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viernes, 26 de septiembre de 2025

Trilogía Los huesos verdes, Libro III: Legado de jade, de Fonda Lee

Traductor: Antonio Rivas
Editorial: Insólita Editorial
ISBN: 9788412682038
Número de páginas: 792
Encuadernación: Tapa blanda
Fecha de lanzamiento: 11/12/2023
Autora: Fonda Lee
Trilogía: 3/3
Título original: Jade Legacy

Sinopsis:
El jade, la sustancia misteriosa y mágica que antaño fue exclusiva de los guerreros huesos verdes de Kekon, ahora es codiciado fuera de la isla de Kekon. Todo el mundo quiere tener acceso a las habilidades sobrenaturales que proporciona. A medida que la lucha por el control del jade se hace cada vez más grande y letal, la familia Kaul y las antiguas costumbres de los huesos verdes nunca volverán a ser las mismas.
Castigados por la guerra y la tragedia, los Kaul deberán saldar antiguas deudas y cerrar viejas heridas mientras sus adversarios les toman la delantera y su país se desgarra a causa de la interferencia extranjera. El clan deberá distinguir a los aliados de los enemigos, dejar de lado las sangrientas rivalidades y hacer terribles sacrificios... Pero incluso los lazos irrompibles de sangre y lealtad pueden no ser suficientes para asegurar la supervivencia de los clanes de huesos verdes y la nación que juraron proteger.

Opinión:

Llevo ya dos reseñas de esta trilogía. ¿Qué os puedo decir de esta tercera entrega que no haya dicho ya de las anteriores? Algunas sagas presentan altibajos; sin embargo, en este caso, los tres libros son bastante similares en ritmo, tono, mensajes, narrativa y profundidad de personajes. Vamos, en todo. Claro que hay diferencias (tanto este como Guerra de jade, por ejemplo, se inclinan más por la política que Ciudad de jade) y es de eso de lo que voy a hablaros, pero, en general, se nota que los tres están cortados por el mismo patrón. Así que, si os gustó el primero, estáis de enhorabuena, porque os encantarán las continuaciones; si, por el contrario, tenéis la esperanza de que los siguientes harán algo distinto, os vais a llevar una decepción.

No pretendo que esta sea una reseña muy larga ni repetir lo que ya he comentado al hablar de las otras novelas. Podría hacer un poco resumen de la trama y hablaros de cómo ha evolucionado cada personaje, pero para eso más os vale leer la novela. Así que me centraré en qué me ha aportado esta tercera parte y en las diferencias más destacables.

Por ejemplo, respecto al tema de la política, basta con decir que la autora sigue desarrollando muy buenas tramas que tienen en cuenta tanto la política exterior (las relaciones internacionales) como la interior (la reacción del populacho y el papel de los bajos fondos). No es fácil tratar algo así con profundidad y que al mismo tiempo resulte entretenido. Para mí, la autora lo hace muy bien: a diferencia de muchas novelas dedicadas a la política, sus personajes son carismáticos y todo lo que dicen y hacen es significativo; sin embargo, si este tema no es santo de vuestra devoción, tampoco esperéis milagros. Hay que tener en cuenta que, pese a la acción esporádica, es una novela densa con muchas reuniones en las que lo que se dice es, en realidad, solo la mitad de lo que se dice, dónde se demuestra que todo son planes sobre planes sobre planes y con unos interlocutores que se pasan páginas y páginas intentando imponerse solo con la dialéctica. Aquí, como en las anteriores novelas, se hace mucho énfasis en cómo las estrategias políticas se construyen pensando a largo plazo y en cómo varias acciones y comentarios sutiles pueden tener más poder que una declaración directa. La única pega es que, al ser la política un tema tan adulto, es contradictorio que a veces la narración trate al lector como a un niño y le explique qué se está diciendo entre líneas. ¿Para qué molestarte en escribir diálogos sutiles si luego los vas a explicar? Esto es algo que la autora ya había empezado a hacer en Guerra de jade, pero aquí es donde me ha empezado a parecer molesto.

Otro de los aspectos centrales de la obra en el que no me voy a explayar es el tema de los personajes. Shae, Hilo, Wen y Ayt molan mucho y, al mismo tiempo, son seres despreciables. Si queréis saber por qué, pasaos por las reseñas en las que hablo extensamente de ellos. Lo que más me ha sorprendido es que en la tercera novela sigamos descubriendo capas de su personalidad que no habíamos visto hasta ahora. Cualquiera diría que la vida de una familia de mafiosos no daba para tanto, que sus arcos de personaje deberían haber quedado cerrados en la primera o en la segunda novela. Y así hubiera sido si la autora no hubiera decidido que la historia abarcara tantos años: Ciudad de jade transcurre a lo largo de un año, en Guerra de jade pasan cinco y en Legado de jade, un poco más de veinte. Normal que los personajes sigan teniendo cosas por decir.

No es nada fácil desarrollar una historia con una temporalidad tan larga. En Guerra de jade, la autora intentó hacerlo de forma orgánica y guiar al lector mencionando las estaciones, las festividades y cuánto hacía de determinados sucesos; aun así, me sentí perdida. Aquí la autora intenta resolver el problema indicando al principio de cada capítulo el tiempo que ha pasado desde que Hilo se convirtió en pedestal ("seis años después", "ocho años y cinco meses después", "doce años y tres meses después"...). Gracias a esto he logrado situarme mucho mejor temporalmente; sin embargo, los saltos temporales son demasiado grandes como para que sientas el fluir del tiempo. Por ejemplo, hay dos personajes relevantes que se casan y no vemos la boda, sino que nos la cuentan después. Esto no es solo un problema puntual: ante situaciones vitales que dejan a personajes emocionalmente estancados durante meses, hacemos un salto temporal y leemos un resumen de cómo la situación les ha afectado. No me digas que el personaje ha estado abatido durante meses: muéstramelo. Además, el paso del tiempo sigue siendo confuso, más incluso que en la anterior novela. A veces, durante un período largo de tiempo solo sucede una cosa importante para la trama, así que, para evitar tantos saltos temporales, la autora se sitúa en un punto posterior donde la trama avanza más y nos introduce la escena importante que faltaba mediante un flashback. 

Fonda Lee podría haber intentado abarcar menos años, pero entiendo que era necesario para reflejar de forma realista no solo los cambios sociales y las intervenciones políticas, sino también los puntos de inflexión en las vidas de los personajes. Por ejemplo, los protagonistas intentan mejorar la percepción internacional del jade, destacando sus usos médicos y popularizándolo mediante el cine y los deportes. Esta gran campaña publicitaria, si pretende ser realista, necesita cinco o diez años de trabajo. La política también se caracteriza por funcionar muy despacio. Por ejemplo, expandir tus negocios a otros países requiere tiempo para hacer estudios de mercado, contactos, aliados... en resumen, ir echando raíces poco a poco. La gente tampoco cambia de la noche a la mañana, sino que determinados procesos, como superar un trauma o el duelo por la muerte de alguien, son cicatrices que pueden llevar años cerrar.

Nuestros protagonistas han pasado por tantos de esos procesos en novelas anteriores que creía que íbamos a dejarlos descansar un poco y centrarnos en la siguiente generación; no ha sido así. Los protagonistas absolutos siguen siendo Shae, Wen, Hilo y Anden, y la antagonista, Ayt Mada, por supuesto; sin embargo, los hijos y herederos van cobrando importancia hasta llegar a ser narradores. Conoceremos a Niko, que carga con el peso de las expectativas de todo el clan; Ru, que se enfrenta al estigma de los ojos de piedra; y Jaya, que lucha por hacerse valer en un mundo de hombres. Esta mezcla de voces ofrece cierta variedad a la narración: iremos viendo los conflictos de nuevos personajes al mismo tiempo que no dejamos completamente de lado a los que ya conocíamos.

El hecho de mostrarnos varias generaciones permite a la novela explorar cómo las enseñanzas y acciones de los adultos repercuten en los jóvenes. El entorno es clave en nuestra formación; uno no puede escapar de aquello con lo que se ha criado. Pero que nos moldee no significa que nos defina. Puede que alguien que se haya criado en la mafia no sea capaz de dejar de lado por completo la violencia, pero sí que puede encontrar un término medio, como Anden en la anterior novela, que decidió seguir apoyando los intereses de su familia, siempre que eso no implicara cobrarse ninguna vida. Aquí vemos cómo algunos personajes son incapaces de avanzar y abandonar la ira, mientras que otros logran adaptarse a los nuevos tiempos sin ir del todo en contra de su naturaleza. Y es que en el fondo, somos como nuestros padres, pero mejores.

También es verdad que no es muy difícil ser mejor que cualquiera de los personajes que nos habían presentado hasta ahora. Los clanes de huesos verdes son un fiel retrato de las mafias que hay en nuestro mundo, por lo que incluso los protagonistas son criminales cuyas acciones son cuestionables o directamente abyectas. Para ellos, la violencia es la norma. Todos son personas ambiciosas, rencorosas, que solo se preocupan por los suyos. Los únicos que se salvan son Anden y las nuevas generaciones.

Precisamente por esto no todo va a ser palabrería política: seguimos teniendo duelos a muerte, así como persecuciones, batallas campales y emboscadas. En todos esos casos, las escenas de acción están muy bien escritas: son realistas y los personajes tienen muy en cuenta el escenario en el que se encuentran. Además, y esto es para mí lo más importante, no es acción trivial, para mantener al lector entretenido, sino que siempre hay consecuencias.

Y es eso lo que nos recuerda que, por muy lejanas que nos parezcan sus vidas, los mafiosos son personas que sufren como cualquier otra. Es poco probable que nosotros nos veamos envueltos en un atentado, que seamos víctimas de un secuestro o que la vida de nuestro mayor enemigo esté en nuestras manos. Sus circunstancias son muy distintas; sin embargo, no dejan de enfrentarse a problemas que no nos son tan lejanos: el duelo por la muerte de un ser querido, la distancia que nos va separando de nuestros hijos, la presión de las expectativas, la traición de una pareja, la inseguridad de no saber quién eres, el hecho de enamorarte de alguien que está casado, la furia ciega de los deseos de venganza o la angustia de quedar incapacitado. Ver cómo los personajes afrontan estas situaciones nos ofrece cierto consuelo y nos ayuda a sobrellevar mejor los golpes de la vida.   

Muchas novelas olvidan que todo esto no son obstáculos a superar, sino situaciones que nos marcan de por vida. Para mí, lo más interesante de esta trilogía es ver cómo las experiencias que viven los personajes tienen consecuencias a largo plazo. Por ejemplo, la traición de Wen provoca que su matrimonio con Hilo se resienta. Otro ejemplo es el de Tar, quien, incapaz de superar la muerte de su hermano, se pierde cada vez más en una espiral de violencia. 

Pero donde algunos viven con las consecuencias de sus actos y crecen, otros no cambian. Ese es el caso de Ayt Mada, la antagonista, y Bero, el personaje más extraño de la trilogía. Este no pertenece al mundo de los clanes ni forma parte de la trama principal; sin embargo, intenta por todos los medios ser partícipe de lo que está sucediendo. Él quiere ser alguien, no le importa si es conocido por algo bueno o por algo malo, y luchará por conseguirlo a costa de cualquier posible vínculo con otra persona. Realmente, sus acciones son decisivas para el devenir de la trama, pero nadie se percata de ello. Si confiesa a alguien que es el asesino de su padre, no le creen. Si consigue infiltrarse como espía en una organización, resulta que todos conocían su tapadera. Si consigue tender una emboscada que desestabiliza el poder de los clanes, le dejan marchar porque creen que es un testigo inocente. Siempre sale airoso de cualquier situación y ese es para mí el peor castigo: seguir viviendo a sabiendas de que has hecho grandes cosas y que nunca se te va a reconocer el mérito. 

Bero no evoluciona, solo da vueltas sobre sí mismo porque se niega a cambiar y a establecer lazos con otra persona que propicie ese cambio. Eso es para la autora lo peor que puede hacer alguien: los personajes que no aprenden del pasado y, por tanto, no evolucionan, así como aquellos que solo se preocupan por sí mismos, son los únicos que realmente terminan teniendo una vida miserable. Los Kaul no son "los buenos", pero como se esfuerzan por mejorar y se quieren los unos a los otros, no son "tan malos".

Lo cierto es que no tengo mucho más que decir. Como veis, es una trilogía que he disfrutado muchísimo: me gustan las tramas políticas realistas que se construyen de forma interesante y me ha cautivado el carisma de los personajes. Aunque ninguno de ellos sea buena gente (todos son criminales condicionados por su entorno), siempre actúan por el bien de los suyos y se esfuerzan por ser mejores. Es cierto que la parte política, más densa, pesa más que la parte de acción; sin embargo, cuando relucen las espadas luna una sabe que se encontrará con una batalla realista y bien narrada. Eso sí, no vengáis a esta historia por la fantasía: si el "jade" del título os llamaba la atención, sabed que su importancia radica más en su valor como herramienta política que en su uso como arma.

Cosas que he aprendido:

  • Nuestro entorno nos condiciona, pero no nos define.

Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:

PUNTUACIÓN...4/5!

Primeras Líneas...

domingo, 4 de mayo de 2025

Trilogía Los huesos verdes, Libro II: Guerra de jade, de Fonda Lee

ISBN: 9788412104387 
Idioma: Castellano
Número de páginas: 672
Encuadernación: Tapa blanda
Fecha de lanzamiento: 26/09/2022
Editorial: Insólita

Sinopsis:
En la isla de Kekon, la familia Kaul está atrapada en una violenta disputa por el control de la capital y el suministro de jade mágico que desde hace cientos de años otorga poderes sobrenaturales a los guerreros huesos verdes.
Más allá de las fronteras de Kekon, la guerra está a punto de estallar. Las potencias extranjeras y los capos criminales han fijado su atención en la nación insular. El jade, el recurso más preciado de Kekon, podría hacerlos ricos o convertirse en el arma necesaria para derrotar a sus rivales.
Rodeada de amenazas por todos lados, la familia Kaul se ve obligada a formar nuevas y peligrosas alianzas, enfrentarse a sus enemigos en las oscuras calles y las altas torres de oficinas de la capital y dejar el honor a un lado para hacer lo que sea necesario para asegurar su propia supervivencia… y la de todos los huesos verdes de Kekon.

Opinión:
Impresión: Política

Una segunda parte a la altura de la primera, con sus propios defectos y virtudes. Mientras que la anterior novela abogaba por un equilibrio perfecto entre acción y política, aquí la balanza se inclina más hacia lo segundo. En consecuencia, tenemos una obra con un ritmo mucho más pausado que se ve acusado por el incremento de páginas. En contrapartida, nos encontramos ante un brillante tratado político, la oportunidad de ver los entresijos del poder de un mundo ficticio con muchas similitudes con el nuestro. En otras novelas puedes empatizar con dragones avariciosos, con brutales veteranos de guerra, con torturadores o con aliens invasores; aquí empatizaremos con los políticos, esos seres que controlan nuestras vidas detrás de las sombras.

Puede que me digáis que no, que lo he leído mal, que la novela va de dos clanes mafiosos que compiten por el control de un país. El caso es que hay una monarquía parlamentaria donde los miembros de la familia real son figurantes, mientras que los dos partidos principales hacen malabares para controlar el mayor número de diputados del parlamento posible. Me quiere sonar. Solo en Juego de tronos he visto tratar tan bien una situación política tan tensa, aunque, por fortuna, esta trilogía tiene menos páginas. Eso sí, por mucho que se cuente de forma interesante, si este tema no te interesa, el libro no es para ti.

El mundo se siente más vivo que en la anterior novela, porque no nos centramos solo en Yanlún, capital de Kekon. Aquí veremos cuál es la situación política general de un par de países más: las islas Uwiwa tratan de hacerse con el control del contrabando de jade y estalla la guerra entre Espenia y Ygutan cuando esta última reclama un pequeño territorio de Shotar (como hizo Rusia con Ucrania). Kekon es un pequeño país, con alto interés militar, que está en el fuego cruzado de dos grandes potencias. No nos internamos demasiado en ninguna de esas culturas, pero sí en la tensa relación política que hay entre ellas. Es un mundo muy pequeño en comparación con Canción de fuego y hielo, por ejemplo, y quizás eso sea lo menos realista, pero es lo que permite que la obra se focalice mejor y no te pierdas en los detalles. Me ha encantado todo el tema de las negociaciones, de gestionar la opinión pública, de convencer a las masas mediante el espectáculo, de buscar en la letra pequeña algo que te favorezca, de tender la mano derecha sin soltar el puñal de la izquierda...

El tono es muy distinto al de la anterior novela. Aquí, todos los personajes han pasado de ser matones a políticos con todas las de la leyEl paréntesis de un año ha permitido a los personajes asentarse en sus posiciones, madurar y aprender a dominar su puesto. Quizás la temporalidad es en lo que me he sentido más perdida: a lo largo de la novela transcurren unos seis años. Es cierto que el paso del tiempo se muestra de forma muy natural (los personajes mencionan las estaciones, cuánto hace que sucedieron algunos eventos, las festividades, etc.); pese a ello me hubiera gustado alguna marca temporal clara a la que aferrarme, ya que podían pasar meses de una escena a otra. Los personajes evolucionan de forma lógica con el tiempo transcurrido más allá de las escenas que nos muestra la novela (Hilo cada vez domina mejor las reuniones y las negociaciones, por ejemplo).

Sin perder la esencia de la anterior, siento que la novela se dirige a un público más adulto; si vienes buscando peleas de artes marciales con superpoderes, te vas a llevar una decepción. Ya no tenemos a un adolescente en una academia ilusionado con ayudar a su clan, sino a un joven que se ha dado de bruces con la realidad y que se siente abandonado por los suyos tras rechazar la violencia. Ya no tenemos a una recién graduada dando palos a ciegas para conseguir fondos, sino a una reputada Hombre del Tiempo que se ha hecho un sitio en un mar infestado de pirañas. Ya no tenemos a un matón de tres al cuarto que ocupa temporalmente el puesto de mando, sino a un pedestal duro como una roca capaz de proteger a los suyos con el jade y las palabras. Estamos ante verdaderos señores del hampa, que controlan el país tanto desde las sombras (asesinatos, torturas, chantajes, sobornos, compraventa de información, infiltrados...) como dando la cara ante la sociedad (reuniones, entrevistas, participación política...).

Quizás el jade es lo que, pese a su brillo, queda más deslucido. Sigue siendo aquello que mueve la acción y los personajes, el centro de todo, pero la mayor parte del tiempo, podría ser una droga cualquiera. El jade se usa muy poco como magia y en toda la novela solo se me ocurre ahora mismo una batalla. Toda una exhibición de fuerza, destreza y habilidad, sí, pero solo eso: una batalla.

Como ya sucedía en la novela anterior, aquí la importancia de la acción no está tanto en el momento como en las consecuencias. Aquello que nos mantiene en vilo no es quién va a vencer en un combate o quién conseguirá el favor del público, sino cómo el resultado, sea el que sea, afectará a todo el elenco de personajes.

Hay momentos de acción que van marcando los puntos de inflexión, pero esa acción no se asemeja en nada a las batallas campales que teníamos en Ciudad de jade y el ritmo de la novela es mucho más lento. Teniendo en cuenta el título de esta segunda parte, esperaba que una novela mucho más movida; al parecer, el título se refiere a la guerra fría entre el clan Montaña y Sin cumbre. Es curioso verles unidos, o todo lo unidos que pueden estar dos enemigos jurados por un mismo objetivo: terminar con el contrabando de jade y shine. Está bien ver algo más de la sociedad kekonense que no sea la gente de la mafia (siempre leales al clan, honorables y firmes con el código) y adentrarnos en el submundo de los criminales que solo son leales a ellos mismos: los traficantes de jade. Bero, un ladrón de poca monta que sale de tanto en tanto desde la primera novela, será nuestros ojos en los bajos fondos. Es un personaje cuyo papel no termino de ver y que me genera poco interés. ¿Su función es mostrarnos cómo el jade corrompe a la gente de a pie y los convierte en escoria?

Más allá de los protagonistas, de los que hablaré a continuación, me gustaría destacar que empiezan a tener voz personajes que hasta ahora había pasado muy desapercibidos, como los hermanos Maik o Wen. De esta última, me gusta cómo participa en el clan pese a los intentos de Hilo por alejarla del peligro. Que una mujer sea madre y esposa no significa que no pueda tener importancia en la toma de decisiones o en el rumbo que toma el clan. Forma una buena pareja con Hilo, y aquí los secretos entre ellos son lógicos: él nunca le dejaría tener un papel activo, por muchos argumentos que esgrimiera, así que no le queda otra que trabajar de incógnito.

La trama de Shae también es una maravilla, pues ella es la cara visible del clan y debe gestionar la opinión pública y luchar por conseguir el respeto de los demás. Me ha gustado que se muestre de forma sutil los problemas de ser una mujer en un mundo de hombres, pese a que esa no es toda su caracterización, ni mucho menos. La rivalidad con Ayt Mada está muy bien construida y los juegos políticos que hay entre ambas están muy bien llevados. Eso sí, me hubiera gustado ver mucho más de nuestra antagonista, porque su capacidad para capear cualquier temporal sin un apoyo firme de los suyos es admirable. 

La otra trama que me ha gustado mucho es la de Anden. Tras su decisión al final de la anterior novela, su familia le envía a estudiar a Espenia, algo que él ve como un destierro. Veremos el choque cultural entre una cultura violenta como la de Kekon y otra más civilizada, como la de Espenia; eso no significa que en una haya más criminalidad que en la otra, sino que una lo oculta mejor. Anden vivirá en un barrio de inmigrantes, algo que tampoco se suele ver, así que experimentará de primera mano la discriminación que viven las comunidades de inmigrantes, tanto por parte de la sociedad como del gobierno. Al igual que hizo Shae en su momento, Anden intentará escapar de la violencia del clan y del peso que supone portar el jade. Como detalle, me gustaría añadir que me encanta cuando las novelas normalizan tan bien a los personajes LGTBI; sin dejar de ver cómo le afectan los prejuicios sociales, la identidad sexual de Anden no es, ni de lejos, lo único que le define.

Quizás el personaje que me ha quedado más deslucido es Hilo, el pedestal. A diferencia de los demás, que muestran cierta evolución, en su caso solo veremos cómo mejora su capacidad de liderazgo, cómo aprende a delegar y equilibrar mejor las decisiones violentas e impulsivas con las estrategias a largo plazo. A ojos de todo el mundo, está al mando de todo; sin embargo, la mayoría de las decisiones que toma son consensuadas con el resto de la familia. Quizás es el mejor recordatorio para el lector de que el clan Sin cumbre es una mafia.

Al tener solo el punto de vista del clan Sin Cumbre, nos posicionamos a favor de ellos sin dudarlo, pese a que sus acciones y decisiones son tan violentas y egoístas como las del clan Montaña. Algunos de los momentos estelares de la novela son aquellos en los que chocas con la realidad y recuerdas que nuestros protagonistas no son buena gente. Puede que uno lo olvide en algunas ocasiones, pero la novela se esfuerza en no idealizar a la mafia y en recordarnos constantemente que ese tipo tan majo que consiguió que un hombre sin brazos ni piernas rehiciera su vida es el mismo que entierra vivo a otro sin miramientos; que ese chico tan simpático que práctica deportes con sus amigos puede dar una paliza brutal a otro al sentirse insultado; que la amable mujer que habla de la importancia de la educación en una cafetería es capaz de matar a alguien querido que ha traicionado al clan. No os dejéis engañar: la ausencia de acción no implica una ausencia de violencia. La novela tiene momentos muy chungos, más que la anterior, no tanto porque sean escenas gráficas, sino porque nos muestran cómo la violencia es algo cotidiano en la vida de nuestros protagonistas.

El mensaje de la novela es el mismo que en la anterior y eso hace que se sienta como una novela puente. Ahonda en los intríngulis de la política y se recalca el mensaje, con nuevas situaciones y contextos; sin embargo, no he notado una progresión temática. De nuevo, estamos ante un mensaje desesperanzador, pero realista: una vez entres en la espiral de violencia, no podrás salir. Todos los personajes sufren las consecuencias de su ambición de poder y de su promesa de lealtad a la familia. Y eso sucede no solo con nuestros protagonistas, sino con todo aquel que hace tratos con la mafia. Las manos manchadas de sangre no se pueden limpiar. Hilo nunca tuvo oportunidad de salvarse. Shae y Wen lo intentaron, pero al seguir siendo parte del clan, no lo han conseguido. Quien tenía más papeletas para conseguirlo era Anden, que precisamente había huido de la violencia; sin embargo, en su corazón, sigue siendo un Kaul. No comparto este mensaje; creo que, por muy difícil que sea, siempre es posible arrepentirte de tus errores y rehacer tu vida. Me gusta que las novelas reflejen la realidad (muy poca gente cambia), aunque me parece necesario que siempre haya una brizna de esperanza. Uno no debe resignarse a su destino, sino enfrentarse a él, por mucho que todo este perdido.

Tengo fe en la tercera novela, Legado de jade: confío en que la autora tendrá algo más que decir y no nos dejará con un mensaje tan desolador. Estoy convencida de que la siguiente novela pondrá el foco en los más jóvenes, los hijos y sobrinos de nuestros protagonistas. ¿Tendrán ellos alguna oportunidad de escapar de la violencia?

En conclusión, Guerra de jade es una novela que te mete de lleno en el mundo de la política. Veremos los entresijos del funcionamiento de una nación y las complicadas relaciones con el exterior. Esta novela, de ritmo lento, muestra cómo son las negociaciones y acuerdos entre bandos opuestos, así como la forma que tienen los políticos de manejar la opinión pública. Nuestros protagonistas son personas muy carismáticas que pertenecen a una mafia, cosa que la novela no deja de recordarnos. Puede que no haya mucha acción, sin duda menos que en la novela anterior, pero la violencia campa a sus anchas. Estamos de parte del clan Sin Cumbre porque ellos llevan la narración; eso no significa que sus actos no sean condenables o que su ideología sea más válida que la otra. Los personajes brillan por su evolución, en especial Shae, Wen y Anden, personas que intentarán escapar de la espiral de la violencia que supone formar parte del clan, en vano: el mensaje de la novela es que una vez te manchas las manos de sangre, no tienes salvación. Es un mensaje bastante pesimista, así que espero que en la siguiente novela se desarrolle.

Cosas que he aprendido:

  • La política es tan complicada que ningún político puede permitirse el lujo de ser buena gente.
  • Cuando te manchas las manos de sangre, no hay vuelta atrás.
  • Tu entorno te condiciona mucho más de lo que parece.
  • Cómo tener en cuenta la política de un país.

Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:

 PUNTUACIÓN...4/5!

Primeras Líneas...

jueves, 19 de septiembre de 2024

Trilogía Los huesos verdes, Libro I: Ciudad de jade, de Fonda Lee

Tengo tantos libros pendientes, que suelen quedarse acumulando polvo durante años. Esta situación se agrava en el caso de las sagas, que siempre las dejo para el final (a veces con la excusa de que no tengo todas las partes). Es por eso que no hubiera leído este libro de no ser por la presencia de la autora en el Celsius de este año. Esto me animó a hacer una lectura conjunta con G (que abandonó la novela tras varios capítulos): quería asistir a los encuentros con conocimiento de lo que se iba a hablar y descubrir si merecía la pena llevarme el libro para que me lo firmara la autora (no fuera a ser que me pasara como con Harrow la Novena, que lo tengo firmado, pese a que no me gustó nada). Por suerte, la experiencia ha sido positiva y ya tengo las continuaciones en el punto de mira.

Título: Ciudad de jade
Autora: Fonda Lee
Traducción: Antonio Rivas
ISBN: 978-84-121043-0-1
540 páginas
Tapa blanda, 14 x 21 cm

Sinopsis:
Yanlún, la capital de Kekon, isla conocida por su jade, es un territorio repartido entre los clanes Sin Cumbre y Montaña. La familia Kaul, baluarte del clan Sin Cumbre, debe afrontar cambios para resistir los nuevos tiempos que se ciernen sobre la isla. Ambos clanes tienen entre sus filas a Huesos Verdes, poderosos guerreros con habilidades concedidas por portar jade y cuyo linaje solo se encuentra en Kekon. Lan e Hilo Kaul, Pedestal y Cuerno del clan Sin Cumbre, intentan evitar una confrontación con el clan Montaña y la familia Ayt. La aparición del SN1, una droga sintética que permite usar el jade a aquellos que de manera natural no pueden, amenaza con romper el precario equilibrio entre ambos clanes.


Por qué este título...
"Al llegar a Espenia descubrió que resultaba más duro de lo que esperaba escapar al estigma de proceder de una pequeña nación isleña conocida solo por una cosa: el jade. De hecho, descubrió que la mención de Yanlún solía provocar miradas de desconcierto. Los extranjeros la llamaban de otra manera: Ciudad de Jade"

Opinión:

La novela se ambienta en la ficticia isla de Kekon, en concreto en la capital, Yanlún. Allí gobierna el Consejo, un grupo de personas que no son más que marionetas del clan Sin Cumbre y el clan Montaña, enfrentados por el control del jade. Este mineral, endémico de la isla, otorga poderes a los kekonenses (potencia la fuerza y la agilidad, te permite percibir las intenciones ocultas de los demás, arrojar objetos o destruirlos a corta distancia...) que han recibido un duro entrenamiento: si no estás preparado física y psicológicamente para portar jade, este, como si fuera una droga, puede consumirte.

“El jade, por sí solo, no convertía a nadie en un huesos verdes. Eran la sangre, el entrenamiento y el clan los que creaban a un guerrero de jade; así había sido siempre”.

Me gusta cuando la magia en las novelas de fantasía se cobra un precio. El jade da mucho poder a sus portadores, pero no solo debes ejercitarte durante años (por mucho talento natural que tengas, nadie puede portar jade sin entrenamiento), sino que debes respetar tus límites y no sucumbir ante la ambición de portar más jade del que puede resistir tu cuerpo. Es una forma de mostrar físicamente cómo las ansias de poder pueden consumirnos. 

El problema es que desde que empecé la novela, me estuve haciendo una pregunta que la obra no responde. ¿Por qué jade? Es una historia de fantasía, una sociedad con una Historia, geografía y culturas distintas, cosa que permite criticar de forma velada el mundo de la mafia. Los clanes que aparecen en la novela no hacen referencia a ninguna mafia concreta que se pueda ubicar (pese a que la influencia oriental es obvia) y eso hace que la crítica sea más general. Lo que no comprendo es por qué incluir un elemento mágico, cuando la función del jade la podría ejercer una droga cualquiera. A mí las luchas de poder entre clanes me parecen más lógicas aquí, donde el premio no solo te da dinero, sino también habilidades sobrehumanas, que en nuestro mundo. La única razón de ser de la magia es ofrecer una justificación a la espectacularidad de las peleas que aparecen en las películas de artes marciales.

Teniendo en cuenta la importancia y el poder del jade, esperaba que se usara mucho más. No me malinterpretéis; todo gira alrededor del jade. Lo que esperaba era mucha más acción (es lo que promete el primer capítulo) y que este mineral se utilizara mucho más en batalla. Hay un par de peleas individuales, las justas y necesarias, y todas están muy bien descritas. Las batallas en las que se involucra gente con poderes mágicos tienden a ser confusas; aquí todos los movimientos pueden seguirse con facilidad. A eso hay que sumarle que más allá de ofrecer dinamismo a la obra, son importantes por las consecuencias físicas y psicológicas en los personajes: tras la lucha, uno nunca es el mismo. 

Para ser la primera novela de una trilogía, el mundo está bien presentado: a nivel histórico, sabemos que en el pasado hubo una guerra con las dos naciones vecinas, con las que ahora hay acuerdos comerciales; a nivel tecnológico, se está empezando a experimentar con una droga que permite a cualquier persona tomar jade; a nivel social, hay ciertas personas inmunes genéticamente a los efectos (positivos y negativos) del jade (los abukei y los ojos de piedra), que tienen su propio papel en la sociedad; incluso a nivel lingüístico, los clanes tienen su propia jerga (los linterna, los dedos, los puños, el cuerno, el hombre del tiempo, el pedestal...). Por supuesto, no todo es perfecto: me ha faltado saber más sobre las naciones vecinas, más que nada porque esta novela se centra en la guerra civil que estalla en la ciudad.

Pese a ser un mundo distinto al nuestro, funciona de forma similar: tienen electricidad, coches de otras marcas, universidades, restaurantes, barcos, turismo, capitalismo... Esto se debe a que el jade era usado solo por los aborígenes y sus propiedades no empezaron a conocerse hasta hace un centenar de años. Además, como en realidad solo pueden usarlo un número reducido de personas y es muy escaso, es lógico que, aunque la economía de Kekon se base en él, no tenga aplicaciones tecnológicas, más allá de la droga que empieza a estar en circulación. 

No se incide mucho en esto último, pese a la relevancia económica, seguramente porque las siguientes novelas hablarán más de ello. Aun así, me ha gustado que hubiera cierta reflexión al respecto y que se mostraran distintas perspectivas para gestionar el problema económico y la amenaza militar que supone esta droga.

El eje central de la novela, más que el jade, son las familias mafiosas, así que si quieres profundizar en el tema, este es tu libro. G ya había leído o visto otras obras que hablaban de ello, y por eso abandonó la lectura, aburrido, pero no era mi caso. Nunca me han interesado las películas de gángsters (demasiada sangre y violencia) y hasta ahora no había tenido la oportunidad de leer sobre ello. Justo este año leí la primera parte de Baccano! (The rolling bootlegs), protagonizada por camorristas, pero es tan juvenil que no tiene nada que ver.

“El clan era como un organismo: los linternas eran la piel y los músculos; los puños y los hacedores de fortuna eran el corazón y los pulmones, pero el pedestal era la columna vertebral. Y en la columna no podía haber debilidad, o el cuerpo no podría mantenerse en pie ni luchar”.

En este caso he quedado fascinada ante el realista y completo retrato que hace la autora sobre el mundo de la mafia. Veremos las cruentas luchas territoriales entre clanes; la relación de vasallaje con los comerciantes, obligados a posicionarse y pagar tributo; los lazos de lealtad entre los miembros del clan, mucho más estrechos que si fueran de sangre; los tejemanejes políticos, la corrupción y la ambición de poder; el sangriento precio de la traición. 

La primera mitad es un poco introductoria: es necesario presentarte el tablero, mostrarte cómo Yanlún es un polvorín a punto de estallar, y la posición de todas las piezas, porque incluso un peón puede derrocar al rey si tiene la oportunidad. La segunda mitad empieza con un poderoso giro de guion, y a partir de aquí se equilibra con gran maestría escenas de acción, donde lo importante son las consecuencias emocionales en los personajes, e intrigas políticas, donde es más importante lo que se calla que lo que se dice. Más allá de esto, nunca había leído acerca una guerra civil dentro de una misma ciudad y me ha encantado descubrir las estrategias de guerrilla, las consecuencias en la población de a pie y cómo reconquistar una calle supone toda una victoria.

Nuestros protagonistas son los Kaul, una familia que controla el clan Sin Cumbre: al mando está Lan, el pedestal; controlando a los guerreros está su hermano Hilo, el cuerno; Shae es la hermana renegada, que regresa en busca de una vida alejada de la violencia; Anden es el joven hermano adoptivo, que pronto abandonará la academia y se convertirá en un verdadero miembro del clan. Todos tienen mucha profundidad, ofrecen una perspectiva muy distinta sobre el clan y son muy interesantes. Además, la relación familiar, en constante tensión con las relaciones de poder, está muy bien llevada: refleja cuánto se quieren y apoyan los unos a los otros, al mismo tiempo que no se olvida de los roces ideológicos.

Mi favorito de todos ellos es Lan, el pedestal desde hace un par de años, por sus conflictos internos. La alargada sombra de su abuelo y su padre han hecho que tenga que luchar por estar a la altura de las expectativas. Sabe manejarse bien en política y es un hombre pacífico, en la medida en que se lo permiten las circunstancias, cosa que hace que sea tildado de débil. Deberá enfrentarse al peso de las responsabilidades que acompañan al cargo y gestionar la guerra civil que se avecina.

A Hilo lo tenía por un matón agresivo, con cabeza para la estrategia militar y habilidad para tratar a sus subordinados. A raíz de cierto giro, le tocará asumir un rol para el que no estaba preparado, así que tendrá que hacer equilibrios para cumplir con el papel que se la ha asignado. También tiene sus propios conflictos internos, como el hecho de sentirse menospreciado por su abuelo y su hermana. Me ha gustado lo bien que entiende a la gente y cómo trata a los suyos, sin embargo, me hubiera gustado verle más en acción junto a sus hombres; así nos hubiéramos creído el estrecho vínculo que les une y hubiéramos entendido lo abatido que se siente cuando algunos mueren.

Shae tarda mucho en cobrar verdadero protagonismo, quizás hasta la segunda mitad. Hace años, decidió marcharse a una universidad en otro país, donde se percató de lo tradicionalista que era la sociedad en la que se había criado. Ahora ha vuelto a Kekon, pero no al clan; tiene la firme intención de escapar de los dictados de su familia y de la espiral de violencia. Su trama se centra en la reflexión de si es posible huir de tu destino y de las enseñanzas de tu familia para empezar de cero.

Mientras que todos los demás narradores son adultos con sus propias cicatrices, Anden nos ofrece una perspectiva más inocente y juvenil. Anden es un chico con un gran porvenir, porque tiene un don natural para manejar el jade, que está a punto de graduarse de la Academia y entrar a formar parte del clan Sin Cumbre. Pese a ser consciente de los peligros del jade, su madre se sumió en la locura por culpa de él, los vínculos que le unen a la familia de los Kaul, que lo consideran un hermano adoptivo, hacen que ansíe ser útil. El joven Anden verá cómo su lealtad es puesta a prueba; portar el jade y servir al clan pueden condenarte a la muerte o a la locura.

Si hay algo que me ha gustado de la familia Kaul es que no son los buenos: los mafiosos nunca lo son. Puede que sean personajes carismáticos, puede que entiendas de dónde vienen, cuáles son sus pasiones y miedos, pero eso no significa que la novela los presente como los buenos de la historia: ambicionan el poder y quieren el control completo de la ciudad, exactamente igual que el clan Montaña. No tienen unos objetivos nobles y son tan violentos como cualquier otra mafia, pero conectamos con ellos y nos ponemos de su parte porque la autora logra humanizarlos.

He leído algunas quejas respecto a la representación femenina. Aunque es un mundo de fantasía, nos encontramos en una sociedad tan patriarcal como la nuestra de hoy en día, donde las mujeres poco a poco están siendo reconocidas y alguna ocupa una posición de poder, pero no es habitual. La autora podría haber presentado un mundo distinto, sin embargo, comprendo que no lo haya hecho porque intenta que sea lo más similar posible al nuestro. Los hombres son mucho más relevantes en la historia que las mujeres, pero las que aparecen (cosa que no sucede hasta la segunda mitad) son fuertes e independientes.

Por una parte, está Shae, de la que ya os he hablado un poco. Pese a la sociedad patriarcal en la que ha crecido, se rebeló contra su familia, huyó con el hombre que le gustaba y empezó a estudiar en la universidad. Ahora ha vuelto, pero trata por todos los medios posibles mantener su independencia, e incluso cuando no lo consigue, lucha por hacer las cosas a su manera.

Otro personaje femenino fuerte es Wen, amante de Hilo. Al principio es solo eso "la amante de", pero mantiene a Hilo bajo su yugo, no se deja pisotear por los rumores que corren sobre su pureza de sangre, hace lo que quiere y convierte sus debilidades en ventajas. Es cierto que vemos pocas mujeres portando jade, pero el hecho de que Ayt, sea la líder del clan Montaña, equilibra las cosas. De nuevo, es una mujer fuerte e independiente: escaló en el clan matando a todos los otros candidatos a pedestal y no solo es una hábil política, sino que es una poderosa portadora de jade. Tengo muchas ganas de ver más de ella.

Lo que no esperaba encontrar en esta obra de machos men es representación LGTBI. Uno de los personajes principales pertenece al colectivo, pero no es algo especialmente relevante ni le define como persona, al contrario, simplemente hay menciones aquí y allá. Como en nuestro mundo, mucha gente oculta su identidad porque formar parte del colectivo está mal visto; aun así, este personaje solo recibe aceptación por parte de su entorno, cosa que me parece muy positiva.   

Al final hay un enfrentamiento importante, que puede significar que la balanza se incline hacia un lado o hacia otro. Es una lucha muy estratégica, en la que los Kaul contarán con un as en la manga que les saldrá muy caro. Lo más interesante es que se exploran las consecuencias físicas y psicológicas de los personajes tras el enfrentamiento: nadie puede salir indemne de una lucha a muerte.

En conclusión, Ciudad de jade es una novela perfecta para aquellos que quieran leer sobre mafias y gángsters, ya que muestra su funcionamiento y las relaciones entre sus miembros de forma muy realista y esclarecedora. La obra es una novela adulta que se centra en la ambición y el precio del poder. Cuenta con algunos puntos bastante crudos, con momentos tanto de estrategia política como de acción. Se exploran todos los recovecos de los personajes protagonistas, desde sus inseguridades hasta sus fortalezas, y aunque no se les retrata como los buenos (son mafiosos, ¡faltaría más!), el lector se posiciona a su favor porque les entiende y empatiza con ellos.

Me gustaría terminar recomendando esta reseña del blog Ebentancour, porque me parece que hace un muy buen análisis de la obra.

Cosas que he aprendido:

  • Mucha información sobre la estructura social de las mafias.
  • En una lucha, importan más las consecuencias que la batalla como tal.
  • Cómo desarrollar una guerra civil dentro de una ciudad

Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:



PUNTUACIÓN...4/5!

Primeras Líneas...