martes, 30 de mayo de 2023

Reino de fieras, de Gin Phillips

Título original: Fierce Kingdom
Año original de publicación: 2017
Editorial: Suma
Año publicación español: 2018
Páginas: 340 
Título: Reino de fieras
Autor: Gin Phillips
Encuadernación: Tapa dura
ISBN: 9788491291589

 Sinopsis:
Lincoln es un buen niño. Con cuatro años es curioso, inteligente y bien educado. Hace lo que su madre le dice y sigue las normas.
Cuando un día feliz en el zoo se convierte en una pesadilla y Joan se ve atrapada con su hijo, deberá hacer acopio de todas sus fuerzas y encontrar el coraje para protegerlo a cualquier precio; incluso si eso significa cruzar la línea entre el bien y el mal, entre la humanidad y el instinto animal. 
Una línea que nadie imaginaría nunca traspasar. Pero, a veces, las normas son diferentes.

Opinión: 

Cada cierto tiempo vemos en televisión alguna noticia relativa a los tiroteos que tienen lugar en Estados Unidos. Esto es resultado de las facilidades que tiene la población de a pie, sin instrucción ni exámenes psicológicos, para conseguir armas. En medio del complejo debate acerca de la legalización de las armas, muchos autores se posicionan en contra, y eso ha dado lugar a un gran número de obras relacionadas con los tiroteos. 

Todos los conflictos humanos resultantes de una situación así me parecen muy interesantes, tanto por mi interés por comprender los entresijos de la mente de los agresores, como por la capacidad de adaptación de las víctimas. Diecinueve minutos, de Jodi Picoult ofrece una visión holística de un tiroteo en un instituto, mientras que Hate list, de Jennifer Brown, de un tono más juvenil, se centra más en la culpabilidad y en los remordimientos de los que sobreviven.

Lo que me interesaba de Reino de fieras era que la perspectiva iba a ser distinta, no solo porque la ambientación distaba mucho de un instituto, sino también porque las víctimas directas no eran jóvenes, sino una madre y su hijo. ¿Hasta dónde es capaz de llegar una madre para proteger a su hijo? La mejor forma de conocerse a uno mismo es explorar los límites, y eso es lo que me gusta de estos libros, que llevan a sus personajes a tal extremo que les obliga a enfrentarse a su propia moralidad.

La premisa de la obra era perfecta para un desarrollo profundo del personaje principal, la madre, en una situación de tensión (el parque en el que está con su hijo de seis años se ha convertido en una zona libre de caza). Por desgracia, la autora no sabe manejar el potencial de la obra. Para empezar, la parte de thriller se desvanece al poco tiempo, pues la protagonista encuentra un lugar seguro en el que esconderse y pasa allí gran parte de la historia. La trama es nimia, lógico, si tenemos en cuenta que su única opción para sobrevivir es esconderse, pero más allá de la previsible escena de persecución final, no hay grandes sobresaltos. 

La autora trata de suplir esa falta de acción recurriendo a otros puntos de vista esporádicos, tanto de otras personas que se encuentran ocultas en el parque, como de uno de los agresores, pero eso solo logra que la novela resulte más dispersa, pues no hay espacio suficiente para tratar la psicología del agresor ni tampoco hay ningún cambio significativo en el resto de personajes. La novela debería girar exclusivamente en torno a la madre y en su psicología, no en los demás. Al marcharnos de su lado se pierde la tensión de la espera, como si no poder hacer nada no fuera terrorífico.

Pero ese no es el único motivo por el que se disipa la tensión. La autora trata de crear un fuerte vínculo madre e hijo y lo hace mediante los recuerdos. No hay flashbacks largos, por suerte, pero sí que constantemente la protagonista se evade de lo que está sucediendo y piensa en anécdotas con su hijo y en los motivos por los que se siente tan ligada a él. Sin duda, el vínculo lo vende bien, hasta el punto de rozar lo obsesivo (algo que no se critica). Entiendo que se evada de la situación, pero no constantemente, pues eso impide que podamos comprender cómo se siente una persona en esa situación. Es como si quisieras hacer una novela sobre la soledad de un astronauta y este solo pensara en su vida en la Tierra, sin profundizar en sus emociones en ese momento.

Por otra parte, entiendo que piense en su hijo, pero no hasta esos extremos. Es como si no tuviera una vida más allá de él, pese a que está felizmente casada y doy por hecho que tiene amigos. A la protagonista solo la conocemos en relación con su hijo, más allá de eso no hay nada. No sabemos de qué trabaja (si es que lo hace), cuáles son sus aficiones ni cómo es la relación con los que la rodean. Que el marido solo se comunique con ella por teléfono y que a partir de determinado momento deje de tener presencia (tanto en la trama como en la mente de la protagonista) me parece un grave error, pues él también sufre. Si no te interesaba, hubieras dicho que era madre soltera y ya está. Lo mismo sucede con las referencias al abandono de su madre y la repulsa que tiene a las cucarachas, pues eran una constante en su infancia. Más allá de remarcar que quiere ser mejor madre que la que tuve, no le veo el simbolismo a lo de las cucarachas.

Este recurso de recordar el pasado es el que usa la autora para caracterizar a todos sus personajes, pues tanto la protagonista como los secundarios están constantemente recordando cosas (e interrumpiendo la narración con su hilo de pensamiento). Me refiero a cosas como "Su mirada se fija en los destellos de la luna en las vías del tren. Su tío solía llevarla de pícnic al campo..." o "Sienta a su hijo en su falda y piensa en lo huesuda que tiene la espalda. Cuando nació era un bebé enorme..." o "No le gustaba el chocolate blanco como el que comía su hijo. Era un recuerdo de la época de Tailandia..."

El único personaje que me ha parecido bien retratado ha sido el hijo. La autora sabe reflejar muy bien el comportamiento de un niño de cuatro años en una situación como esta. Los niños son mucho menos frágiles de lo que creemos. A nosotros se nos revolvería el estómago ante la visión de un cadáver, porque conocemos las implicaciones que supone, mientras que un niño no es consciente del peligro ni comprende muy bien lo que significa la muerte, solo siente curiosidad. Durante la novela, el niño tiene un comportamiento muy natural, pues su inquietud y miedo no es real, solo una imitación del que siente su madre. No llora, obedece y no hace ruido, no porque sea un niño perfecto (también tiene sus rabietas, se queja y quiere que le lleven constantemente), sino porque ve el miedo de su madre y eso le hace ser consciente de la importancia de ser silencioso.

La ambientación ha sido otra oportunidad de oro desperdiciada. Se podrían haber hecho interesantes metáforas relacionadas con los animales y su encierro (la ley del más fuerte, los protagonistas son cazados como animales, el cautiverio) e incluso a resueltas de la identificación de la protagonista con ellos, podría terminar en contra de estos espacios, pero no se habla de nada de esto ni por asomo. Más allá de algún animal muerto aquí y allá, podrían haber estado en cualquier otro recinto abierto, como un parque de atracciones (por cierto, el tiovivo de la portada no aparece).

Como era de esperar, al final hay más acción, hasta el punto de que tememos por la vida de la protagonista, pero más que lástima, he sentido desdén, pues todo lo que le pasa se lo merece por no pensar antes de actuar. Entiendo que en momentos de tensión podamos cometer tonterías, es completamente lógico que nos dejemos llevar por el pánico, pero en el caso de la protagonista, como no se profundiza en cómo se siente, no se justifican sus decisiones y no vemos que se esté dejando llevar por el pánico, por ejemplo.

Pese a todo, si hay algo que ha sido decepcionante es el final, muy al estilo Hitchcock: falta un epílogo. El final me ha dejado con muy mal sabor de boca, porque ya no pido que se trate el trauma resultante de una situación así, sino que casi se podría decir que el final es abierto (aunque no va a tener continuación), pues quedan muchas cosas en el aire que se podrían haber resuelto en un capítulo más. No sabemos qué sucede con algunos secundarios que se han escondido, qué pasa con el bebé, ni con los terroristas. Para os que os hagáis una idea, ni siquiera estoy segura de si la protagonista sobrevive o no, ese es el nivel. 

En conclusión, estamos ante una novela que promete mucho y ofrece poco. Establece correctamente los lazos de madre e hijo y retrata a este último con gran realismo, pero el resto de la historia cojea, especialmente debido a la falta de tensión, algo básico de un thriller. Esto se debe a la poca acción que hay, a que la narración se disperse en varios puntos de vista que no tienen fuerza y que constantemente los personajes hagan digresiones sobre su pasado para evadirse de la realidad. Los secundarios no tienen presencia y no se profundiza en las emociones de la protagonista. A eso hay que sumarle el final abrupto que deja varias tramas abiertas, pese a que la historia no tendrá continuación. Por mi parte, no lo recomiendo, pues ni emociona como thriller ni como drama.

PD: Muy de acuerdo con esta reseña de Regina Irae

Cosas que he aprendido:

  • Un buen sitio en el que esconder a un bebé llorón en un parque con altavoces.
  • No pidas ayuda en mitad de un tiroteo, porque la gente tiende a disparar primero y preguntar después.

Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:

PUNTUACIÓN...1'5/5!

Primeras Líneas...

sábado, 27 de mayo de 2023

Frases memorables: Allí


"A veces se juzga a las personas por el comportamiento, desconociendo los factores que lo han desencadenado. A veces nos quedamos en la superficie, observando la podredumbre que emerge, pero la verdad podría estar debajo, en unas profundidades de las que nada sabemos".

La gente se enfada por nada. Si ven a alguien desconocido que hace algo mal, especialmente si eso les perjudica, ponen el grito en el cielo y le critican. Es cierto que hay que juzgar a la gente por sus actos y no solo por sus palabras, pero dentro de ciertos límites. Para mí, el trasfondo es muy importante, así que en estos casos siempre me lo tomo con filosofía. ¿Quién no ha tenido alguna vez un mal día? ¿O un humor de perros por haber dormido poco? ¿Quién no se ha equivocado nunca? ¿O dolor de muelas? También podría ser que se hubiera peleado con alguien querido o haber perdido a alguien cercano.

En estos casos, yo siempre defiendo a la otra persona y le busco cualquier tipo de justificación a su comportamiento, por lo que no me enfado con la gente. Por supuesto, lo más probable es que sean todo elucubraciones mías, no será por mala gente que hay por ahí, pero como mínimo no quedo de mal humor. Por supuesto, todo esto es relativo a gente desconocida. Si alguien hace repetidamente algo que te perjudica, y se lo has dicho, es que a esa persona hay que hacerle la cruz.

La única situación en la que no sigo esta ideología es con los libros. Que sí, que puede que el autor se haya esforzado mucho, que haya revisado el manuscrito mil veces, que no tuviera dinero para un corrector porque vive debajo de un puente,  que se haya ido a la India para documentarse, que sea su primer libro y esté ilusionado... Todo eso me da igual. El libro me gusta o no me gusta, sin paliativos. Tú como autor has decidido que tu obra merecía ser publicada, y yo como lectora me he gastado un dinero. Si el resultado no es bueno, no voy a ser magnánima, por lo que diré las cosas claras. Entiendo que te hayas podido esforzar mucho... pero el resultado es el que es. O no vales, o no te has esforzado suficiente o quizás necesitas otro enfoque.

Sobre el libro del que procede la cita, se trata de Allí, de Leonardo Patrignani. No guardo un buen recuerdo de él, es más, creo que fue de mis peores lecturas de 2017. Es un libro con demasiadas explicaciones técnicas, una protagonista infantil y caprichosa obsesionada de mala manera con recuperar a su madre, una relación amorosa sin pies ni cabeza, unos poderes muy desaprovechados y que además defiende la veracidad de las proyecciones astrales y lo propone como solución al duelo. También podéis leer la reseña y echaros unas risas.

Y eso es todo por hoy. ¿Qué opináis de la cita? ¿Soléis tener en cuenta el contexto de la gente desconocida o os enfadáis a la primera? ¿A la hora de valorar un libro, tenéis en cuenta factores externos de la obra?

martes, 23 de mayo de 2023

Cartas sobre la mesa, de Agatha Christie

Título: Cartas sobre la mesa
Autora: Agatha Christie
Páginas: 212
Encuadernación: Tapa dura 
Año original de publicación: 2 de noviembre de 1936
Título original: Cards on the Table
Año de publicación: 2010
Editorial: RBA
ISBN: 9788447369317

Sinopsis:
El señor Shaitana es famoso como anfitrión de sus fiestas. Sin embargo, se trata de un hombre del que todo el mundo desconfía. Así, cuando expune a Poirot su teoría sobre el asesinato como forma de arte, el detective tiene sus reservas sobre aceptar la invitación para ver la colección privada de Shaitana. Convocado con otros tres criminólogos y cuatro supuestos asesinos, inician tras la cena una partida de bridge. Pero al final de la partida descubren que el anfitrión ha sido asesinado por uno de los invitados…

Por qué este título
—Esto que estamos haciendo es muy irregular, Mrs. Oliver. Espero que se dará cuenta de ello.
—Tonterías. Jamás pensé que nos fuera a contar algo que usted no quisiera que supiéramos.
—No —dijo con decisión—. Las cartas sobre la mesa. Ése debe ser el lema de este asunto. Quiero decir que se ha de jugar limpio.

Opinión:
Impresión: Buen final.

Después de varias decepciones con los libros de esta autora, incluyendo la obra que voy a reseñar, empiezo a tener claro qué esperar: una investigación aburrida con un final sorprendente. Me gustaron mucho Diez negritos, Asesinato en el Orient Express y Muerte en el Nilo, pues rompían con la fórmula no solo en la resolución, sino también en la investigación, pero no he vuelto a leer nada de ese estilo. A ver, si hay que elegir, prefiero, y con diferencia, las obras Christie a las de Doyle, pues como mínimo, aunque sea muy difícil estar a la altura de la mente de Poirot, es humanamente posible y la deducción se fundamente en las pistas que se han dado.

Una de las cosas que se tienen que tener en cuenta antes de leer cualquier libro de Agatha Christie, es que la autora es de la época que es, cuando la novela policíaca iba en pañales, donde aquello que se buscaba era hacer un misterio que entretuviera la mente del lector como si de un puzle se tratara. Esta mentalidad no encaja con las sensibilidades actuales, a la que cuesta mucho sorprender y a la que le da pereza pensar, pero no solo eso, sino que además se preocupa por los personajes. Pues bien, no intentes leer estos libros pensando encontrar un buen caso de CSI, pues aquí los personajes son lo de menos.

Teniendo en cuenta que en esta obra se encuentran en la escena del crimen cuatro asesinos y cuatro detectives, esperaba que se profundizara en la psicología de todos ellos y que además pudiéramos ver las distintas formas de encarar el caso que tenían esos cuatro detectives, quizás mediante una competición por descubrir la verdad. Por desgracia, pese a no ser ninguna sorpresa, los personajes son planos, sin profundidad y poco carismáticos, meros instrumentos para que se desarrolle la trama. Además, su presencia en la trama es desequilibrada, pues algunos tienen más peso que otros. 

Ese es el caso de Ariadna Oliver y el coronal Race. Este último solo está como figurante, mientras que la primera sirve como crítica a los novelistas de novela policíaca que no se preocupan por reflejar fielmente la realidad y que repiten los mismos patrones. Además, pese a que la autora era mujer y de que estas son valoradas por su inteligencia a lo largo de la novela, la obra es de la época que es, por lo que comentarios como "el sexo débil" o generalizaciones sobre el comportamiento de las mujeres, son inevitables. Pensaba que Ariadna, por ser feminista, rompería una lanza en favor de las mujeres, pero sus comentarios se toman a burla por ser demasiado extremistas. 

De Poirot tengo casi tan poco que decir como lo que comenté de él en el primer libro, pues no ha tenido ningún tipo de desarrollo como personaje, y más allá de su peculiar forma de investigar, centrándose mucho en la psicología de los sospechosos para hacer sus deducciones, se sabe poco de él. Me ha gustado que en ningún momento menoscaba la metodología de la policía ni considera a estos unos ineptos, sino que es partidario de la colaboración y considera que los mejores resultados se obtienen de la combinación de ambos métodos. Por ello, veremos cómo el superintendente Battle lleva a cabo una investigación tradicional muy metódica y Poirot va a la saga con su propia línea de pensamiento.

En esta ocasión, la investigación me ha aburrido bastante. La novela sigue la estructura a la que nos tiene acostumbrada la autora: introducción brusca y rápida de los personajes, muere alguien, se delimitan los sospechosos, se interroga a los sospechosos dos veces, se resuelve el caso y se cierra la novela con tanta rapidez como si la autora tuviera que pagar cada carácter. Pese a ser una buena investigación y el contraste entre métodos deductivos, la parte central de la obra no me ha generado interés, algo que puede que se deba a lo vacíos que son los personajes.

Lo que sí me ha gustado es el final, cincuenta páginas de acción y una deducción tras otra. No he conseguido resolverlo, pero sin duda era posible, pues las deducciones de Poirot se centran en ver las cosas desde otra perspectiva y todas las pistas están ahí. Uno de los problemas que he tenido es que el bridge tiene un gran peso en la resolución y constantemente se habla de movimientos y jugadas que no he entendido. Por supuesto, el problema es mío por no ser inglesa ni de la época, pues el funcionamiento de este juego era de saber popular.

En este caso, la autora juega con la idea preconcebida que tenemos los lectores de este género de que la persona menos sospechosa es en realidad el culpable. Me han parecido interesantes todos los giros finales y son lógicos, pero también es cierto que se han sentido apresurados. Coincido con aquellos que opinan que la autora tenía dos finales posibles y se decidió por poner los dos a la vez. Además, la obra cierra de forma muy brusca. No queda ningún cabo suelto, pero es como si la autora pensara que después de revelar el misterio, ya no hubiera nada interesante por contar. A eso hay que añadirle que lo del limpiacristales me ha parecido hacer un poco de trampa, pues Poirot no tenía pruebas sólidas contra el culpable y logra que este confiese casi por las buenas.

Todo hay que decirlo: a los libros de Agatha Christie vas por el final. Si es eso lo que buscas, estás ante una obra que te sorprenderá, pese a que quizás haya un exceso de giros. Si vienes por los personajes, adiós muy buenas. Los personajes son planos, poco carismáticos y un interés utilitario, para crear el misterio. En esta ocasión la trama de la investigación me ha parecido aburrida, pese a que vemos el contraste entre dos formas diferentes de investigar. ¿Merece la pena? A ver, es entretenida y con sorpresas, pero no busques más.

Cosas que he aprendido:

  • Mefistofélico, un adjetivo que repiten mucho.
  • La trampa de las medias para pillar a un cleptómano está guay

Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:


PUNTUACIÓN...2'5/5!

Primeras Líneas...