miércoles, 23 de septiembre de 2026

Frases memorables: Dafne desvanecida

"—Escribir carece de significado —acotó Virgilio—. Es la solapa lo que le otorga un sentido u otro. ¡La solapa es MÁS, MUCHÍSIMO MÁS importante que el libro!
—Le pondré otro ejemplo para que se percate de esa importancia —prosiguió Neirs—. Sabemos que la Biblia pretende ser la palabra de Dios mientras que Las mil y una noches son una recopilación de cuentos fantásticos. Eso es la solapa: lo que sabemos, o creemos saber, sobre estos libros. Ahora imagine que la Biblia y Las mil y una noches hubieran trastocado sus solapas hace milenios: a estas alturas, las andanzas de Yavé constituirían un deleite para niños pequeños, mientras que muchos devotos habrían muerto por Aladino o habrían sido torturados por negar a Scherezade… Y no crea que exagero: la solapa es como el cauce de un río, y nuestra lectura fluye siempre sometida a sus límites. ¿Me explico?"

"La historia no revestía especial dificultad: creo que fue Tolstoi quien dijo que todas las familias felices se parecen entre sí, pero erró al afirmar que las desgraciadas son diferentes. En realidad, la vida (lo descubrí en aquel momento) carece de imaginación: un bebé, una abeja y una foto amarilla olvidada en un álbum poseen innumerables réplicas, todas iguales. El pasado de cualquier ser humano es idéntico al de todos; sólo nos diferenciamos a la hora de contarlo. Fue sencillo inventar fiestas, navidades y juguetes para Natalia; insomnios, pesadillas y terrores emergieron con similar facilidad."

De pequeña, me gustaba leer la versión adaptada que tenía en casa de la Biblia. No es que fuera una chica religiosa, sino que las parábolas y los cuentos que contenía, yo los trataba como tales, me gustaban tanto como cualquier fábula o cuento de los hermanos Grimm. Yo es que devoraba cualquier cosa que pasara por mis manos. Que fuera un texto religioso o no me traía sin cuidado. Lo mismo pasaba en la misa: mi parte favorita era cuando narraban alguna historia.

Como bien comentan los personajes del fragmento, que una cosa sea la palabra de Dios y lo otro cuentos fantásticos, es algo que depende de la solapa, es decir, de la forma que tienen otros de presentarnos el libro. Algo similar pasa con todas las historias de la mitología griega y romana, que en su momento se consideraban novela histórica y que ahora pertenecen al género fantástico. Aunque no todo, porque la guerra de Troya es una historia que está imbuida de tanto realismo (las adaptaciones que conoce el gran público se saltan la parte de la intervención divina) que mucha gente hoy en día cree que esa guerra, tal y como se describe, fue real. Otro ejemplo fue La guerra de los mundos, de H. G. Wells, una historia que, durante su locución, se vendió como verídica.

Por supuesto, estos casos extremos son contados. Aun así, hoy en día es tan importante cómo se vende el libro como el libro en sí. Es muy distinto saber que estás leyendo una novela histórica basada en un conflicto a saber que los personajes fueron personas de carne y hueso, a saber que la novela está escrita de puño y letra por alguien que vivió ese conflicto. Hace unos años vi la película de Braveheart y quedé muy impresionada por los acontecimientos que se narraban. Luego descubrí que se basaba ligeramente en hechos reales y que realmente la película había hecho un pastiche, cogiendo sucesos que no habían ocurrido cronológicamente así. Menuda decepción me llevé.

Creo que el mercado tiende demasiado al engaño al vendernos thrillers que son novelas de misterio, terror que solo es misterio paranormal, romantasy que es fantasía, romántica que es erótica, etc. Empezar algo con las expectativas equivocadas hace que uno termine, inevitablemente, decepcionado, por mucho que lo que encuentre sea mejor de lo esperado.

Pasando ahora a hablar un poco de la segunda cita, he de decir que estoy bastante de acuerdo. Por norma general, la vida transcurre igual para uno que para otro. Si se analizaran los álbumes de fotos de toda una vida de distintas personas, habría una gran similitud. Con esto no quiero decir que seamos todos iguales, sino que personas de contextos similares tienen vidas, a grandes rasgos, similares. 

Eso sí, no creo que la única diferencia radique en la forma de contarlo, sino también en el detalle. Al comparar esos álbumes, veríamos que en todos hay fotografías tomando algo con los amigos, una excursión a la playa, otra a la montaña, fiestas de cumpleaños, varios viajes a X distintos lugares, una foto familiar,... La diferencia está en cómo son esos amigos, qué playa o montaña fue, cómo era la tarta de cumpleaños, qué país se visitó, cuánta gente posaba en la foto familiar y cómo eran sus sonrisas... etc. Puede que todos tengamos vidas similares, pero los detalles son los que hacen que nuestra vida sea única.

Los fragmentos que os he compartido hoy pertenecen a la novela Dafne desvanecida, de José Carlos Somoza. En su momento, me pareció un novelón muy original, aunque debería hacer relectura. Recuerdo que era un libro que tenía un alto componente metaliterario y experimental, con reflexiones en torno al sector editorial y la diferencia entre realidad y ficción. Pese a lo mucho que me gustó, tampoco me veo con coraje de recomendarlo a diestro y siniestro, porque era un libro muy bizarro y complejo, que puedo comprender que no encaje con todo el mundo. Si aun así os ha llamado la atención, os animo a leer la reseña que escribí en su momento.

Y eso es todo por hoy. Espero que os hayan resultado interesantes los fragmentos. ¿Alguna vez os ha pasado que esperábais algo de un libro y os ha ofrecido algo completamente distinto? ¿Cómo os lo habéis tomado? ¡Nos leemos en los comentarios!

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"Sabes que has leído un buen libro cuando al cerrar la tapa después de haber leído la última página te sientes como si hubieras perdido a un amigo." Paul Sweeney