a finales de año. Os dejo aquí las que me han parecido más relevantes.


Las novelas feelgood no encajan mucho conmigo. Yo soy más de drama e historias oscuras, pese a que el terror tampoco es lo mío. No ha sido un año de lecturas muy alegres, más allá de los primeros meses. Como he leído tantos tomos de Vinland saga, una historia con mucha violencia, eso ha marcado el tono de mis lecturas.
Este gráfico muestra las equivalencias entre los libros leídos cada mes y el número de páginas. Es curioso ver cómo en algunos momentos, la diferencia entre ambos es tan abismal. En enero, por ejemplo, leí pocos libros de muchas páginas, mientras que en marzo y octubre leí muchos libros de pocas páginas (estuve con el manga de Vinland Saga). También habréis notado que hubo un período en que abandoné los audiolibros: no había nada interesante en la eBiblio. Seguiré dándole oportunidades al formato, porque me gusta escuchar una historia mientras limpio la casa, pero tengo claro que los libros en papel seguirán siendo una prioridad.

En cuanto al primer gráfico, me sorprende que haya leído tantas obras de ritmo medio; me considero una persona a la que le gusta el ritmo rápido. También es verdad que no soy yo quien clasifica los libros según el ritmo, sino la comunidad, así que puede que lo que los demás consideran ritmo medio, yo lo considero rápido. En cuanto al segundo gráfico, como este año he leído tanto manga, es lógico que la mayoría de mis lecturas sean de menos de 300 páginas. Por último, según esto, lo que más he leído son novelas de aventuras, emocionales, oscuras y reflexiovas. Sí, encaja conmigo.


De todas las estadísticas que ofrece la plataforma, estas me parecen las menos acertadas. Me gustaría más precisión y poder indicar yo el género de la novela; mi criterio no suele coincidir con el del resto de la comunidad de lectores. Además, hay libros que incluye en varias categorías, como se puede ver con "manga" y "histórica": como todos los mangas que he leído son históricos, hay la misma cantidad de mangas que de obras históricas. Por no mencionar que, para mí, "manga" no es un género. Así que me he molestado en hacer mi propio cálculo. Efectivamente, lo que más he leído es histórica (33 libros), puesto que Vinland Saga se ambienta en la época de los vikingos. A continuación irían las novelas de fantasía (8 libros), uno de mis géneros favoritos. Para mi sorpresa, esta vez el ensayo y el misterio están igualados (4 novelas en cada caso). Nunca he sido aficionada al ensayo; sin embargo, últimamente me ha dado por leer obras basadas en testimonios reales, que entrarían en esta categoría. Por último, he leído algo de romántica, humor, drama y ciencia ficción, pero son cosas más puntuales. 

Si hay algo que me gusta de The Storygraph es que te permite ser mucho más precisa que Goodreads respecto a la puntuación. Es cierto que la media final no difiere mucho (según Goodreads es un 3'5), pero todos sabemos que no es lo mismo ponerle a un libro 3 que 3'25 estrellas. En esta ocasión, la media es de 3'53algo superior a la del año pasado (3'48), y eso que ya era la más alta hasta el momento. Como comentaba antes, aunque este año he leído menos, lo he disfrutado mucho. Me alegra ver que estoy en racha de buenas lecturas. Comparadlo con la media de otros años, que en muchos casos no llegaba ni al 3: 2015 (2'9), 2016 (3), 2017 (2'8), 2018 (3), 2019 (3), 2020 (2'8), 2021 (2'92) o 2022 (3'09). Yo me conformo con esto. Ojalá este 2026 sea tan bueno en lecturas (o mejor, incluso)

Me gustaría terminar con un par de estadísticas curiosas:
1. El libro más largo que he leído es Viento y verdad, de Brandon Sanderson, con 1408 páginas (Sanderson siempre tiene tocholibros), y el más corto es Vola, Ioa, vola, de Jeanette Randerath, con 32 páginas.
2. Aproximadamente, la media de mis lecturas es de 286 páginas (muchos mangas este año, como os había dicho).
3. Aproximadamente, he leído un libro a la semana.
4. El libro que más he tardado en leer es Viento y verdad, de Brandon Sanderson (56 días, pocos me parecen).
5. Abril fue el mes en que tuve mejores lecturas (la media ese mes es de 4'08 sobre 5).
6. También abril fue el mes en que más leí (1843 páginas).
7. He releído 6 libros.
8. He abandonado 10 libros.

Y eso es todo por hoy. Contadme, ¿cómo os ha ido a vosotros el año? ¿Cuántos libros habéis leído? ¿Habéis leído más o menos que otros años? ¿Cuál creéis que es vuestra nota media? ¿Qué género ha predominado en vuestras lecturas? ¿Habéis abandonado muchos libros? ¿Habéis hecho relecturas? ¿Sois más de tocholibros o de libros cortos?

domingo, 18 de enero de 2026

Mejores y peores lecturas 2025

 ¡Hola a todos! Poco a poco, voy publicando las entradas especiales que suelen salir en estas fechas. Es por eso que hoy os traigo un TOP 3 de mis mejores y peores lecturas del 2025. La mayoría están reseñadas en el blog (alguna, leída los últimos meses del año, todavía está en el tintero), así que ya en su momento me explayé largo y tendido. Por eso, aquí haré solo un comentario breve (siempre digo lo mismo y no sé cómo, pero termino escribiendo un testamento), por si no visteis la reseña en su momento. Así tendréis una excusa para lanzaros este año a por la lectura de mis favoritos y descartar los otros nada más verlos. En caso de que os interesara leer la reseña completa, os informo de que si hacéis click en el título del libro, el enlace os llevará a la reseña correspondiente (si es que la hay).

Este año la decisión ha sido difícil. En algunos casos, lo tenía muy claro, pero en otros he dudado. En cuanto a las tres mejores, la tercera posición ha estado muy reñida: dudaba entre Així es perd la guerra del temps, de Max Gladstone y Amal El-MohtarLos incomprendidos, de Pedro Simon y Taxi, de Khaled Al Khamissi. Al final he escogido el primero; Los incomprendidos es una buena lectura, aunque quizás da su mensaje de forma muy mascada, y Taxi ofrece una buena crítica, aunque la prosa deja que desearEn el caso de las peores lecturas, lo cierto es que este año no han sido muy malas, quizás porque enseguida que noto que un libro no me va a gustar, lo dejo. Aquí debería estar El priorato del naranjo, de Samantha Shannon; sin embargo, he decidido no incluirla porque no lo terminé (por poco).


TOP 3 MEJORES LECTURAS 2025
Vinland Saga, de Makoto Yukimura (Tomos 7, 8, 27, 28 y 29)

Este manga ha sido, sin duda, la sorpresa del año. Lo empecé creyendo que iba a abandonarlo, por lo violento que es, y ya veis, al final se ha convertido en una de mis mejores lecturas. Ningún tomo baja del 6, aunque no todos tienen la misma calidad. Estos han sido mis favoritos, los del final del primer y último arco.

A continuación, iba a haceros un resumen de los aspectos que más me habían gustado en general; sin embargo, mientras escribía esta entrada me pasó algo terrible: le di al botón que no era y la reseña que había escrito de los tomos 24 al 29 se borró. Está irrecuperable, lo he intentado por activa y por pasiva. Fue un golpe duro, porque era una reseña muy personal que me había llevado muchos días escribir y que G, el único que la había leído, por una vez, no quiso cambiar ni una coma. Dudo mucho que vuelva a escribirla. En un borrador he escrito aquello que recordaba, pero si la redactara de nuevo, no sería tan perfecta como la otra y me llevaría mucho tiempo. Ni siquiera guardo las imágenes que puse.
De esa reseña, solo conservo un par de párrafos que iban a servirme de inspiración para escribir esta entrada. Como homenaje a la reseña que ya no existe, os los dejo a continuación. 

No tengo mucho que decir de estos últimos seis tomos, porque todo lo he dicho ya en reseñas anteriores y sería repetirme. ¿El dibujo? Detallado, expresivo, con fondos trabajados, realista: arte. ¿Los personajes? Coherentes, profundos, variados, complejos: vivos. ¿La trama? Costumbrista, con los giros que tiene la vida: natural. ¿La ambientación? Trabajada, documentada, muy completa: real. ¿Los temas? Con eso sí que voy a explayarme un poco más porque aquí se resuelven todas las reflexiones que se habían planteado en tomos anteriores.

Una de las preguntas centrales es: ¿hay violencia justificada? Thorfinn lo tiene claro: no.
"No es lo correcto. Por mucho que no haya más remedio, aunque implique sufrimiento, a pesar de que se utilice para impedir que estalle una guerra. No voy a aceptar jamás que se justifique la violencia como algo correcto y necesario. Quizás llegará el día no muy lejano en el que me vea acorralado y no tenga más remedio que recurrir a la violencia. Sea cuál sea la situación, sin embargo, jamás pensaré que ha sido lo correcto, sino que sentiré vergüenza por la inmadurez de haber tenido que depender de ese recurso"
Hildr nos plantea la siguiente cuestión: ¿es aceptable matar a alguien para evitar más muertes? Lo que me gusta realmente del mensaje de la obra es que no es tan idealista como creía. Por una parte, pese a defender el uso del diálogo para resolver las cosas, se nos muestra que este diálogo es un camino espinoso, sembrado de dificultades y callejones que parece que no tienen salida. El mensaje de la obra sobre la no violencia no sugiere que nos convirtamos en mártires ni que nos dejemos aplastar por los demás, sino que habla mucho del arrepentimiento. Lo importante es intentarlo, intentarlo con todas tus fuerzas y, si no ves otra salida, adelante, recurre a la violencia. Eso sí, sé consciente de que vas a tener que cargar toda tu vida con las consecuencias de tus actos.

Otra de las cuestiones que plantea es: ¿puede conseguir el perdón un asesino a sangre fría? ¿Se puede perdonar a alguien que ha matado a un ser querido? Sí, si se deja pasar el tiempo, si el otro se arrepiente sinceramente y si dedica toda su vida a cargar con el peso de la culpa y a expiar sus errores, intentado ser mejor persona y que haya más bien en el mundo que no maldad.

Ninguno de nosotros volverá, de Charlotte Delbo

He leído tantas historias sobre la Segunda Guerra Mundial que es difícil ofrecerme algo nuevo. Para mi sorpresa, esta obra lo consigue. No es tanto una novela como una obra testimonial sobre el cautiverio de la autora en varios campos de concentración. No es una autobiografía, sino un compendio de recuerdos con los que trata de transmitir cómo se siente una en una situación límite como esa. Para ello, la autora usa un estilo peculiar, distintivo, poético en ocasiones, onírico en otras. Sin embargo, el texto es muy accesible: no hay descripciones confusas ni simbolismos, sino la realidad en toda su crudeza.

Y es que en estas páginas, la autora desnuda su alma para ofrecernos un atisbo del infierno en la Tierra. Escarba entre los recuerdos reprimidos y revive el horror desde la distanciaNo hay historia, ni cronología, ni personajes: de lo único que se puede hablar de este libro es de sentimientosLa autora nos habla del duelo en situaciones extremas, de los estrechos lazos que crea el sufrimiento compartido, de la agonía que supone la incertidumbre de la muerte y del dolor de seguir viviendo cuando todos los demás han muerto.

Puede parecer un libro muy pesimista, pero si algo me enseñan obras como esta es a amar la vida, a aferrarme a ella con uñas y dientes. Este tipo de libros te alientan a no caer nunca en la desesperación, sino seguir adelante por mucho que pese la carga a tus espaldas, porque nadie puede saber qué nos deparará el mañana.

Així es perd la guerra del temps, de Max Gladstone y Amal El-Mohtar

En mi búsqueda de una historia original, me topé con este libro tan extraño. La premisa no es nada del otro mundo: Blava y Roja, dos viajeras en el tiempo que pertenecen a agencias rivales, empiezan un intercambio de misivas que supera los límites del tiempo y el espacio. La originalidad está en cómo se articula la historia: mitad narrativa epistolar, con una prosa que roza el lirismo, es una obra confusa por la ausencia de contexto y por estar protagonizada por dos personas que han vivido tanto y tanto tiempo que solo se asemejan a los humanos en las pasiones que las mueven.

El libro es muy confuso, porque las protagonistas son unos seres que escapan de nuestra comprensión. No son inmortales, pero han vivido durante siglos, cosa que se nota en el vacío existencial que las une, en el hecho de vivir solo el presente y en su visión efímera del mundo. 

En realidad, no sabemos casi nada del pasado de ambas, más allá de algún recuerdo fugaz, ni de sus relaciones con los demás, ni de las agencias para las que trabajan, ni de los mundos que habitanLo único que importa es la relación entre ellas. Lo suyo es un enemies to lovers coherente y con un buen desarrollo: no es que ambas sean polos opuestos y se odien, sino que sus objetivos, los de las agencias a las que pertenecen, se contraponen. Es por eso que puedo creerme el amor que paulatinamente surge entre ambas: lo cierto es que tienen una gran afinidad y comparten una misma visión del mundo.

Si al final añadí esta novela a la lista de mejores lecturas en lugar de las otras candidatas, fue por la prosa. Está muy cuidada y juega mucho con las pausas, las repeticiones de palabras y la puntuación para transmitir las emociones, en concreto, la pasión que abruma a nuestras protagonistas.

Os recomiendo este libro cuya historia atrapa al lector por la tensión latente en cada una intercambio de cartas y por la forma tan peculiar que tienen estas. Eso sí, sed conscientes de que es una historia con muchos toques experimentales, donde el núcleo no es la trama, sino los sentimientos de los personajes. 

TOP 3 PEORES LECTURAS 2025
El amor no es nada del otro mundo, de Félix J. Palma y María Fortea

Que una obra de un autor te guste mucho no significa que el resto de sus libros te vayan a gustar. Eso es lo que he aprendido con esta novela: la trilogía Victoriana del autor me encantó, pero con este libro me he llevado un chasco del copón.

Es un libro que tiene un poco más de chicha que la mayoría de comedias románticas, aunque es todo superficial y esperaba una conclusión mucho más madura. Lo que podría haber sido una obra entretenida y con un mensaje positivo, debido a su final, se convierte en una novela que no recomiendo. Ni Ismael ni Amanda son personajes con lo que puedas empatizar: el primero está obsesionado y la segunda es una caprichosa. No hay química entre ambos y la forma en que se resuelve su historia me ha parecido que ofrecía un mensaje tóxico. Por supuesto que si no le das vueltas a las cosas no va a molestarte, pero eso no significa que el mensaje tóxico no siga ahí, subyacente. 

A esto hay que sumarle que hay partes que atentan contra mi suspensión de la incredulidad y que me parecen un sinsentido cuyo único objetivo es el bien de la trama. Además, si lo que os atrae del libro es la ciencia ficción, os podéis dar con un canto en los dientes, porque no profundiza en absoluto. No es que sea un libro terrible, otros años me he topado con lecturas mucho peores, pero no merece la pena.

Las abejas, de Laline Paull

Que una premisa sea original no significa que sea buena. Me interesaba mucho leer una historia protagonizada por una abeja y me dejé llevar por la curiosidad, sin tener en cuenta las implicaciones de tener una narradora así.

Para empezar, Flora es un personaje plano y vacío; lógico si tenemos en cuenta que el perfil psicológico de una abeja no da para mucho más, en especial si pretendes ser realista. Pero ese es un problema en el que se ha metido la autora solita. No he empatizado con Flora y he terminado la novela sin saber muy bien quién es.

Para continuar, la autora ha montado como ha podido el batiburrillo de información que tiene sobre las abejas para intentar construir una historia... y no le ha salido. Nada conecta una escena con la siguiente, porque no hay una progresión ni de personaje ni de trama. Creía que esta iba a tratar las intrigas políticas en la colmena; nada más lejos de la realidad. Todo lo mencionado en la sinopsis está muy de fondo y no tiene relevancia hasta el final.

Me he aburrido soberanamente porque la trama es prácticamente inexistente y no hay ningún personaje interesante con un mínimo de desarrollo. El libro se hace denso por la falta de personajes concretos, pero también porque hay demasiadas descripciones poco claras (lógico, está narrado desde la óptica de una abeja). La narración escasea y hay pocos diálogos, normalmente con personajes sin nombre que no vuelven a salir porque su única función es representar a uno de los grupos de la colmena o sus alrededores.

Además, no puedes describir de forma fiel y realista una cultura al mismo tiempo que introduces elementos fantásticos. Me he encontrado con muchas situaciones en las que no sabía discernir entre realidad y ficción. No soy una experta en abejas y esperaba que el libro me ilustrara al respecto... no que tuviera que investigar por mi cuenta qué es real y qué no. 

Sumadle a todo esto un final salido de ninguna parte, con mucha acción aleatoria y ningún desarrollo, donde Flora, la protagonista no es más que una espectadora. Vamos, un desastre de pies a cabeza.


En realidad no ha sido un libro tan terrible. A diferencia de los otros dos, entiendo que este tiene un humor que puede conectar con otras personas que no sean yo. Es un humor muy español, con situaciones distendidas, algo de comedia física, escatología y un lenguaje muy coloquial. Esto último, junto a la mezcla de anglicismos transcritos tal cual suenan y el lenguaje intelectualoide es lo que más me llamó la atención, pese a que entiendo que pueden hacer que la lectura sea pesada. 

Por lo demás, la novela ni me va ni me viene. En parte, eso se debe a la trama tan dispersa, pero también al escaso trabajo de personajes: los secundarios son tan estereotípicos y planos como el protagonista. 

Eso sí, como os he dicho antes, no todo es malo. Pese a la jerga, el tono ligero y humorístico acompañan, hacen que la novela sea buena de digerir y los tintes costumbristas ofrecen algo de entretenimiento, por mucho que la obra no vaya a ninguna parte. 

Y este ha sido el resumen de mis mejores y peores lecturas. ¿Habéis leído alguno de ellos? ¿Cuál de vuestras lecturas del 2025 os gustaría destacar, tanto por lo bueno como por lo malo?

martes, 13 de enero de 2026

No-reseña: El priorato del naranjo, de Samantha Shannon

No suelo hablar de los libros que he abandonado; como mucho, cada varios meses publico una entrada donde os cuento en un par de líneas los motivos que me llevaron a dejarlos. Ese no va a ser el caso de El priorato del naranjo, una novela que no he terminado y de la que me apetece hablar largo y tendido. Eso se debe, en parte, al éxito que ha tenido la obra: debería haberla abandonado mucho antes, pero seguí leyendo en busca de aquello que había cautivado a tantos lectores. Me costó más de lo que esperaba tener claro por qué no me estaba entusiasmando: he leído 630 de las 830 páginas que tiene. En toda mi vida como lectora, creo que nunca había abandonado un libro tan avanzada su lectura. Podría haber seguido, porque no me quedaba mucho para terminarlo; sin embargo, apuntar un libro más a mi lista de leídos no me compensaba el sufrimiento de seguir leyendo. 

Antes que nada, aviso de que habrá spoilers. Muchos spoilers. Mi intención no es destripar toda la novela: solo aquellas partes que me parezcan relevantes para justificar mi punto. Que conste que tampoco voy a soltar espumarajos de odio sin ton ni son: he leído obras mucho peores y esta tiene incluso cosas que me han encantado, como también os comentaré. Lo que me interesa es hablar de la narrativa de esta novela, ya que es una buena muestra de la dirección que está tomando actualmente la literatura comercial.

Sinopsis:
Un mundo dividido.
Un reino sin su heredera.
Un antiguo enemigo se despierta...
La Casa de Berethnet ha gobernado Inys durante mil años. Aún sin casar, la reina Sabran IX debe concebir una hija para proteger a su reino de la destrucción. Pero los asesinos cada vez están más cerca.
Ead Duryan es una intrusa en la corte. A pesar de que se ha posicionado como dama de compañía, es leal a una sociedad oculta de magos. Ead vigila a Sabran, protegiéndola en secreto con magia prohibida.
Al otro lado del mar oscuro, Tané ha entrenado toda su vida para ser una jinete de dragón, pero se ve obligada a tomar una decisión que podría romper su vida en añicos.
Mientras tanto, el Este y el Oeste siguen divididos. Cada región tiene una religión diferente basada en los sucesos acaecidos mucho tiempo atrás. Los que adoran a los dragones, los que los detestan y quienes adoran al Sin Nombre aparentemente nunca se pondrán de acuerdo.
Y las fuerzas del caos se despiertan de su letargo y parecen estar a punto de llegar.

La representación y los personajes femeninos

Empecemos por el principio: ¿qué me llevó a leer este libro? La portada (llamadme superficial, pero qué preciosidad) y las buenas críticas que no solo ponían la novela al nivel de Tolkien y Martin, sino que destacaban que ofrecía un giro refrescante a la fantasía. No pude resistirme a esto último, pese a que la comparación con unos autores conocidos por sus largas descripciones me echaba un poco para atrás. Como comprobé más adelante, no había razón para preocuparme: se parece a Tolkien en que tiene un amplio worldbuilding y a Martin, en que la obra es Canción de hielo y fuego condensado en un volumen. En cuanto a la innovación, lo único destacable ha sido el buen tratamiento de los personajes femeninos.

Más que la trama o los personajes, esto último es lo que me ha mantenido leyendo. Actualmente, la literatura es cada vez más plural e inclusiva, dos características que han tardado en llegar al género fantástico. Es cierto que ahora abundan las mujeres en fantasía y que es bastante frecuente encontrar algún personaje secundario del colectivo queer; sin embargo, no es tan habitual ver personajes femeninos que exploren de manera compleja la feminidad en su contexto o personajes del colectivo que no se caractericen solo por su orientación sexual o identidad de género.

En El priorato del naranjo se da un giro de 180º al papel de hombres y mujeres, con el objetivo, no de mostrarnos la igualdad, sino cómo el modelo patriarcal sigue enquistado en nuestro subconsciente. Por ejemplo, aquí, la mayoría de personajes de fondo son mujeres. Y no solo eso: ellas también ocupan un montón de cargos importantes, son tanto heroínas como villanas, su trama no gira en torno a un hombre y sus conversaciones son sobre cualquier cosa, incluso temas exclusivamente femeninos, como el miedo al parto y a la maternidad. Puede que esto no parezca nada del otro mundo, pero sí que lo es. En la mayoría de novelas, el elenco no está formado por tantas mujeres, por lo que es habitual que solo haya unas cuantas que representan características concretas: la que ocupa una elevada posición social, la guerrera, la inteligente... En El priorato del naranjo hay tanta representación femenina que esos papeles no los representa una única mujer: hay más de tres mujeres malvadas, más de cuatro en posiciones de poder y muchas guerreras.

Tanta representación femenina se fundamenta en el hecho de que el sistema de gobierno es un matriarcado. Más allá de mi opinión al respecto, esa parece la excusa de la novela para mostrarnos un mundo sin discriminación de género, donde tanto hombres como mujeres asumen con naturalidad todo tipo de roles y papeles. Que Tané sea una jinete de dragón no sorprende a nadie; no es la única mujer y sus habilidades se cuestionan por su sangre, no por su género. Que Ead sea diestra con casi cualquier arma es una sorpresa, de nuevo, no por ser mujer, sino porque es algo que no se corresponde con su posición social.

Respecto a la representación queer, en este mundo se naturalizan las relaciones homosexuales y, por tanto, no existe el concepto de homofobia. Por ejemplo, Niclays no puede estar con su amante, no porque ambos sean hombres, sino debido a que el otro ya está casado. Sí que es verdad que el hecho de que Ead y Sabran estén juntas es visto con malos ojos, aunque es por cuestiones prácticas: al ser Sabran la soberana, se espera de ella que tenga descendencia. Como veis, hay unos cuantos personajes relevantes que pertenecen al colectivo y su identidad sexual no es su característica principal, ni mucho menos.

Pese a que esta representación tan positiva está muy bien, me parece poco realista. Para empezar, dudo que una sociedad igualitaria pueda nacer de un matriarcado que, por definición, establece un género como dominante. Además, la novela plantea otra sociedad (los reinos del este) con un gobierno patriarcal donde tampoco hay discriminación. Allí las mujeres pueden ser jinetes de dragón (o dragona), guerreras y eruditas, al igual que los hombres... sin que nada justifique de dónde sale una sociedad tan igualitaria.

Este no es el único problema: mientras que los personajes femeninos están muy trabajados, los masculinos son poco relevantes y tienen un escaso desarrollo. Eso nos muestra cómo la paridad no está solo en el número: tanto Loth como Niclays, ambos hombres, son narradores; sin embargo, y a diferencia de la mayoría de puntos de vista femeninos, nada de lo que hacen afecta lo más mínimo al curso de los acontecimientos. Al menos representan la nueva masculinidad: ninguno de los dos tiene características asociadas tradicionalmente al género masculino.

El ritmo y la superficialidad

Puede que llegados a este punto de la entrada estéis pensando "sí, bueno, tiene algún fallo menor, ¿pero por qué lo has dejado?". Sé que he dedicado muchas palabras a lo que me ha gustado, pero sobre todo quería que entendierais por qué seguí leyendo algo que no disfrutaba. Y es que me costó verlo incluso a mí; tan hechizada me tenía el worldbuilding y la representación naturalizada.

Primero pensé que el problema era un exceso de puntos de vista, ya que me sentía desconectada de las tramas; sin embargo, cuatro narradores no son tantos. En cada capítulo pasan cosas, así que la falta de acción no era el motivo por el que estaba aburrida. Los errores ortográficos y de edición son una cosa (faltan y sobran guiones por todas partes, hay letras giradas y tildes ausentes...), pero si eso no me detuvo con La dama del Nilo, nada lo hará. Tuve que darle muchas vueltas, hasta que al final lo vi: el ritmo es vertiginoso, y para mal.

Que conste que, en cierta manera, soy ese tipo de lectora: el ritmo de los clásicos no es para mí. Eso no significa que me gusten las historias con acción constante y superficiales: busco un equilibrio y este libro, por desgracia, no lo tiene. Estamos ante una obra que mantiene un ritmo acelerado durante nada más y nada menos que 800 páginas. ¡Quién hubiera dicho que a un tocho como este podrían faltarle tantas páginas!

El principio ya daba pistas de cómo iba a ser la historia, pese a que yo no lo quise ver. En las primeras tres páginas, el lector recibe toda esta información: Tané, una de las protagonistas, acaba de terminar su entrenamiento como jinete de dragón y va a graduarse al día siguiente. Mientras pasea por la playa, se encuentra con un náufrago, y recuerda la ley que prohibe la entrada de extranjeros en el país. Por miedo a que lo descubran y se cancele la ceremonia de graduación, decide ocultarlo en una isla cercana. Las otras cinco páginas del capítulo son de otro protagonista, Niclays, quejándose de que le hayan endosado al intruso. En el segundo capítulo, otra protagonista, Eadaz, que nos cuentan que lleva cinco años infiltrada en palacio, mata a escondidas a alguien que pretendía atacar a la reina. Eso es una página. Las otras diez son de ella socializando en la corte. En su momento, no me pareció mal este inicio: vi subversivo que se saltara el típico entrenamiento de Tané, así como el proceso de adaptación de Eadaz a la corte. Lo que no esperaba es que esta fuera la tónica general.

El problema principal de la novela es que pasan demasiadas cosas en pocas páginas. Los capítulos presentan un desequilibrio en la distribución de los hechos: apenas dedican un par de páginas a todo lo relacionado con el desarrollo de personajes y conflictos, y el resto se esfuerza tanto en construir su mundo e introducir nuevas líneas argumentales que olvida profundizar en lo que ha pasado, más allá de alguna mención esporádica. Dicho de otra manera, todo sucede muy rápido, centrándose más en la trama que en los sentimientos de los personajes o la reflexión sobre los hechos.

Por una parte, este ritmo hace que no podamos conectar emocionalmente con los personajes. Para muestra, un botón: vemos que Ead siente algo por Sabran, pero como no dedica ningún momento a pensar en sus sentimientos, no identificamos que ese algo es amor hasta que se lían. Y justo después de pasar la noche juntas, en vez de dedicarle un mínimo a su relación, la novela introduce inmediatamente una nueva trama para Ead fuera del reino y lejos de Sabran. Esto hace que, cuando Ead vuelve del viaje, tenga demasiadas cosas que contarle a Sabran al respecto como para sentarse a hablar de su relación. Si la novela se centrara en mostrarnos el desarrollo sentimental de Ead y Sabran en lugar de avanzar en la trama, conectaríamos mejor con los personajes y sentiríamos el impacto de los sucesos. Si el personaje te importa, lo que le pasa también.

Por otra parte, la trama de esta novela es tan intrincada y compleja que se ve obligada a pasar superficialmente por todos sus puntos argumentales. No puede ser que en tan solo 15 páginas tengamos que: después de años oponiéndose al matrimonio, la reina Sabran decide tomar como marido a un príncipe extranjero; organizan un baile donde ambos se conocen; la reina comenta la jugada con sus damas de honor; Ead (que también estaba por ahí) se reencuentra con su maestro, al que no ve desde hace cinco años, y se entera tanto de que ha muerto una amiga muy querida como de que en su comunidad hay una nueva priora que quiere que abandone la corte. Cada uno de estos sucesos daría para un capítulo entero si se desarrollara con la profundidad suficiente. Para construir un mundo creíble, hay que dedicarle tiempo.

No lo parece, pero preparar una escena es importante. Entiendo que en algunos casos está bien priorizar la sorpresa; eso no significa que deba ser la norma. Aún recuerdo lo absurdo que fue que Ead estuviera interrogando a Truyde, una de las damas de honor, y que una página después, hubiera aterrizado un dragón terrorífico que lleva mil años dormido y estuviera amenazando a la reina. La llegada del dragón, por muy inesperada que sea, no tiene ningún impacto, porque parpadeamos, está ahí, volvemos a parpadear y ya se ha resuelto el conflicto. Lo lógico hubiera sido ver rumores aquí y allá, que sobrevolara el cielo un rato, amenazante, que demostrara su poder y que generara expectación.

En cierto modo, faltan descripciones que nos sumerjan en la historia. Pese a ser la principal detractora de las que son largas y aburridas, soy consciente de su valor. En este caso, he sentido que la obra se apoyaba en el bagaje del lector, como si no hiciera falta describir tanto su mundo porque es similar a muchos otros. No sé, si no describes a tu dragón porque es como cualquier otro, ¿por qué iba a leer tu novela y no otra? Es lógico partir de conocimientos compartidos y personajes estereotípicos, con los que es más fácil conectar; sin embargo, si te quedas ahí, no dices nada.

El ritmo y la ausencia de descripciones hacen que la novela se sienta artificial, como si la autora la hubiera esquematizado primero en forma de lista y después hubiera ido desarrollando cada escena sin conectarla emocionalmente con la anterior. Como si no fuera importante tener en cuenta el tiempo que pasa de una escena a otra o si han pasado muchas o pocas páginas desde uno u otro punto de vista. Esto se puede observar si esquematizo la trama de cualquier personaje, como por ejemplo Tané. Fijaos en la cantidad de páginas que se dedican a su trama y lo espaciadas que están entre sí:

Página 37-45: Se celebra la ceremonia en la que le presentan a su dragón.

Página 68-71: Se despide para siempre de su mejor amiga, que conocíamos por un par de menciones.

Página 135-141: Participa en unas pruebas.

Página 156-160: Más pruebas.

Página 202-206: Prueba final.

Página 249-253: Confirmamos que es jinete de dragón y le dan su túnica de guardiana.

Página 302-312: Charla por primera vez con su dragona y esta le cuenta historias sobre worldbuilding.

Página 329-335: Niclays la chantajea porque sabe que ocultó a un criminal y Tané confiesa sus crímenes a su dragona, que decide ayudarla.

Página 341-346: Capturan a Tané y le muestran la ejecución de su mejor amiga (esto último es una página).

Página 358-361: Le dicen que su dragona ha sido capturada por los piratas y que ella será desterrada a la isla de los eruditos.

Página 437-442: Mientras está en duelo, nos muestran cómo se ha adaptado a la vida con los eruditos, le cuentan una leyenda, traba amistad con un anciano y este le hace notar la misteriosa herida que tiene en el cuerpo y que será relevante para la trama.  

Lo que quería hacer notar con este esquema es qué pocas páginas dura su punto de vista, cuántas páginas tarda en volver a ser narradora y cómo prácticamente nada de lo que os he contado es relevante para la trama general. Es verdad que, al hacer un esquema, parece que haya sido injusta al omitir cualquier desarrollo de personaje, pero la novela tampoco se centra mucho en ello. En vez de mostrarnos cosas como la inquietud de Tané por el crimen que ha cometido, su relación con los otros jinetes de dragón o el duelo por la muerte de su amiga y por la desaparición de su dragona, la novela solo las menciona de pasada y mucho más adelante, sin darles apenas importancia.

Podría hacer exactamente este mismo esquema con Loth y Niclays, que también tienen pocas páginas y escasa relevancia argumental, pero sería repetirme. La única trama en la que se vuelca la novela es la de Ead, que ya he criticado antes por su superficialidad.

Recordemos que el núcleo de la historia es que los dragones de fuego están despertando de su letargo y para combatirlos, las naciones del este y del oeste, enfrentadas desde hace mil años por temas culturales y religiosos, van a tener que aliarse. Bien, pues en la página 630 de 830, que es cuando lo dejé, es cuando empiezan a plantearse el tema de la reconciliación, una idea tan en pañales que aún no hemos visto nada de la política en el este. ¿Y qué pasa en todas las páginas anteriores? No mucho: conocemos mínimamente los reinos colindantes, investigamos sobre los atentados contra la vida de Sabran, seguimos su culebrón sobre el matrimonio y la descendencia y descubrimos cómo se derrotó hace mil años al Innombrable. Durante páginas y páginas la novela vaga sin rumbo y parece no ser consciente de que, si quiere tratar la reconciliación de dos naciones, necesita dedicarle tiempo a la política y a construir personajes profundos, llenos de aristas. Al fin y al cabo, no se puede convencer a alguien de renunciar a todas sus creencias, la base de un conflicto milenario entre naciones, en una sola escena sin mucha preparación. Con Canción de hielo y fuego me quejaba mucho del relleno y el ritmo lento, pero una cosa es escribir cinco novelas que podrían ser tres y otra es escribir una que podrían ser cincoY el resultado no ha sido otro que un pastiche más cercano al resumen que a la narración literaria.

Es una lástima, porque el mundo era muy prometedor. Por una parte, estaba todo el tema de los dragones, que solo tienen una presencia testimonial, cosa que ha defraudado a muchos. El márketing daba a entender que eran clave; sin embargo en las 600 páginas que he leído, son importantes en un par de escenas, mientras que el resto de tiempo, están de fondo. 

Por otra parte, era curioso que la génesis de todas las religiones fuera una historia similar a la leyenda de Sant Jordi y que las diferencias surgieran a raíz de distintas interpretaciones de esa historia. El problema es que, a excepción de Inys, vemos muy poco de todos los reinos (costumbres, política, religión, creencias, historia...), y eso que son relevantes. Sí, visitamos Yscalin, invadido por los dragones, pero no vemos más allá de la corte. A Mentendon, tierra natal del príncipe con el que se casa Sabran, ni siquiera vamos, así que imaginad saber cosas del lugar. Lasia, hogar de Ead, sí que la visitamos... más o menos. No nos describen el país, solo muy someramente el priorato y su organización política y religiosa. En Seiiki, hogar de Tané, estamos un poco más; sin embargo, no vemos mucho: tienen una política aislacionista, adoran a los dragones de agua, hay una pequeña isla para intercambios con Mentendon, otra de eruditos y otra de guardianes de dragones. Son todo sociedades complejas, muy dispares y con mucho que ofrecer por el choque cultural. Está bien que el mundo sea extenso y variado, la realidad es así, pero para qué presentarnos todo eso si después no se aprovecha ni va a nada. Es un poco el problema general de la obra: se presentan muchos personajes, muchas tramas y muchas sociedades y se deja todo a medias.  

El multiperspectivismo y los personajes

El caso es que, como veis, la novela nos fuerza una visión de túnel: nos centramos en los lugares en los que están los personajes y no vemos nada de la periferia, ni siquiera a la gente de a pie. Y como la única trama relevante es la de Ead, al final solo conocemos de verdad su mundo. El multiperspectivimo está bien, pero hay que saber manejarlo. Es importante que los puntos de vista estén equilibrados. Por una parte, a todos los personajes se les debería dedicar el mismo tiempo y, en caso de no ser así, justificar por qué. Por otra parte, no se debería abandonar un punto de vista durante demasiadas páginas; el lector puede olvidarse de esa trama o la historia puede resultar cronológicamente confusa.

Que se trabajaran esos aspectos hubiera ayudado a desarrollar a los personajes; sin embargo, el problema va más allá. Para empezar, no tienen aristas: o son buenos o son malos, no hay más. Los protagonistas son perfectos, un dechado de virtudes, y sus fallos se deben a las circunstancias. Sus motivos son nobles y por supuesto que destruir a los malvados dragones de fuego es el único camino posible. En el otro bando, los antagonistas se pintan como villanos absolutos sin tener en cuenta la escala de grises en la que se mueven: tenemos al Innombrable, un dragón malísimo que solo quiere ver el mundo arder (o eso dicen, porque hasta donde he leído no sale como personaje); la priora, una egoísta que solo quiere salvar su tierra, y la bruja del bosque, que solo quiere el caos. El único personaje un poco gris es, por supuesto, un protagonista: Niclays, aunque tengo bastante claro que siempre actúa en beneficio propio y dudo que tenga redención.

No esperéis mucho más de los personajes: todos son planos y no experimentan ningún cambio en su forma de ser, actuar o pensar. La única que cambia mínimamente es Sabran, quien abandona su fe con tal rapidez que hubiera preferido que no cambiara. Además de que a los personajes les falta desarrollo, tampoco tienen profundidad: la novela no dedica tiempo a explorar su psicología. De nuevo, la única excepción es Sabran, cuyos conflictos con la corona y la maternidad sí que están mejor tratados.

Por último, quiero destacar la infantilidad de los personajes. Todos, con la pequeña excepción de Niclays, tienen un comportamiento muy adolescente, priorizan cuestiones menores y actúan sin control ni consciencia de las consecuencias. Es cierto que son todos veinteañeros, pero Sabran ha sido educada en la corte, al igual que Loth, y Ead ha recibido un entrenamiento marcial antes de infiltrarse en palacio. Podría aceptar que alguno de ellos actuara impulsiva e irreflexivamente; el caso es que todos son iguales. Esto se extiende también a sus situaciones personales: no tienen a nadie que sea su apoyo o que les detenga antes de actuar sin pensar.

Conclusión

Como veis, mi problema con esta novela no es que no salgan dragones, que es la crítica más repetida en Goodreads. Lo que de verdad me preocupa es que este sea el modelo a seguir. Los tiempos cambian y la literatura con ellos. Ya no tenemos la paciencia que tenían nuestros antepasados y eso supone historias cada vez más dinámicas. El ritmo de la novela actual es acelerado, pero eso no debería ir en detrimento de la profundidad de temas ni del desarrollo de personajes. Puede haber acción si también hay momentos de pausa y reflexión. Sin ellos, pierde todo su valor.

Hoy en día devoramos una historia tras otra sin mesura, porque hay tantas publicaciones que nuestra montaña de pendientes amenaza con derrumbarse sobre nosotros. Disfrutamos de lo que leemos, pero con la mosca detrás de la oreja, porque la tentación de la novedad está ahí, una novedad de la que todos hablan, que nos estamos perdiendo, que podría ser mejor que lo que tenemos entre las manos. El mercado busca que nos consuma el ansia, que terminemos deprisa una obra para comprar ya la siguiente. Es por eso que deglutimos las novelas sin masticar, sin saborear cada página, disfrutando de la hamburguesa del McDonald's sin pensar cómo la han hecho.

Este ritmo nos lleva a olvidar los libros mientras aún los estamos leyendo. Y es que llegamos cansados a casa, y el trabajo, conducir, limpiar, cocinar, los niños, la lavadora y cambiar esa bombilla titilante, solo nos deja un momento para nosotros, un momento en el que necesitamos desconectar. Las novelas reciclan personajes y tramas, lo sabemos, lo aceptamos y lo abrazamos, porque estamos cómodos con ello, porque estamos demasiado cansados para exigencias.

En otros momentos de mi vida he sentido un hambre voraz y leído novelas como esta, novelas de las que ya ni recuerdo el título. Las he disfrutado como quien disfruta de un buffet, únicamente preocupada por satisfacer la gula. Hasta que un día probé algo distinto, algo de calidad, y cómo se notó la diferencia. Perdemos la mitad de nuestra vida trabajando y ocupados con tareas varias; no desperdiciemos la otra mitad en un ocio vacío. No nos merecemos esto. Leemos para entretenernos, pero eso no significa que vayamos a aceptar cualquier cosa. Merecemos historias que no tengan la profundidad de un chupito. Merecemos libros que nos distraigan, pero que también nos lleguen al corazón y nos ofrezcan herramientas para seguir adelante. El entretenimiento barato llena nuestro vacío unas horas; el entretenimiento de calidad nos hace comprenderlo.