viernes, 18 de septiembre de 2026

Saga La Peregrina, Libro I: El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, de Becky Chambers

Tengo un método especial para seleccionar mis siguientes lecturas. En la estantería, mis libros están ordenados por colores, así que aprovecho eso para leer cada año todos los de un mismo color. Esta decisión no es inamovible: a veces, por un motivo o por otro, se cuelan otras lecturas. Ese ha sido el caso de Becky Chambers, a quien he decidido leer porque ha sido invitada al Celsius 232 de este año. 

Título original: The Long Way to a Small, Angry Planet
Idioma original: Inglés
Año: 2014
Editorial: Insólita (2018)
Traducción: Alexander Páez
Título: El largo viaje a un pequeño planeta iracundo
Autor: Becky Chambers
Formato: Rústica
Número de páginas: 502

Sinopsis:
Rosemary Harper se une a la tripulación de la Peregrina, una vieja nave tuneladora, sin saber muy bien qué esperar de su primer trabajo. Aunque la nave ha visto tiempos mejores, le proporciona un pequeño lugar al que llamar hogar durante un tiempo, algo de aventura en los confines más alejados de la galaxia y, lo que es más importante para ella, la oportunidad de dejar atrás su pasado.
Hasta que les ofrecen el trabajo de sus vidas: la oportunidad de construir un túnel hiperespacial a un lejano planeta. Si completan el encargo, ganarán el suficiente dinero para vivir sin preocupaciones durante años… Sin embargo, antes deberán sobrevivir a un largo viaje a través del espacio.
Pero Rosemary no es la única persona a bordo con secretos que ocultar, y la tripulación pronto descubrirá que, aunque el espacio sea un lugar inabarcable, las naves espaciales son muy pequeñas.

Opinión:

La ciencia ficción es un género que he tocado poco (eso solo lo piensas tú: la lista de reseñas ordenadas por géneros lo desmiente). Supongo que lo que me echa para atrás es la ciencia: las descripciones largas, complejas y detalladas de procesos mecánicos y de desarrollo tecnológico me la bufan. Mi interés es tan limitado que tiendo a aceptar cualquier explicación científica como acepto que las varitas funcionan. 

Por eso, como os imaginaréis, esta no es una novela de ciencia ficción dura. A ver, los protas viven en una nave tuneladora y su principal ocupación es crear atajos espaciales: algo de ciencia hay. Sin embargo, más allá de una explicación básica sobre la perforación espacial, no profundizamos en explicaciones técnicas. Esto se debe, principalmente, a que el interés de Becky Chambers no radica tanto en la ciencia y los avances tecnológicos como en el contacto interespecie.

Las novelas de fantasía, el género que más leo, cuentan con mundos que derrochan imaginación; sin embargo, esos mundos siempre están poblados por criaturas que o bien son similares a nosotros o bien pertenecen a la tradición fantástica (elfos, enanos, trolls, el rollo de siempre). Quizás porque es más fácil crear un mundo humano con alguna peculiaridad, como que la gente obtiene poderes portando jade o puede viajar en el espacio dibujando intrincados portales, que no un mundo con criaturas que necesitan refractarse en prismas de cristal para ser vistas. De ahí viene últimamente mi afición por la novela de ciencia ficción, puesto que aboga por mostrarnos especies que rompen por completo con nuestros esquemas y que se alejan mucho de aquello que conocemos. Yo, como siempre, en busca y captura de cosas que me resulten refrescantes.

La Peregrina, la nave en la que se ambienta la novela, cuenta con una gran diversidad de tripulantes, tanto humanos como de otras especies. Los humanos (Rosemary, Ashby, Kizzy, Jenks y Corbin) son mayoría: supongo que esa decisión se debe, en parte, a que es un punto de vista mucho más fácil de escribir y leer. Que sean de la misma especie no significa que no haya variedad: proceden de lugares culturalmente dispares y sus experiencias vitales han sido muy distintas. Que haya tanto punto de vista humano me parece necesario: partir de lo que conocemos nos ofrece un ancla para comprender lo desconocido. Además, esa visión del Otro se complementa con capítulos narrados desde el punto de vista del resto de la tripulación (Dr. Chef, Lovey, Sissix, Ohan). Ellos sí que pertenecen a otras especies con características sociales, culturales y físicas muy alejadas de las nuestras. Los grums, por ejemplo, experimentan biológicamente fluidez de género, por lo que, según su etapa vital, son hembras, machos o neutros. Otro ejemplo es el caso de los sianat, quienes, por razones culturales, sacrifican su longevidad a cambio de una percepción casi total de la física interdimensional, un don que comparten con el resto del universo. La diversidad de especies refuerza la idea de extrañeza y ensalza la capacidad imaginativa de cualquier autor, pero Becky Chambers va un paso más allá. No solo estamos ante especies con características peculiares, sino que esas peculiaridades nos ofrecen la posibilidad de percibir nuestro entorno de forma distinta.

Para mí, lo más interesante de conocer estas especies es que te abre la mente a otras realidades y hace que te cuestiones ideas muy arraigadas. Por ejemplo, me ha impresionado mucho el concepto de familia que tienen los aandrisk. En lugar de relaciones monógamas, son poliamorosos y no tienen una única familia a lo largo de su vida, sino tres: la familia de eclosión, formada por aquella gente que te cría y con la que vives tus primeros años (gente con la que no tienes lazos de sangre); la familia de pluma, que puede variar a lo largo de los años, formada por un grupo de compañeros elegidos por ti mismo con los que creas lazos íntimos; y la familia de hogar, un grupo estable con el que convives en la vejez y con el que crías a hijos de otros. Mucha gente ve el poliamor como un estilo de vida temporal, una fase fruto de la inmadurez o el miedo al compromiso. La propuesta social de los anndrisk demuestra que es posible una sociedad basada en el poliamor, donde los celos no se conciben, las relaciones se adaptan a la etapa vital de cada uno y la familia la establece el individuo. Con este tipo de propuestas, Becky Chambers quiere hacernos soñar con el mundo en el que podríamos vivir en lugar del mundo en el que vivimos.

Este es solo uno de los temas que trata la novela, pero hay muchos más, en concreto, uno por personaje. Si tenemos en cuenta que hay unos diez personajes relevantes, por mucho que la novela tenga 500 páginas, es inevitable que el desarrollo se quede cojo. Puede que algunos se conformen con asomarse a varias reflexiones en lugar de enfocarse en una sola; sin embargo, a mí, personalmente, me hubiera gustado algo más de profundidad. El hecho de que la trama consista simplemente en viajar en una nave hasta llegar a un destino daba espacio ("espacio", ¿lo pilláis?) a que los temas se desarrollasen con calma. Siento que la autora tenía oro en las manos y se ha conformado con cobre, priorizando la variedad por encima de la profundidad.

A raíz de esto, los personajes son bastante unidimensionales, porque se definen por un solo rasgo. Se profundiza en ese rasgo y evolucionan, pero he sentido que la novela estaba dividida en pequeños arcos dedicados a cada personaje, en lugar de ser un conjunto orgánico. Al principio, creía que Rosemary, con su gran secreto, iba a ser la protagonista, quizás con Ashby como coprotagonista, pero una vez se descubre lo que está ocultando y se enfrenta a ello... queda bastante relegada. Con Corbin, en cambio, pasa lo contrario: casi no interacciona con los demás ni aparece hasta que hay una subtrama en la que es relevante. Con el resto pasa un poco lo mismo, que tienen escenas y momentos solo para ellos, aunque después quedan apartados. El problema es que la realidad no funciona así. Las personas somos complejas, y por mucho que en algunos momentos nos sintamos abrumados por un conflicto o nos enfoquemos mucho en algo, eso no significa que solo nos definamos por ello. Ni mucho menos que una vez lo enfrentamos lo olvidemos, ni que nos abstraigamos de nuestro entorno.

Por otra parte, la novela intenta mostrarnos a La Peregrina como una familia; sin embargo, la mayoría de los personajes solo hablan de sus conflictos con uno de los tripulantes, dejando de lado al resto, creando sus propios grupitos de intimidad. Eso es lógico en una familia normal, donde la gente se ve cada mucho. Aquí, en cambio, conviven durante casi un año y el plan es seguir juntos. Lo lógico sería que todos intervinieran en cualquier conflicto y supiéramos qué opinan unos de otros. Sin embargo, al haber tantos conflictos personales y temas a tratar, si la autora hiciera eso, la novela sería eterna.

La excepción es Ashby, quien, al ser el capitán, es quien mantiene a todos los demás unidos. Él sí que interactúa con el resto de los miembros de la tripulación en todo momento y les ofrece su apoyo. Además, su conflicto se desarrolla en paralelo a las tramas de los demás y a lo largo de toda la novela, sin que haya escenas íntegramente dedicadas a él.

Como veis, me estoy centrando mucho en los personajes, porque la trama es escasa: tienen que llegar a Hendra Ka, un sistema solar remoto y conflictivo, y conectarlo con el resto del universo. No es que sea un camino lleno de peligros, simplemente, es un camino largo, por lo que la trama es bastante costumbrista, con algún tropiezo lógico, así que la autora puede centrarse mucho en los personajes. Personalmente, esperaba más de este viaje, porque me atraen más las tramas trepidantes; sin embargo, ese no ha sido mi problema, sino que Hendra Ka es muy relevante a lo largo de la novela para lo que al final resulta ser.

Los toremi de Hendra Ka son una raza ausente, de la que se sabe muy poco, que se va construyendo entre capítulo y capítulo únicamente con informes de investigación. Incluso al final tenemos su punto de vista en algunos capítulos bastante breves, como si la autora no tuviera suficientes temas por desarrollar. Y sí, terminan siendo una amenaza tan despersonalizada como lo sería un meteorito cualquiera. Como los personajes ya se habían enfrentado a sus propios fantasmas, la única forma de hacer un buen final era con un problema que afectara a todos. Por desgracia, como la trama no es el punto fuerte de la autora, el conflicto final no tiene una construcción paulatina y se desarrolla demasiado rápido como para crear desasosiego en el lector.

No he podido conectar emocionalmente con el epílogo por una suma de todo lo mencionado anteriormente. A la autora se le dan bien los personajes, así que desarrolla bien las consecuencias emocionales del conflicto final. Por desgracia,  como le dedica pocas páginas, se centra solo en los personajes más vinculados al conflicto y deja al resto de la tripulación en segundo plano. El resultado es que, al individualizar el sentimiento en unos pocos, parece más la conclusión al arco de esos personajes que no la de todos.

Puede que suene algo desanimada con la novela. ¿Que esperaba más de ella? Sí. ¿Que he disfrutado con cada página? También. Me gustan mucho todos los temas que propone y me gustan los personajes y lo diversos que son. No es que no me haya gustado la obra, es que creo que se ha quedado corta y que no aprovecha del todo su potencial. Por lo demás, es un libro muy entretenido, que propone reflexiones interesantes y que logra fascinarte al crear un mundo tan sólido formado por especies tan dispares. Aunque el final es completamente cerrado, la autora ha publicado varios libros ambientados en el mismo mundo (en español, por ahora, solo han traducido uno más) y no me los pienso perder.

Por último, me gustaría mencionar que la nota final de la autora me parece muy bonita. En ella, la autora, que originalmente publicó la novela de forma independiente gracias a una campaña de Kickstarter, anima a los autores que no tienen el apoyo de una editorial a seguir adelante con su proyecto si realmente creen en él. Sus palabras son un precioso mensaje de esperanza para todos aquellos que sueñan con ser leídos.   

Cosas que he aprendido:
  • Crear criaturas con características físicas, sociales y culturales distintas a nosotros puede servir para hablar de nuestro mundo.
Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:




PUNTUACIÓN...3'5/5!

Primeras Líneas...

viernes, 11 de septiembre de 2026

Viñeta del lector 135#

 
Hay gente que cree que leer es sinónimo de inteligencia. Como si el simple acto de la lectura nos hiciera más cultos o como si por ello nuestro criterio fuera más válido que el de alguien que no lee. Ni que fuéramos mejores solo por leer. Para desmontar este mito, basta con recordar que Hitler era un ávido lector.

Dejémonos de tonterías: ser aficionado a la lectura no implica que entiendas mejor la vida que, por ejemplo, alguien que es aficionado al futbol. A mí, personalmente, alguien que lee siempre me parece más interesante, pero eso no significa que vaya a fiarme de buenas a primeras de todas sus opiniones. La lectura amplía tus conocimientos, te permite tener una perspectiva más completa del mundo y de la gente que lo habita, además de contribuir a comprender mejor al resto. Pero eso no lo ofrece la lectura per se: depende de qué lees y las razones por las que lees.

No todos tenemos la misma motivación para leer. Puede ser que leas por evasión, saltando de un libro a otro, con el único objetivo de entretenerte. Y oye, está bien, como mirar esos programas de sobremesa; cada uno hace lo que quiere con su tiempo. Otros leen para reafirmarse y validar aquello en lo que ya creen. Escogen lecturas seguras, sin tonos de gris, con personajes y tramas que encajan con ellos. Que también está bien, todos necesitamos sentirnos comprendidos por los demás. Además, esa gente se suele especializar mucho en un nicho concreto y eso hace que lo conozcan a fondo. Por último, los hay que leen variedad, libros de géneros muy distintos, que tratan todo tipo de temas y con personajes muy diversos. Son lecturas que desafían al lector, le enfrentan con su propia moralidad y hacen que su ideología se tambalee. Hacen que te cuestiones el mundo tal y como creías que era y que comprendas a personas cuya mentalidad aborreces.

Este es el tipo de lector de cuyo criterio me fío. Un lector que no es de un solo libro o un solo género, que tiene una mirada abierta, que escucha antes de hablar y que reflexiona. Ahora tengo mucho más bagaje lector que cuando empecé con el blog. Eso lo noto cuando releo libros que en su momento me encantaron y que ahora me parecen una patata. Y esa valoración no se debe solo a que me encuentro en una etapa vital distinta, sino a que cada vez tengo más ojo crítico.

Claro que siempre se puede mejorar. El otro día mi madre me pedía una recomendación de una novela cozy. Tengo un par de libros del género en la estantería, pero no he leído ninguno, así que no sabía muy bien qué ofrecerle. Para evitar situaciones así, es importante salir de tu zona de confort. Por eso, aunque me gusta mucho la fantasía, a veces le doy una oportunidad a la novela romántica, leo thrillers que muestran la complejidad de la mente humana, novelas históricas que me hacen entender el mundo que hemos heredado y novelas intimistas que me permiten conocerme mejor. ¿Que muchas veces tropiezo con historias que no me gustan? Sí, pero si se me hacen pesadas, las dejo. Las novelas de las que no esperaba nada y con las que me he llevado una grata sorpresa compensan, y con creces, aquellas que he terminado abandonando. 

Por supuesto que esta clasificación de lectores no es en absoluto rígida. A veces leo por evasión, otras a autores que ya conozco y sé que su rollo encaja conmigo. Pero no quiero estancarme, quiero ser alguien de cuyo criterio los demás puedan fiarse, acertar cada vez más con mis recomendaciones (algo que depende no solo de conocer libros, sino también a las personas a las que recomiendas esos libros) y, por encima de todo, confiar en mí misma.

Y eso es todo por hoy. ¿Qué opináis de este tema? ¿Añadiríais algún tipo de lector más? En mi caso, la fantasía es mi nicho, ¿cuál es el vuestro? ¿Os cuesta salir de vuestra zona de confort? ¿Alguna vez os habéis llevado una sorpresa al leer una obra que no es de vuestro estilo? ¿Leéis novelas que tratan temas polémicos y que ofrecen múltiples perspectivas de ellos?

viernes, 4 de septiembre de 2026

Cordero: El evangelio según el mejor amigo de la infancia de Jesucristo, de Christopher Moore

Cuando un autor nos gusta, tendemos a comprar todo lo que publica. El problema viene cuando te animas a leer el resto de libros y descubres que el único que te gusta es el primero que leíste. Por desgracia, es lo que me está pasando con Christopher Moore. Un trabajo muy sucio me gustó mucho: a partir de ahí, todo ha ido cuesta abajo. La sanguijuela de mi niña no estuvo mal, pese a la relación tóxica, pero Aleta fue un desastre: el autor usa un humor escatológico y sexual que no conecta para nada conmigo. Este ha sido ligeramente mejor que el anterior, aunque tampoco por mucho. 

Traductor: Juanjo Estrella González
Editorial: La Factoría de Ideas
ISBN: 9788498001242
Número de páginas: 416
Encuadernación: Tapa blanda
Fecha de lanzamiento en español: 2010
Publicación original: 2002
Título Original: Lamb: The Gospel According to Biff, Christ's Childhood Pal
Autor: Christopher Moore

Sinopsis:
El nacimiento de Jesús está bien documentado, al igual que, tras su trigésimo cumpleaños, sus gloriosas enseñanzas, sus actos y su divino sacrificio. Pero nadie conoce la adolescencia del Hijo de Dios, los años perdidos; nadie excepto Colleja. Desde el día en que se encontró con Joshua de Nazareth, un chaval de seis años, resucitando lagartijas en la plaza del pueblo, Levi bar Alphaeus, llamado «Colleja», tuvo el honor de ser el mejor amigo del Mesías. Por eso, el ángel Raziel lo ha resucitado y lo ha llevado a América para escribir un nuevo Evangelio, uno que cuente la historia real y hasta ahora desconocida.

Opinión:

Sabía que los textos bíblicos no hablaban mucho de la infancia y juventud de Jesús; sin embargo, no sabía que hablaban TAN poco de ella. Según la nota final del autor, no ha podido documentarse mucho al respecto, porque apenas hay información, llamémosla "oficial". Lo del nacimiento se menciona por encima y lo único que se sabe de sus primeros treinta años de vida es que de joven enseñaba a los sabios en el templo.

Para mi sorpresa, lo he investigado y no hay muchos más libros que ficcionalicen este período de la vida de Jesús y que lo narren en clave de humor. Así que ya sabéis: si conocéis algún otro título similar a este, no dudéis en decirlo. Por mi parte, el único que conozco con ciertas semejanzas es Jesús me quiere, de David Safier. Al igual que este libro, es una obra de humor sobre Jesús, pero no se habla de su pasado, sino que va de cómo actuaría Jesús si apareciera en nuestro presente.

Quizás la reticencia a escribir sobre este tema es el miedo a faltar al respeto. En ese aspecto, creo que el libro hace un buen trabajo. Para empezar, al final incluye una nota en la que, más allá de hablar de la documentación, afirma que no intentaba herir los sentimientos de nadie y se disculpa si alguien se ha sentido ofendido, aunque añade que:

"Esta historia no pretende, ni ha pretendido nunca, ser un desafío para la fe de nadie. Con todo, si la fe de alguien se tambalea con las historias que se cuentan en una novela humorística, tal vez es que a ese alguien le convenga rezar un poco más"

Para continuar, lo único que critica duramente son las tradiciones religiosas más extremistas del judaísmo: no comer carne de cerdo, el descanso absoluto en sábado, la Ley de Talión, el celo en lavarse las manos, las lapidaciones, el odio a los otros pueblos... En el fondo, esta crítica es lógica, puesto que el protagonista es Jesús, el promotor de que eso cambiara

Pese al humor que impregna cada página, no se burla del cristianismo ni lo ridiculiza. Además, Jesús es considerado una figura positiva y un ejemplo a seguir. Eso no significa que alguna crítica no caiga: la historia está narrada por Colleja, su mejor amigo, quien no siempre está de acuerdo con sus doctrinas, y critica con humor las propuestas más radicales 
subrayando los problemas que conllevan (como el hecho de poner siempre la otra mejilla).

Ante la espiritualidad y bondad innata de Jesús, Colleja es un buen contrapunto. No es que sea mala gente, sino que es un pillo de cuidado. Conoció a Jesús de pequeño y desde entonces le acompaña y le apoya como si fuera su hermano mayor. Él será el responsable de narrarnos su infancia y el viaje que emprendieron en busca de la sabiduría de los tres reyes magos. Este larguísimo viaje justificaría bastante bien la filosofía de vida que adoptó Jesús, con componentes de varias religiones orientales.

Lo lógico sería que este evangelio apócrifo estuviera escrito teniendo en cuenta el lenguaje y los referentes de la época; sin embargo, tanto lo uno como lo otro son actuales, puesto que no es un texto que se escribiera hace dos mil años y que se haya recuperado ahora, sino que, por orden divina, Colleja ha sido resucitado para contarnos su versión de la historia, así que domina el lenguaje moderno. Así, tenemos una trama del presente en la que Colleja, encerrado en un hotel con el ángel Raziel, es obligado a redactar su propio evangelio. Esta trama sirve para justificar que el lenguaje sea asequible, pero también para incluir algunas escenas de humor resultado del choque cultural y temporal. Entiendo que esta trama era necesaria para lo primero, pero lo segundo me parece que está de más. Para empezar, Raziel lee todo lo que Colleja escribe, así que es bastante ilógico que este último interrumpa su historia para narrar, dentro del Evangelio, los desencuentros que tiene con el ángel, sus planes para escapar y lo desconcertado que está ante nuestro mundo.

Todas estas escenas podrían formar parte de una historia propia, en lugar de ser elementos que interrumpen constantemente la narración. Esta trama no solo no enriquece la historia principal al estar completamente desligada de ella, sino que, como está formada por escenas sueltas, sin apenas continuidad ni construcción, la conclusión es muy insatisfactoria. No solo es abrupta, sino que se deja mil cosas en el tintero: no sabemos qué pasará con el nuevo evangelio, ni con Colleja, ni qué pinta en nuestro mundo otro de los apóstoles al que, al parecer, también han resucitado.

Más allá de la parte del presente, la novela podría haber estado bien si el humor me hubiera parecido mínimamente gracioso. Como descubrí con Aleta, el estilo del autor se caracteriza por los chistes soeces y básicos, de carácter sexual o escatológico. Entiendo que esto sea del gusto de algunos lectores, pero no es mi caso.

Como ya me ha pasado con las últimas obras del autor que he leído, Cordero me ha parecido entretenido sin más. La historia es muy fácil de seguir gracias a su tono distendido y el viaje de Jesús y Colleja está lleno de aventuras divertidas. Además, pese a ser una obra humorística, el autor se ha esforzado en documentarse sobre la época y las religiones que retrata. Sin embargo, no he conectado con el humor escatológico y sexual, que es la base de la novela, ni me ha convencido la trama del presente, que cuenta con escenas de humor muy artificial, no es lógica en algunos puntos y se cierra de forma abrupta. Leeré los siguientes (tengo cuatro en la estantería), en parte porque son anteriores (¡quizás el tono será distinto!), en parte porque están ahí. Eso sí, a la mínima que no me interesen, los dejaré.

Cosas que he aprendido:

  • Se sabe muy poco de la infancia y juventud de Jesús.
  • En ninguna parte de los textos bíblicos se dice que María Magdalena fuera prostituta.
  • Qué tradiciones judías rechaza el cristianismo.

Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:


PUNTUACIÓN...2'5/5!

Primeras Líneas...