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martes, 22 de julio de 2025

Saga El archivo de las tormentas, Libro V: Viento y verdad, de Brandon Sanderson

Formato: Tapa dura
Dimensiones: 16,2 x 23,8 cm
Páginas: 1408
ISBN: 9788419260543
Autor: Brandon Sanderson
Editorial: NOVA CF
Fecha de lanzamiento: 2024-12-09
Traductor: 
Manuel Viciano Delibano y David Tejera Expósito
Título oiginal: 
Wind and Truth
Saga: El archivo de las tormentas

Sinopsis:
Dalinar Kholin desafió al malvado dios Odium a un duelo de campeones en el que se decidirá el futuro de Roshar. Los Caballeros Radiantes solo tienen diez días para prepararse… y la repentina ascensión del taimado e implacable Taravangian al puesto de Odium lo ha sumido todo en una tremenda confusión.
La lucha desesperada prosigue simultáneamente a lo largo y ancho del mundo: Adolin en Azimir, Sigzil y Venli en las Llanuras Quebradas y Jasnah en Ciudad Thaylen. El exasesino Seth deberá purgar Shinovar, su tierra natal, de la oscura influencia de los Deshechos. Lo acompaña Kaladin, que afronta una nueva batalla ayudando a Seth a combatir sus propios demonios… y tendrá que hacer lo mismo con Ishar, el demente Heraldo del Todopoderoso.
Al mismo tiempo, Shallan, Renarin y Rlain se esfuerzan en desentrañar el misterio que hay tras la Deshecha Ba-Ado-Mishram, el de qué papel tuvo en la esclavización de la especie cantora y en el hecho de que los antiguos Caballeros Radiantes mataran a sus spren. Y Dalinar y Navani buscan una ventaja contra el campeón de Odium que solo puede hallarse en el Reino Espiritual, donde el recuerdo y la posibilidad se combinan en el caos. El destino de todo el Cosmere pende de un hilo.

Opinión:

No os hacéis una idea de la pereza que me da hacer esta reseña. Le he dedicado demasiadas horas de mi vida (leyendo, analizando, escribiendo) a una saga que me ha ofrecido muy poco. No es que me sienta obligada a reseñar todo lo que leo, sino que quiero poner punto y final a mi relación con El archivo de las tormentas. Además, sé que en el futuro, cuando salga la siguiente novela, necesitaré que mis propias palabras me recuerden por qué lo dejé.

Viento y verdad es una novela compleja, que pretende abarcar muchos temas, con mucho potencial y que tiene el mérito de haber atrapado a miles de lectores. El problema es leerla con ojo crítico: es entonces cuando notas las costuras. A eso hay que sumarle que la saga entera es demasiado extensa (solo los libros principales suman un total de 6640 páginas) para lo poco que tiene que decir. El mensaje principal es "intenta ser mejor". ¿De verdad que para eso hacían falta tantas páginas?

No pretendo renegar de Sanderson, porque es un autor que me ha ofrecido mucho: una nueva forma de concebir la magia, con una perspectiva más científica; un montón de ideas geniales sobre la creación de mundos fantásticos; una nueva perspectiva del género fantástico, que no incluye viaje del héroe. Al mismo tiempo, soy consciente de que la ambición desmedida del autor ha hecho que las obras que ofrece a sus lectores no estén tan pulidas como podrían. Sanderson, que tiene grandes ideas y buenas intenciones, quiere dirigirse a todos los públicos, y por eso se queda a medias con todos los temas que trata. Y no es solo eso: le faltan revisiones, reescrituras y, sobre todo, una buena poda.

Estoy segura de que cualquier lector coincidirá conmigo en que la saga es demasiado larga para su propio bien: la trama da vueltas sobre sí misma, los personajes se estancan y vuelven a tener los mismos problemas internos, la información sobre el mundo se esconde de forma innecesaria, etc. En la novela anterior, por ejemplo, no cambiaba el statu quo y todo terminaba de forma similar a como había empezado. A eso hay que sumarle que, a poco que pienses, te darás cuenta de que muchos arcos de personaje en realidad ya están terminados.

No es que esta novela me haya parecido mucho peor que las anteriores; los defectos y virtudes son prácticamente los mismos. Quizás la parte que peor se lleva es la relativa al lore. Esta saga ha tardado 14 años en publicarse y el resultado son 5 novelas de casi 1400 páginas. Al crearse tantas expectativas respecto a los misterios del pasado, es inevitable que cualquier solución resulte decepcionante. Además, por muy interesante que sea el mundo, al ser tan amplio, el autor no puede ofrecernos más que pinceladas. Hay un montón de seres de creación propia, bandos y fuerzas opuestas que interactúan con el mundo y que tienen una perspectiva única; tantos, que ninguna se puede tratar con profundidad ni conectar con el lector. El mundo de Roshar me fascina por la variedad de culturas que lo habitan, por la épica del pasado, así como por todos los extraños y originales seres que habitan el planeta. Todo eso me gusta y, al mismo tiempo, me abruma.

Cuando lo leí, no sabía qué era Dai-gonarthis, la Puerta de lo Otro, Natanatan ni la Pescadora Negra. Ahora intuyo los tres primeros y sigo desconociendo el último.

Los Heraldos, por poner un ejemplo, eran unas figuras imponentes que me tenían intrigada. Aquí al fin se cuenta su pasado; el problema es que ya es tarde para construirlos como personajes. Además, por innovadora que sea, la forma en que se cuenta esa historia no es la adecuada si la intención es empatizar con los Heraldos. En lugar de centrarnos en su historia, la atención del lector se dispersa, porque mientras tanto, Dalinar se hace pasar por uno de los Heraldos y busca objetos para viajar a la siguiente visión, y Shallan intenta descubrir a un impostor. En consecuencia, los Heraldos no son más que ruido de fondo. El flashback con la historia de Honor, en comparación, me ha parecido mucho mejor: al menos está narrado en primera persona. Pero de nuevo, llega demasiado tarde como para interesarme. Hubiera preferido, con diferencia, que ambas historias se fueran contando desde el principio de la saga.

El segundo punto flaco de esta novela es la estructura. La obra parte de una premisa interesante: en diez días hay que conseguir la mayor cantidad de territorios posibles; el décimo día, tras el duelo final, los límites territoriales quedarán fijados. Por eso, la novela se divide en diez partes, cada una de ellas separada de la siguiente por dos interludios (uno de Odium y otro de un personaje aleatorio). El primer problema es que los interludios de los personajes aleatorios siguen sin ser relevantes para la trama principal y los de Odium llegan a hacerse repetitivos. La cuenta atrás es una buena estrategia para crear tensión; por desgracia, mientras que los interludios son paréntesis bien medidos, el ritmo se ve constantemente interrumpido por capítulos con flashbacks de no solo uno (como en las novelas anteriores), sino dos personajes. Además, gran parte de la tensión se disipa porque los Radiantes tienen la habilidad de curarse y, por tanto, hay pocas muertes y es poco probable tener secuelas físicas.

Y no solo eso: veremos el frente de batalla desde todos los escenarios posibles (el Reino Espiritual, las Llanuras Quebradas, los Abismos, Azimir, Thaylenah, Shinovar, la Torre) con varios puntos de vista por lugar, cosa que diluye aún más la tensión. Este exceso de puntos de vista es el resultado de intentar abarcar demasiado. Todas las historias son muy prometedoras, hasta el punto de que cada frente de batalla da para una novela; el problema es que al haber tantas y estar narradas de forma fragmentaria, no tienen la profundidad que necesitan. Para que os hagáis una idea, a veces pasan 200 páginas sin que se sepa nada de un personaje que estaba en apuros, por lo que cuando volvemos a él, cuesta retomar el hilo.

A eso hay que sumarle que ninguna de las tramas es especialmente novedosa (más allá de la de Kaladin, que se aleja mucho de lo que habíamos visto hasta ahora) y que los giros de guion o están sacados de la manga o no tienen verdadero impacto. Una de las cosas que me gustaba de este autor es que te dejaba claras las reglas del mundo y a partir de ahí te sorprendía con posibilidades en las que no habías pensado. En esta saga, al haber tantos misterios, en cualquier momento el autor puede añadir una criatura o una norma que no se había establecido hasta entonces y que resuelva o complique la situación. Por ejemplo, en un momento concreto, el villano saca de ninguna parte una criatura que permite transportar tropas de un lugar a otro rápidamente. En otro momento, uno de los antagonistas crea dobles de guerreros muy fuertes para que se enfrenten a los protagonistas. Y de repente nos dicen que algunas personas pueden vincular dos sprens. ¿Es todo creíble? Sí. ¿Son giros bien construidos? No, ya que no se habían preparado con antelación. En esta novela se dan muchísimas situaciones como estas que me han tenido alternando entre la indiferencia y el enfado. ¿Qué gracia tiene inventarse las cosas sobre la marcha para que avance la trama?

Por otra parte, el mensaje de la obra era algo que me tenía en ascuas. Todas las novelas de esta saga apuntaban al tema de la salud mental, especialmente la última, y quería ver cómo se llevaba: es complicado tratar este tema con profundidad al mismo tiempo que construyes un mundo fantástico tan complejo. Como era de esperar, y como apuntaba la anterior novela, el resultado es una novela de fantasía corriente, que solo rasca la superficie del tema y se contenta con dar mensajes generales sobre cómo sobrellevar mejor tu carga.

Interrumpimos la acción para esta reflexión de Renarin sobre salud mental.
Uno de los principales problemas ha sido que no se trata una enfermedad mental concreta, sino que el autor intenta abarcar cuantas más mejor. En consecuencia, en algunos casos se queda como una simple mención en un personaje terciario que no vuelve a salir. La representación, tanto de las enfermedades mentales como de la comunidad LGTBI queda forzada, porque la única característica del personaje es esa, así que parece que el autor solo busca que todos los lectores se sientan representados de una manera u otra.

Primera y última aparición de Gamma. Se interrumpe la acción solo para soltar esta reflexión que no viene a cuento de nada y luego la acción sigue.
En parte, el mensaje que pretende ofrecer con toda esta diversidad es que todos tenemos problemas y estamos rotos de una forma u otra, pero al llevar la miseria de algunos personajes al extremo (Kaladin, Shallan, Szeth), la novela establece una jerarquía, según la cual algunas personas sufren más que otras. Una persona puede tener depresión, por ejemplo, sin pasar por todo lo que ha pasado Kaladin, y que para esa persona sea igual de duro. Kaladin pierde a su hermano y se culpa por ello, incita revoluciones en las que muere todo el mundo, capitanea varias misiones que terminan en decenas de bajas, ve morir a su mejor amigo, sufre la traición de otro.... Al poner personajes tan miserables, el autor banaliza los problemas de la gente corriente, como si quisiera decir "mira lo mal que lo ha pasado Kaladin y cómo sigue levantándose; lo tuyo no es para tanto".

Por otra parte, la salud mental no solo está más presente que en los otros libros, sino que se trata de forma más obvia, y yo prefiero las sutilezas al adoctrinamiento. Los mensajes del autor son bastante positivos: siempre hay que seguir adelante, tienes que perdonarte a ti mismo, acéptate como eres, aprende de tus errores, no dejes a los demás decidir por ti, encuentra quién eres... El problema es que estos mensajes interrumpen constantemente la trama, se insertan de forma artificial y parece que no son los personajes quienes hablan, sino el autor. Me parece bien que se ensalce la figura del terapeuta (ese es el papel de Kaladin en este libro); sin embargo me molesta la idea de que pasarlo mal y superarlo te capacita para ayudar a todo el mundo, sin importar lo que hayan hecho. A mí me frustra no poder ayudar a algunas personas de mi entorno, pese a que, quizás, el problema sea que no soy la persona que necesitan; novelas como esta me hacen pensar, quizás erróneamente, que siempre hay una manera de ayudar, por lo que o no lo hago bien o no me estoy esforzando lo suficiente.

Hay reflexiones que me han gustado, especialmente las que se relacionan con la religión, así como con la moral (hasta qué punto hay que ser fiel a tus ideales o la legitimidad de sacrificar a un inocente para salvar al resto, por ejemplo). En general, los mensajes de la novela me parecen positivos, aunque el autor tiende demasiado al idealismo. Uno de los mensajes que más me ha molestado es el de "todo aquel que se arrepiente tiene redención". La vida no funciona así: tienes que lidiar con las consecuencias de tus actos. Todos hemos cometido algún error que no puede solucionarse con una disculpa, así que no puedes esperar que el otro te perdone sin más; tienes que merecerte ese perdón. En cambio, aquí se perdona a la ligera, sin importar lo graves que sean los crímenes, siempre y cuando haya arrepentimiento. Y no solo eso: para evitar que los protagonistas parezcan irredimibles a ojos del lector, el autor siempre los excusa de alguna manera ("no sabía lo que hacía" o "fue en defensa propia", por ejemplo). Uno de los pocos personajes que no tiene redención parece Moash; por desgracia, apenas aparece en la novela (¿Por qué? Con lo relevante que era en los otros libros...) y, a diferencia de todos los demás, su arco no concluye.

Un par de detalles que quisiera comentar antes de pasar a los personajes y las tramas. Como en anteriores novelas, hay pinceladas de humor infantil que me ha generado más vergüenza ajena que diversión. También hay muchas referencias superfluas a otras novelas del autor con personajes que están de paso por este mundo, pese a pertenecer a otro. No me molestaba que Hoid fuera el punto de unión entre todas las historias del Cosmere; el problema viene cuando se entrecruzan varios personajes que no tienen ninguna relevancia argumental y que solo están ahí para generar fanservice, muchas veces para desconcierto del lector que no ha leído esas novelas de las que salen.

Cuando comento un manga, ofrezco mi opinión general y luego voy tomo por tomo. Aquí podría hacer lo mismo con cada trama; como decía, cada una da para una novela entera. En su lugar, hablaré de los personajes uno a uno y solo mencionaré la trama de pasada; creo que es más importante su evolución que lo que sucede. Empezaré por los puntos de vista menos interesantes.

Jasnah ha aparecido en las cinco novelas, es poderosa, tiene muchos conocimientos y, pese a todo, no logra ser un personaje. Tiene un par de capítulos en los que se profundiza en su relación con Sagaz y donde nos muestra hasta dónde puede llegar con la dialéctica; sin embargo, es insuficiente y no llegamos a conocerla en profundidad.

De Renarin y Rlain voy a hablar como si fueran un pack, ya que es así como funcionan en esta novela. Ambos son personajes muy interesantes y desaprovechados: en este libro se les dedican más capítulos y seguimos sin conocerles bien. Participan de los acontecimientos, pero en lugar de tener un papel activo en lo que está sucediendo, su trama solo va de romance. Su relación sería bonita si tuviera tiempo para desarrollarse; en su lugar, todo sucede deprisa y corriendo mientras están en un mundo extraño del que no saben escapar, buscan a un impostor y faltan un par de días para que se decida el fin del mundo. A veces surge el amor en situaciones de vida o muerte... pero no es el caso; como ninguno de los dos personajes se preocupa lo más mínimo por los acontecimientos, no hay ninguna tensión. Al final, su relación es una forma forzada de introducir representación LGTBI.

A quien no esperaba ver como punto de vista es a Sigzil, un personaje que, hasta ahora, había sido completamente terciario. Su único papel es ser nuestros ojos en el frente de batalla de las Llanuras Quebradas. Ni el personaje ni su trama me han interesado lo más mínimo. El autor intenta que nos importe, pero la quinta novela es tarde para desarrollar a un personaje prácticamente desde cero. Además, teniendo en cuenta el desenlace, siento que el propósito del autor era sembrar el interés del lector para que este se anime a leer El hombre iluminado, la novela corta protagonizada por Sigzil.

Venli fue un personaje casi protagónico en la novela anterior; aquí, su participación en la trama principal se queda en una anécdota; está completamente desligada del resto. Tiene un buen puñado de capítulos poco interesantes en los que el personaje no evoluciona. Una lástima, ya que es uno de los pocos puntos de vista parshendi que tenemos.

Lift es un personaje que esperaba que saliera mucho más. La historia corta que protagoniza nos muestra a alguien con potencial; por desgracia, en la saga apenas aparece. Aquí tiene alguna escena en la que evoluciona mínimamente, pero poco más. Con Yanagawn pasa un poco lo mismo. Aparecía en la historia corta de Lift y me pareció interesante por la posición política que ocupa, aunque no se le dedica suficiente tiempo y la evolución en esta novela es demasiado rápida como para ser creíble.

A todos los personajes mencionados anteriormente se les dedican páginas y páginas; pese al esfuerzo, siguen estando subdesarrollados. No es que sus historias no sean interesantes, sino que no hay espacio para contarlas con la profundidad que necesitan. Por mucho que me gusten algunos personajes, estorban. La novela se sentiría mucho más ligera sin ellos.

A quien voy a dedicar más espacio es a los verdaderos protagonistas, los personajes con los que llevamos cinco novelas. Que salgan desde hace tanto tiempo tiene sus pros y sus contras: por una parte, tienen más desarrollo; por otra, tienen tanto que ya poco pueden decir

Shallan me gustaba en un principio, hasta que llegó a hartarme: su trama se repite en cada novela. En todas guarda un secreto sobre su pasado a los demás y a ella misma mientras obedece las órdenes de los Sangre Espectral hasta que se da cuenta de que no es buena idea. Siempre hay un traidor en su entorno y su objetivo es descubrirle. Cuando lo hace, acepta parte de su pasado y se siente mejor consigo misma, pese a que del fondo de su consciencia asoma otro secreto que no le deja ser feliz. Me parece absurdo que en cada novela sea más miserable y que en la quinta siga habiendo cosas de su pasado que desconocemos. En general, su participación en la novela no aporta nada a la trama principal.

Adolin es un personaje que me ha ido ganando con el tiempo. No solo representa una masculinidad distinta, sino que no tiene poderes y eso hace que sus acciones sean más meritorias. En esta novela su trama es la más clásica y sencilla (tiene que proteger una ciudad sitiada desde dentro); quizás por eso funciona tan bien. La parte de estrategia militar es interesante y la tensión está bien construida. A medida que pasan los días, las fuerzas y ánimos decaen, como en cualquier guerra, así que resulta muy realista. Eso sí, el giro del final no me ha gustado; la situación se resuelve con un poder salido de ninguna parte que mueve la balanza en favor de los protagonistas.

Voy a hablar de Kaladin y Szeth juntos, debido a que forman parte de la misma trama, una trama que parece sacada de un videojuego: ambos personajes van derrotando uno a uno a los guardianes de unos monasterios y, entre medias, hacen sesiones de terapia. Que sea innovador para la saga no quita que sea un aburrimiento. Las batallas no son especialmente interesantes y no hay tensión porque el objetivo de los personajes, al estar desligado de la trama principal (como veis, esto viene siendo la tónica de todos los personajes), me generaba indiferencia. A eso hay que sumarle la artificiosidad de las conversaciones, dedicadas a la terapia: Kaladin parece que habla con el lector en lugar de con Szeth.

Sanderson hablando con el lector.
A pesar de todo, la evolución de Kaladin, Szeth e incluso Syl me ha gustado. El primero evoluciona de forma creíble, por mucho que en novelas anteriores haya estado estancado. De Szeth, me ha gustado su pasado; es típico y más largo de lo que considero necesario, pero aun así creo que funciona. No esperaba que su drama girara en torno al miedo a tomar decisiones, pese a que es lógico con el personaje. Eso sí, la conclusión del personaje es demasiado idealista: encargarle a otro que mate por ti porque te están atacando no es pacifismo. En el caso de Syl, en novelas anteriores cobraba algo de importancia, pero es aquí cuando deja de ser el alivio cómico para convertirse en un personaje con problemas internos cada vez más humanos.

Más Kaladin siendo terapeuta.
Para sorpresa de todos, pues el objetivo es encontrarle, Ishar casi no sale. En su lugar está Nale, cuyas reflexiones sobre la justicia están bien. Por desgracia, la novela intenta que ambos Heraldos sean personajes con evolución, en vano. No se puede hacer algo así en una quinta novela y con tan poco tiempo.

Kaladin sale más barato que ir al psicólogo.
En esta novela, el protagonismo que había conseguido Navani en el libro anterior se esfuma. Acompaña a Dalinar, pero ella solo tiene un par de capítulos completamente irrelevantes en los que sigue sin ser un personaje. Y yo que esperaba ver más de su relación de pareja... Lo más decepcionante es el final, donde toma una decisión muy relevante (que no sabíamos que se podía tomar, que es como funcionan la mayoría de giros en esta novela) fuera de cámara.

En cuanto a Dalinar, era el personaje con el que tenía más expectativas. ¿Qué más podía ofrecer si su arco ya había concluido? Pues tan pocas cosas, que no es ni protagonista de su propia historia: se adentrará en las visiones del pasado de los Heraldos y se irá haciendo pasar por ellos mientras busca un objeto que le lleve a la siguiente visión. Toda esta trama me ha parecido un desastre de proporciones épicas, en parte porque no podemos estar atentos a la historia de los Heraldos con mil cosas sucediendo al mismo tiempo. Al final, Dalinar no evoluciona, sino que se reafirma (que ya está bien) y desarrolla su relación con un Padre Tormenta que, por lo que sea, no se parece en nada al de las anteriores novelas.

Puede parecer que la obra me ha aburrido soberanamente; sin embargo, tiene puntos bastante entretenidos, como toda la trama de Adolin o el pasado de Honor. Además, la recta final me ha tenido en ascuas: ¿cómo cierras de forma satisfactoria una historia tan larga que ha dado lugar a mil teorías? Algunas tramas se cierran de forma lógica (Kaladin), otras quedan abiertas sin necesidad (Shallan, Moash y Sigzil), un par vienen de ninguna parte (Navani y Adolin) y otras tienen sus cosas buenas y sus cosas malas (Dalinar). Me gusta el aprieto en el que se ve envuelto Dalinar, pero es absurdo cómo se llega a él, hasta el punto de que, de buenas a primeras, no me lo creí. Las repercusiones del duelo también me han gustado, aunque creo que el autor no se ha atrevido a poner toda la carne en el asador y se queda un poco a medias con las consecuencias.

Antes de terminar, me gustaría mencionar el increíble trabajo de edición que hay detrás de esta novela. Mientras que la corrección deja que desear en algunos momentos (hubo muchas prisas para publicar la obra en español casi de forma simultánea que en inglés), la edición está muy cuidada: tapa dura, papel de calidad y un montón de ilustraciones. Estas últimas, obra de varios autores, son increíbles, pues captan muy bien la esencia de la novela y permiten al lector visualizar criaturas y escenas complicadas.

Entonces, ¿merece la pena el esfuerzo? Para mí, no: si tengo que recomendar algo de Sanderson, sin duda no será esta saga. Solo de pensar en todas las páginas que he soportado y todas las que me faltan (recordemos que esta saga estará formada por otra pentalogía de tocholibros), me entra el sueño. La historia, el mundo, los personajes y los mensajes me han gustado, pero hay obras que me aportan tanto como esta en menos páginas. El worldbuilding es increíble... lástima que no lo conozcamos bien al estar todo rodeado de una capa de misterio. Los personajes, interesantes en las primeras novelas, aquí ya habían dado todo de sí, por lo que sus arcos sufren una evolución mínima. La estructura es innovadora, aunque la cuenta atrás no consigue dar ritmo a la obra, ya que hay tantos puntos de vista que la tensión se interrumpe constantemente. En cuanto a los mensajes, superficialmente positivos, son demasiado directos e idealistas. Está bien que la obra trate la salud mental; por desgracia, trata de abarcar tanto que se queda a medias. Como he comentado, hay muchas cosas decepcionantes en la novela, pero la que más me ha dolido ha sido lo relativo a los giros salidos de ninguna parte. Como era de suponer, el hecho de ocultar información a lo largo de las demás novelas solo ha servido para que el autor se saque ases de la manga a conveniencia. Lo único que le pedía a Sanderson era que estableciera unas normas y se atuviera a ellas; al parecer, no ha podido hacer ni eso.

Cosas que he aprendido:

  • Todo aquel que se arrepienta tiene redención.
  • Siempre hay que intentar ser mejor.
  • Es mejor tomar tus propias decisiones y cargar con el peso de tus errores que no dejar que los demás escojan por ti.
  • Hay que aceptar el pasado y vivir con ello.

Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:

PUNTUACIÓN...2'5/5!


Primeras Líneas...

jueves, 23 de enero de 2025

Saga El archivo de las tormentas, Libro IV: El ritmo de la guerra, de Brandon Sanderson

Traductor: Manuel Viciano Delibano
Editorial: Nova
ISBN: 9788417347932
Idioma: Castellano
Número de páginas: 1408
Encuadernación: Tapa dura
Fecha de lanzamiento: 19/11/2020
Serie/Saga: El Archivo de las Tormentas
Dimensiones: 16,2 x 23,8 cm 
Número: 4
Autor: Brandon Sanderson

Sinopsis:
Hay secretos que hemos guardado mucho tiempo. Vigilantes. Insomnes. Eternos. Y pronto dejarán de ser nuestros.
La Una que es Tres busca, sin saberlo, el alma capturada. El spren aprisionado, olvidado hace mucho tiempo. ¿Puede liberar su propia alma a tiempo de hallar el conocimiento que condena a todos los pueblos de Roshar?
El Soldado Caído acaricia y ama la lanza, incluso mientras el arma hiende su propia carne. Camina siempre hacia delante, siempre hacia la oscuridad, sin luz. No puede llevar consigo a nadie, salvo aquello que él mismo puede avivar.
La Hermana Derrumbada comprende sus errores y piensa que ella misma es un error. Parece muy alejada de sus antepasados, pero no comprende que son quienes la llevan a hombros. Hacia la victoria, y hacia ese silencio, el más importante de todos.
Y la Madre de Máquinas, la más crucial de todos ellos, danza con mentirosos en un gran baile. Debe desenmascararlos, alcanzar sus verdades ocultas y entregarlas al mundo. Tiene que reconocer que las peores mentiras son las que se cuenta a sí misma.

Por qué este título...
"Rabeniel separó sus manos de las de Navani y le tendió el cuaderno que compartían, en el que llevaban un registro de sus experimentos. Lo habían llamado El Ritmo de la Guerra. Odium y Honor trabajando juntos, aunque fuese solo durante un breve tiempo".

Opinión:
Impresión: Demasiada ambición

Este libro tiene 1400 páginas y le sobran, aproximadamente, un tercio; intentaré que no pase lo mismo con mi reseña.

Ahora (diciembre) Sanderson está en boca de todos (y más aún porque acaba de salir Viento y verdad), sin embargo, hubo una época en la que nadie le conocía. Fue entonces cuando me enamoré de sus mundos creativos y del ingenio de sus tramas. He seguido durante muchos años sus publicaciones (nunca al día; no puedo dejar de ser yo), hasta ser capaz de detectar sus personajes tipo y los patrones narrativos que sigue, así como su marca personal. Es por eso que ya sabía que este libro iba a tener los mismos fallos y aciertos que los tres anteriores. Eso no impidió que me animara a leerlo; llevo demasiado camino recorrido como para dejarlo ahora. Además, no iba a embarcarme sola en este viaje: G se apuntó para darle una última oportunidad al autor (a la página 100 le dio la patada para siempre y rezo para que no quite todos los libros de Sanderson de la estantería de compartidos); Edu no podía faltar, ya que es el mayor fan de Sanderson del grupo, y eso que cuando le conocí hace un par de años apenas leía; y Joan tampoco dudó, pese a que ya lo había leído hacía un tiempo (por qué alguien decidiría voluntariamente releer un tocho de este calibre es algo que todavía no comprendo).

Qué largo se me ha hecho este libro. Me ha secuestrado durante dos meses y medio, en los que apenas he podido leer otra cosa. Y eso yo, que soy una lectora empedernida; los lectores esporádicos, teniendo en cuenta la frecuencia de publicación del autor, no deben leer nada más en todo el año. No creo que acaparar la atención de los lectores de esta manera esté bien.

No me quejaría tanto si no fuesen páginas y páginas de potencial desperdiciado: el mundo es muy rico, pero solo vemos una décima parte; los personajes son muy interesantes, pero hay tantos que no se pueden desarrollar con profundidad; la obra trata temas serios y poco frecuentes en fantasía, pero con superficialidad. La saga es demasiado ambiciosa: quiere hacer tantas cosas, que en todo se queda a medias. Además, como el autor tiene tal reconocimiento, dudo que permita al editor hacer gran cosa, y eso que a esta novela, al igual que a las anteriores, le vendría muy bien un tijeretazo: sobra un tercio, como mínimo.

No hace un mes que la he terminado y ya la voy olvidando debido al relleno. Algunos defenderán que es caracterización de personajes y construcción de mundo. NO. Un buen autor es capaz de caracterizar un personaje en un solo párrafo y construirte el mundo a medida que te cuenta la historia. En muchas partes me he aburrido de sobremanera, ya que sentía que la novela era un cuello de botella que no llevaba a ninguna parte; efectivamente, al final restauramos la situación inicial con algún añadido. 

Aunque me queje, la obra también tiene sus virtudes (de no ser así, os aseguro que no hubiera seguido leyendo). Por ejemplo, el mundo y los poderes son muy imaginativos y complejos, y trata las enfermedades mentales, algo que no suele hacerse en novelas de fantasía. Además, el autor crea una obra que gusta a todo el mundo a ratos. Por eso, me han encantado los conflictos internos de Taravangian y el politiqueo de Adolin, el desarrollo de Kaladin y Shallan ha estado bien, pero me ha aburrido profundamente la ciencia de Navani. Ese es mi caso; otros lectores habrán disfrutado y sufrido aspectos muy distintos de la novela.

En cuanto a la trama, el hecho de que la obra empiece un año después de la anterior creo que no le ha hecho ningún bien: se salta eventos importantes en la vida de los personajes, como la novia fugaz de Kaladin o cómo la gente acepta la personalidad múltiple de Shallan. Tampoco ayuda al ritmo que los protagonistas se encuentren dispersos y en tramas marcadamente distintas (Navani, Venli y Kaladin se quedan en Urithiru, Jasnah y Dalinar se van a la guerra y Adolin y Shallan exploran Shadesmare) que tienen un peso muy distinto en la historia (Jasnah y Dalinar tienen muy pocos capítulos) y una distribución muy homogénea, por lo que parecen varias novelas en una.

No hay reflexión sobre esto
No hay reflexión sobre esto

Es cierto que el libro tiene muchas páginas y que eso debería permitir desarrollar correctamente todos estos personajes y sus respectivas tramas, y quizás sería así si no hubiera muchos más puntos de vista superficiales y esporádicos, con afán de ofrecer una perspectiva más general (sin tener en cuenta que para eso existe la tercera persona). A eso hay que sumarle las páginas y páginas de relleno donde ofrecen información sobre el mundo de forma artificial, te recuerdan sucesos de novelas anteriores y los personajes protagonistas, en lugar de avanzar, siguen estancados, repitiendo los mismos pensamientos y acciones que en novelas anteriores. 

En defensa del autor, hay que tener en cuenta que trata un tema complicado, las enfermedades mentales, y que, en parte, quiere reflejar cómo es el día a día de la gente que las padece: la depresión, por poner un ejemplo, no desaparece al cabo de un tiempo, sino que es algo con lo que hay que aprender a convivir; te asaltarán pensamientos negativos a lo largo de toda tu vida. Es lógico que los personajes no avancen, sin embargo, para representar eso, no necesitas cuatro novelas de mil páginas.

En lo relativo a la salud mental, por norma general, cuando aparece representada en literatura, suele ser en novelas realistas temáticas, cuyo verdadero objetivo es dar a conocer ese trastorno en concreto. Pocas veces he visto que el género fantástico aborde este tema (más allá del síndrome de estrés postraumático en Abercrombie y Perea) y menos que sean los héroes quienes las padezcan. Me gusta la idea de que puedes ser un héroe y estar roto por dentro; el éxito no te hace inmune ni tampoco cura una enfermedad mental.

Me parece muy loable que el autor visibilice las enfermedades mentales haciendo que sus protagonistas las padezcan y que eso sea relevante para su evolución: Kaladin tiene depresión; Shallan, trastorno de identidad disociativo; Dalinar, síndrome de estrés postraumático; Navani, síndrome del impostor; Venli, narcisismo. Y eso por mencionar a los personajes más importantes; los personajes terciarios también sufren lo suyo, desde adicciones y autismo hasta discapacidad intelectual.

El problema principal es que el autor intenta abarcar demasiado y, aunque da a conocer estas patologías, son tantas y están tan opacadas por el mundo, la trama y los misterios que, inevitablemente, se tratan superficialmente y de forma obvia y directa. Las más desarrolladas son las de los protagonistas, pero es que llevamos cuatro novelas de mil páginas con ello. El resultado es que los conflictos de estos personajes avanzan en bucle: pasan por los mismos problemas y dudas en cada novela y solo al final avanzan un poco. Por ejemplo, en todas las novelas tenemos que Shallan no confía en sí misma ni en su entorno, guarda un secreto y tiene que descubrir al traidor, y que Kaladin siente que es un farsante incapaz de proteger a todo el mundo y se plantea el suicidio. Dalinar es el único que muestra un cambio respecto a la novela anterior, pero como tiene poco que ofrecer, tiene pocos capítulos que se centran en investigar sus poderes, sin hablar de él mismo.

Para que no se note tanto que los arcos de personaje se repiten, esta novela ofrece más relevancia a secundarios: Adolin, Navani y Venli. Adolin es de mis personajes favoritos, quizás porque no tiene poderes y me identifico más con sus conflictos internos (más mundanos, como cumplir las expectativas de su padre). Además, en esta novela, su trama tiende más al politiqueo. A eso hay que sumarle que es un personaje bastante atípico: un buenazo al que le encanta la moda y que apoya a su pareja sin imponerse. Por desgracia, ha faltado mucho desarrollo a su conflicto interno y la trama política ha sido muy superficial. 

El de Venli es un punto de vista que me ha sobrado. Sí, nos permite conocer mejor a los parshendis y ver cómo han llegado a la situación actual (los flashbacks están centrados en cómo les encontraron los alezi y empezó la guerra), cosas que ya conocíamos, así que lo único que hace su historia es rellenar huecos. A eso hay que sumarle que es la cuarta novela; ya es un poco tarde para presentarnos una raza tan importante para el desarrollo de la trama. Además, más allá de la propia Venli y Rlain, no hay más parshendis; no hay ningún parshmenio relevante; y de los fusionados solo se profundiza en Rabeniel (a quien conocemos más por Navani que por Venli), el Perseguidor y mínimamente en Leshwi. Para una obra que quiere hablar de colonización, creo que se olvida mucho de los colonizados.

Navani me hubiera gustado si hubiera sido un personaje en algún momento: su trama gira en torno a sus descubrimientos científicos y experimentos relacionados con los distintos tipos de luz y los fabriales. No es solo que nos explican muy tarde (ahora, en el cuarto libro) cómo funcionan elementos tan básicos y cotidianos como los fabriales, sino que se profundiza muy poco en Navani como persona. Su único deseo es ser una erudita y constantemente se infravalora. No sabemos nada de su relación con Dalinar ni con el resto de personajes, ni tampoco sobre cómo era su relación con Gavilar, más allá del prólogo inicial. Incluso obvia el duelo por la muerte de su hijo, que se menciona de tantas a cuantas.

Eso sí, la ciencia está muy bien hecha y es coherente con el mundo que nos han presentado. Seguramente, si tienes vena científica, esta será la parte que más disfrutes: ir desentrañando los misterios del mundo e ir convirtiéndolo en algo racional y manejable, dentro de las posibilidades humanas. A mí, en cambio, me ha aburrido de sobremanera. Páginas y páginas de ciencia y experimentos que no me decían nada sobre la trama principal ni sobre el personaje.

Lo único que salvo de la trama de Navani es su relación con Rabeniel, una fusionada de alto rango. Ha sido bonito ver cómo han pasado del enemies to lovers (no hay romance entre ellas, ojalá): ambas son enemigas unidas por su amor por la ciencia; saben que aquello que descubran puede perjudicar a los de su bando, pero al mismo tiempo, son incapaces de parar. Las últimas escenas de la novela en las que se ve su relación de amistad me han parecido preciosas.

Ya que estoy, termino de hablar de las tramas del resto de personajes, de los que no tengo mucho más que decir. En el caso de Kaladin, me ha gustado ver cómo la depresión se materializa y le impide hacer cosas, aunque al mismo tiempo el autor se resarce demasiado en el sufrimiento del personaje y no deja de ponerle obstáculos uno detrás de otro. Lo terrible de esta enfermedad no es que te sientas hundido porque la vida te machaque (eso es lógico), sino que te hundes pese a estar en tu mejor momento, sin necesidad de que te pasen grandes tragedias. No es el caso de Kaladin, a quien el autor arrastra por el fango una y otra y otra vez. Entiendo que el mensaje es que, pese a ello, sigue adelante, pero no es lógico ni una buena representación de la enfermedad. Lo peor ha sido, con diferencia, la resolución final: la magia no debería intervenir de ninguna manera en la sanación mental de alguien (no es que ser Radiante le cure, aún gracias). Lo mejor es el papel de la familia de Kaladin y el choque ideológico de este con su padre, así como la manera en que Kaladin adopta un nuevo enfoque en cuanto al tema de proteger a los demás, relacionado con la medicina. Por desgracia, ambas cosas se quedan en nada y no se profundiza suficiente en ello.

La última trama que queda es la de Adolin y Shallan, que nos permite conocer un poco más de Shadesmare, aunque no tanto como para quedar satisfechos. Por ejemplo, me ha maravillado Integridad duradera, una de las pocas ciudades que exploramos de verdad. La parte de Adolin ha sido la más interesante, mientras que Shallan sigue con las mismas, guardando secretos y trabajando para los Sangre Espectral, pese a que no le gustan. Como con Kaladin, el autor se resarce mucho en la desgracia de Shallan y es excesiva la cantidad de secretos que guarda. Sentía algo de interés por descubrir este nuevo secreto, sin embargo, me lo visto venir de lejos. La trama de buscar al traidor me ha parecido reiterativa y los Sangre Espectral no me gustan: ya es todo suficientemente caótico como para añadir otro grupo más. Además, conocemos al jefe de otras sagas y no me parece que sea congruente con lo que nos habían mostrado de él. La mejor parte es el enfrentamiento contra Sinforma, algo que podría haber sucedido mucho antes y que era predecible.

Estos son los personajes principales, pero hay decenas más con mucho potencial que están completamente subdesarrollados. Ni Jasnah ni Moash, ni Szeth ni Lift ni Renarin ni la mayor parte del Puente Cuatro tienen un papel relevante y sus acciones parecen arbitrarias debido a que no les conocemos suficiente (como Jasnah y el romance que tiene, que no pinta nada). El único que se salva es Taravangian, uno de mis personajes favoritos, que en cada novela tiene más capítulos.

Crítica a los estereotipos de la guerra
Teniendo en cuenta que hay centenares de personajes y que estamos en una guerra a escala planetaria, lo mínimo que uno esperaría es que muriese gente. Sin embargo, las bajas son contadas en ambos bandos del conflicto: los fusionados se reencarnan y solo muere gente cercana a los protagonistas esporádicamente, para hacer daño al lector. Eso hace que la batalla no resulte creíble y que en ningún momento temas por la seguridad de los personajes: todos sabemos que nadie importante morirá a mitad de novela, como mucho al final.
Me encanta la mentalidad de Taravangian

No voy a alargarme a hablar de la magia y del mundo ya que es un poco lo mismo que en los otros libros. Tanto lo uno como lo otro son muy complejos, están muy trabajados y muestran un gran potencial; el problema es que no se desarrolla en absoluto: para eso sería necesario un libro de datos. Esa falta de desarrollo del mundo no sería un problema (mirad Canción de hielo y fuego o El señor de los anillos) si la trama no girase exclusivamente en descubrir esos misterios. Sí, el objetivo es derrocar a Odium, cosa que no conseguirán hasta descubrir primero cómo funcionan todos los poderes y qué sucedió con los Heraldos, entre muchas otras cosas.

Como os decía antes, al autor le ha podido la ambición. Hay demasiados sistemas de magia, grupos y facciones en conflicto: diez órdenes de Caballeros Radiantes, de las que conocemos a medias tres; nueve marcas de Fusionados, de las que conocemos a medias cuatro; los parshendi; los parshmenios; los Sangre Espectral; cuatro tipos distintos de luz; decenas de fabriales, los spren emocionales; los spren elementales; cuatro Deshechos; ocho tipos de spren Radiantes; las Esquirlas... Y eso por no mencionar todas las naciones humanas, cada una con su propia cultura y otros grupúsculos menores. Este intento de ofrecer un mundo complejo solo consigue que obtengamos un mundo superficial, donde nada se desarrolla lo suficiente.

Os diría cuánto ocupa el glosario de personajes, pero es que para más inri no hay. Tampoco hay un ars arcanum que te resuma lo que ya sabes sobre la magia y los grupúsculos y te guíe un poco (hay un par de páginas que no sirven para nada), con la intención de crear comunidad y que la gente comparta la información entre ellos. Mira, paso. No me gusta socializar y me niego a investigar y comerme algún spoiler sin querer.

Todo este misterio con la magia hace que los personajes puedan descubrir poderes o nuevos enemigos según le convenga a la trama. A eso hay que sumarle que algunos personajes son demasiado poderosos, por lo que la única forma de hacer que se vean en problemas es caparles sus habilidades, es decir, quitarles poder artificialmente para ver cómo se las apañan con menos recursos... sin darse cuenta de que eso ya lo hemos visto en las primeras novelas, cuando no habían desarrollado tanto sus poderes. Me parece que esto es hacer trampa, como las secuelas de videojuegos que buscan una excusa para que, en la segunda parte, los personajes empiecen de cero. Si quieres que tus personajes tengan problemas, ponles un reto mayor, en lugar de castigarles quitándoles lo que han conseguido.

En cuanto a la estructura, es similar a las novelas anteriores, con epígrafes a principio de capítulo que te introducen información de tal relevancia que deberías conocer desde hace un par de novelas y misterios aleatorios relacionados con las Esquirlas. De nuevo, al igual que el mundo y la magia, todo esto podría ser realmente intrigante si no tuviéramos dividida nuestra atención en mil sitios a la vez porque hay muchísimos misterios por todas partes. También sigue habiendo capítulos flashbacks, donde te cuentan el pasado de un personaje, en este caso Venli. Suele ser la mejor parte de la novela; por desgracia, aquí se sienten vacíos. Por una parte, no ayudan a comprender al personaje: quieren dar a conocer a los parshendi, no a Venli. Por otra parte, hay algunos desde el punto de vista de Eshonai (cosa que no comprendo, porque murió). Además, aunque la mayor parte de los flashbacks se remontan a antes del inicio de la saga, algunos se refieren a cómo se sentía Venli en sucesos que tuvieron lugar durante los libros anteriores, así que no cuentan nada nuevo a nivel narrativo y se siente más como un añadido. También hay interludios, como en anteriores novelas, al final de cada parte, y, por suerte, esta vez están protagonizados por personajes que ya conocemos. Aun así, algunos son extraños y no encajan temporalmente: no tienen lugar en un momento indeterminado de lo que se ha contado en la última parte, sino que algunos suceden mucho antes y otros se ambientan después.

A nivel narrativo no hay nada que me parezca destacable (como G abandonó la LC, no me fijé en las comparaciones absurdas y redundantes, el exceso de dijo u otros problemas lingüísticos), más allá de que, por desgracia, todos los personajes hablan igual. Una novela con tantos personajes necesita que estos estén bien caracterizados lingüísticamente; sin embargo, aquí no se diferencian: todos tienen la misma actitud y usan el mismo registro para hablar.

En conclusión: ha sido exactamente lo que esperaba. Tenemos una novela de muchas páginas que no es más que un cuello de botella, donde la obra termina prácticamente en el mismo sitio en el que empezó. Hay una ligera evolución en los personajes en las últimas doscientas páginas; el resto es relleno y reiterativo. El mundo y la magia son muy interesantes y tienen un gran potencial, pero el autor ha intentado abarcar demasiado y todo queda superficial. Lo mismo sucede con el tema de la representación de las enfermedades mentales: está muy bien que los personajes las tengan, sin embargo, no evolucionan y, al final, sus pensamientos y acciones son reiterativas, mientras que el tratamiento es superficial. En resumen, es un libro que está bien, pero que no merece la pena el esfuerzo. Pese a ello, ya he empezado a leer el siguiente (este lo terminé en octubre), también en LC, por inercia y para terminar esta primera pentalogía (tengo entendido que los siguientes se van a desarrollar muchos años después, con personajes completamente distintos).

Cosas que he aprendido:

  • No puedes hacer una novela que le guste a todo el mundo.
  • No puedes quitarle los poderes que ha conseguido de forma justa un personaje, sino debes hacer que se enfrente a algo mayor.
  • Los héroes pueden sufrir depresión.
  • Se pueden representar enfermedades mentales en fantasía.

Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:

PUNTUACIÓN... 3/5!

Primeras Líneas...

miércoles, 19 de abril de 2023

Saga Nacidos de la bruma, Libro VII, El metal perdido, de Brandon Sanderson

Nº de páginas: 640
Editorial: NOVA
Idioma: Castellano
Encuadernación: Tapa dura
ISBN: 9788418037733 
Año de edición: 2022
Traductor: Manuel Viciano Delibano

Sinopsis:
Waxillium Ladrian, vigilante de la ley convertido en senador de la gran ciudad, lleva años intentando dar caza a la sombría organización llamada el Grupo -entre cuyos líderes se cuentan su difunto tío y su hermana-, desde que empezaron a secuestrar a personas con el poder de la alomancia en su linaje. Cuando la detective Marasi Colms y su compañero Wayne encuentran un almacén ilegal de armas con destino a la ciudad exterior de Bilming, se abre ante ellos una nueva pista. El conflicto entre Elendel y las ciudades exteriores favorece al Grupo, que ya extiende sus tentáculos hasta el Senado de Elendel -cuya corrupción pretenden destapar Wax y Steris-, y la ciudad de Bilming está incluso más implicada de lo que creían.
Después de que Wax descubra un nuevo tipo de explosivo capaz de desatar una destrucción sin precedentes y comprenda que el Grupo ya debe de tenerlo, un kandra inmortal al servicio del dios de Scadrial, Armonía, le revela que Bilming ha caído bajo la influencia de otro dios: Trell, venerado por el Grupo. Pero Trell no es el único factor que interviene procedente del amplio Cosmere, puesto que a Marasi la reclutan unas personas de fuera del planeta dotadas de extrañas capacidades, que afirman que su objetivo es proteger Scadrial... a toda costa.

Wax deberá decidir si deja a un lado las dificultades de su relación con Dios y se convierte de nuevo en la espada que Armonía lo ha estado preparando para ser. Si nadie da el paso y actúa como el héroe que Scadrial necesita, el planeta y sus millones de habitantes sufrirán una repentina y calamitosa ruina.

Opinión:
Impresión: Desganado

Hace ya unos tres años que leí Brazales de duelo, una obra que en su momento creía que era la última de la trilogía. Cuál fue mi sorpresa al descubrir que no era así.

En general, las novelas que conforman la segunda era de Nacidos de la bruma en ningún momento se han contado entre mis favoritas. Sí, tienen al personaje de Wayne y un mundo muy molón, pero el primero pierde su gracia a cada libro y el segundo no se explora lo suficiente. La primera novela me gustó, pues sentí que era una obra sin aspiraciones, pero muy entretenida. El problema fue que Sanderson se volvió ambicioso.

Esta novela es al fin el gran clímax, no de la tetralogía, sino de la serie entera de libros sobre el Cosmere. Al fin vemos los puntos de unión entre mundos, así como la interconexión de personajes. Para mí eso ha sido lo más interesante de la obra, descubrir que el Cosmere es realmente algo cohesionado y que podría funcionar pese a la diversidad de mundos y magias. 

La obra promete mucho a futuro y ese es su mayor inconveniente. No he sentido que estuviera ante el gran final de Wax y Wayne, sino ante un prólogo a algo mayor. La novela está demasiado enfocada a futuro: deja pequeñas incógnitas aquí y allá para cimentar la trama de los siguientes libros, cierra los arcos de personaje, pero te presenta otros nuevos para que sepas lo que te espera y resuelve la tetralogía con un parche, asegurándose así que seguirás leyendo porque no todo está resuelto.

En consecuencia, la novela queda subdesarrollada porque hay muchos elementos que no aportan absolutamente nada y que solo están ahí para que quieras seguir leyendo los siguientes libros. Ejemplo de ello es la sociedad de los malwish, que solo aparece mencionada de refilón. Su aparición ya era tardía en la anterior novela, pero es que aquí solo salen de forma testimonial. Es decir, ¿los europeos llegan por primera vez a Asia y eso no tiene ningún impacto? Pese a lo tensa que son las relaciones políticas entre ambas sociedades, la novela se va por otros derroteros y deja todo lo relativo a los malwish para una novela futuro

Lo mismo sucede con la organización secreta que se nos introduce a mitad de novela. Se muestran algunos de los agentes que la componen, solo para dejarnos con la miel en la boca y que ya los conozcamos un poco.

Como habréis notado, no he hablado de Wax, Wayne y Marasi en ningún momento, así como tampoco de la trama. Eso se debe a que al autor no le importa. Sí, aparecen los tres, pero sus arcos no tienen mucho que ofrecer, por lo que ninguno me ha generado interés. En cuanto a la trama, se nota que es muy desganada, pues no solo el clímax está demasiado disperso, sino que además durante la lectura no he sentido verdadero interés por saber qué sucedería ni el autor sabe generar emoción. 

La novela tarda en arrancar, de manera que hasta el segundo tercio en realidad no sabemos por donde van a ir los tiros. La obra se divide en dos frentes, por una parte Marasi y sus investigaciones sobre el Cosmere, y por otra Wax y Wayne que tratan de frustrar los planes de Telsin. No hacía ninguna falta que hubiera dos amenazas de igual magnitud, pues eso hace que se anulen y que dejen de resultar tan amenazantes. Es como si mientras Harry Potter se enfrenta a Voldemort, Ron y Hermione trataran de detener un meteorito que va a caer sobre Hogwarts. Mi atención no puede centrarse en ambas cosas y una novela tan corta no puede tratar con suficiente profundidad ambos conflictos.

La trama de Marasi me ha parecido interesante porque trata del Cosmere, pero todo lo que sucede después con la simulación es demasiado apresurado. En el caso de Wax y Wayne, su dinámica me ha parecido repetitiva respecto a novelas anteriores y la investigación no es especialmente interesante, pues la mayoría de las pistas las descubren de casualidad. Además, en ambas tramas los villanos son planos y muy exagerados, sin nada que justifique su comportamiento, por lo que rozan lo ridículo

De forma muy secundaria aparece Steris tratando de hacer política, cosa que era muy interesante, pues empezaba con buen pie (a diferencia de lo que sucede con El archivo de las tormentas), pero de nuevo, el autor es muy básico y se olvida del personaje durante muchísimas páginas. Como mínimo lo recupera, no como con el kandra, un personaje que se nos había presentado como parte del grupo principal, pero que se va a buscar tabaco y no vuelve a ser mencionado en toda la novela.

La obra es muy entretenida, sin ninguna duda, por lo que pese a mis constantes quejas, la puntuación no será tan baja, pero también es cierto que he notado que seguía una misma estructura: escena de acción, gente hablando de lore, escena de acción, gente hablando de lore, escena de acción,... A diferencia de lo que me ha pasado con otros libros del autor, no me he sentido interesada  por la novela hasta las últimas cien páginas. Y eso en parte se debe a la sobreinformación sobre el Cosmere que hay, hasta el punto de olvidarse de su propio mundo.

Como detalle, me ha gustado que cobrara más importancia la ciencia. Me ha parecido que todas las explicaciones son muy coherentes y que dan verosimilitud al mundo. Es aquí donde se nota más la faceta científica del autor. Eso sí, había algunas partes en que se me ha hecho demasiado explicativo. Y no me refiero solo a los experimentos científicos, sino también al hecho de que repite información que ya conocemos de forma artificial. No me parece lógico que, con la poca memoria que tengo y pese a que hace más de tres años que leí los tres anteriores, no me he perdido en ningún momento. En parte es positivo, pero si has leído los demás libros del tirón, entiendo que se te haga pesado. 

Como siempre, la ambientación es una maravilla. Los avances tecnológicos son impresionantes, así como la combinación entre el progreso y la magia propia del mundo. El problema es que todo queda muy de fondo y casi no se menciona. Donde más se habla de ello es en el periódico que se va intercalando a lo largo de la obra, pero poco más. Me hubiera gustado saber mucho más y que hubiera más descripciones.

"—Como siempre digo —respondió VenDell—, a lo efímero de su especie le sobreviven los hermosos cascarones internos que crean. Como los medallones de arena del océano, así son los huesos del ser humano: un testimonio duradero de su presencia en Scadrial." (Me apasiona la forma que tienen los kandra de ver el mundo)

La ausencia de descripciones es algo que adolece la novela. Hay escenas muy sangrientas y turbias, hay mucha muerte, pero no la sentimos porque el autor es incapaz de describirlo. No solo me ha costado imaginar los escenarios, sino que la violencia que impera en la novela no se ha sentido. Además, los personajes no expresan ninguna emoción ante esos actos violentos. Así es como describe cómo un camión ha chocado contra un muro creado por el protagonista y la muerte del conductor.

¿"Haciendo cosas desafortunadas al conductor" es la forma que has elegido para describir cómo ha quedado espachurrado y con las vísceras esparcidas por toda la calle? Al personaje parece que le importe más la destrucción de la licorería que la muerte de una persona, cuando en teoría se preocupa por la gente y es el héroe de la historia.

Ya que estoy, paso a hablar un poco de los personajes principales, pese a que tengo poco que comentar de ellos pues no los he sentido tan interesantes como en novelas anteriores porque ya no podían evolucionar mucho más. A eso hay que sumarle que tienen la misma voz (la del autor) y que todos se comportan de forma bastante parecida.

— Marasi: es exactamente la misma que en el libro anterior. Se preocupa por la gente, tiene un gran sentido de la justicia, es feminista ha superado su timidez e inseguridad y sabe responder de forma ingeniosa. Siente curiosidad por el Cosmere, y solo por eso he seguido interesada por su trama, pero en general, tiene poco que ofrecer. Además su defensa del feminismo es demasiado obvia, como todos los mensajes de la novela

— Wax: otro personaje que no tiene nada que ofrecer. Ya no está deprimido y ha aceptado su papel como político, pese a compaginarlo con el de padre y aventurero siempre que puede. No me ha gustado nada que no hubiera una reacción a su violencia y que no le afecte matar a los demás. Además, parece contradictorio, pues pese afirmar que ha aceptado su nuevo rol en la sociedad, claramente le gusta mucho más perseguir maleantes. La relación con su hermana Telsin es igual que en el anterior libro, con un toque de indiferencia.

— Wayne: el protagonista de esta novela y pese a todo, resulta decepcionante. Como ya se había hablado mucho de los otros dos, solo Wayne tiene ocasión de evolucionar. El problema es que el autor se inventa un rico mundo interior que no había estado ahí en los tres últimos libros. Ahora de repente recuerda constantemente a su madre (de la que solo sabemos que contaba cuentos y que era explotada en una mina. Literalmente) y sus historias. Por otra parte, aunque su rechazo por las pistolas ya se había tratado en la novela anterior, ahora se siente culpable por haber matado a gente (pese a que sigue haciéndolo y no le importa), hasta el punto de que su depresión le ha llevado a disociarse de la realidad mediante máscaras. Tiene sentido, pero está introducido demasiado tarde. Esto deberías estar desde el primer libro, pues es algo muy importante para el personaje. Es como si, de repente, el cuarto libro de Harry Potter se centrara en la envidia que siente Ron de sus hermanos.

Ya que he hablado de Wayne, me gustaría hacer un pequeño inciso relativo al humor. Este personaje me había encantado por lo divertido que era y, pese a que tiene sus momentos graciosos, aquí ha perdido gran parte del encanto. Muchos de los chistes que sobrevuelan la obra no me han hecho gracia porque resultan infantiles, como la escena sobre tirarse pedos. Nadie diría que los protagonistas rozan los cincuenta años.

Poco tengo que añadir de otros personajes. Ya he comentado antes que Steris tiene su propia trama, pero protagoniza muy pocas escenas. Su relación con Wax me ha gustado, pues hacen buena pareja, pero parecen un matrimonio que lleva 50 años casados. Sanderson no sabe escribir relaciones románticas y no hay ningún tipo de pasión o amor entre las parejas, más allá de una estrecha amistad. Lo mismo pasa con la relación de Marasi, pues no he visto el amor que siente por su pareja.

En cuanto al final, se veía venir desde el principio. No sé hasta qué punto el autor quería realmente que fuera una sorpresa, pues no es que se dejen pistas aquí y allá, sino que la relación entre los personajes te va preparando el momento final. Podría haber sido muy emocional, pero estaba bastante cansada de todo lo anterior y la preparación era tan obvia que no me impactó. Destacar que los epílogos finales, un repaso a lo largo de varios años de lo que sucede con los personajes, se me hicieron muy largos pues, de nuevo, solo sirven para cimentar lo que vendrá.

En conclusión: el libro me ha decepcionado mucho. Más que un gran final de teatralogía se siente como un prólogo a la siguiente. El autor se rinde al lore, de manera que le importa más dar información sobre el universo que ha creado que no centrarse en los personajes y la trama que ya tiene. Los villanos son muy exagerados y sin trasfondo, mientras que los protagonistas no evolucionan, y si lo hacen, es de forma artificial, como en el caso de Wayne, cuyo mundo interior no se había presentado antes. La estructura de la novela salta de la acción a la reflexión de forma repetitiva, y eso crea un ritmo algo monótono. Además, el hecho de ofrecer dos amenazas igual de bombásticas hace que la tensión se diluya. Por último, comentar que el mundo no se explora y que quedan muchos frentes abiertos en los que adentrarse.

Cosas que he aprendido:

  • Dos clímax de la misma envergadura no son buena idea, hay que centrarse.
  • Lo de unir mundos es una maravilla.
  • El poder de la arena y de los sellos es increíble.
  • Los periódicos que amplían el mundo son una idea excelente.

Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:

PUNTUACIÓN...2'5/5!

Primeras Líneas...