martes, 27 de noviembre de 2018

Viñeta del lector 48#

"Ayer decidí que estar despierta toda la noche y terminar de leer el libro era más importante que estar mentalmente presente hoy"

Lo cierto es que esta es una difícil decisión (no lo es: es más importante estar mentalmente presente). ¿Quedarse leyendo hasta muy tarde y terminar el libro, pero tener un sueño increíble al día siguiente, o dormir y terminar otro día el libro? Supongo que depende del libro. Y del sueño que uno tenga. Y de lo que se tenga que hacer al día siguiente. Aunque por lo general soy razonable (menos mal) y me pongo a terminar el libro (ets un desastre...).

Yo soy muy de leer por la noche, y más de una vez me ha pasado que me caigo de sueño y no importa si me quedan dos páginas: no puedo seguir leyendo (¡porque no deberías!), porque leo el mismo párrafo una y otra vez y no lo entiendo (sin duda, eso es un indicativo de que tenes que parar de leer). Pero otras veces estoy en el mood despierta, y siento que podría estar despierta toda la noche (y dormida toda la mañana siguiente). 

"¡Eso es perfecto por si quieres terminar el libros, Laura!", seguramente pensaréis (no lo creo, tus lectores son gente razonable). Ya. Lo sé. El problema es cuando el libro tiene quinientas páginas y voy por la cien. Es un problema grave. ¿Qué voy a hacer durante las dos o tres horas que me sobren cuando termine el libro? (¿Dormir? Es una sugerencia). Oh, claro: reflexionar sobre el libro que he leído. O soñar con él. No sé si os pasa a vosotros, pero si antes de dormir he leído durante mucho tiempo un libro, ese sueño se filtra en mis sueños y es como si siguiera leyendo (tengo una solución para eso: psiquiatra).

Quedarse leyendo hasta altas horas de la noche es maravilloso (ajá...). Ese silencio interrumpido únicamente por el pasar de las páginas. La paz de saber que no serás interrumpido. La tranquilidad de saber que no tienes ninguna otra obligación que cumplir...(excepto DORMIR) El problema está por la mañana (a eso le llamo yo karma).

Los días que siguen a las noches que me he quedado hasta muy tarde leyendo son memorables. Para el resto de personas que me observan, por supuesto. A mí me pasa que voy durante todo el día como zombie. No, por favor, quitad, el "como". Soy un zombie. Más que caminar, me arrastro (si es que eres capaz de levantarte). En lugar de moverme, parece que hago taichi. Y eso cuando me esfuerzo en parecer normal. La palabra "reflejos" solo tiene sentido si hay un espejo cerca. Si participara en una carrera contra una liebre y una tortuga, me ganaría la tortuga. Y la liebre.

¡Y eso que no he hecho referencia a cómo estoy mentalmente! Contesto preguntas cinco minutos después de que me las hayan hecho. Y cuando hablo, noto las palabras como extrañas en mi boca, como si dudara de su existencia (a veces es porque no existen). Eso sí, las respuestas son coherentes. Al menos suenan coherentes en mi mente. Extrañamente, solo en estos días me gusta aprender japonés. Bueno, como mínimo todo lo que leo parece que está en ese idioma.

 Sí, son días en los que parece que estoy actuando en una comedia del absurdo y que soy la actriz principal. Pero, ¿merece la pena? (no) SIEMPRE.


miércoles, 21 de noviembre de 2018

Les possessions, de Llucia Ramis

Y con el inicio del nuevo curso, se inician de nuevo las lecturas obligatorias, wiii (que alguien me mate, por favor No siguis bèstia, si tampoc n'hi ha tantes...Ses que hi ha ja me sobren. Ei, que consti que en part vas estar d'acord en fer aquesta lectura obligatòria. Perquè no sabia quin altre llibre proposar! Això ja és problema teu). Por suerte, este curso no van a ser muchas, aunque vaya, si siguen la estela de esta, estamos apañados. Y mirad que el hecho de que la novela fuera novedad y no un clásico hacía que ganara puntos a mis ojos (pues ya has visto el resultado).

En fin, os dejo con la reseña. No la sufráis mucho.

Títol: Les possessions
Autora: Llucia Ramis
ISBN: 978-84-339-1555-9
Precio: 17.9 €
Páginas: 240
Editorial: Anagrama
Fecha publicación: 07/03/2018

Sinopsis (català):
Aquest és un relat de fantasmes. Una novel·la que comença amb un retorn i acaba amb un udol. La narradora de Les possessions vola de Barcelona a Palma per posar fre a l’espiral conspiranoica del seu pare, que amb la jubilació ha passat de ser un plàcid professor d’institut a iniciar una batalla legal contra un presumpte delicte urbanístic. Són dies incòmodes, de converses amb un pare de sobte desconegut, una mare que actua com si res, i un antic amant i mentor. Aquestes trobades reobren velles ferides i transporten la protagonista al centre de la història familiar, marcada per un succés ocorregut a Madrid l’any 1993: implicat en martingales econòmiques i veient-se abocat a la ruïna, l’empresari Benito Vasconcelos, exsoci del seu avi, assassina la dona i el fill i posteriorment se suïcida.
Entre l’elegia, la crònica i el thriller, Llucia Ramis ha escrit una novel·la de múltiples capes que es descabdellen amb lleugeresa i profunditat alhora. Una indagació personalíssima i valenta en el passat d’una família i d’un país; en la naturalesa de les relacions amoroses i els desenganys, de les ambicions i les frustracions; en com construïm la pròpia identitat i ens aferrem a objectes i afectes, conscients que no hi ha res que duri per sempre. Ni tan sols les cases on vam ser feliços, perquè créixer consisteix a no tenir un lloc on tornar.

[No sé quién ha escrito esta sinopsis, pero se ha flipado mucho]

Sinopsis (castellano): 
La narradora de Las posesiones viaja de Barcelona a Palma para pasar unos días en familia y tranquilizar a su padre, a quien la jubilación y unos problemas con un vecino tienen al borde del colapso. Mientras trata de entender su extraño comportamiento, se reencuentra con un antiguo amante y mentor, y recuerda un macabro suceso acaecido a principios de los noventa en el que un exitoso empresario madrileño, socio de su abuelo, mató a su mujer y a su hijo y luego se suicidó.

Locura, exceso de celo, depresión, la protagonista se pregunta por los abismos que esconde cada ser humano. Y muchas de las cosas que ha vivido se le revelan ahora de una manera diferente. Enlazando con pericia tres hilos narrativos distintos –que nos llevan de la crisis del periodismo a la corrupción, pasando por la educación sentimental de la protagonista–, Las posesiones es una novela sobre aquello que perdemos mientras maduramos y aprendemos que «crecer consiste en esto: no tener adonde volver».

Por qué este título...
"—Vaig estar pensant en el que comentares quan Mamie i Didi vengueren Can Meixura, allò que la paraula possessió no era una casualitat. A Catalunya tenen masies, a Euskadi tenen caseríos, a Andalusia tenen cortijos. El llenguatge és important, supòs.
Tanc els ulls. Contest:
- Saps que al segle XIX hi va haver una llei de desvinculació de la terra? Era per acabar amb els grans latifundis i que no s'ho quedassin tot els nobles. En qualsevol cas, el concepte també és significatiu: desvinculació de la terra. L'illa es molt petita, mamà. Si perdem el poc que ens pertany, aquell trosset nostre, què ens queda? Ni Mamie, ni Didi, ni tu teniu aquest sentiment, perquè heu viscut a mig Europa, i Mallorca només és un lloc més. Es papà sembla haver perdut aquest sentiment, perquè l'hi han arrencat de soca-rel, com el fill de puta del veí va arrencar tot el que va plantar. I jo no puc reclamar res, perquè ni tan sols visc a Mallorca. Però no tenir on tornar, un espai que coneixes i on t'hi retrobes, no sé, per a mi és angoixant. Me sent enlloc, ara mateix. Al capdavall, tot és memòria, no? I a sobre me sent egoista per haver donat per fet que tenia una casa que, com tu dius, no va ser meva mai.
-Carinyo -contesta-, no tenir on tornar: créixer consisteix en això».

Opinión:
Impresión: Anticlimático

Empecé la novela cojeando con mal pie. Por favor. Mirad la portada. ¿Pero qué portada es esa? (Eres muy superficial. No se le llama "ser superficial" se le llama "tener ojos en la cara". La supervisora que dio el visto bueno debía ser de mente abierta. Yo diría a punto de ser ingresada en un psiquiátrico). Vale, debe tener algún tipo de simbolismo pero...incluso tras haber terminado el libro, NO LO PILLO.

Ejem, sigamos siendo superficiales serios. La edición. Me importa un comino cuántas páginas diga la ficha técnica que tiene el libro: en realidad, tiene la mitad. Me explico:
1. El margen de abajo tiene tres dedos de ancho, mientras que los libros libros normales tienen dos. 2. El libro se separa en tres partes y hay un montón de páginas en blanco para marcar esa separación.
3. Entre el título del capítulo, muy cutre, y el inicio del texto hay cuatro dedos de espacio.
4. Hay muchos párrafos que se separan con un espacio mayor, para indicar que son diferentes reflexiones de la protagonista o sin tener una justificación. Pero hay muchos, acabo de abrir el libro al azar, y en esas dos páginas hay seis.
5. Tiene MUCHAS páginas de cortesía.


Sobran páginas (sí, me parecen indignantes las páginas en blanco. Ah. Sí. Las páginas en blanco. Claro. Me refería a eso). Ah sí, las páginas en blanco también sobran, pero no me refiero a eso. Al libro en general le sobran páginas. Muchas páginas. No es que haya mucha paja, es que el libro entero es el pajar. Mejor voy por partes (no hagas el chiste de Jack el destripador que ya lo conoce todo el mundo. Jó)

El libro gira entorno a tres...venga, voy a ser generosa y llamarlo "puntos" porque no, no merecen el calificativo de "tramas" (te estás pasando...Hago lo que me da la gana). En primer lugar está la trama amorosa. Hay dos hombre en la vida de la protagonista, Iván, un periodista como ella con el que está saliendo y Marcel (también periodista), su ex del que todavía está enamorada pese a que la despreciaba y maltrataba psicológicamente. Esta trama está relativamente bien, creo que los sentimientos de la protagonista (no se dice su nombre en ningún momento) están bien expresados, y su relación con Marcel me parece muy real porque hay muchas mujeres que viven algo así. Pero no se profundiza en ello ni vemos cómo la protagonista aprende de ello. Y sobre su relación con Iván...estoy muy harta de leer novelas realistas catalanas de mujeres jóvenes insatisfechas con su pareja y que están con esa persona para no estar solas. El problema con esta trama es que no ofrece nada nuevo y no es una trama: desde el principio imaginas cómo terminará todo eso.

Por otra parte, está la trama de crítica social. El padre de la protagonista denuncia una construcción ilegal, pero como han sobornado al ayuntamiento, nadie le hace caso y a él eso le vuelve loco. De nuevo, tenemos una trama interesante, porque es una crítica que comparto: la destrucción del medioambiente en favor del turismo y los oídos sordos que hace el gobierno. ¿Problema? No se profundiza y el final vuelve a ser insatisfactorio.

La última trama gira entorno al crimen de Vasconcelos y su posterior suicidio. Esta trama no me parecía muy interesante porque ES UN SUICIDIO NO LE DEIS MÁS VUELTAS, pero constantemente la protagonista te deja entrever que hay algo más allá, y en relación a esta trama están LAS ÚNICAS DIEZ PÁGINAS QUE VALEN LA PENA (tampoco te pases de crítica...Tienes razón. Perdona. Esas diez páginas no son para tanto). ¿Problema? Por una parte que esta trama se deja MUY de lado y el final es abierto.

¿Mi problema con este libro? Todo. La autora crea muchas expectativas que no cumple. Hay muchos fragmentos así, que te hacen pensar que pasará algo importante...y luego, todo queda en nada.
"Aquella il·lusió de mon pare duia implícita una necessitat de permanència: ell recuperava la casa pairal, que fou del seu avi i després de sa mare, i en la qual celebràrem tantes vegades l’aniversari de son pare, tots en família, envoltats de mosques i ovelles. I continuaria omplint-la de records, igual que sembrava tomàtigues en un petit hort que havia fet, encara que no tenia ni idea d’horticultura, amb la idea que hi brollàs qualque cosa per quan ell ja no hi fos. Ni per un moment se li va acudir que jo no tendria fills, ni de bon tros el que al final va passar."
De verdad: lo que cuenta este libro y nada (¿has puesto un intro para que no se note que has puesto "nada" dos veces? Qué va, son imaginaciones tuyas) es prácticamente lo mismo. Que es eso, la construcción de las expectativas está muy bien, pero al final todas las tramas caen en caída libre y se dan de bruces contra un final muy anticlimático.

Otro de los problemas es que no le veo la finalidad al libro. No sé cuál es su objetivo, qué quiere contarnos, qué busca transmitir. Como habéis visto, trata muchos temas, pero todo de forma muy superficial. No profundiza en nada, ofrece una mirada superficial (has repetido superficial dos veces. ¿Ves que me importe?) de la realidad y ya está. Y sobre todo, y eso es algo que me molesta mucho: la autora está muy presente.

Ya sabéis que me gusta cuando el narrador te habla o cuando se hace un ejercicio metaliterario. Me encanta. Pero no es lo mismo. No es solo que esta obra juegue con la autoficción, pues la protagonista y la autora comparten muchas características (ambas son periodistas, han publicado un libro con el mismo argumento, han vivido cosas similares,...), el problema es que las reflexiones e ideas de la protagonista son, o parecen ser, las de la autora. Y el libro está PLAGADO (¿qué te ha pegado hoy con las mayúsculas? Es el libro, que hace que me apetezca gritar) de esas reflexiones, insertadas en el libro sin venir a cuento. Hay MUCHOS pasajes y fragmentos aleatorios e artificiales, puestos en boca de los personajes sin que tenga ningún sentido, creando situaciones y personajes muy irreales. Es como si la autora tuviera unos artículos reflexivos escritos, nadie se los hubiera querido publicar y los hubiera puesto en mitad de la novela. Como si el libro fuera una excusa para contarnos eso.

Los personajes. ¿Sabéis el nivel de emoción que me ha generado la trama?  Pues los personajes igual. Todos son personajes muy superficiales y planos, da igual si son principales o secundarios. Básicamente, hay una característica que los define, y de ahí no salen. Ni siquiera la protagonista evoluciona ni un poquito a lo largo de la obra.

Aunque la autora lo intenta, los personajes no me han parecido personas reales. Pero es algo que se nota más en los pequeños detalles. Por ejemplo, la protagonista no tiene una sola amiga a quien contarle sus problemas. Ajá (Bé, quizás es que no tiene amigos, ¿no está en su derecho? No es creíble que ningún personaje tenga amigos ¬¬). Y eso sin contar con los personajes relleno. Así, sin venir a cuento, te cuenta la vida y señales de un personaje secundario, de golpe, dedicándole un capítulo entero...y ese personaje no vuelve a salir ni tiene la menor relevancia. Ah, muy bien.

Por último quiero hacer referencia al estilo narrativo y al lenguaje, una de las pocas cosas que no me han parecido negativas de esta novela. Una de las pegas que encuentro siempre en las novelas catalanas es el uso excesivamente dialectal del lenguaje. Yo soy más partidaria de usar el lenguaje estándar, pero hay muchas novelas que incluyen coloquialismos, localismos e incluso barbarismos con la intención de acercarse al habla oral. Eso no me va. Si hay un estándar, es por algo, aunque las otras palabras estén aceptadas.

En este caso, nos encontramos con una lengua híbrida. La protagonista es de Mallorca, pero ha vivido mucho tiempo en Barcelona, así que mezcla ambos dialectos tanto en la narración como en los diálogos. Para mí eso no ha supuesto ningún problema ni las palabras me han chirriado, pero sé que hay otras personas a las que les molesta (ya ves, menudo mosqueo el chico ese de tu clase...), pues mezcla formas verbales de diferentes dialectos y también léxico. Me parece bien, tiene sentido teniendo en cuenta la experiencia de la protagonista, la única pega es que no sé hasta qué punto es intencionado, una muestra del lenguaje híbrido de los jóvenes que se ven obligados a marcharse a trabajar a Barcelona o porque la autora siempre escribe así. Debería leer otras obras de la autora para descubrirlo (cosa que no vas a hacer. Para nada).

Destacar también el uso de un estilo narrativo periodístico, lleno de frases cortas y pocos conectores, para dar sensación de rapidez. Me ha gustado en parte, porque así hay más ritmo, pero por otra parte es más sobrio y menos artístico.

En conclusión, un libro aburrido, que no me ha generado el más mínimo interés, con personajes planos y poco creíbles. Las tramas están bien planteadas, pero se crean muchas expectativas que no se cumplen y dejan al lector insatisfecho. El lenguaje me ha parecido sencillo y asequible para todo el dominio lingüístico, pero en general es una novela que pretende abarcar mucho sin conseguir ofrecer más que una mirada superficial de la realidad. Pese a ello, os informo de que el libro también está en castellano

Y ya para terminar, os dejo con mi avance en Goodreads:


Cosas aprendidas:
  • Las frases que se dejan caer de forma sutil pero implacable en mitad de la narración que adelantan hechos y que crean intriga y expectativas están bien...mientras esas expectativas se cumplan.
PUNTUACIÓN...2/5!

Primeras Líneas...

sábado, 17 de noviembre de 2018

Frases memorables: Epic fail

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"La normalidad es una mentira que se inventaron las agencias de publicidad para que los demás nos sintiéramos inferiores"

¡Hola a todos! Siento mi ausencia de los últimos días, necesitaba un descanso del blog para ponerme al día con reseñas, lecturas y sobre todo: trabajos. ¿Que si este descanso me ha sido muy útil? Diría que sí, para quedar bien con vosotros, pero en realidad no, no he hecho la mitad de lo que tenía pendiente por hacer pero...qué se le va a hacer.

En fin, lo importante es que ya vuelvo a estar por aquí, y que vengo con una nueva entrada de Frases memorables, en esta ocasión obre el libro Epic fail, de Claire LaZebnik. Normalmente suelo aprovechar esta entrada para haceros publi del libro y recomendároslo, pero en esta ocasión no va a ser así porque el libro no me gustó demasiado. Es un remake de Orgullo y prejuicio en un instituto actual, pero es calcado al libro y tiene originalidad cero. Es la típica historia de adolescentes en un instituto, pero es que no aporta absolutamente nada. Podéis pasaros por la reseña, aunque ya os aviso de que tampoco es demasiado hater.

De todas formas, del libro rescaté esa frase que os he puesto más arriba. A mí me gustó. Creo que la sociedad actual se basa mucho en la idea de "encajar" y "ser normal". Es algo que se fomenta por todos lados, en especial por los anuncios de televisión, que establecen que "las cosas tienen que ser así" y si no eres así, no serás aceptado, así que "compra este producto y tu vida será como la de los demás". Y eso no mola. La normalidad no mola, porque si no eres como los demás, eso te hace sentir inferior. 

Eso sí, estoy notando que actualmente se acepta más la diversidad y cada vez hay menos miedo a ser "diferente". Lo he notado en tiendas de ropa que han triunfado como "Desigual", en los libros que destacan por ser "originales y diferentes", en las películas que se "han atrevido a innovar", en el mayor número de gente que dice lo que de verdad piensa sin miedo a lo que dirán los demás. Creo que basta dar un vistazo a la calle para ver que de cada vez más hay personas que van según su estilo propio. ¿Qué opináis?

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Voces de Chernóbil, de Svetlana Alexiévich

Soy una lectora bastante contradictoria. Me encantan las novelas basadas en hechos reales o explicadas por las personas que vivieron un determinado suceso, porque la narración es tan real que la ficción se vuelve palpable. Pero no puedo con las biografías ni las autobiografías, me parecen soporíferas. Me encantan las novelas que narran tragedias: terremotos, huracanes, naufragios, epidemias, guerras, accidentes aéreos, atentados,...No os podéis hacer una idea de lo mucho que me gustan este tipo de novelas, porque ponen a las personas en situaciones límite y permiten al lector ver tanto lo mejor como lo peor del ser humano. Por contra, siento repulsa hacia las novelas que tratan estos temas de forma demasiado explícita: no puedo con la sangre y las vísceras.

Quizás por eso este libro me ha llegado tanto, porque combina los dos factores que más gustan. Por una parte es real, pues son testimonios y vivencias de personas que estuvieron allí y no me aburre porque, incluso las divagaciones, silencios y omisiones son importantes para el relato que quieren formar. Por otra parte, se centra en un suceso muy trágico explicado con un lenguaje directo y descarnado pero que no se refiere a los detalles morbosos, sin que por ello deje de ser menos duro. No leía algo así desde Escapar de Sobibor, y esta ha sido una lectura incluso más difícil porque incide mucho en el componente humano.

Hace dos días que he terminado la novela y aún no he logrado digerirla. Es una novela que se me ha hecho tan dura que he tenido que interrumpir la lectura unos días y leer otra cosa porque había llegado un punto en el que ya estaba insensibilizada ante el dolor. Y eso que estaba a 40 páginas de terminarla. Pero no podía...¿disfrutarla?...¿padecerla?...al cien por cien, así que decidí dejarla unos días hasta que me viera con fuerzas.

Hacía mucho que no marcaba tanto una novela. Mentira, tampoco hace tanto que leí Dune, pero en ese caso, los marcadores eran por una razón completamente diferente. Compré marcadores de colores antes de empezar el libro (2'5€, me parece un timo) y tenía miedo de agotarlos todos. Tengo decenas de fragmentos que necesito compartir con vosotros, pero no estoy segura de si la reseña dará para tanto. Además, hay algunos que son muy duros, quizás demasiado. Queda en vuestras manos si leerlos o no.

En todo caso, os dejo con la reseña. O con lo que pretende ser una reseña. A ver qué sale de todo esto.


Título: Voces de Chernóbil
Autor: Svetlana Alexiévich
Idioma: Español
Páginas: 408
ISBN: 9788490626993
Colección: Ensayo-crónica
Idioma original: ruso
Título original: Tchernobylskaia Molitva
Año de publicación: 2015
Traducción: Ricardo San Vicente

Sinopsis:
Chernóbil, 1986. «Cierra las ventanillas y acuéstate. Hay un incendio en la central. Vendré pronto». Esto fue lo último que un joven bombero dijo a su esposa antes de acudir al lugar de la explosión. No regresó. Y en cierto modo, ya no volvió a verle, pues en el hospital su marido dejó de ser su marido. Todavía hoy ella se pregunta si su historia trata sobre el amor o la muerte. Voces de Chernóbil está planteado como si fuera una tragedia griega, con coros y unos héroes marcados por un destino fatal, cuyas voces fueron silenciadas durante muchos años por una polis representada aquí por la antigua URSS. Pero, a diferencia de una tragedia griega, no hubo posibilidad de catarsis.

Opinión:
Impresión: Desgarrador

Antes de leer este libro, sabía poco sobre Chernóbil. Sobre el tema sólo había leído un libro que trataba el tema por encima, Cielo rojo, de David Lozano, y había visto un documental que adaptaba el libro que os traigo hoy, "Documental Voces de Chernobyl". El documental lo vi en versión original (que mezcla diferentes idiomas) y subtitulado en inglés. Lo cierto es que no me enteré de mucho, no solo porque esperaba un documental tradicional y este me descolocó, sino porque era muy fragmentario y saltaba de un lado a otro. Ahora veo que era una forma de imitar el libro, pero en su momento me desconcertó. Eso sí, la grabación es espectacular, si dejamos de lado algunos pasajes visuales más simbólicos. En todo caso, no descarto volver a verla ahora que he leído el libro.
El caso es que, pese a que ahora cuando he visto el trailer he reconocido fragmentos exactos del libro, durante la lectura casi no me he dado cuenta del paralelismo entre ambos (excepto una escena que recordaba). Y por eso, empecé el libro con una idea equivocada de lo que me iba a encontrar, al igual que vi el documental esperando otra cosa. Y doy gracias por ese desengaño, porque sino esta no sería una obra tan viva y demoledora.

Pensaba que esta obra iba a ser como Escapar de Sobibor, es decir, que sería un relato real pero ficcionalizado del accidente de Chernóbil, basándose en entrevistas realizadas a gente que lo vivió. Error. Ya. Lo sé. Pone "ensayo" en la portada pero soy como soy (cuando te obcecas con una idea no hay quien te diga lo contrario). A lo largo de los años, la autora realizó decenas de entrevistas a gente corriente que ha vivido las consecuencias de Chernóbil y en el libro lo que encontramos es esa transcripción de las entrevistas.

No importa lo que sepáis sobre la transcripción de entrevistas, porque sea lo que sea, no se acerca ni por asomo a lo que hay en este libro, y eso que yo he cursado diversas asignaturas sobre el tema.

1. La autora no está. No esperéis unas entrevistas que sigan una estructura habitual pregunta-respuesta. La voz de la autora/entrevistadora es apenas perceptible. No hace preguntas, deja que los testimonios hablen. Así, cada capítulo es un monólogo en el que la otra persona se abre ante el lector, se explaya y deja en el papel parte de su alma.

2. Lenguaje cuidado. Hay entrevistas que pecan por ser demasiado literales e incluyen deformaciones del habla. Otras, pecan de correctas y sientes que es artificial. La autora ha conseguido encontrar el equilibrio perfecto. No hay errores ortográficos ni repeticiones o muletillas que dificulten la lectura, pero al mismo tiempo, el lenguaje no pierde esos rasgos de oralidad que tanto le caracterizan: falta de cohesión, abundancia de puntos suspensivos, la dubitación, autocorreción, intensificaciones,...

3. Gestualidad. Entre corchetes, de tanto en tanto, nos encontramos con una descripción por parte de la autora de lo que hace el testimonio que está hablando [grita], [llora], [Hace una pausa],...Eso permite al lector visualizar mucho mejor a la persona que está hablando e imaginarte las inflexiones de voz que hace.

Pero qué reseña más técnica me está quedado. Supongo que os esperábais una entrada como las de Carme, con los sentimientos a flor de piel. Pero es que no puedo. No puedo. Necesito distanciarme del texto para conseguir emitir algo coherente más allá de "Esto es una maldita maravilla, me ha dejado el corazón en un puño, solo quiero sentarme en un rincón y balancearme hasta morir". Perdón. Sigo.

Os hablaba de los testimonios. En el libro encontramos gente de todo tipo. De cualquier sexo, de cualquier edad (aunque con niños, creo que solo hay un capítulo o dos), de cualquier oficio. No hay solo periodistas que cubrieron los hechos o científicos capaces de entender el por qué de todo. Hay maestros. Campesinos. Mujeres de bomberos o de militares. Bueno, viudas.
Y la relación que tienen con Chernóbil es muy diversa. Algunos tienen familiares que están enfermos o que murieron a consecuencia de la radiación. Otros vivían cerca del reactor o tuvieron que abandonar su hogar. Hay gente que defiende la actuación del gobierno y otros que la condenan. Hay gente traumatizada hasta la locura y otros que viven hoy en día en las zonas contaminadas por decisión propia. Pero todos tienen algo en común: han vivido las consecuencias de Chernóbil en sus propias carnes (tanto literal como metafóricamente hablando).

Por otra parte, me ha parecido todo un acierto que todos los testimonios sean sombras, voces anónimas. Yo no los imaginaba con rostro, eran simplemente voz. No se describe a nadie y en la mayoría de casos no se dice la edad (aunque por la forma de expresarse y lo que cuenta el lector se hace a la idea). Solo aparece el nombre y la profesión al final de cada capítulo, y algunos ni siquiera quisieron que figurara su nombre.
"Muchos médicos, enfermeras y, especialmente, las auxiliares de aquel hospital, al cabo de un tiempo, se pondrían enfermas. Morirían… Pero entonces nadie lo sabía.

A las diez de la mañana murió el técnico Shishenok. Fue el primero… El primer día… Luego supimos que, bajo los escombros, se había quedado otro… Valera Jodemchuk. No lograron sacarlo. Lo emparedaron con el hormigón. Pero entonces aún no sabíamos que todos ellos serían solo los primeros…"
Como veis, la obra hace un retrato muy global y muestra la catástrofe desde todas las perspectivas. Iba a hacer una lista de los capítulos que más me han impresionado, pero es que no puedo. Casi todos me han parecido estremecedoramente maravillosos. Los únicos que me han rechinado un poco son aquellos que trataban de reflexiones filosóficas a las que habían llegado los testimonios. No hay demasiados, pero sí que cortaban un poco con el conjunto de la obra. Solo por eso no se lleva el 5/5
Puede que os hayáis dado cuenta de que digo constantemente "testimonios" y no "personajes". Y es que me siento en la necesidad de remarcar que son personas reales. Reales. De carne y hueso. A veces la realidad supera la ficción.

Sobre el contenido de los testimonios. Como ya os he dicho hay una gran variedad y son bastante cortos, la mayoría tienen unas diez páginas. Supongo que tenéis curiosidad queréis saber lo que me ha impactado tanto. Os lo diré. Los detalles. Antes de empezar el libro, esperaba relatos directos. Esperaba que los testimonios empezaran (con algunas variantes) por "El día del accidente yo estaba haciendo X y me pasó X, tuvimos que huir, X conocidos míos murieron y sufrí mucho". Pero no. Relatos así creo que solo hay dos (entre ellos el primero, sobrecogedor). No se trata de historias de vida, sino fragmentos. Es como si la autora les hubiera dicho "¿Qué te viene a la mente si te digo "Chernóbil"? 

El realismo que emana de estos relatos es brutal. No hay relatos directos porque es algo demasiado duro como para hablar de ello a la ligera. Lo que han vivido los testimonios les ha afectado psicológicamente. En apariencia, muchos parece que lo han superado, pero solo es eso, apariencias, pues no se atreven a hablar de ello abiertamente. Muchos dan rodeos, relacionan un tema con otro, divagan y cuando han cogido fuerza, cuando se siente preparados, dejan escapar algún detalle que deja entrever lo mucho que sufrieron.

He dicho que divagan, pero por favor, no creáis que por eso sea aburrido, sino que todos esos detalles extra que nos dan sobre ellos hacen que los construyamos como personas. La importancia de los silencios, las frases que quedan a medias, los cambios de tema, los rodeos,... Para mí sorpresa, me ha gustado tanto el hecho dramático en sí que narran como lo que envuelve ese hecho. Es la diferencia entre leer en un periódico que un hombre se ha suicidado saltando de un balcón o ser amigo de ese hombre y conocer sus razones para hacerlo.

No es un libro que se pueda leer de un tirón. Tampoco es un libro que se haga pesado a repetitivo. Casi al final de cada capítulo tenía que pararme para asimilar lo que había leído y las reflexiones de toda esa gente (que recordemos, son gente corriente), me hacían darle vueltas al mundo, porque quizás no es tal y como lo veo.

Mirándolo en perspectiva, parece que no hay para tanto. Se han escrito cosas peores. Hay libros que tratan las catástrofes y buscan impresionar al lector intencionadamente. Son libros que no buscan remover consciencias, sino estómagos, con descripciones muy gráficas y al detalles, que se regocijan en el dolor y el sufrimiento que hacen un primer plano de los cuerpos descompuestos y deformes, que buscan el morbo y se regodean en los aspectos más macabros. Este libro no es así en absoluto. Lo que más me ha impresionado es que logra hacer estremecer al lector sin intentarlo. Como os comentaba, lo importante son los detalles espontáneos. El hecho de que una mujer te cuente que cuida de su hijo en el hospital y que de repente te diga que hay niños que dicen cosas como esta: 
"Ya hace dos años que mi niño y yo vivimos en la clínica. Las niñas pequeñas, con sus batas de hospital, juegan a las muñecas. Sus muñecas cierran los ojos. Así mueren las muñecas.

—¿Por qué se mueren?
—Porque son nuestros hijos, y nuestros hijos no vivirán. Nacerán y se morirán."
Y es que si viviera algo así, no creo que tuviera el valor de traducirlo en palabras. Sí, hay algún relato que nos muestra escenas  más visuales, pero en 400 páginas, puede que solo haya dos. Y como necesito compartir mi sufrimiento, os dejo uno de ellos.
"Tenía el cuerpo entero deshecho. Todo él era una llaga sanguinolenta. En el hospital, los últimos dos días… Le levantaba la mano y el hueso se le movía, le bailaba, se le había separado la carne… Le salían por la boca pedacitos de pulmón, de hígado. Se ahogaba con sus propias vísceras. Me envolvía la mano con una gasa y la introducía en su boca para sacarle todo aquello de dentro. ¡Es imposible contar esto! ¡Es imposible escribirlo! ¡Ni siquiera soportarlo!… Todo esto tan querido… Tan mío… Tan… No le cabía ninguna talla de zapatos. Lo colocaron en el ataúd descalzo."
Los relatos están contados con un tono descarnado, son duros, pero en la mayoría de los casos, son contados desde la distancia (muchas de las entrevistas son de diez años después). Lo que os comentaba de los detalles. Hay testimonios que empieza hablándote de la muerte de su hijo por radiación, luego hablan de la nostalgia que sienten al no poder regresar nunca a su hogar. De eso, pasan a hablarte de la belleza de la zona contaminada, ahora que la naturaleza campa a sus anchas y de repente, ellos mismos te cuentan un chiste sobre los habitantes de Chernóbil (increíble su humor negro, están transcritas incluso las risas), para en la siguiente página contarte cómo dispararon a su propia mascota porque era radioactiva. Brutal.
"- Otra pregunta: «¿Cuánto es siete por siete?». Respuesta: «Pregúnteselo a cualquiera en Chernóbil, que le hará la cuenta con sus dedos». Ja, ja, ja."
Otra cosa que me ha gustado es que este no es un libro de datos informativos. No es un libro de historia. No te explican el cómo y el por qué del accidente. No te hablan de ciencia, del funcionamiento de la radiación. No te describe el reactor ni hace explicaciones científicas de los efectos de la radiación. El valor de este libro reside en que te cuenta el lado humano de la catástrofe. Que sí, que algunos de los entrevistados son científicos y dosimetristas, expertos en radiación, pero incluso ellos no te atiborran a datos, lo mencionan todo de forma muy sutil y cuentan cómo la catástrofe ha afectado a sus vidas. Pero en ningún momento esto pretende ser un ensayo científico.

Esa falta de información no es un problema. Para leer este libro no es necesario que sepas nada sobre lo que sucedió en Chernóbil. No te obliga a buscar información sobre ello para entenderlo. Pero sí de incita a saber más. No soy de ver vídeo en Youtube, pero este libro me ha alentado a ver un par de documentales sobre el tema. Porque necesitaba ver cómo era el techo del reactor al que subieron los bomberos, comprobar que realmente la naturaleza estaba devorando los edificios, asumir que esas casas que parece que esperan a que sus dueños vuelvan de un momento a otro, no serán habitadas nunca más. Hasta el fin de los tiempos. Es ver cómo el apocalipsis no está tan lejos.
"—En Chernóbil se recuerda ante todo la vida «después de todo»: los objetos sin el hombre, los paisajes sin el hombre. Un camino hacia la nada, unos cables hacia ninguna parte. Hasta te asalta la duda de si se trata del pasado o del futuro.

En más de una ocasión me ha parecido estar anotando el futuro."
Puede que una de las cosas más duras de todo el libro sea ver las consecuencias de la radiación. Y no me refiero a las consecuencias directas, como la de esa escena descrita más arriba o el aumento del cáncer entre la gente que estuvo muy expuesta a la radiación, sino que me refiero a las consecuencias a largo plazo. Muy a largo plazo. Los niños. 
"Cuando están en formación, estos niños caen desmayados; cuando se quedan de pie unos quince o veinte minutos les sale sangre de la nariz. No hay nada que les pueda asombrar ni alegrar. Siempre somnolientos, cansados. Las caras, pálidas, grises. Ni juegan ni hacen el tonto. Y si se pelean, si rompen sin querer un vidrio, los maestros hasta se alegran. No los riñen, porque no se parecen a los niños. Y crecen tan lentamente… Les pides en una clase que te repitan algo y el crío no puede; la cosa llega a que a veces pronuncias una frase para que la repita después y no puede. "
La cantidad de niños que han nacido a consecuencia de Chernóbil con deficiencias mentales, con deformaciones, con cáncer. Niños que han dejado de serlo, que saben que nunca serán como los demás, que incluso saben que morirán pronto. Escenas como esta, de una entrevista realizada a unos niños de entre 8 y 14 años, me han dejado muy tocada, porque recordemos, es gente real:
"Mi mejor amigo se llamaba Andréi. Le han hecho dos operaciones y lo han mandado a casa. Al medio año le esperaba una tercera operación. El chico se colgó con su cinturón. En la clase vacía, cuando todos se fueron corriendo a hacer gimnasia. Los médicos le habían prohibido correr y saltar. Y él se consideraba el mejor futbolista de la escuela. Hasta… Hasta la operación.

Aquí tengo muchos amigos. Yulia, Katia, Vadim, Oxana, Oleg… Ahora Andréi.
—Nos moriremos y nos convertiremos en ciencia —decía Andréi.
—Nos moriremos y se olvidarán de nosotros —así pensaba Katia.
—Cuando me muera, no me enterréis en el cementerio; me dan miedo los cementerios, allí solo hay muertos y cuervos. Mejor me enterráis en el campo —nos pedía Oxana.
—Nos moriremos —lloraba Yulia.
Para mí el cielo está ahora vivo, cuando lo miro. Ellos están allí."
Me gustaría hacer referencia también a las medidas que se tomaron después de la catástrofe (diría "accidente", pero es como minimizar lo ocurrido). Sabía que el gobierno había tardado en reaccionar y que había intentado encubrirlo un tiempo. Pero no esperaba algo tan exagerado como esto. 
"De pronto empezaron a aparecer esos programas por la tele. Uno de los temas: una mujer muñe una vaca, lo echa en un bote, el periodista se acerca con un dosímetro militar y lo pasa por el bote. Y le sigue el comentario siguiente: «Ya ven —te vienen a decir—, todo es completamente normal», cuando en realidad se encuentran a solo diez kilómetros del reactor. Te muestran el río Prípiat. La gente bañándose, tomando el sol. A lo lejos se ve el reactor y las volutas de humo que se alzan sobre él. Comentario: como pueden comprobar, las emisoras occidentales siembran el pánico, difunden descarados infundios sobre la avería. Y de nuevo con el dosímetro: ahora junto a un plato de sopa de pescado, luego con una pastilla de chocolate, y después sobre unos bollos en un quiosco al aire libre. Era un engaño. Los dosímetros militares de los que entonces disponía nuestro ejército no estaban preparados para medir alimentos, solo podían medir la radiación ambiental."
Durante muchas semanas la gente siguió con su vida normal, cultivando y alimentándose de los animales y la tierra contaminada, paseando por la calle como siempre, sin usar ningún tipo de protección o medidas
"Nadie hablaba de la radiación… Solo los militares iban con caretas. La gente de la ciudad llevaba su pan de las tiendas, las bolsas abiertas con los bollos. En los estantes había pasteles… La vida seguía como de costumbre. Solo… lavaban las calles con un polvo…"
La gente actuaba normal, incrédulos a la alarma de los científicos, tratando de mantener la calma y que no cundiera el pánico, sin temer a algo que no se podía ver oler ni sentir, sin tener ni idea de qué era la radiación ni cómo actuar ante ella. 
"Nos preparábamos para una guerra, para una guerra atómica, construíamos refugios atómicos. Nos queríamos proteger del átomo, como si fuera la metralla de un proyectil. Pero esto está en todas partes…, en el pan, en la sal. Respiramos radiación, comemos radiación. El hecho de que pudiéramos quedarnos sin el pan y la sal, de que pudiéramos comérnoslo todo, hasta llegar a cocer en agua un cinturón de cuero para tan solo catar su olor, para saciarnos con su olor, todo esto es algo que yo podía comprender. Pero esto no. ¿Que todo estuviera envenenado?"
Gente que luchaba contra a la radiación con vodka. Sí, esa fue una de las mejores medidas de seguridad contra la radiación, tomar vodka hasta quedarte sin sentido. Era una de las medicinas más recetadas por los médicos y la población creía firmemente que ayudaba a reducir la radiación. 

Me ha parecido muy interesante descubrir que hay gente que se marcha a vivir a las zonas contaminadas por voluntad propia. Algunos lo hacen por nostalgia, porque son gente "mayor" (de 60 años) y saben que morirán pronto y prefieren vivir los últimos años que les quedan en su hogar. Otros viven allí porque no creen en la existencia de la radiación. Otros se refugian de sus países de origen porque era tan horrible la situación que vivían allí que sufrir la radiación es una alternativa mejor. Parece inconcebible, pero con relatos como este, entiendo a esa gente:
"Yo trabajaba en la maternidad, de enfermera. Una noche que estaba de guardia, una mujer que estaba dando a luz paría con dificultad, gritaba. En eso entra corriendo una auxiliar. Con guantes sin esterilizar, la bata tampoco. ¿Qué ha pasado? ¿Qué había sucedido para que alguien entre así en una sala de partos?

—¡Chicas, bandidos! —grita.
En eso, entran unos con máscaras negras, armados. Y se lanzan contra nosotras:
—¡Dadnos las drogas! ¡Queremos alcohol!
—¡No tenemos drogas, y tampoco hay alcohol!
El médico, a punta de fusil, contra la pared.
—¡A ver!
Y en eso, que la mujer que estaba de parto lanzó un grito de alivio. Un grito de alegría. Y la criatura rompió a llorar: justo acababa de aparecer. Me incliné sobre el recién nacido, ni siquiera hoy recuerdo si era niño o niña. Aún no tenía ni nombre ni nada. Y estos bandidos que se vienen contra nosotros y nos preguntan que quién era, si de Kuliab o del Pamir. No si era niño o niña, sino si era de Kuliab o de Pamir. Nos quedamos calladas. Y aquellos que gritan:
—¡Que de quién es!
Seguimos calladas. Entonces, agarraron a aquella criatura, que llevaría unos cinco o diez minutos en este mundo, y lo tiraron por la ventana… Soy enfermera y he visto más de una vez la muerte de un niño. Pero eso… El corazón casi se me escapa del pecho… No debo recordar aquello… [Llora de nuevo.]"
Otra cosa que me ha sorprendido es las pocas represalias que hubo. Se celebró un juicio y la mayoría de los encargados de la central fueron condenados a prisión, una penas que iban de entre dos a diez años de prisión. Casi ninguno cumplió la condena porque murieron pronto, pero algunos de ellos estuvieron en libertad algunos años antes de morir. ¿Merecían ese castigo por obedecer órdenes? No sabían lo que iba a pasar, fue un accidente. Os dejo juzgarlo a vosotros.

También me ha parecido muy interesante leer sobre gente que opina que el gobierno hizo bien. Gente que piensa que el gobierno hizo lo que pudo para que no cundiera el pánico. Testimonios de gente que conocía los efectos de la radiación pero se lo callaban, para cumplir con las cuotas de producción, para que el resto de la población no huyera y estallara el caos. Gente que pese a saber lo que hacía la radiación, se quedaba allí, exponiéndose ellos mismos y a su familia, solo para mantener las apariencias. Gente que no se arrepiente, pese al precio tan elevado que han tenido que pagar.
"—¿El tractorista está protegido al menos con una mascarilla?

—No, trabajan sin respiradores.
—¿Qué pasa, no os los han mandado?
—¡Pues claro que los han mandado! Nos han mandado tantos que tendremos hasta el año dos mil. Pero no los hemos repartido. Cundiría el pánico. ¡Y todos saldrían corriendo! ¡Se largarían!"
Por último (que esta reseña ya es demasiado larga, lo siento, pero necesitaba explayarme), quiero destacar el magnífico retrato de la sociedad rusa que se vislumbra entre líneas. Más allá de las tradiciones y los estereotipos establecidos de cada país, en general parece que cada persona es un mundo y que no se puede generalizar, que la gente de un país no es de una determinada manera. Este libro lo desmiente. Los testimonios son gente que no se conoce entre sí, de diferentes zonas del país, de edades distintas, con experiencias vitales diferentes. Pero en el subtexto de lo que dicen se describe al mismo tipo de sociedad biolorrusa y rusa. Una sociedad tradicionalista, arraigada a la tierra, muy centrada en la agricultura y la ganadería que se ha visto sorprendida de un día para otro con la modernidad.
"Los niños se quedaron todo el verano en la escuela; los soldados lavaron el edificio con detergente, retiraron la capa superior de la tierra de todo alrededor. Pero y al llegar el otoño, ¿qué? Pues en otoño mandaron a los colegiales a recoger la remolacha. Mandaron a los campos incluso a los estudiantes de las escuelas técnicas. Los mandaron a todos. Chernóbil era menos terrible que dejar la cosecha sin recoger en el campo."
Una sociedad patriótica, comunista, gente a la que se ofrecen voluntarios para sacrificar su vida por el bien común. Una sociedad sumisa y obediente, con la misma fe ciega en el gobierno y el estado que la que tenían los cristianos en Dios durante la edad media.
"Unos habían dejado en casa a sus hijos; otro a la mujer a punto de parir; otro que no tenía piso. Pero nadie se quejaba. Hay que hacerlo, pues se hace. La patria te llama; la patria te lo ordena. Así es nuestro pueblo."
Gente que no piensa en ellos mismo como individuos, sino con un "nosotros" inconsciente. Un pueblo de gente fuerte y valiente que saben que la vida es dura y que por eso, ellos lo son más. 
"Imagínese el ferrocarril, una vía férrea trazada por unos brillantes ingenieros; el tren marcha veloz, pero en el lugar del maquinista tenemos a un cochero del pasado. Este es el destino de Rusia: viajar entre dos culturas. Entre el átomo y la pala."
En conclusión, un libro altamente recomendado...si no estás deprimido a bajo de ánimo. En ese caso, no lo leas. Al resto, os lo recomiendo condimentado con algunas películas/libros/series de humor, para que sea una lectura más llevadera. No se recomienda el consumo abusivo, leer algunas páginas cada seis horas. Ahora en serio, un libro que se basa en testimonios reales que con crudeza y un lenguaje descarnado nos relatan una realidad muy dura sin intentar ser morboso. Un libro visceral, estremecedor, que te remueve por dentro solo con los detalles y que además ofrece un magnífico retrato social del pueblo bielorruso y ruso. 

Leedlo. No importa cuando. Pero leedlo.

Y para terminar, os dejo con mi avance en Goodreads:



PUNTUACIÓN...4'5/5!

domingo, 4 de noviembre de 2018

Visto en las redes 26#

¡Hola! ¿Cómo va todo? Yo que creía que este curso iba a ser más light, pero ya empiezo a estar atareada de trabajos...Aunque por suerte he podido leer más que el curso pasado. De todas formas, puede que hayáis notado que entre una cosa y otra estoy menos tanto por aquí como por las redes (o puede que no os hayáis dado cuenta, no soy el centro del mundo). Por eso, decidí convertir esta sección en bimestral, por lo que esta vez encontraréis aquello que compartí en redes tanto de septiembre como de octubre.

Pero empezaré por el principio. Ya sé que estos párrafos que vienen a continuación son muy repetitivos, pero siempre hay gente nueva que no sabe en qué consiste la sección, y me gusta informar de ello. Así que, para los que aún no lo sepan Visto en las redes es una recopilación de todos aquellos tweets que me han parecido interesantes (y a los que he dado retweet) publicados estos dos últimos meses por diversas personas y también es todas aquellas reflexiones relacionadas con el mundo literario que he compartido por las diferentes redes sociales. Es decir que...¡atención, porque podríais salir mencionados en esta entrada! 

Me decidí a crear esta sección para obligaros a pensar y hacer debates  porque sé que algunos de vosotros no me seguís en las redes sociales a vosotros os tengo en la lista negra (tanto porque no os interesa como porque no tenéis una cuenta) y pensé que os podría parecer interesante tener una recopilación de esta información. Así, todos los que no tenéis redes podrías estar al tanto y los que me seguís, pero estáis saturados, podríais tener una recopilación. 

Como sabéis, el blog está en varias redes: en Twitter, en Facebook, en Instagram, en Goodreads y en Bloguers (podéis acceder a mi perfil de cada red social haciendo click en los enlaces), pero estoy especialmente activa en Twitter, Facebook y recientemente Instagram, por lo que en esta sección me centraré en esas redes sociales.

Repito, como en cada ocasión, que la idea de esta sección no es completamente mía (siempre hay que dar créditos). Me inspiré con una sección muy parecida en el blog de Deja volar tu imaginación llamada Citando a Twitter. En ella, Patt recopila algunos de sus retweets favoritos, aunque siempre están relacionados con reflexiones sobre el mundo en general, no centradas en el ámbito literario. Además, es una sección que tiene poco activa (no es una indirecta ni nada, Patt, vuelveeee)

Por cierto, hay algunos mensajes que están en inglés, pero tranquilos, para aquellos que no dominen el idioma, los he traducido tan bien como he podido. Y sin más dilación, os dejo con la entrada:


Visto en Twitter


Me parece precioso este mensaje de Kate Austen. Sin duda, los blogs literarios son unos grandes promotores de la lectura, y lo hacen por placer, por pasión, porque les apetece. A ver, eso de que sean altruistas e independientes, puede que no sea verdad en todos los casos, porque hay algunos bloggers que reciben libros (pero eso no hace que por ello sean menos sinceros), pero lo que les hizo empezar en este mundillo fue el amor por la lectura. Y aunque tampoco creo que las editoriales y autores tengan que agradecer el trabajo de los bloggers (pues lo hacen porque quieren), creo que últimamente se les reconoce muy poco su labor y son menospreciados (hay editoriales que solo envían libros a los que tienen Instagram, por ejemplo), en especial por los medios de comunicación, que destacan a los booktubers y bookstagrammers y se olvidan de nosotros. ¿Qué opináis?


Me sorprendió mucho esta confesión de Javier Ruescas porque yo también hago lo mismo y creía que era la única. Cuando voy en autobús y veo a alguien leyendo, soy de las que coge tortícolis intentando adivinar de qué libro se trata. Por eso, cuando soy yo la que estoy leyendo, pongo el libro en una postura incómoda para mí, pero que permite a los demás ver qué libro es. Y lo mismo hago si voy por la calle con el libro en la mano, lo llevo siempre con la portada orientada de forma que sea más visible. ¿Vosotros también lo hacéis?


Amén, María Viqueira. Dice exactamente lo que pienso. Está muy bien visto que un libro esté publicado por una editorial, le da prestigio al libro, pero no por ello tiene que ser una obra de calidad. Editoriales hay muchas. Demasiadas. Levantas una piedra y te salen cinco o seis. Y si no, preguntadle a Patt que ha hecho una lista con todas las editoriales españolas. Hay editoriales y editoriales, cada una sigue unos criterios propios al elegir qué publicar o qué no y también hasta qué nivel corregir y editar los manuscritos que reciben.

Esto que comenta Mónica Basterrechea está un poco relacionado con lo anterior. Otro de los estereotipos editoriales que hay es que las editoriales pequeñas publican cosas de calidad, aquello que les gusta, sin importarles si hay público o no, cosas no comerciales. En cambio, se dice que las grandes editoriales están al servicio de aquello que promete más vendas. No nos engañemos: los libros son un negocio, tanto las editoriales grandes como las pequeñas buscan publicar libros que se vendan. Sí, algunas editoriales grandes pueden permitirse el lujo de descuidar un poco la calidad de sus libros porque ya tienen un prestigio y son conocidas, pero precisamente por no ser conocidas ni tener una imagen que conservar las editoriales pequeñas pueden hacer lo mismo. Ni unas ni otras son mejores o peores.


"Reseñador, después de terminar una novela juvenil sobre adolescentes: He odiado este libro porque todo el mundo actúa como apasionados e impulsivos adolescentes, en lugar de actuar como aburridos y lógicos treintañeros. Todo el mundo sabe que los adolescentes REALES son siempre racionales. 0/5 estrellas"
Hum, entiendo la crítica que hace Brooding YA Hero, y por supuesto que una opinión así me parece reprobable pero...no ho sé, no me suena haber leído ninguna reseña en que se diga algo así de exagerado. De todas formas, lo entiendo, sí he leído reseñas de libros con protagonistas adolescentes en que se critica que actúen de manera irracional, pero creo que el problema está en hasta qué punto se puede justificar que un personaje actúa de forma irracional o toma malas decisiones porque es un adolescente o porque el personaje no está bien construido.


Por lo general soy muy escéptica de todas las frases promocionales que hay en los libros, pero coincido con Alhana en que estas son las que menos me gustan, precisamente por la reflexión que hace ella. Son frases impactantes, que sirven muy bien como reclamo, pero que si te paras a pensarlo, en realidad no significan nada porque son completamente subjetivas. 


Lo siento si esto ha sido un poco largo pero es que este hilo de Ismael Contreras contiene tantas verdades que tenía que enseñaros ni que fuera los mensajes más importantes. Seguro que todos vosotros os habéis encontrado en alguna reseña negativa al propio autor quejándose por la mala crítica o a un "anónimo" (ejemAutorCamufladoEjem) desmintiendo la reseña sin aportar argumentos. Seguro que más de uno os habéis sentido "atacados" alguna vez. Idò no tenéis que tener miedo de compartir vuestra opinión y hacer una crítica negativa, estáis en vuestro derecho, siempre y cuando lo hagáis desde el respeto. Los autores no deberían cogerlo como ataques personales porque cada persona es como es y no todos los libros pueden gustar a todo el mundo. Además, ¿qué mejor forma hay para aprender qué es lo que quieren los lectores?


Supongo que muchos ya sabréis que Beleth es una gran seguidora de las hermanas Brontë, así que no es de extrañar que supiera cosas como esta (e incluso que se planteara participar en la puja). Me parece curioso el elevado precio de las primeras ediciones y libros sin publicar de autores clásicos de renombre, sin duda, me encantaría poseer algún libro así, pero la economía no me lo permite. Y vosotros, ¿tenéis alguna primera edición o libro muy preciado?


"Personaje: [ve una persona]
Personaje: ¡Podría enamorarme! ¡Amor en potencia! ¡Siento tanto amor!
Yo: [ve una persona]
Yo: Oh, no, espero que no me haya visto o que no me hable o que no sepa de mi existencia"
He de admitir que soy así como dice CG Drews, sobre todo con la gente que conozco. A no ser que sea una persona con la que me llevo muy bien y con la que sea muy amiga, no me gusta encontrarme conocidos por la calle. Por una parte, porque tengo muy mala memoria y a veces temo confundirme de persona. Por otra parte, porque si hace mucho que no nos hemos visto, no sé qué decirle y tengo que estrujarme el cerebro para pensar un tema del cual hablar. Y en último lugar, porque, si es en el bus, por ejemplo, no voy a poder seguir leyendo.


Visto en Facebook


¡No podrían faltar en esta sección las citas y frases de Entre montones de libros! Estoy bastante de acuerdo con lo que dice, también creo que existe el lector snob, aquel que se cree que leer le hace mejor, pese a que la lectura es un hobby como cualquier otro. Que sí, que te enriquece culturalmente, pero hay muchas otras cosas que también lo hacen. Y sí, como dice Entre montones de libros, me parece paradójico, pues precisamente los lectores deberían ser más abiertos de miras, pero no todos son así.


Cuando vi estas imágenes que compartía Maks Viktor Antiquarian Books, es que no pude evitar mostrároslas. ¡Es que son una preciosidad! No solo son documentos antiquísimos (me pirran los libros antiguos), sino que son libros muy peculiares. ¿Qué debió impulsar a los creadores a hacerlos de esta forma? En aquella época el papel o pergamino era muy preciado, y hacer libros de este estilo no es algo a lo que llamaría útil...pero sí preciosos.


Visto en Instagram


Me parece indignante la gente que roba libros de pequeñas librerías, pero me parece aún peor la gente que roba en librerías de segunda mano. ¡Encima de que en esos casos los libros están casi regalados, la gente quiere llevárselos gratis! También coincido con lo que dice Mientrasleo, aunque no con la esperanza de que me los devuelvan. Ya sabéis que no soy una persona muy aferrada al libro como objeto, así que no me molesta prestar libros con tal de que esa persona se lo lea y podamos comentarlo. Incluso aunque no me lo devuelva. A ver, esto último me sabrá mal, pero puedo superarlo. ¿Y vosotros?


Estoy MUY harta de los escritores que explican las cosas en lugar de mostrarlas. MUY HARTA. Y no me refiero solo a las descripciones físicas de personajes, que también, porque hay libros que parece que empiezan con una ficha técnica sobre su aspecto, me refiero tanto a las acciones como a los sentimientos. Así que estoy muy de acuerdo tanto con la cita de Chèjov como con la petición de Mientrasleo: un buen libro necesariamente tiene que emocionarme con sus letras.


No solo la fotografía de Previouslybooks es preciosísima y muy acorde con la época del año, sino que también hace una descripción muy detallada de sus hábitos lectores. Como ella, no tengo problemas para leer con ruido, cuando leo, me meto en mi propia burbuja insonorizada y escapo del mundo. Mi lugar favorito para leer es la cama, pero como voy tan ajetreada, últimamente donde más leo es en el coche o el autobús. Sobre lo de comer y beber...ya sabéis que no soy muy maniosa con eso, así que no tengo problemas. Eso sí, mis lecturas nunca las acompaño ni de té ni de café, no soy aficionada a estas bebidas. ¿Y vosotros?

Y hasta aquí el Visto en las redes de hoy. Espero que lo hayáis disfrutado, ¡nos leemos en los comentarios!