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domingo, 21 de diciembre de 2025

Los diablos, de Joe Abercrombie

Traductor: Manu Viciano
Editorial: Alianza Editorial 
ISBN: 9788411489836 
Número de páginas: 808 
Encuadernación: Tapa blanda
Fecha de lanzamiento: 22/05/2025
Colección: Runas
Autor: Joe Abercrombie
Saga: Sí

Sinopsis:
Las gestas más gloriosas a veces requieren de actos impíos. El hermano Díaz tiene una cita en la Ciudad Santa, donde cree que lo recompensarán con una cómoda posición en la Iglesia. Pero resulta que su nuevo rebaño está compuesto por asesinos contumaces, horrorosos practicantes de lo arcano y auténticos monstruos. En esta nueva misión, todos tendrán que tomar las medidas más sangrientas si quieren alcanzar sus justos fines. Los elfos acechan en nuestras fronteras, ávidos de nuestra carne, mientras príncipes egoístas solo se preocupan por su posición y bienestar. Dado el épico e infernal viaje ante él, al hermano Díaz no le viene nada mal tener a los diablos de su lado.

Opinión:
Impresión: Irreconocible

Llevo siguiendo la obra de Abercrombie desde hace años. He leído su trilogía de El mar quebrado, la de La primera ley y los libros autoconclusivos La mejor venganza y Los héroes. Con sus más y sus menos, todo lo que ha escrito me ha gustado mucho, en especial por el tono sórdido, el humor mordaz y el realismo de los personajes. Sin embargo, cuando lees mucho a un autor, empiezas a percatarte de sus lugares comunes, de sus personajes prototípicos, de sus dejes narrativos. Y si el mensaje es el mismo una y otra vez, llega un punto en el que las novelas te parecen redundantes. Esto es inevitable. Como autor, tienes tu propio estilo, te interesan unos temas concretos y tienes unos valores que pueden cambiar a lo largo del tiempo, dentro de unos límites. En el caso de Abercrombie, por ejemplo, se había enquistado en los mensajes "una vez te manchas las manos de sangre, no puedes limpiártelas", "la violencia solo engendra más violencia" y "la venganza no te lleva a ninguna parte".  

Mi intención era seguir leyendo a Abercrombie de forma cronológica con G. El caso es que unos amigos se sintieron tentados ante la salvaje promoción que se ha hecho de esta última novela, y decidimos unirnos a ellos en la lectura conjuntaLos héroes, la última novela que había leído del autor, es del 2011, de hace casi quince años, y se nota que el autor ha cambiado mucho en ese tiempo. Creía que El mar quebrado (2014-2015, así que posterior a La primera ley) era una rara avis, una trilogía más juvenil; no esperaba que esos fueran los derroteros que iba a tomar toda su obra, que al parecer se ha vuelto con los años menos seria y más accessible para todos los públicos. Tal y como quería, Los diablos ofrece algo distinto a La primera Ley, sin dejar de lado la esencia del autor. Por desgracia, su evolución hacia una escritura más comercial me pierde como lectora.

Las comparaciones son odiosas. La principal razón por la que no he disfrutado de esta novela es que esperaba encontrarme con Abercrombie, no con un autor completamente distinto. He leído la novela buscando aquellos elementos que tanto me habían encandilado y me he sentido frustrada de no encontrarlos. En esta reseña no quiero estar equiparando constantemente esta novela a las anteriores del autor, porque merece ser valorada por sí misma. Intentaré evitar al máximo la comparativa, pese a que en algunos momentos será inevitable, a veces para bien y otras para mal.

Empezaré con un poco de contexto. En una Europa medieval ucrónica, donde existen criaturas fantásticas como los elfos, religiones distintas y ciudades ficticias, una ladrona callejera, Alexia, es rescatada por un familiar al que no conocía y que le revela que es la emperatriz perdida de Troya. A partir de aquí, junto a un variopinto grupo de mercenarios, Alexia viajará hasta su reino, esquivando la amenaza de sus primos, para reclamar el trono.

Sabiendo todo esto hay tres cosas de las que me interesa hablar: los personajes, la trama y el mundo. Empezaré con los personajes, el núcleo de la obra. La novela está narrada en pasado y usa el discurso indirecto libre. Creía que esta narración iba a seguir a Alexia y al hermano Díaz; sin embargo, una vez conocemos a la Capilla de la Santa Conveniencia, todos sus miembros se suman al foco de la narración, a excepción de Baptiste.

Dos cosas respecto a esto. Para empezar, no entiendo muy bien la decisión de excluir a Baptiste; el único propósito que le veo es que sospechemos de ella como traidora. En segundo lugar, no tengo ningún problema con el multiperspectivismo, es un recurso que me gusta, aunque hay que saber manejarlo. Entre las principales funciones de este enfoque narrativo están la posibilidad de mostrar distintas perspectivas sobre un mismo suceso y de ofrecer una visión más amplia del mundo. Abercrombie utiliza voces heterogéneas para permitir adentrarnos un poco en el trasfondo de cada personaje y para diversificar la narración y que esta sea más entretenida. Aquí los personajes viajan juntos casi toda la novela, así que no aprovechamos para explorar el mundo ni ver otras acciones que no sean las de la trama central. Por otra parte, todos los personajes tienen una perspectiva similar del mundo y un mismo tono (socarrón, sarcástico, pesimista), por lo que continuamente me preguntaba por qué una escena tenía el foco en un personaje y no en otro. 

No es que los personajes tengan la misma voz ni les falte caracterización; es que es muy superficial. El elenco está formado por: Alexia, una rata callejera solitaria, desconfiada y sin autoestima; Solete, una elfa que busca alguien que la quiera; Jakob de Thorn, un caballero maldecido con la inmortalidad que se queja de sus dolores; el hermano Díaz, un monje cobarde que duda de su fe; Baptiste, una mercenaria que tiene experiencia en cualquier oficio; el barón Rikard, un vampiro serio y altivo; Vigga, una mujer-loba salvaje y de pasiones desenfrenadas; y Baltasar un nigromante engreído y arrogante. Es como un spin-off del Escuadrón suicida ambientado en el folklore clásico europeo. Son personajes genéricos, arquetipos sacados de una partida de rol. Tienen personalidad, incluso dejes narrativos que te permiten saber en quién está puesto el foco en cada momento; sin embargo, esos dejes son muy exagerados y tan constantes que resulta artificial. Por ejemplo, se supone que Jakob de Thorn es una persona bastante estoica; aun así, en narración hace tanto hincapié en sus males que parece que se regodea en su dolor, cuando no nos han mostrado que el personaje sea así.

El problema no es que sean estereotipos andantes; una obra puede seguir funcionando si, por ejemplo, les das profundidad y desarrollo a esos personajes. Aquí no hay nada de eso. Algunos tan solo nos aportan su propio monólogo interno y punto de vista, pero no están atados a ningún desarrollo porque no experimentan ninguna clase de epifanía, crecimiento personal ni evolución. Es cierto que algunos tienen conflictos internos que les dan profundidad... pero no se resuelven; están solo para caracterizarlos. Que todos los miembros de la Capilla de la Santa Conveniencia sean los mismos cuando empiezan y cuando acaban hace que el viaje sea un sinsentido. Si al menos los personajes hubieran intentado cambiar y no lo hubieran conseguido, ya no serían estáticos y la obra estaría diciendo algo. Por desgracia, no es el caso. Eso hace que me pregunte, ¿en qué ha afectado esta historia a ninguno de los personajes del grupo?

Los únicos que experimentan un cambio son Alexia y el hermano Díaz; aun así, su evolución no me ha resultado satisfactoria. Por una parte, es un desarrollo evidente. Desde el momento en que les conoces, piensas "vale, tienen estas carencias, lo lógica sería que al final las suplieran". Por tanto, el único interés está en cómo se produce el cambio; sin embargo, lo vemos tan espaciado en el tiempo a causa del resto de puntos de vista, que no se hace énfasis suficiente en ello y resulta muy simple. 

Uno de mis principales problemas con todos los personajes es que les falta complejidad. Abercrombie se caracteriza por escribir personajes muy grises y donde a veces la redención simplemente no es posible. Suele coger personajes prototípicamente buenos, nos muestra su peor cara y vemos cómo se cuestionan sus actos. Aquí lo hace a la inversa: partimos de unos protagonistas malos, unos mercenarios miserables, que van demostrando que en el fondo tienen un corazoncito. Sin embargo, Abercrombie se olvida de la parte de cuestionarse sus actos, que es lo que realmente les daría profundidad. Además, no son irredimibles: pese a todo, no actúan por maldad, ni resentimiento, ni por sed de sangre. Incluso Vigga, la mujer-loba, que en ocasiones se desmadra, lo hace inconscientemente.

Los malos, en cambio, son villanos de opereta, de los que sueltan discursos y risas malvadas, de los que te describen con pelos y señales lo malvados que son y el daño que van a hacerte cuando te tienen acorralado, de los que prefieren actuar con maldad que con cabeza. No soporto este tipo de personajes tan ridículos: ni imponen ni son realistas ni puedes comprenderlos. Y podría aceptar que uno fuera así, pero no todos, como es el caso.

Un último aspecto que me gustaría destacar de los personajes es que, pese a tener una caracterización distinta, todos tienen el mismo humor sarcástico, soez y básico. En lugar de la finura inglesa típica de Abercrombie, aquí tenemos mucho insulto y mucha referencia sexual. Y no solo eso, también muchos zascas y respuestas rápidas e ingeniosas que son simpáticas al principio, pero que terminan por hacerse pesadas y cargantes. Puede que para algunos este humor funcione: no es mi caso.

Debido al marcado tono humorístico de la obra y a la ausencia de personajes complejos, esto me ha parecido lo menos grimdark que ha escrito Abercrombie hasta el momento. El humor le resta seriedad y decadencia, mientras que los personajes tienen demasiado corazón. Sí, es una historia sucia, pero no grimdark. Porque el grimdark va más allá del uso de palabras malsonantes, chistes soeces, muertes sangrientas, escenas bélicas, pasados trágicos y veteranos de guerra. El grimdark es un tono, es una visión del mundo. Consiste en subrayar lo desagradable, brutal, corta y oscura que es la vida y deja al lector con la sensación de que nuestro propio mundo es un lugar cínico y violento, donde la senda del bien es inalcanzable.

Supongo que si escribes grimdark, solo puedes hablar desde la desesperanza, y Abercrombie quería cambiar un poco su estilo con esta novela. Aquí el tono es mucho más optimista y eso hace que el mensaje y la reflexión típicos de sus novelas cambien. Sin embargo, lo que ofrece es un mensaje que ya he visto en muchas otras partes y mejor tratado: el tema de la familia encontrada, la crítica a la Iglesia y la idea de que los monstruos, en realidad, tienen un pasado y un corazón.

Ejemplo de crítica a la iglesia. Me parece demasiado directa

Otro ejemplo de lo mismo
El segundo tema del que quería hablar es la trama. Esta nunca ha sido el punto fuerte del autor y, aún sabiendo eso, resulta decepcionante. La travesía de los personajes es monótona y repetitiva. Siempre es la misma cantinela: hacen chistes, el primo de turno les acorrala, luchan contra sus secuaces, Vigga hace un destrozo, el cura reza, Alexia se esconde, el vampiro desaparece, el nigromante se enfrenta a un mago, Jakob pelea contra el primo que resulta tener habilidades especiales, ganan, se lamen las heridas y vuelven a hacer chistes. La acción está bien descrita, pero me resulta aburrida, porque todas las batallas se desarrollan y se solucionan igual, siguiendo el mismo esquema. No veo qué aporta la tercera batalla que no hayamos visto ya en la primera. Pa qué tantos primos. Y lo curioso es que el autor es consciente que esta estructura es repetitiva, ya que en varios momentos hace chistes autoconscientes al respecto. 

Entre batalla y batalla tenemos pequeñas aventuras que solo buscan hacer gracia o mostrar el pasado de los personajes, como si esto último fuera suficiente para darle profundidad. En realidad, la novela es como un libro de historias sueltas unidas por el hilo conductor de llegar a Troya.

Paso ya al último punto que quería tratar: la ambientación de la novela. Que el autor prefiere crear personajes a crear mundos es algo sabido por todos: casi todas sus obras parecen estar ambientadas en una sociedad medieval cualquiera. En esta novela, para variar un poco, Abercrombie nos sitúa en una ucronía, aunque está igualmente situada en una Europa medievalEs una decisión acertada si quieres ofrecer un mundo lo más realista y cercano al nuestro para trazar paralelismos. En esta Europa ucrónica hay elfos, hechiceros, vampiros y brujas, además de otras religiones, cambios históricos y geográficos. Me gusta la idea de que en una realidad alternativa seguiría habiendo racismo, desconfianza y rechazo por lo que es distinto, e incluso una Iglesia con doble rasero, entre otras cosas. Sabía que otros autores habían usado antes este recurso; lo que no tenía muy claro era qué gracia tenía. Pese a mis recelos, me ha gustado reconocer nuestro mundo, las referencias (¡se menciona Barcelona!) y las críticas a elementos que nos son cercanos.

Antes de la conclusión, quisiera hablar un poco de algunos giros de guion que no me han parecido muy coherentes, así que...

SPOILERS (subrayar para leer)

Giro inesperado nº1: el tío de Alexia era un traidor. A ver, sí, me ha sorprendido: lo había descartado por evidente. Es como escribir una novela de misterio y que el mayordomo negro sea el culpable. Estos clichés hoy en día ya no funcionan. Además, el tío aparece en un par de capítulos y no se vuelve a saber de él. ¿Por qué nos iba a importar que sea el traidor? A eso hay que sumarle que su plan no hay por donde cogerlo. Para empezar, a Alexia, la princesa perdida, la encuentra de pura casualidad, no sabemos cómo, y a partir de ahí lo organiza todo. Para continuar, lo de que los primos mueran por el camino le sale bien de chiripa, al igual que el hecho de que Alexia llegue viva. Que sí, que tiene un plan alternativo por si los primos sobreviven o Alexia no llega... que consiste en ir reuniendo gente y ya si eso hacerse con el trono o algo.

También es que vaya secuaces más inútiles se ha buscado con las aprendizas de Eudoxia. Estas, en lugar de esperar varios meses para tener la confianza de Alexia y su marido, intentan cargárselos antes siquiera de que el grupo protagonista haya zarpado. Que sí, que es porque el primo las reconoce, pero ¿qué se esperaban yendo a cara descubierta? ¿Por qué creían que un poco de maquillaje bastaría para que nadie en el palacio se diera cuenta de quiénes son si están en el punto de mira siendo criadas de Alexia?

Giro inesperado nº2: Eudoxia sigue viva. Este sí que me lo veía venir: nos la había presentado como alguien demasiado poderoso como para morir en un experimento. No hubiera estado mal si hubiera habido algo de desarrollo, si hubiera sido un personaje, en lugar de aparecer al final y ya. Para mí que se ha currado demasiado este tinglado para arrepentirse al final. Me creo que deje de importarle el trono al darse cuenta de que su ambición ha hecho que los demás la odien; sin embargo, eso es algo de lo que ya se había percatado antes de que llegara Alexia, así que no sé por qué sigue con el plan hasta el último momento.

Giro inesperado nº3: Alexia no es la princesa perdida. Y no solo eso, conoció a la verdadera princesa y le robó su moneda y su marca. Este es el giro más absurdo de todos. No puedes poner el foco narrativo en Alexia, mostrarnos sus pensamientos y que en ningún momento piense en lo que sucedió. Nada más conocer al tío, debería pensar inmediatamente en la verdadera princesa, en la chica a la que conoció. Me parece un engaño narrativo en toda regla. Hubiera preferido saber la verdad desde el principio: eso hubiera permitido tratar mucho mejor la culpa que siente, en lugar de que su síndrome del impostor se vea como inseguridad.

FIN SPOILERS

En fin, como veis, he quedado muy decepcionada. En parte, me he dejado llevar por las expectativas, y es que en realidad es un buen libro si nunca has leído nada de Abercrombie. La historia es entretenida, muy accesible, con acción y personajes tan carismáticos como gamberros; el tipo de historia que te puede gustar si eres fan de Escuadrón Suicida, las pelis de Marvel o D&D. Eso sí, no esperes más. No hay arcos de personaje trabajados y las reflexiones sagaces y filosóficas que caracterizan al autor quedan reemplazadas por chistes soeces y básicos, un tipo de humor que no encaja conmigo. La trama es repetitiva porque se basa en el mismo esquema, estructurado en pequeños episodios que no aportan nada al conjunto. Lo único que me ha parecido interesante es la ambientación en una Europa medieval ucrónica, que funciona para las críticas a la iglesia.

Sin duda, me parece necesario e inevitable que los autores evolucionen y cambien. Con ello corren el riesgo de tomar un rumbo que no encaje con sus lectores habituales, pero es mejor eso que quedarse estancado. Particularmente, no me gusta el camino que ha tomado Abercrombie, orientado ahora a una narrativa más comercial; en consecuencia, voy a pensármelo mucho antes de leer sus siguientes publicaciones. Eso no quita que haya disfrutado mucho de sus otros libros, que no vaya a leer con ganas los que me faltan de su producción anterior o que no valore al autor como merece.

Cosas que he aprendido:
  • Las ucronías en fantasía tienen su punto.
  • Un autor puede evolucionar tomando un rumbo que no te interesa.
Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:


PUNTUACIÓN...2'5/5!

Primeras Líneas...

sábado, 26 de agosto de 2023

Saga La primera ley, Libro V: Los héroes, de Joe Abercrombie

Todo en exceso cansa, incluso lo bueno. Este año solo llevo leídos dos libros de Abercrombie, pero los he sentido como si hubieran sido el doble. Es cierto que este está más ligado a los tres primeros que al anterior, pero sigue siendo importante leerlos en orden y con cierta frecuencia para no olvidar nada, porque hay muchos personajes que aparecen mencionados o incluso que siguen desarrollándose. Es posible leer el libro de forma independiente, pero a mi ver se pierden muchos matices.

Mi plan es leer dos libros más del autor este año, pero ahora mismo descansaré un poco, porque como todos siguen una mismo tónica general, llega a sentirse repetitivo. A pesar de ello, he disfrutado de la novela y recomiendo al autor encarecidamente.

ISBN: 978-84-206-0868-6
Título original: The Heroes
Título: Los héroes
Autor: Joe Abercrombie
Editorial: Alianza
Publicación: 04/09/2012
Formato: Tapa blanda
Traducción: Raúl Sastre Letrona
Páginas: 888

Sinopsis:
Cuentan que Dow el Negro ha llegado al trono del Norte sobre una montaña de calaveras. Mientras, el rey de la Unión ha decidido que hay que pararle los pies y sus ejércitos ya han invadido el Norte. Miles de hombres están convergiendo en un antiguo círculo de rocas -los Héroes-, en un valle anónimo que se convertirá en escenario de una de las batallas más sangrientas que el Norte ha presenciado. Al mismo tiempo, los dos bandos están infestados de intrigas, rencillas y envidias, que hacen el final imprevisible...

Opinión:

En los tres primeros libros de la saga conocimos los inicios de la enemistad entre la Unión y el Norte. Bethod fue derrotado, pero su reemplazo, Dow el Negro, no puso fin a una guerra que ahora ya lleva diez años haciendo sangrar a los pueblos. Ambos bandos se limitan a tantear el terreno, lanzarse amenazas y empezar pequeñas escaramuzas que no llevan a ninguna parte. Más por presiones externas (Bayaz sigue haciendo de las suyas) que por estrategia militar, la Unión se dispone al fin a poner toda la carne en el asador en un ejercicio bélico de magnitudes nunca vistas. Así es como se da inicio a tres días de batalla campal entre la disciplina e ineptitud de la Unión y el Norte, que cuenta con feroces guerreros pero un primitivo armamento.

"Por eso, la gente se comporta de forma más estúpida durante una guerra que durante el resto del tiempo. Siempre están pensando en cómo esquivar las culpas, o cómo alcanzar la gloria, o cómo salvar el pellejo, en vez de en algo que realmente sirva para algo. No hay otro trabajo en donde se perdone más la estupidez que el de soldado. Ningún otro trabajo la fomenta más"

No es extraño hablar de la guerra en una novela de fantasía, pero sí conocer la perspectiva de los dos bandos implicados en el conflicto. Las novelas bélicas, sean del género que sean, tienden más al monólogo que al diálogo, de forma que solo conocemos en profundidad una de las dos facciones. Es cierto que últimamente las obras exploran cada vez más el bando enemigo, donde se entreven muchos personajes grises, pero siguen siendo historias partidistas en las que la balanza se inclina en favor de unos y no de otros; como si en la guerra alguno de los dos bandos tuviera la razón absoluta. 

Abercrombie rompe con todo ello e impregna sus páginas de realismo. En la guerra no hay bandos buenos y malos: cada uno tiene sus razones para luchar y solo se puede culpar a aquellos que tienen la voz cantante, no a los soldados que solo blanden sus armas y obedecen órdenes. Por ello, tenemos una novela multiperspectivista que abraza todos los escalafones del ejército de ambos bandos, de manera que no puedes inclinarte por ninguno de los dos, ya que comprendes la lucha de unos y de otros y sabes que todos son solo hombres que buscan sobrevivir un día más.

Que la guerra está mal me parece que es la tesis que marcará toda la obra del autor. Esto es interesante, porque, especialmente en este género, se tiende a glorificar la guerra y a aclamar a los héroes. Aquí, como en la mayor parte de historias del autor, vemos que la guerra es sucia, cruel y sangrienta. En una batalla pesa más el azar que la habilidad, el número de soldados que la estrategia, la ausencia de remordimientos que la buena voluntad. En la guerra, un hombre bueno es un hombre muerto.

No estamos ante una novela apta para personas de estómago frágil: los personajes sufren de verdad, reciben heridas que no pueden curarse y muere mucha gente de forma muy violenta. Esta violencia es muy gráfica, pero necesaria, puesto que incide en el realismo de la batalla sin recrearse en los detalles escabrosos. Tripas, miembros cercenados, montañas de cadáveres pisoteados. Eso es de verdad la guerra, no esa imagen tan aséptica que nos venden en las películas. No hay ninguna gloria en matar a un joven que a penas puede empuñar su espada, disparar a otro por la espalda y esquivar de un tropiezo un espadazo que te hubiera enviado directo al barro. Los héroes guerreros solo son aquellos que pierden del todo su humanidad.

Como os podréis imaginar, el título no es azaroso. Más allá de ser el lugar donde tiene lugar la contienda, toda la novela intenta deconstruir el concepto de "héroe" despojándolo de la gloria que lo envuelve, hasta el punto de usar el término como un insulto. Ya lo indica bien la portada "Tres hombres. Ningún héroe". ¿Es un héroe el cobarde que se esconde durante la batalla, después mata a uno de los suyos y luego no desmiente que haya matado a cuatro enemigos? ¿Y aquel que vence a multitud de enemigos y marca la diferencia en la batalla, pero que solo lo hace para saciar su sed de sangre, hasta el punto de que no le importa quien se ponga delante? ¿Y el caballero valeroso y hábil que asciende poco a poco en la jerarquía...  gracias a los tejemanejes de su mujer, porque no es más que un peón?

Los personajes buenos escasean en la novela. Todos tienen sus defectos (cobardía, ambición, rabia, prepotencia, oportunismo, vanidad, impaciencia...) y sin duda algunos son peores que otros, pero nadie se salva. Aunque hay un par que se arrepienten, todos han matado a alguien y eso les ha marcado de por vida. No importa el bando, porque aquí no hay buenos ni malos, solo personajes grises. Algunos intentan hacer lo correcto, pese a la adversidad, pero cuando te manchas las manos de sangre, es muy difícil limpiarlas.

Los protagonistas por antonomasia de la novela son Craw, Gorst y Calder, pero la narración sobrevuela todo el campo de batalla y es frecuente que nos adentremos en otros puntos de vista. Como todos los demás libros del autor, este está escrito en tercera persona y se beneficia del discurso indirecto libre, el cual nos permite conocer el pensamiento de los personajes integrándolo en la narración. Esto se percibe claramente en los capítulos de Gorst, pues al igual que Glokta, inserta sus pensamientos en cursiva en mitad de cualquier párrafo. En los demás es mucho menos evidente, seguramente porque al haber tantos es muy difícil crear tantas voces distintas, pero aún así se distingue en los matices.

Nada más abrir el libro ves el largo índice de personajes, pero yo no me lo tomé muy en serio porque, ingenua de mí, pensaba que la mayoría estarían de fondo. Nada más lejos de la realidad: salen todos con mucha frecuencia y están tan bien construidos que os sabría decir quién es quién a la perfección. Esto, como todo, tiene sus ventajas e inconvenientes. Por una parte, se cubren todos los flancos de la guerra; por otra, aunque sus personajes tienen profundidad, a todos les hubiera venido bien tener más espacio para desarrollarse. Además, la primera parte, la previa a la guerra, resulta lenta e introductoria, porque tienen que presentarte a todo el mundo, caracterizarlos y establecer la relación que hay entre unos y otros.

Aunque la mayor parte de la novela se focaliza en un puñado de personajes, de tanto en tanto hace una visión global de la situación mediante una técnica que ya le caracteriza: durante un par de páginas, seguimos a un personaje que interactua mínimamente con otro que se convierte en el siguiente punto de vista durante un par de páginas hasta que también se relaciona con otro que se transforma en el nuevo punto de vista, de forma que el capítulo queda muy bien entrelazado. Muchos de estos personajes ni habían salido antes ni volverán a salir (tienden a morir), pero lo importante no son ellos, sino cómo cada persona se enfrentar a su manera a la muerte y a la guerra. 

Pasando a hablar de los puntos de vista recurrentes, en el bando del Norte destacan Craw y su banda, Calder y Beck. Este último nos muestra a un joven que sueña con la gloria de la guerra y que se da de bruces con la realidad. Es un fiel reflejo de lo que experimentan la mayoría de los jóvenes reclutas, pero además de ver los horrores de la guerra desde sus ojos, también se habla de la cobardía y el azar, así como que cualquiera puede llegar a ser considerado héroe sin merecerlo.

Calder nos ofrece la visión de un cobarde pacifista. Menospreciado por todos por ser incapaz de manejar una espada y rehuir constantemente del campo de batalla, no experimenta el típico arco de esforzarse por adquirir habilidad, cosa que le permitiría tener el reconocimiento de la gente. Es un cobarde torpe de principio a fin, pero el hecho de verse forzado a participar en la guerra, le obliga a reflexionar sobre su forma de vida y pone en duda su creencia de que cualquier conflicto puede resolverse con palabras. Es uno de los personajes que más aporta en cuanto a estrategias bélicas debido a su inteligencia y tiene una maravillosa relación con su mujer, pese a que aparezca poco. Realmente merecería ser llamado un héroe, aunque sea por su esfuerzo intelectual, pero de nuevo, vemos cómo logra ese puesto por las intrigas de otros.

Craw, por su parte, es considerado un héroe de leyenda. Temido y respetado, tiene buen corazón e intenta siempre hacer lo correcto, aunque sus deseos de paz entren en contradicción con su afán guerrero. Le duele luchar, pero al mismo tiempo, es lo único que le hace sentir vivo. Es de mis personajes favoritos, tanto por su perspectiva como veterano de guerra como por la dinámica con el resto de su docena. Entre ellos, destacan tanto Wonderful, aunque me hubiera gustado que fuera un punto de vista porque es la única mujer guerrera que se menciona, como Whinrrun y su lunática actitud optimista y despreocupada. Por último, destacar que gracias a Craw conocemos algo mejor a Dow el Negro, pero me hubiera gustado también que fuera un punto de vista para conocer qué esconde tras su fachada.

En cuanto al bando de la Unión, los personajes principales son Gorst, Finree y el cabo Tunny. Este último sirve como alivio cómico, al mismo tiempo que refleja el lado más patético del ejército. Es un truhan cobarde, preocupado solo por él mismo, que rehuye la batalla siempre que le es posible con cualquier triquiñuela, pero que, a diferencia de Calder, es considerado un héroe por llevar en el ejército varias décadas. Tiene a varios reclutas a su cargo, con los que tiene una dinámica muy divertida y a los que enseña su estilo de vida.

Finree es casi la única representación femenina que hay en toda la novela, algo lógico, por una parte, porque estamos en un campo de batalla, pero, por otra, se nos ha mostrado que hay mujeres guerreras en el Norte, como Wonderful, y no tenemos su punto de vista. Finree es un personaje femenino bien construido y con agencia, dentro de sus posibilidades. Además, a diferencia de lo que suele ocurrir en las novelas grimdark, su drama no se liga al abuso y a la violación. Ella es una mujer ambiciosa, y ya que la sociedad no le permite obtener poder por su cuenta, lo hace mediante el control de su marido (al que todos consideran un héroe) y los tejemanejes políticos. Hay que decir que al principio me parecía algo fría y superficial, pero, a partir de cierto punto, el autor maneja muy bien el trauma que sufre.

En el caso de Gorst, aunque el personaje me ha gustado, tiene demasiadas reminiscencias a Glokta: también inserta su pensamiento en la narración, su nombre es similar, tienen la misma actitud pesimista hacia la vida, les tratan con el mismo desprecio... y eso que no es un lisiado, solo tiene la voz aflautada y cometió un error que desconocemos en el pasado, algo que lo convierte en objeto de burlas. A simple vista Gorst es el prototipo de héroe: un guerrero fuerte y habilidoso, capaz de cambiar el rumbo de la batalla y que ayuda a los demás. Pero nada más adentrarte un poco en su psique te percatas de lo rota que está: todo lo que hace es para conseguir el reconocimiento de los demás, sin sentir ningún tipo de empatía, por lo que, en realidad, no hay ninguna gloria en sus acciones y en sus momentos más bajos llega a provocar verdaderas carnicerías. A esto hay que añadirle su obsesión enfermiza por Finree, que en ocasiones roza la locura.

Ninguno de los personajes tiene una gran evolución (hay que tener en cuenta que el grueso de la novela sucede en tres días), pero es verdad que todos cambian ligeramente, se reafirman o descubren cómo son realmente, hasta el punto de que las decisiones que toman al final no son las mismas que hubieran tomado al inicio.  

Las novelas de fantasía suelen recrearse mucho en la construcción de sus mundos, pero de nuevo, no es el caso de Abercrombie, bastante parco en palabras, en ese respecto. No se adentra en la cultura de ninguno de los bandos, más allá de aquello relacionado con los rangos y escalafones. No es algo que haya echado en falta, porque se construye poco a poco a lo largo de las demás novelas, pero sí que me hubiera gustado ver las consecuencias de la guerra sobre el pueblo llano y las ciudades. Eso sí, como novedad, en esta novela tenemos un mapa que nos indica cada día en qué posición se encuentran los dos ejércitos, pero es bastante burdo.

La magia, otro de los pilares fundamentales del género, es prácticamente inexistente. Hay un mago y una bruja, pero sus poderes no tienen ninguna relevancia en los acontecimientos. La magia gurka está muy poco desarrollada, mientras que Bayaz no usa tanto magia como tecnología. Eso sí, me gusta que ambos, los que ostentan el poder, toman las decisiones y controlan a todo el mundo como a peones, sean los que verdaderamente han propiciado la guerra. A eso hay que sumarle que Bayaz es una presencia imponente, no tanto por sus actos, como por sus gestos, sus palabras y su tono. En resumen: aquello que lo construye como un personaje temible es la habilidad descriptiva del autor.

Al ser una novela en la que pesa tanto la descripción, es necesario tener un gran dominio del lenguaje para no aburrir al lector. El estilo narrativo de Abercrombie es casi impecable, dotando de lirismo a algo tan grotesco como la guerra. Para mi gusto, se excede un poco en el uso de comparaciones, especialmente en los capítulos iniciales, pero tampoco es algo muy notorio. Por suerte, en esta ocasión la traducción es aceptable y, aunque al compararlo con el original queda deslucida, como mínimo no es un desastre como en el libro anterior. Eso sí, adolece de algunos errores de puntuación, de manera que sobran comas y faltan puntos. Además, no he quedado muy satisfecha con la traducción de los apodos, porque no entiendo el criterio para traducir unos y no otros.

"Dow borró su sonrisa como un asesino limpiaría su cuchillo"

He dejado para el final la trama, pese a que suele ser lo más relevante, porque en este caso hay poco que decir: Abercrombie se centra más en los personajes y los temas, por lo que, como viene siendo la tónica habitual, la trama es simple. Como ya he mencionado, la novela se centra en una batalla final que dura tres días, así que vemos eso, un par de días antes y un par después. Al principio pensaba que casi 900 páginas de gente pegándose serían aburridas, pero el autor consigue ir cada día variando la fórmula y generando cierto interés. No es mi tipo de libro y no lo he disfrutado tanto por ello, pero en gran medida veo el valor que tiene. Para mí, el mensaje ya es viejo y repetitivo, porque es lo mismo que en todas sus otras novelas con el matiz de centrarse solo en la guerra y mostrarla de forma multiperspectivista, pero he sentido que no me aportaba nada nuevo.

Por suerte, el final es algo mejor que en la novela anterior, donde la visión pesimista del autor lo teñía todo. Es cierto que los personajes sufren y terminan peor que como empezaron, pero aquí cada uno recibe lo que se merece, de manera que los personajes más positivos reciben una minúscula recompensa. Como dice Craw, no siempre lograrás hacer lo correcto, ni siempre recibirás a cambio una recompensa, pero tienes que intentarlo.

En conclusión  esta novela muestra de forma gráfica y certera los horrores de la guerra mediante una visión multiperspectivista que abarca ambos bandos. La trama es simple, pero gana mucho gracias a los temas que trata y a los personajes. Estos últimos son complejos, pero están bien desarrollados y caracterizados, algo difícil teniendo en cuenta lo numerosos que son, y sin duda te quedas con ellos, pese a que todos tengan sus defectos y ninguno sea esencialmente buena gente. Es más, en la novela abundan tanto los grises que el lector es incapaz de inclinarse por un bando o el otro. El tema de la deconstrucción del héroe está muy bien llevado y se critica desde distintas perspectivas. A todo esto hay que sumarle lo bien escrito que está, así como el dominio del discurso indirecto libre. Eso sí, si has leído otros libros del autor, lo más seguro es que sientas que no te aporta nada nuevo, como me ha pasado a mí.

Cosas que he aprendido:

  • El número es más importante que las estrategias
  • Reiterar la idea de que no se puede escapar de la violencia una vez entras en ella
  • La guerra no tiene nada de glorioso
  • Un soldado bueno es un soldado muerto
  • En la guerra no hay héroes
  • Si eres un héroe, algo estará roto dentro de ti
  • Los poderosos siempre ganan

Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:

PUNTUACIÓN...3'5/5!

Primeras Líneas...

martes, 20 de junio de 2023

Saga La primera ley, Libro IV: La mejor venganza, de Joe Abercrombie

ISBN: 978-84-9181-067-4
Formato: Tapa dura
Páginas: 928
Título: La mejor venganza
Autor: Joe Abercrombie
Traductor: Javier Martín Lalanda
Año: 2014 (original, 2006)

Sinopsis:
La guerra puede ser un infierno, pero para Monza Murcatto, la Serpiente de Talins, a sueldo del duque Orso, también es una forma excelente de hacer dinero. Sus victorias la han hecho muy popular ¿quizá demasiado para el gusto de Orso. Traicionada y dada por muerta, la recompensa de Murcatto es un cuerpo desfigurado y una sed de venganza que no se detendrá ante nada.

Opinión:
Impresión: Pesimista

Tras mi lectura de La primera ley, tuve claro que quería seguir leyendo a Abercrombie. Es un autor que sabe escribir, dotar de voz propia a sus personajes y que, sobre todo, tiene cosas que decir. En la línea de las anteriores, esperaba una historia oscura, con muerte y violencia. Pese a ello, no estaba preparada para lo que he encontrado en esta historia. Si la crudeza de este libro es la vara de medir, dudo que nadie le arrebate el título de Lord Grimdark a este autor en mucho tiempo.

"El buen humor que reinaba en la estancia desapareció tan deprisa como la sangre que se pierde por una cuchillada en la garganta"

El libro tiene un primer capítulo de diez, donde se sientan las bases del resto de la novela. Monza Murcatto y su hermano Benna, generales de Orso, se reúnen con este para celebrar su última victoria. Entonces Orso, receloso del éxito de ambos jóvenes, ordena a los otros seis presentes en la reunión que maten a los hermanos. Benna muere, pero Monza sobrevive, pese a quedar tullida de por vida, por lo que, a partir de este punto, recorrerá Styria junto a un grupo variopinto con el objetivo de calmar su sed de venganza. 

"La lealtad en un mercenario es como la armadura en un nadador"

A resueltas de esta premisa, la trama sigue una estructura muy lineal: Monza y su grupo se asientan en una ciudad, idean un plan de ataque, lo llevan a cabo y pasan al siguiente objetivo, metiéndose en una espiral de venganza que les llevará a perder cada vez un poco más de sí mismos. Las tramas de Abercrombie no brillan por su complejidad, sino que son más instrumentales, el detonante que obliga a evolucionar sus personajes, cosa que le permite profundizar en ellos. Eso hace que en los momentos de más acción se pierda el interés, pues las situaciones se resuelven de forma previsible, ya que a partir de determinado momento la obra se siente repetitiva. Eso sí: todo está muy bien hilado, como las muertes con la presentación del personaje en cuestión.

"Rogont la había obligado a vestirse según su propia versión, por otra parte, demasiado ingenua, de lo que debía ser la diosa de la guerra: una desafortunada mezcolanza de acero deslumbrante y encaje de seda que ofrecía la comodidad de una armadura de cuerpo completo y la protección de un camisón"

En cambio, las escenas más pausadas terminan siendo las más interesantes, especialmente si hay interacciones entre los personajes, momento que aprovecha el autor para exponer su mensaje y presentar choques ideológicos. Todos sabemos que la guerra y la venganza están mal. Por eso, lo que hace Abercrombie es ponernos contra las cuerdas y situarnos en los límites. ¿Siempre están mal? ¿Y si solo obedeces órdenes? ¿Y si la guerra es tu forma de ganarte el pan? ¿Y si estás en una situación en la diatriba entre matar o morir? ¿Y si los asesinos de tu hermano nunca serán ajusticiados? ¿Y si fue accidental? ¿Es tan culpable quien no hace nada para evitar un crimen que aquellos que lo cometen? ¿Puedes culpar a alguien por hacer algo si tú en su situación hubieras hecho lo mismo? Todas las reflexiones me han gustado mucho: el autor toma partido sin descuidarse de ofrecer distintas perspectivas sobre la cuestión. 

Lo que me genera sentimientos encontrados es el mensaje con el que te quedas al terminar el libro. Todo el mundo le dice a Monza que la venganza no es la solución, pero al mismo tiempo, todos los que piensan de ese modo mueren. Pese a defender constantemente la idea de que la violencia solo engendra más violencia y que la venganza no te lleva a ninguna parte, por cómo avanza Monza, parece que sirve para tener algo a lo que aferrarse. 

El segundo mensaje es también problemático. Al parecer, para el autor, no hay redención posible: no hay diferencia entre un asesino y un soldado y, si eres esto último, lo serás para toda la vida. Ejemplo de ello es el hecho de que varios personajes que intentan cambiar y deshacerse de sus vicios o ser mejores personas, fracasan estrepitosamente, tanto por falta de voluntad, como porque el mundo les obliga a seguir siendo quienes son. En parte es realista (no todo el mundo tiene la habilidad de cambiar, por mucho que te esfuerces en ello), pero también demasiado fatalista; no hay un mínimo de bondad en toda la novela. Aunque sea un país en guerra y esté ambientado en la Edad Media, no me parece realista que no haya una sola persona buena o que recompense a los protagonistas por una buena acción. Todo hay que decirlo: en gran medida está justificado que nunca les pase nada bueno, porque vienen de donde vienen, por lo que incluso sus actos más positivos no terminan de serlo del todo. Por ejemplo, en un momento deciden no matar a una familia que ha ocupado su casa y les dejan quedarse, pero se aíslan de ellos y actúan de forma sospechosa, así que es lógico que esa familia, asustada, les denuncie. 

Abercrombie es justo el polo opuesto del idealismo de Sanderson. Me parece necesario un autor así, esta lectura más pesimista de nuestra sociedad, porque muchas veces la realidad es así de cruel, incluso con aquellos que tienen las mejores intenciones. Los libros de autoayuda están bien para aquellos que no quieren aceptar la realidad: no siempre que hagas algo bueno, el universo te recompensará. Todos acarreamos nuestros propios demonios y no siempre estamos de buenas. Además, hay gente tan herida que su único alivio es hacer daño. Por otra parte, eso no engloba a la mayor parte de la población, ni mucho menos, ni siquiera en un contexto bélico. Es por eso que el pesimismo de Abercrombie, pese a ser una dosis de realidad necesaria, también es excesivo, y eso puede dejarte con mal sabor de boca.  

A eso hay que sumarle que, pese a lo interesantes que resultan los dos temas centrales de la obra, no aportan nada nuevo si ya has leído la trilogía de La primera ley. Siento que el autor da vueltas sobre lo mismo y temo que sus siguientes libros sigan la misma tónica. Está bien dedicar tu obra a un mensaje; la mayor dificultad suele radicar en lograr versatilidad en la narrativa para no resultar repetitivo. Quizás si las novelas estuvieran ambientadas en otro mundo, podrían dar lugar a tramas más distintas, pero al ser un mundo medieval tan similar al nuestro, resulta difícil hacer algo nuevo.

La novela transcurre poco después de lo sucedido en La primera ley, pero no afecta mucho, pues se ambienta en un reino distinto que hasta ahora solo se había mencionado superficialmente. Sí que es necesario haber leído los anteriores, más que nada porque se menciona cómo terminan algunos de los protagonistas de la trilogía principal, aunque no cómo han llegado hasta allí, y de todos modos, eso no resulta relevante para la trama del libro. También se recuperan algunos secundarios, como Vitari o Nicomo Cosca, pero tampoco es esencial saber cómo han llegado donde están ahora. Como en las otras novelas, en esta hay algo de magia, pero es casi nula. Es más, si el personaje con poderes no existiera, tampoco cambiaría gran cosa.

Lo mejor del mundo de Abercrombie, como ya había vislumbrado en sus otras novelas, es el realismo que exudan sus páginas. Describe muy bien los pesares y la crueldad de la guerra, además de presentar las batallas desnudas de toda epicidad, mostrándolas tal y como son: una carnicería que no tiene motivo de ser. Es más, la mejor parte es ver a los protagonistas luchando de forma patética, sin ningún tipo de destreza o estrategia, porque la guerra no es un espectáculo circense. Confieso que algunas peleas se me han hecho algo largas, y otras me han desconcertado por la ausencia de descripciones del entorno. Con frecuencia, el autor deja de lado los interiores y hace que cueste situar cada cosa en su sitio. 

Lo que sí describe muy bien es la bestialidad humana. La novela está plagada de sangre y víscera, así como escenas de violencia muy gráfica, pero afortunadamente, ninguna violación, algo que aplaudo, porque en muchas novelas se usa como recurso para empatizar con el lector. Además, el autor no duda en herir de gravedad a sus personajes de forma permanente. Nada de esas tonterías de un par de semanas de reposo y como nuevo: la guerra deja secuelas físicas, y eso es algo que muchos autores no tienen en cuenta (porque ¿quién se iba a enamorar de un soldado manco y con una cicatriz que le desfigura la cara?). Murcatto, por ejemplo, tiene cicatrices por todo su cuerpo, renquea y su mano derecha ha quedado prácticamente inservible. Morveer no es tampoco un bellezón (en mi mente, tenía el aspecto de Vizzini en La princesa prometida), Amistoso es una mole que solo sabe usar los puños y Escalofríos es un guerrero nórdico, todo músculo, pelo y cicatrices. Ningún personaje es físicamente agradable a la vista y al final de la novela, los que siguen con vida, terminan con peor aspecto que como empezaron. Quizás el más guapo sea Nicomo Cosca (al que imagino como Íñigo Montoya de La princesa prometida), porque parece el tipo de persona que no hace ni el huevo y que se escaquea de las peleas más peligrosas.

En general, todos los miembros del grupo son peculiares. Todos conocemos el tropo de "el grupo" en las novelas de fantasía. No solo suele haber los mismos tipos (el ligón gracioso con buen corazón, la chica guerrera inexperta, el mago sabio, el guerrero valiente, el novato inteligente, el cobarde que se vuelve fuerte,...) sino que siempre hay las mismas dinámicas entre ellos (dos que se no se soportan, pero al final se vuelven inseparable, o dos [chico y chica, por supuesto] que se enamoran), de manera que aunque son muy distintos y no se llevan bien al principio, al final reconocen el valor del resto y forjan una férrea amistad. Bien, pues olvidadlo, porque no encontraréis nada de eso aquí.

Para empezar, todos los miembros del grupo son unos criminales. Algo en su pasado hizo que se rompieran, y que a partir de ese momento cayeran en una espiral de violencia. Son hijos de la guerra, del tiempo que les ha tocado vivir y no son más que el resultado de sus circunstancias. Son un puñado de personas agresivas y egoístas. que solo piensan en sí mismas y su propio beneficio, sin importarles el daño ocasionado a los demás. Desconfiados, avariciosos y vengativos, lidian con su dolor mediante la violencia. Todos han matado a alguien, no les tiembla la mano y no hay crimen que no hayan cometido.

Por supuesto, lo que los diferencia son los matices. Algunos, tratan de cambiar y ser mejores personas, como es el caso de Escalofríos; otros, se arrepienten de sus actos, pero siguen adelante porque no ven otra salida, como es el caso de Murcatto; y otros, simplemente, se dejan llevar por su naturaleza malvada, como en el caso de Morveer. 

Escalofríos ya aparecía en la anterior trilogía, donde tomaba la determinación de ser mejor persona, y aquí vamos a ver como lo intenta, pese a que se dé de bruces con la realidad: tu contexto te condiciona, por lo que si vienes de un entorno violento, parte de esa violencia se quedará para siempre en tu forma de ser. Un soldado no puede olvidar las antiguas costumbres y ser campesino por lo que, pese a pretender ser ser mejor persona, se une a un grupo de asesinos. Me ha gustado su relación con Murcatto, tanto a nivel dialéctico como sexual, que no romántico, pues ejemplifican muy bien sus distintas perspectivas de la vida. La evolución de este personaje es completamente lógica, aunque es una lástima que en el último tercio llegue a un punto de no retorno y se dejen de lado sus conversaciones con Murcatto.

Este último es sin duda el personaje estrella de la obra. Murcatto nunca ha sido inocente. Ya antes de empezar la novela era conocida como la carnicera de Caprile, y os puedo asegurar que el sobrenombre no hace referencia al oficio familiar. Para lidiar con el dolor por la muerte de su hermano (y amante, según las malas lenguas, pero no se llega a confirmar nada) se vuelca en una venganza sin sentido que solo conlleva más muertes. Lucha por una causa justa, pero los métodos no son los correctos y termina convirtiéndose exactamente en aquello que juró destruir. Si fuera la protagonista de una novela juvenil, lucharía por esa causa justa y solo mataría a aquellos de los que quiere vengarse, gente muy mala que no tiene ningún tipo de redención. Incluso llegaría un punto en el que ella se daría cuenta de lo horribles que son sus actos y se redimiría. Pero entonces no sería una novela de Abercrombie.


Ciega por la rabia, con ingenio, poco a poco va consiguiendo venganza, pero sin importarle a cuántos inocentes más se va a llevar por delante. Son maravillosas las escenas en las que "los malos" le dicen a la cara que ella es tan terrible como ellos. Y es que nuestro grupo no es de antihéroes, sino de villanos. Todos son mala gente. Ninguno te gusta, pero puedes empatizar con ellos y entender por qué hacen lo que hacen.

Al inicio de cada una de las partes (hay unas siete) iremos encontrando breves flashbacks, a penas un par de páginas, sobre el pasado de Murcatto, cosa que ayuda a conocer mejor al personaje sin interrumpir demasiado la narración. De estas historias me hubiera gustado conocer mejor a Benna, el cuál, por desgracia, no consigue convertirse en un personaje ausente, ya que ni Murcatto ni nadie habla demasiado de él. Se me ha quedado desdibujado y, teniendo en cuenta que su muerte es el motor de la trama, debería importar más.

En esta novela, Abercrombie realiza un estudio de personajes excelente, aunque es cierto que este se centra especialmente en Murcatto y Escalofríos, por lo que el resto de secundarios, pese a estar caracterizados, son bastante unidimensionales: Morveer tiene un trauma con el maldito orfanato en el que se crio, a Day le gusta comer en cualquier situación, Amistoso, con el que sumamos tres, está obsesionado con los números,... Es una lástima, porque estoy segura de que todos daban más de sí.

La única excepción es Nicomo, el personaje más interesante de la novela. No tiene tanta profundidad como los protagonistas ni está más trabajado, pero sí que llama la atención por ser tan distinto al resto. Es también un criminal, por supuesto, así como una persona egoísta y que arrastra graves problemas con la bebida, ansiando siempre un trago, un trago un trago. Pese a ello es un vividor capaz de sonreírle a la vida, incluso en las peores circunstancias. Siempre con una burla en los labios, es algo más que el gracioso del grupo, ya que es el único que, aunque tiene sus propios demonios, los abraza, y no por ello tiene una perspectiva fúnebre de la vida.

El último personaje que me gustaría mencionar es Shenk, una incorporación de última hora: no aparece hasta mitad de novela. Al igual que el resto, su caracterización es interesante, en su caso domina cierta magia, pero pierde importancia y cada vez sus capítulos se espacian más. Al final resulta que su papel se limita a ser el de sembrar semillas acerca de los grandes poderes que gobiernan en las sombras, por lo que solo revela información a medias y crea misterios.

Pese a los problemas que he tenido con algunos personajes, tanto principales como secundarios se quedan contigo. No solo el autor logra caracterizarlos bien, sino que esas características se filtran en el narrador en tercera persona omnisciente mediante el discurso indirecto libre. El autor sabe crear personajes con voz propia, de manera que sabes quién es el punto de vista en todo momento. Eso lo logra mediante el uso de dejes, como el de Murcatto de hacer citas militares, la obsesión de Nicomo por la bebida, la cursiva para las palabras que remarca Morveer o las referencias numéricas constantes de Amistoso. A eso hay que sumarle que los personajes recuerdan frases que les han marcado y han dicho otros a lo largo de la novela., cosa que los hace más presentes.

La narración es muy buena. Al igual que en la anterior trilogía, en algunos capítulos el autor enlaza escenas que suceden en puntos muy distintos mediante frases. Casos como el de que un personaje vea acercarse con miedo la horda de enemigos y piense que le espera un día difícil, y al cortar y empezar una nueva escena, el protagonista de esta que está yendo a por los enemigos a caballo, piensa que a los enemigos les espera un día difícil. 

Por otra parte, el autor domina el lenguaje, tanto a la hora de escribir diálogos, muy realistas todos, como para describir escenas grotescas, como para crear fluidez y ritmo. El problema es que todo esto se ha visto empañado por la traducción. No se suele hablar de la traducción si no es mala, y este es el caso. Desde el principio noté que había cosas que no encajaban, palabras que no son usuales (guasear, orbe, tensionar), construcciones extrañas, problemas de referente y falta de fluidez. Lo achaqué al estilo del autor, pero con G comparamos con la versión original y la diferencia era abismal. No solo todo sonaba mejor, sino que el traductor había hecho un desastre: o se inventaba cosas, o traducía literalmente o usaba palabras que tenían matices distintos. Traducir parade por parada en lugar de desfile fue, para mí, la gota que colmó el vaso. A nivel narrativo, más que a Abercrombie, sentía como si estuviera leyendo a un autor novel: no lo hace del todo mal, pero le falta leer y escribir más. Y ese es el problema que ha tenido el traductor, que se le notaba que le faltaba experiencia. 

El final del libro es lo que más miedo me daba. En él, tal y como sospechaba, el autor no ha variado un ápice su mensaje. Esperaba que en el último momento diera un vuelco y ofreciera cierta esperanza de redención hacia los personajes, pero es un final muy derrotista, así como acelerado. Todo lo relacionado con el duque Orso esperaba que se alargara un poco más; en su lugar, su final es bastante anticlimática, pero realista.

No estoy segura de hasta qué punto recomendar esta lectura. Si te gusta el autor, adelante, no te defraudará, ya que sigue la estela de libros anteriores. Si eres nuevo, pese a que este es autoconclusivo, te recomendaría empezar con su trilogía que es algo (tampoco mucho) más suave. Estamos ante un libro duro que muestra la peor cara de la sociedad mediante unos personajes muy bien perfilados y caracterizados que tienen más de villanos que de antihéroes. El estudio de personajes es magnífico, así como la reflexión sobre la venganza y sobre cómo la violencia solo engendra más violencia. La obra retrata muy bien la realidad de la guerra, no solo por las gráficas descripciones, completamente ausentes de epicidad, sino también por la mella psicológica que deja en quienes participan en ellas. Eso sí, la perspectiva del mundo es demasiado derrotista y pesimista. Ha faltado un poso de esperanza. El autor domina muy bien la narración y el discurso indirecto libre, otorgando a cada personaje una voz propia, aunque eso queda deslucido por la traducción, de las peores con las que me he encontrado.

Cosas que he aprendido:

  • La venganza solo engendra más venganza. No merece la pena, aunque sea tu única forma de lidiar con el dolor.
  • Los villanos no existen, todos tenemos nuestros motivos y procedemos de un contexto.
  • Un soldado nunca dejará de ser un soldado.
  • Si te metes en una guerra, nunca volverás a ser el mismo.
  • Day y el veneno mortal
  • Cómo enlazar escenas

Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:


PUNTUACIÓN...3/5!

Primeras Líneas...