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viernes, 12 de abril de 2024

Aleta, de Christopher Moore

Editorial: La factoría de Ideas
Año de edición: 2012
ISBN: 978-84-9800-819-7
Páginas: 320
Encuadernación: Tapa blanda
Autor: Christopher Moore
Título original: Fluke, Or, I Know Why the Winged Whale Sings
Año original de publicación: 2003
Traducción: Juan José Llanos Collado

Sinopsis:
¿Por qué cantan las ballenas jorobadas? Tal es la cuestión que motiva al biólogo marino y a su tripulación a documentar y fotografiar a esos grandes y húmedos mamíferos. Hasta el extraordinario día en que una ballena levanta la cola en el aire y muestra un mensaje escrito con gigantescas letras mayúsculas: "QUE TE DEN".
Claro, Nate se pregunta si no habrá pasado demasiado tiempo observando bajo un sol de justicia? ya que nadie más lo ha visto; ni su compañero de aventuras, ni su impertinente asistente científico, ni siquiera el rastafari fumeta de a bordo. Cuando llegan las copias de las fotografías, y falta esa en la cual la ballena levanta la cola, se convence de que sucede algo muy raro.

Opinión:
Impresión: Disparatado

El estilo de un autor es algo que permea toda la obra. Tiene que ver con la narración (la tendencia a estructurar las oraciones de una forma determinada, el lenguaje más o menos formal, preferir la descripción al diálogo o viceversa, el tipo de humor, la construcción del drama o el misterio, dónde y cuando situar los giros si los hay, etc.), con los temas que trata, con la ideología del autor (que se filtra inevitablemente en el mensaje) y con los personajes, cuyos tipos se repiten una y otra vez con ligeras variaciones (al igual que algunos directores solo trabajan con determinados actores). Es necesario leer varias novelas de un mismo autor para captar su estilo, para descubrir si eso que te pareció un detalle curioso es algo casual y puntual o una constante. Algunos autores son camaleónicos y cambian por completo de un libro a otro, pero no es fácil deshacerse de tus manías, de tu identidad. Algunos autores (la mayoría) no lo intentan. ¿Para qué cambiar si así es como quieres ser, si eso es de lo que quieres hablar, si así te sientes cómodo, si es lo que le gusta a tu público? Me parece completamente lícito que, como autor, decidas aferrarte a un estilo que irás puliendo, a un mismo tema que observarás desde distintos ángulos, a unos mismos personajes que tropiezan con situaciones muy dispares. Ahora bien, no pienses que por ello ya tienes el camino allanado, porque corres el riesgo de resultar cargante y reiterativo.

Me gusta navegar entre la novedad. Me muevo en distintos géneros, probando un poco de aquí y un poco de allá, con la esperanza de sorprenderme con un estilo, un tema, un tipo de personaje, una ambientación, que no haya visto antes. Si me acerqué por primera vez a Christopher Moore fue porque sus tramas disparatadas me parecieron rompedoras; ahora, tras tres novelas con grandes similitudes, he empezado a aburrirme. ¡Quién hubiera dicho que novelas con tramas tan distintas (un científico que estudia el canto de las ballenas, un pringado que se enamora de una vampira y un viudo que ha sido reclutado por la Muerte) fueran tan similares!

Independientemente de si has leído algo más del autor o no, la novela es floja. Al principio, estaba muy metida en el misterio de por qué una ballena iba a tener un graffiti en la cola que pone "que te den" y la incredulidad de Nate era la misma que la mía. A la mitad se descubre el pastel y a partir de allí la novela va cuesta abajo hasta caer en picado en la recta final: los disparates se van apilando como una montaña de naipes hasta que, con la más ligera brisa, todo se derrumba.

La premisa absurda me ha encantado, así como descubrir todo el misterio relacionado con las ballenas, porque es muy imaginativo. A nivel superficial, tanto los balleneros como su entorno (un mundo muy orgánico que me recordó al Orgoscope de Guardianes de la galaxia 3) son originales. El problema es que el autor no pretende ir más allá, y descuida por completo cualquier fundamento sociopolítico y científico. Vengo de Cixin Liu, así que las explicaciones científicas vagas no me valen, por mucho que la novela sea de humor, y más si el protagonista es científico. Es cierto que se cuestiona muchas cosas, pero ante la ausencia de respuestas por parte del resto de personajes (que callan con la excusa de no tener conocimientos científicos), abraza el misterio.

« —Puede que sea en la barca, al final de una jornada... O en el laboratorio, a las cuatro de la mañana, después de haberte pasado cinco años analizado datos, pero llega un momento en el que descubres algo, ves algo, o de repente algo adquiere sentido y te das cuenta de que sabes algo que aún no sabe nadie más en el mundo entero. Solo tú. Nadie más. Y te das cuenta de que eso es lo único que importa y de que lo conservarás durante poco tiempo antes de que se lo cuentes a otra persona, pero durante ese tiempo te sientes más vivo que nunca. Ese es el motivo, Amy. Por eso hacemos esto, aguantamos los sueldos bajos y los riesgos altos, las condiciones indignas y las relaciones jodidas. Lo hacemos por ese momento»

Que una novela sea de humor no me parece justificación suficiente para simplificar temas complejos o restar importancia a la documentación. En la nota que hay al final, el autor menciona a toda la gente que le ha ayudado a documentarse y es cierto que ha investigado mucho sobre todo lo relacionado con las ballenas (he aprendido mucho sobre el tema), pero cojea en la parte de ficción especulativa y es aquí donde se nota que no tiene formación como biólogo. La novela se rinde al humor, sin darse cuenta de que si construyes una sociedad no puedes dejarla a medias. Un ejemplo: en varios momentos se burlan de Nate por mantener relaciones con una criatura de otra especie (pese a que no es cierto), pero en ningún momento desarrollan si eso es posible o no, si hay relaciones estables y si esas parejas pueden tener hijos. 

A esto hay que añadirle que el punto fuerte de la novela, el humor, no ha sido de mi estilo. La mayoría de las bromas tienen que ver con el humor escatológico o sexual y a mí eso no me hace ninguna. Me parece un tipo de humor muy burdo y basto, así que no me he reído demasiado con la novela. Entiendo que hay gente a la que le puede hacer gracia, pero yo no soy el público objetivo.

Los personajes nunca han sido el punto fuerte del autor, así que esta novela no iba a ser menos. Hay alguno que me ha caído más en gracia que otros, como Kona, pero es solo por lo estrafalario que resulta y por su peculiar forma de hablar: usa una jerga rastafari que debe haber sido muy difícil traducir. Y aun así, es un personaje al que le ha faltado mucho trasfondo y no he llegado a comprender si fingía interés por la cultura rastafari (una cultura que tampoco se desarrolla, solo se utiliza para el humor) o no, porque cuando la situación era MUY seria y se lo pedían, hablaba normal.

«—Buen karma, broders —exclamó Kona—, con estos trajes de calabaza acabaremos con el sheriff John Brown, Jah. »

Como secundarios tenemos a la pareja formada por Clay y Clair, que no podrían tener nombres más parecidos. Me gusta su dinámica de pareja, pero no está desarrollada ni sabemos mucho de ellos, pese a protagonizar escenas individuales a partir de la mitad de la novela. Un poco lo mismo pasa con Amy, la joven ayudante de Nate, que se le insinúa constantemente. 

No creáis que Nate, por ser el protagonista, va a estar mucho más trabajado que los secundarios. Al igual que ellos, es un personaje que no evoluciona y, pese a tener un poco más de profundidad, esta se debe a que participa más en la trama que el resto. Lo más decepcionante es que es exactamente el mismo protagonista que en las dos novelas que he leído del autor, con el plus de ser un científico: un hombre patético, pasivo, solitario, con problemas comunicativos, sensible y torpe. Se nota que el autor pretende dar visibilidad a hombres con una personalidad poco reflejada en la ficción, los machos beta, y eso me parece estupendo. El problema es que TODOS los hombres que aparecen en sus novelas son exactamente iguales y, aunque consiguen a la chica y su objetivo, son siempre motivo de burla porque resultan patéticos.

Me ha dado la impresión de que el autor trataba de romper con el esquema social al poner como protagonistas a hombres poco viriles y empoderando a las mujeres, porque siempre llevan la voz cantante en la relación. El problema es la sátira. Si esto se mostrara como una relación positiva y equilibrada, no habría ningún problema; en su lugar, aunque todas las parejas son felices, los hombres siempre me dan lástima porque son mangoneados por las mujeres: son sumisos y dependientes, controlados a nivel sexual, y una de sus metas siempre es encontrar una pareja. Si en este libro se invirtieran los papeles, cualquier feminista lo fulminaría. Quiero pensar que al autor se le ha ido la mano y al tratar de revertir los roles de género le ha salido el tiro por la culata. No creo que se deban justificar estas relaciones tóxicas porque jaja es gracioso que el hombre sea un inútil. 

La novela me estaba pareciendo regulera hasta que se desvela el misterio y no hay ninguna reflexión tras eso. El final es muy acelerado, todo acción, y los cabos sueltos no se hilan de forma consecuente. Hay momentos en los que los personajes cambian de parecer de un capítulo a otro, a veces actúan de forma irracional, se plantean conflictos éticos que se resuelven en un par de líneas y sucede todo tan rápido que me sentí confundida porque no me quedaba claro ni quienes eran los antagonistas.

En conclusión, estamos ante una novela de la que esperaba mucho y con la que me he llevado una desilusión enorme. Quiero creer que, al ser de las primeras novelas del autor (se publicó en 2003, mientras que Un trabajo muy sucio, la única novela que ha escrito y me ha gustado, se publicó en 2006), aún le falta mucho por aprender y que todavía no se ha encontrado como autor. Solo por eso seguiré leyéndole (y porque tienes un buen puñado de libros suyos en la estantería), pero sin ninguna prisa. 

Tampoco es que esta novela haya sido horrible: si te gusta el humor escatológico, quieres ver otro tipo de hombres en ficción, te gustan las tramas disparatadas y solo buscas entretenimiento, adelante, este es tu libro. Pero no ha sido para mí. El tema de las ballenas está bien documentado y la novela ayuda a dar visibilidad a una especie que sigue en vías de extinción, el problema es cuando el autor experimenta con la ficción especulativa, porque la obra pierde toda verosimilitud. El misterio está bien llevado, hasta que se resuelve a la mitad; a partir de ese momento, la trama va cuesta abajo porque no se profundiza en las explicaciones y el final es demasiado acelerado, hasta el punto de resultar confuso. Si el humor escatológico no es de tu estilo, olvídate, porque es la base de la novela. En cuanto a los personajes, planos, con ninguna profundidad y desarrollo. Las mujeres son las figuras dominantes, quizás demasiado, y los hombres son poco viriles y tienden al patetismo.

Cosas que he aprendido:

  • La jerga rastafari es molongui.
  • Las ballenas son incluso más grandes de lo que tiendo a imaginar.

Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:

PUNTUACIÓN...2/5!

Primeras Líneas...

sábado, 19 de agosto de 2023

Trilogía A love story, Libro I: La sanguijuela de mi niña, de Christopher Moore

Hace un par de años, vi en la librería de segunda mano un montón de libros de Christopher Moore y decidí llevármelos, pese a que no había leído nada suyo. Con algo de culpabilidad, hace tres años leí Un trabajo muy sucio y me gustó. Por una razón o por otra (porque tienes demasiados pendientes), no le he dado una nueva oportunidad hasta ahora (básicamente, porque este año te estás leyendo los libros con el lomo rojo). Y quizás no ha sido la mejor elección. 

Lo primero es que no me ha parecido tan bueno como el otro, quizás porque este es del 1995, mientras que el otro era de 2006. En segundo lugar, descubrí que era el primero de una trilogía del que solo tengo este y el segundo. Al parecer esto no es muy importante, porque la trama de este se cierra aquí, pero sí que siguen las aventuras de los personajes principales. En tercer lugar, ya cuando estaba terminando la lectura, me percaté de que en realidad era relectura. Al parecer, este libro ya lo había leído antes de tener el blog, hace más de doce años, por lo que no tenía reseña hecha. Lo cierto es que a medida que leía tenía una sensación de déjà vu y todo me sonaba familiar, pero no sabía precisar por qué, hasta que, por intuición, decidí buscarlo entre mis libros digitales y... efectivamente, allí estaba. 

Como os podéis imaginar, es un libro entretenido, pero poco memorable. Os dejo con la reseña.

Nº de páginas: 320
Título: La sanguijuela de mi niña
Título original: Bloodsucking Fiends
Autor: Christopher Moore
Editorial: La factoría de ideas
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788498005141
Año de edición original: 1995
Fecha de lanzamiento: 02/11/2009
Traductor: Victoria Horrillo Maqueda

Sinopsis:
La vida de los vampiros es todo romanticismo y poesía, o no? Cuando la joven Jody se despierta una mañana con parte del cuerpo quemado y una sed de sangre terrible, tiene que enfrentarse a todos los aspectos prácticos de su nueva condición: dónde dormir, cómo conseguir sangre fresca, cómo mantener el tipo ante su madre... No parece una empresa fácil para una chica que no ha visto una película de vampiros en su vida. Cuando Thomas, un escritor frustrado y dependiente a tiempo parcial, se cruza en su vida, Jody coge la oportunidad por el cuello... Literalmente. La sanguijuela de mi niña es el hilarante relato de cómo Thomas trata de vivir con la mujer a la que ama... aunque ella esté muerta.

Opinión:

Si algo hay que reconocerle a Crepúsculo es el mérito de haber revitalizado un género que estaba de capa caída. A partir de su publicación, la literatura padeció un boom de libros de vampiros adolescentes, en los que se despojaba al vampiro de su aura de terror y se incidía en la fascinación que supone el misterio de lo desconocido. La obra de Meyer fue la que tuvo más repercusión, pero no fue la primera que trató dar un lavado de cara al género.

En 1995, Christopher Moore publicó La sanguijuela de mi niña (Bloodsucking Fiends, en el original, algo así como Demonios chupasangre, sin duda un título poco comercial), una sátira a las novelas de vampiros. Jody, una treintañera incapaz de mantener ni una relación ni un trabajo estable, se ve convertida de una noche a otra en una vampira. Sin un manual de instrucciones y con la ayuda de Thomas Flood, un desconocido que se convierte en su chico de los recados durante el día y amante a tiempo parcial durante la noche (siempre y cuando no esté trabajando), irá descubriendo poco a poco qué implicaciones tiene su nueva condición, al mismo tiempo que esquiva el reguero de sangre que apunta en su dirección.

Jody supone un soplo de aire fresco gracias a su actitud ante la vida (o la muerte). Para empezar, su conversión no le supone un drama: dinero a mansalva, habilidades que le confieren una mejor percepción del mundo, eterna juventud, etc. Sí, lo de beber la sangre es sin duda un estorbo, pero alguna solución habrá. Y en cuanto a lo de quedarse roque durante el día, tampoco es tan grave si la puesta de sol la pilla a cubierto. Jody acepta su nueva condición con curiosidad y se lo toma todo con mucho humor. Es alguien simple que no le da muchas vueltas a las cosas, flexible, con capacidad de adaptación e impulsiva. Eso hace de ella un personaje dinámico y poco profundo: el interés no radica en explorar las consecuencias de la inmortalidad o la moralidad del sacrificio ajeno, sino en aplicar un filtro positivista a una situación tan desfavorable como esa.

Flood, por su parte, rompe por completo con el modelo de Macho Alfa que tanto triunfaba en los noventa (y que sigue bastante en boga, por desgracia). En su lugar, es un tipo patético, un hombre mediocre, prudente, que evita la confrontación y el riesgo. Es dependiente, tiene poca confianza en él mismo y carisma, aunque es querido por todos por su afabilidad y es un buen amigo. Vamos, se corresponde con la definición de Macho Beta, como ya clasificó el autor al protagonista de Un trabajo muy sucio. Es por ello que se convierte en el perrito faldero de Jody, aunque a diferencia de ella, que no evoluciona, sí que vemos en él cómo intenta escapar de su anodina vida y experimentar cosas nuevas.

Ambos escapan del esquema de los protagonistas prototípicos, pero una vez los calas, sabes que no puedes esperar nada nuevo de ellos, que no son más que herramientas para la sátira. Quizás la parte que me ha parecido más floja ha sido

la relación entre ambos, porque su dinámica es más de amigos que de pareja. Más allá de la parte sexual, que ambos disfrutan de sobra, pese a los pocos detalles que nos dan, ni tienen demasiado en común, ni tienen gestos el uno por el otro. Son dos desconocidos que se atraen físicamente y que se sienten unidos por un secreto, el vampirismo de Jody, que da intimidad a su relación, pero que a largo plazo no encajan porque la humanidad de uno no es compatible con la inmortalidad del otro. Aquí la falta de seriedad de la novela juega en contra del realismo: su relación se da por hecho y no tiene ninguna profundidad.

En cuanto a secundarios, tenemos a los compañeros de trabajo de Flood, un grupo de personas que trabajan con él en el turno de noche en un supermercado, y que reciben el sobrenombre de los Animales con motivo. Pese a su edad, ninguno ha madurado y son unos gamberros de cuidado, cuyas acciones lindan constantemente con la legalidad. No creo que sean totalmente ficticios y eso es lo que me preocupa: en quién se habrá basado el autor.

Más secundario aún es el Emperador, un vagabundo respetado y conocido en San Francisco, que se considera a sí mismo el protector de la ciudad, pero al parecer es un personaje recurrente, pues ya aparecía en Un trabajo muy sucio. Su actitud de caballero andante chalado no aporta más que una pizca de humor, pero es interesante cómo sirve de unión entre las obras del autor. 

Como habréis notado, no he mencionado aún al vampiro que convirtió a Jody, autor de los crímenes que la rodean, y es que supone una amenaza insignificante, a la que los protagonistas casi no prestan atención. La trama, como habréis notado, es muy sencilla y se centra más que nada en cómo Jody se desenvuelve en la situación en la que se encuentra. Me ha gustado cómo resuelven lo del antagonista al final, pero el tono chick lit más que sobrenatural, la ausencia de un hilo conductor (no tenía muy claro a dónde iba la novela) y la falta de seriedad en algunos temas (aparece un policía necrofílico) hacen que la trama tenga poco interés.

En cuanto al humor, que debería ser la baza principal de la novela, lo he sentido algo flojo. Tiene escenas y comentarios divertidos, pero de esos que te hacen esbozar una sonrisa, no soltar una carcajada. Es divertido, pero se nota que es solo la tercera obra del autor y que aún le falta mucho por pulir.

El final puede que haya sido lo más decepcionante, porque es la parte donde más se aprecia la ausencia de profundidad en las relaciones de personajes. Se toman varias decisiones de forma muy precipitada y la conclusión del romance entre Jody y Flood no he podido creérmela. Además, resulta que este es una primera parte (tengo el resto, aunque no sabía que eran parte de una saga), pero solo porque los protagonistas vivirán más aventuras juntos en el futuro: este libro tiene un final completamente cerrado. El problema es que dudo mucho que los problemas de profundidad se arreglen en el futuro ni tampoco que cambie el status quo; parece que en los siguientes libros solo tendremos un poco más de lo mismo.

En conclusión, para mí este libro es la definición de Bien. Es entretenido, da una vuelta de tuerca al tema de los vampiros, los protagonistas son divertidos y hay bastante humor. No busques reflexiones, ni personajes profundos, ni una trama compleja, porque este libro solo pretende hacerte pasar un buen rato. Y lo consigue.

Cosas que he aprendido:

  • La gente del turno de noche del supermercado no es de fiar.

Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:



PUNTUACIÓN...3/5!

Primeras Líneas...

lunes, 20 de abril de 2020

Saga Grim Reaper, Libro I: Un trabajo muy sucio, de Christopher Moore

Menos mal que este libro me ha gustado. Y es que lo tenía desde hacía mil en mi casa, pero cuando fui de viaje a Barcelona encontré un montón de segunda mano...y me los llevé. Sí, sin haber leído nada del autor (aka autora, porque tengo un problema mental y por alguna razón no me cabe en la cabeza que el autor sea un hombre) antes, muy inteligente por mi parte. Por suerte, me ha gustado tanto como esperaba, so, he quedado con muchas ganas de leer el resto. Os dejo aquí la reseña:

Título: Un trabajo muy sucio
Autor: Christopher Moore
Título original: A dirty job
Traductor: Victoria Horrillo Ledesma
Nº de páginas: 352
Editorial: La factoría de ideas
Encuadernación: Tapa blanda
 ISBN: 9788498003512
Año de edición: 2007
Plaza de edición: Madrid

Sinopsis:
Charlie Asher es dueño de un edificio en San Francisco, tiene una tienda de objetos de segunda mano y está casado con una mujer guapa e inteligente que lo quiere por ser tan normal. Sí, a Charlie le van bien las cosas... hasta el día en que nace su hija, Sophie. Justo cuando se dispone a irse a casa, ve junto a la cama de su mujer a un extraño que asegura que nadie debería poder verlo. Pero Charlie lo ve y, de allí en adelante, comienzan a suceder cosas muy raras: la gente cae muerta a su alrededor, cuervos gigantes se posan en su edificio y parece que, allá donde va, oye susurros de una presencia siniestra. Sí, Charlie ha sido reclutado para un trabajo desagradable pero muy necesario: la Muerte. Es un trabajo sucio. Pero alguien tiene que hacerlo.

Opinión:
Impresión: Divertido

Iba a ofreceros un resumen de la trama, pero la sinopsis lo hace muy bien, aunque para mi gusto se deja un detalle importante: la mujer de Charlie muere (cosa que pasa en el primer capítulo, que todo el mundo se tranquilice). Como os podéis imaginar, la razón por la que me hice con este libro fue su argumento, que me parece la mar de original. Lo único que me echaba para atrás es que fuera demasiado gore o explícito, pero en absoluto.

Y es que, por si no lo habéis percibido por el tono de la sinopsis, nos encontramos con una novela cargada de humor. Me he reído bastante con esta novela, y es que ha sido muy de mi estilo. Puede que sea un humor muy de sketchs, pero a mí me ha arrancado más de una sonrisa. No tanto porque haya un montón de juegos de palabras (aunque hay un buen par) ni porque haga bromas muy inteligentes, sino porque encaja muy bien con el tono de la novela y los personajes. Se trata de un humor absurdo muy bien llevado, bastante al estilo Buenos presagios. Y es que si me hubieran dicho que esta novela estaba escrita por Neil Gaiman, me lo hubiera creído, pues la otra baza con la que juega es el realismo mágico.

Por experiencias previas con este género, sé que no es de mi estilo, y es que me he llevado muchas desilusiones. Soy una persona muy lógica, y que la gente acepte cosas sobrenaturales casi sin cuestionárselo es algo que no me cabe en la cabeza, por lo que las novelas de este género suelen exasperarme. Cosa que no ha sido el caso.

Me gusta mucho cómo se trata el realismo mágico en esta obra. Hay escenas y personajes muy locos (cancerberos que comen batidoras, gente invisible, un bebé asesino, una ardilla con vestido de baile, un hombre que lanza petardos a las alcantarillas, un secuestrador amable que te ofrece una taza de té,...) aceptadas por los personajes con absoluta normalidad, cosa que suele hacerme levantar una ceja de incredulidad. Pero aquí está bien, porque esa actitud es coherente con los personajes, con su forma de ser y de reaccionar al mundo en general, por lo que me resulta creíble.
Como de lo único que estaba seguro respecto a los cancerberos era de que irían  allá donde llevara a Sophie, se los llevó de excursión al zoo de San Francisco y los dejó encerrados en la furgoneta, con el motor en marcha y un tubo de aspiradora tendido entre el tubo de escape y la ventanilla de ventilación. Después de lo que le  pareció una visita al zoo sumamente exitosa en vista de que ni un solo animal había abandonado los sinsabores de esta vida bajo la mirada alborozada de su hija, Charlie regresó a la furgoneta para encontrarse con dos cancerberos muy colocados, pero por lo demás ilesos, y que, tras comerse las tapicerías de los asientos, exhalaban al eructar un vapor con olor a plástico quemado.
[...]
Con el paso del tiempo, Charlie intentó poner en la balanza el peligro de tener allí a aquellos canes gigantescos y el daño psicológico que sufriría su hija si presenciaba su muerte, dado que, obviamente, Sophie les estaba cogiendo cariño. Así que acabó por abandonar los ataques directos y dejó de lanzar salchichas al paso del autobús exprés número 90. (Tomar dicha determinación le resultó fácil cuando el ayuntamiento de San Francisco amenazó con demandarlo si uno de sus perros volvía a destrozar un autobús).
[...]
Empezó comedidamente: se los llevó a dar una vuelta por el este de la bahía en la furgoneta, los atrajo hasta las marismas de Oakland con una ristra de costillas de ternera y luego se largó a toda prisa, solo para encontrárselos esperándolo en el apartamento a su regreso. Habían cubierto todo el cuarto de estar con una pátina de barro seco. Charlie probó entonces un método aún más indirecto: los metió en una caja y los mandó por vía aérea a Corea con la esperanza de que acabaran sirviendo
de primer plato, pero regresaron a la tienda antes de que él tuviera tiempo de limpiar el apartamento de pelos de perro.
En general todos los personajes me han gustado mucho, tanto principales como secundarios. Son todos muy divertidos y característicos, sin perder un ápice de verosimilitud. En el negocio de Charlie trabaja Lily, una chica gótica, rebelde, deslenguada, liberal que siempre se burla de Charlie o de Ray, el otro empleado, un expolicía que pasa sus tardes elaborando teorías conspiratorias y ligando en filipinasdesesperadas.com. También está Jane, la hermana del protagonista, que cambia de novia tan a menudo como pantalones y trajes le roba a Charlie, al que, pese a sus burlas sobre su escasa vida sexual, quiere con locura. Y muchos otros, como el Emperador, un vagabundo rey de los perros callejeros, las vecinas asiáticas del protagonista que viven gracias a los animales muertos de su apartamento y un policía que ha visto demasiado como para sorprenderse ante cualquier cosa.
—¿Por qué ha llamado Mohamed a ese perro ? —preguntó el de la barba.
—Porque se llama así.
—No debería haberle puesto Mohamed.
—Yo no le puse Mohamed —repuso Charlie—. Ya se llamaba así cuando lo compré. Lo ponía en su collar.
—Es una blasfemia llamar a un perro Mohamed.
—Intenté ponerle otro nombre, pero no me hacía caso. Mire. Steve, muérdele la pierna a este señor. ¿Lo ve?, nada. Spot, arráncale la pierna a este hombre. Ni caso. Es como si le hablara en farsi. ¿Ve usted adonde quiero ir a parar?
—Pues yo le he puesto Jesús a mi perro. ¿Qué le parece?
—Pues que lo siento mucho. No sabía que hubiera perdido usted a su perro.
—Yo no he perdido a mi perro.
—¿En serio? He visto un montón de anuncios por toda la ciudad en los que ponía: «¿Has encontrado a Jesús?». Será otro perro que se llama Jesús. ¿Ha ofrecido recompensa? Una recompensa ayuda, ¿sabe usted? —Charlie había notado que  últimamente cada vez le costaba más resistirse a la tentación de pitorrearse de los demás, sobre todo cuando insistían en comportarse como idiotas.
Y luego está Charlie, el protagonista. Desde el principio se nos lo presenta como a alguien a quien se le va un poco la pinza de tanto en tanto, muy crédulo, buena persona, ingenioso verbalmente, paranoico y con el don de saber hacer el chascarrillo en el momento más adecuado. Oh, y un macho beta, por supuesto. Es solo un detalle y sé que forma parte de la personalidad del protagonista y su forma de ver el mundo, pero me ha molestado que dividiera a los hombres en "machos alfa" y "machos beta"  que estuviera haciendo referencia a ello TODO el rato. Dejando eso de lado, en general Charlie me ha parecido muy bien construido, coherente y peculiar, diferente a muchos otros personajes, alguien que recordaré durante mucho tiempo.

A estos personajes tan distintos a todo y a la trama original hay que sumarle el hecho de tratar un tema bastante tabú, la muerte, y hacerlo desde una perspectiva muy poco habitual, el humor. Por supuesto, la obra está llena de humor negro, pero también tiene sus momentos serios. Me ha parecido interesante ver cómo Charlie se siente respecto a la muerte de desconocidos cuya alma va a buscar, pero sobre todo, me ha gustado ver cómo lidia con la muerte de su esposa, pues pasa años y años en duelo y recuerda a su mujer de tanto en tanto. Puede que me hubiera gustado que la obra no fuera tan humorística y tuviera momentos más serios para tratar esto, y que se hiciera más hincapié en el dolor de Charlie, pero entiendo que la obra no va a eso.
Una semana antes, Jane había bajado a pedirle un poco de miel y había encontrado la mermelada de ciruelas que le gustaba a Rachel al fondo del frigorífico, cubierta de moho verde.
—Hermanito, esto hay que tirarlo —dijo haciendo una mueca de asco.
—No. Era de Rachel.
—Lo sé, niño, y ella no va a volver a buscarlo. ¿Qué más tienes... ? ¡Dios santo! —Se apartó de la nevera—. ¿Qué era eso?
—Lasaña. La hizo Rachel.
— ¿ Y lleva ahí más de un año ?
—No he tenido valor para tirarla.
—Mira, el sábado vengo a limpiarte el apartamento. Voy a tirar todas las cosas de Rachel que no quieras.
—Las quiero todas.
Jane, que se disponía a tirar la lasaña verde y morada al cubo de la basura con fuente y todo, se detuvo.
—No, Charlie. Estas cosas no te ayudan a recordar a Rachel, solo te hacen sufrir. Tienes que concentrarte en Sophie y en el resto de vuestras vidas. Eres un tío joven, no puedes darte por vencido. Todos queríamos a Rachel, pero tienes que pensar en seguir adelante, tal vez en salir por ahí.
De todas formas, he de decir que me hubiera gustado ver cómo evolucionaba Charlie respecto al duelo, especialmente si tenemos en cuenta que en el libro transcurren varios años, pero por desgracia pasa del punto A al C sin pasar por B, y es que hay un romance que, aunque entiendo que cuadra con el personaje y su carácter, y que es tratado con humor, me ha sobrado.

En referencia al lenguaje, nos encontramos ante una obra claramente de corte adulto, bien escrita y muy ligera, que cuenta con unos diálogos espectaculares, tanto por su dinamicidad como por el realismo. Mencionar que muchas veces el narrador o los personajes hacen referencia a cosas de la actualidad o a personajes célebres, y que parte del humor se basa en ello. Me ha parecido muy acertado que el libro incluyera varias notas al pie del traductor ofreciendo una explicación o haciendo referencia a chistes intraducibles.

En cuanto al final, ha estado bien, previsible sin duda, aunque me gusta que haya tenido un giro en torno al prota que ha estado bien. El libro es completamente autoconclusivo, aunque he visto que hay una continuación que se basa en una aventura completamente paralela. También mencionar que, por lo visto, el autor ha creado un universo propio, pues en sus otras novelas, hay varios cameos de personajes, e incluso una está protagonizada por uno que aquí aparece tan solo un segundo. Muy interesante.

En conclusión un libro que ha estado bastante bien. Es cierto que aunque la premisa es original, al final la trama es previsible y normalita, y que pese a tratar un tema tabú como la muerte con humor, al final no profundiza mucho en ello de forma seria, pero es muy entretenida y cumple lo que promete con creces. Cuenta con un humor absurdo muy bien trabajado y divertido, unos personajes muy peculiares y característicos y trata el realismo mágico con mucha credibilidad. A mí me ha convencido, y sin duda leeré más obras del autor. 

Cosas que he aprendido:
  • El realismo mágico no está tan mal si los personajes son coherentes con ello.
  • Varias formas de exterminar a un perro.

Y ya para terminar, os dejo con mi avance en Goodreads:


PUNTUACIÓN...4/5!

Primeras Líneas...