Tamaño: 13 x 18 cms
Páginas: 256
Color: Blanco y negro
ISBN: 978-84-18788-70-3
Edición original: Kanaria-tachi no fune (Kodansha, 2015)
Edición España: La barca de los canarios (Milky Way Ediciones, 2021)
Guion: Misaki Takamatsu
Dibujo: Misaki Takamatsu
Traducción: Laura Asquerino Egoscozábal
Sinopsis:
Yuri, alumna de último año, pertenece al club de atletismo del instituto y todavía no ha decidido qué estudiará en la universidad. Puede que tampoco lo necesite, ya que un día aparece una extraña criatura gigantesca en el cielo, ataca la ciudad y, cuando la chica vuelve en sí, se encuentra en una especie de bosque junto con Chihiro, un farmacéutico. En cuanto salen a la superficie, comprueban que no están en la Tierra. ¿Qué ha ocurrido? ¿Y dónde están?
Opinión:
Cualquiera diría que una historia que empieza con una invasión alienígena y viñetas como esta estaría llena de acción:
Sin embargo, esta portada inicial es más acorde con el tono de la obra:
Y es que estamos ante una historia intimista, en la que los personajes parecen suspendidos en el tiempo. En realidad, la invasión son un puñado de páginas; la mayor parte del tomo transcurre en el extraño mundo en el que despiertan Yuri y Chihiro. Ambos están completamente solos en un inmenso edificio vacío rodeado por una selva que se extiende hasta más allá del horizonte. Ninguno de los dos sabe cómo han llegado hasta allí ni qué ha pasado con el resto de la humanidad.
Normalmente, las historias de invasiones alienígenas suelen girar en torno a dos temas: el contacto con el Otro o la supervivencia en un mundo devastado. Aquí no tenemos nada de eso. Para empezar, a los alienígenas ni se los ve ni se los espera. Para continuar, Yuri y Chihiro disponen tanto de alimentos a mano como de un techo bajo el que cobijarse, y no hay peligros a la vista. Esperaba que se profundizara en su relación, que se hicieran amigos (no descartaba un romance), conociéramos su pasado y compartieran sus sentimientos. Ahí es donde va lo curioso: ambos viven bastante aislados el uno del otro y apenas interactúan.
Este distanciamiento se debe en parte a la diferencia de edad (Yuri es una adolescente y Chihiro un adulto), en parte a la actitud con la que afrontan la situación. Yuri siente tristeza por lo que ha perdido, nostalgia del hogar, arrepentimiento por todo lo que no hizo, miedo al futuro, resolución de seguir adelante... Chihiro, en cambio, se muestra hundido y desesperado, apático. De los dos, Chihiro me pareció el más interesante, porque es el más atípico: además de tener esta actitud, ignora a Yuri si esta le da conversación, se burla de sus sueños truncados, no le agradece su ayuda... No es que su reacción y comportamiento no sean lógicos, es que lo más habitual en historias como esta es que reaccione con madurez y empatía, ya que es un adulto. Más adelante evoluciona un poco y descubriremos por qué es así, pero me parece una elección curiosa.
Ahora bien, uno de los aspectos más mejorables de la historia es el ritmo. La historia podría transmitir mucho mejor el aburrimiento y la angustia por la reclusión si viéramos cómo el tiempo transcurre despacio; en su lugar, hay cortes temporales en los que pasan días o semanas de una escena a otra.
El último tercio es lo que menos me ha convencido. Allí encontramos todas las explicaciones que buscábamos, pero es muy acelerado y no da espacio a que los personajes asimilen lo que está ocurriendo ni a que reaccionen en consecuencia. Que te suelten todo el infodump al final es una técnica simple para cerrar una historia; demuestra mucha más habilidad ser capaz de dejar migas de información aquí y allá que no abrumen al lector.
A todo esto hay que sumarle que el final queda un poco abierto. Yuri se ve obligada a tomar una decisión que tendrá grandes consecuencias... que no vemos. Entiendo que el objetivo de la historia era mostrarnos cómo Yuri toma las riendas de su vida y empieza a decidir y asumir responsabilidades, que el final es el culmen de esa evolución; aun así, para mí, a la historia no le hubieran venido mal un par de páginas más, sobre todo, para que Yuri asimile mejor lo sucedido al final.
En fin, La barca de los canarios no es el mejor manga del mundo, pero hace cosas interesantes. Tenemos un slice of life tras una invasión alienígena en un mundo extraño donde los únicos dos personajes están encerrados en un espacio que les resulta ajeno. La relación entre ambos no es la habitual, porque su actitud frente a lo sucedido es muy distinta y sus personalidades chocan. No hay romance, cosa que es de agradecer, pese a que con el tiempo, ambos forjan un vínculo. El tono es intimista, así que no esperéis ni acción ni una investigación absorbente sobre lo sucedido. Lo mejor es el dibujo, sin ser nada espectacular, y lo más flojo, el final, puesto que es muy acelerado y cuenta con mucho infodump.
Cosas que he aprendido:
- Si vas a otro planeta, tu cuerpo deberá adaptarse a su atmósfera.
- Los personajes adultos no siempre tienen que ser paternalistas.
Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:
PUNTUACIÓN...3/5!
Me gusta escuchar audiolibros mientras hago otras tareas, pero hay libros que requieren de toda tu atención. Este lo empecé el año pasado en ese formato y tuve que abandonarlo: me sentía perdida en una prosa compleja y de tono poético. Me había cautivado cómo estaba escrito, así que esperaba mucho de él; por desgracia, no ha sido todo lo que esperaba.
Autor: Alberto Méndez
Sinopsis:
La guerra civil española se convierte en la pluma de Alberto Méndez en una colección de susurros, de historias contadas por fin con la boca abierta, sin eufemismos, y que desnudan fundamentalmente una inquietante verdad: después de toda aquella devastadora carnicería no hubo rastro de victoria alguna, no existió presunto héroe que no hubiese sido fatalmente derrotado. Los rumores broncos y las sílabas miedosas de aquel período forman en Los girasoles ciegos un pentagrama frágil, cuajado de notas perdidas y consonantes desgarradas que terminan por evocar una melodía, narrada en cuatro relatos que nos hablan de las vidas que fueron borradas, suprimidas.
El capitán Alegría, un miembro del ejército ganador que el día antes de la victoria se pasa al bando republicano; un joven poeta que huye con su chica embarazada y debe enfrentarse tempranamente al misterio último de la muerte; un preso que se resiste a ser fusilado cubierto de mentiras, y prefiere arrastrar consigo a la muerte los falsos y tranquilizadores recuerdos de los verdugos; y un niño que protege celosamente un secreto de las malvadas invectivas de un cura abrasado por la lascivia: los personajes de Méndez componen la memoria de una batalla sin victorias, se reivindican como los perdedores heroicos que toda guerra deja tras de sí. Porque la injusticia de la devastación en ocasiones sólo puede ser contrarrestada por un acto luminoso de justicia poética.
Por qué este título...
"Reverendo padre, estoy desorientado como los girasoles ciegos. A pesar de que hoy he visto morir a un comunista, en todo lo demás, padre, he sido derrotado y por ello me siento sicut nubes…, quasi fluctus…, velut umbra, como una sombra fugitiva» "
Opinión:
Los clásicos y yo no encajamos. Algunos me gustan más que otros; pese a todo, nunca terminan de ser lo mío. Este libro es del 2004, pero tiene alma de clásico español. La prosa imita a la perfección la escritura de los años 60, hasta tal punto que creía que era de esa época; menuda sorpresa me he llevado cuando he investigado un poco sobre el libro para esta reseña.
Todas estas historias están relacionadas con la posguerra, en concreto, sobre elegir entre la dignidad de morir fiel a tus convicciones o vivir oprimido. Son solo cuatro historias; pese a ello abarcan una parte importante de la sociedad: los soldados de todos los bandos e ideologías, los prisioneros de guerra, los que huyeron, los que se escondían en la ciudad, y el sector eclesiástico. Estos relatos son completamente independientes, pero tienen pequeños guiños y puntos de interconexión que me han parecido muy logrados. Otra cosa que comparten es el tono desesperanzador: todas las historias terminan mal, algo que sabes desde el principio.
A continuación hablaré un poco de cada una de ellas. En el caso del relato del capitán Alegría, me gusta por su tono reflexivo. Que alguien decida abandonar la guerra cuando su bando está a punto de conseguir la victoria es algo que no se suele ver. El capitán Alegría es alguien de fuertes convicciones que no se siente cómodo formando parte de los vencedores. En su relato se habla del daño que ha hecho la guerra, tanto por la cantidad de víctimas como psicológicamente.
«La violencia y el dolor, la rabia y la debilidad, se amalgaman con el tiempo en una religión de supervivencias, en un ritual de esperas donde entonan la misma salmodia el que mata y el que muere, la víctima y su verdugo; ya solo se habla la lengua de la espada o el idioma de la herida»
«Aunque todas las guerras se pagan con los muertos, hace tiempo que luchamos por usura. Tendremos que elegir entre ganar una guerra o conquistar un cementerio»
El relato del diario del joven fugitivo es estremecedor. Durante la posguerra, mucha gente huyó a la montaña, donde malvivía como podía, y este relato nos acerca a lo difícil que resulta sobrevivir aislado en mitad de un monte cuidando de un bebé recién nacido y cargando con el dolor de haber perdido a los tuyos. El plus de esta historia es el transcriptor, que nos ayuda a comprender el estado de ánimo del narrador al interpretar cómo es la escritura y lo que hay escrito en los márgenes.
El tercer relato, el del prisionero de guerra, es, para mí, el más flojo. Transmite bien lo que uno siente al estar encerrado, temiendo que cada día pueda ser el último, viendo cómo tú tienes el privilegio de seguir ahí mientras los demás mueren uno a uno. Sin embargo, se me hizo un poco largo.
«—Somos un pueblo maldito, ¿no crees?—No. Creo que no somos un pueblo maldito. Eso sería echar la culpa a otros»
El último relato me pareció el más interesante por el multiperspectivismo. Eso le da ritmo y agilidad a la historia, además de que cada una de las perspectivas es interesante por sí misma: vemos al cura bregando con sus sentimientos de culpa, al niño (que ya no lo es) hablando del olvido y de su visión infantil de las circunstancias, y la narración en tercera persona que nos desvela poco a poco qué ocurrió exactamente. Cada uno de estos puntos de vista está marcado con una tipografía distinta, aunque no haría falta porque es fácil distinguir un narrador de otro por la forma de expresarse.
La reseña es breve, porque el libro no es muy largo y porque la gracia de la obra no está tanto en lo que dice como en cómo lo dice. He disfrutado de la experimentación narrativa, de la prosa compleja y cuidada, en ocasiones poética, y de la descripción de la posguerra, más centrada en los sentimientos de la gente de a pie que en los hechos. El libro en ocasiones es un poco denso, decepciona si buscas información sobre el franquismo y puede aburrir al centrarse casi en exclusiva en los personajes, sin dejar espacio para una trama. Sin embargo, eso no son fallos de la obra, sino cosas que yo buscaba y no he encontrado. Que una novela con tantos elementos poco afines a mis intereses me guste dice mucho de lo buena que es.
Cosas que he aprendido:
- Cada vez me gustan más las historias de las que conozco el final.
Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:
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"Sabes que has leído un buen libro cuando al cerrar la tapa después de haber leído la última página te sientes como si hubieras perdido a un amigo." Paul Sweeney