martes, 13 de enero de 2026

No-reseña: El priorato del naranjo, de Samantha Shannon

No suelo hablar de los libros que he abandonado; como mucho, cada varios meses publico una entrada donde os cuento en un par de líneas los motivos que me llevaron a dejarlos. Ese no va a ser el caso de El priorato del naranjo, una novela que no he terminado y de la que me apetece hablar largo y tendido. Eso se debe, en parte, al éxito que ha tenido la obra: debería haberla abandonado mucho antes, pero seguí leyendo en busca de aquello que había cautivado a tantos lectores. Me costó más de lo que esperaba tener claro por qué no me estaba entusiasmando: he leído 630 de las 830 páginas que tiene. En toda mi vida como lectora, creo que nunca había abandonado un libro tan avanzada su lectura. Podría haber seguido, porque no me quedaba mucho para terminarlo; sin embargo, apuntar un libro más a mi lista de leídos no me compensaba el sufrimiento de seguir leyendo. 

Antes que nada, aviso de que habrá spoilers. Muchos spoilers. Mi intención no es destripar toda la novela: solo aquellas partes que me parezcan relevantes para justificar mi punto. Que conste que tampoco voy a soltar espumarajos de odio sin ton ni son: he leído obras mucho peores y esta tiene incluso cosas que me han encantado, como también os comentaré. Lo que me interesa es hablar de la narrativa de esta novela, ya que es una buena muestra de la dirección que está tomando actualmente la literatura comercial.

Sinopsis:
Un mundo dividido.
Un reino sin su heredera.
Un antiguo enemigo se despierta...
La Casa de Berethnet ha gobernado Inys durante mil años. Aún sin casar, la reina Sabran IX debe concebir una hija para proteger a su reino de la destrucción. Pero los asesinos cada vez están más cerca.
Ead Duryan es una intrusa en la corte. A pesar de que se ha posicionado como dama de compañía, es leal a una sociedad oculta de magos. Ead vigila a Sabran, protegiéndola en secreto con magia prohibida.
Al otro lado del mar oscuro, Tané ha entrenado toda su vida para ser una jinete de dragón, pero se ve obligada a tomar una decisión que podría romper su vida en añicos.
Mientras tanto, el Este y el Oeste siguen divididos. Cada región tiene una religión diferente basada en los sucesos acaecidos mucho tiempo atrás. Los que adoran a los dragones, los que los detestan y quienes adoran al Sin Nombre aparentemente nunca se pondrán de acuerdo.
Y las fuerzas del caos se despiertan de su letargo y parecen estar a punto de llegar.

La representación y los personajes femeninos

Empecemos por el principio: ¿qué me llevó a leer este libro? La portada (llamadme superficial, pero qué preciosidad) y las buenas críticas que no solo ponían la novela al nivel de Tolkien y Martin, sino que destacaban que ofrecía un giro refrescante a la fantasía. No pude resistirme a esto último, pese a que la comparación con unos autores conocidos por sus largas descripciones me echaba un poco para atrás. Como comprobé más adelante, no había razón para preocuparme: se parece a Tolkien en que tiene un amplio worldbuilding y a Martin, en que la obra es Canción de hielo y fuego condensado en un volumen. En cuanto a la innovación, lo único destacable ha sido el buen tratamiento de los personajes femeninos.

Más que la trama o los personajes, esto último es lo que me ha mantenido leyendo. Actualmente, la literatura es cada vez más plural e inclusiva, dos características que han tardado en llegar al género fantástico. Es cierto que ahora abundan las mujeres en fantasía y que es bastante frecuente encontrar algún personaje secundario del colectivo queer; sin embargo, no es tan habitual ver personajes femeninos que exploren de manera compleja la feminidad en su contexto o personajes del colectivo que no se caractericen solo por su orientación sexual o identidad de género.

En El priorato del naranjo se da un giro de 180º al papel de hombres y mujeres, con el objetivo, no de mostrarnos la igualdad, sino cómo el modelo patriarcal sigue enquistado en nuestro subconsciente. Por ejemplo, aquí, la mayoría de personajes de fondo son mujeres. Y no solo eso: ellas también ocupan un montón de cargos importantes, son tanto heroínas como villanas, su trama no gira en torno a un hombre y sus conversaciones son sobre cualquier cosa, incluso temas exclusivamente femeninos, como el miedo al parto y a la maternidad. Puede que esto no parezca nada del otro mundo, pero sí que lo es. En la mayoría de novelas, el elenco no está formado por tantas mujeres, por lo que es habitual que solo haya unas cuantas que representan características concretas: la que ocupa una elevada posición social, la guerrera, la inteligente... En El priorato del naranjo hay tanta representación femenina que esos papeles no los representa una única mujer: hay más de tres mujeres malvadas, más de cuatro en posiciones de poder y muchas guerreras.

Tanta representación femenina se fundamenta en el hecho de que el sistema de gobierno es un matriarcado. Más allá de mi opinión al respecto, esa parece la excusa de la novela para mostrarnos un mundo sin discriminación de género, donde tanto hombres como mujeres asumen con naturalidad todo tipo de roles y papeles. Que Tané sea una jinete de dragón no sorprende a nadie; no es la única mujer y sus habilidades se cuestionan por su sangre, no por su género. Que Ead sea diestra con casi cualquier arma es una sorpresa, de nuevo, no por ser mujer, sino porque es algo que no se corresponde con su posición social.

Respecto a la representación queer, en este mundo se naturalizan las relaciones homosexuales y, por tanto, no existe el concepto de homofobia. Por ejemplo, Niclays no puede estar con su amante, no porque ambos sean hombres, sino debido a que el otro ya está casado. Sí que es verdad que el hecho de que Ead y Sabran estén juntas es visto con malos ojos, aunque es por cuestiones prácticas: al ser Sabran la soberana, se espera de ella que tenga descendencia. Como veis, hay unos cuantos personajes relevantes que pertenecen al colectivo y su identidad sexual no es su característica principal, ni mucho menos.

Pese a que esta representación tan positiva está muy bien, me parece poco realista. Para empezar, dudo que una sociedad igualitaria pueda nacer de un matriarcado que, por definición, establece un género como dominante. Además, la novela plantea otra sociedad (los reinos del este) con un gobierno patriarcal donde tampoco hay discriminación. Allí las mujeres pueden ser jinetes de dragón (o dragona), guerreras y eruditas, al igual que los hombres... sin que nada justifique de dónde sale una sociedad tan igualitaria.

Este no es el único problema: mientras que los personajes femeninos están muy trabajados, los masculinos son poco relevantes y tienen un escaso desarrollo. Eso nos muestra cómo la paridad no está solo en el número: tanto Loth como Niclays, ambos hombres, son narradores; sin embargo, y a diferencia de la mayoría de puntos de vista femeninos, nada de lo que hacen afecta lo más mínimo al curso de los acontecimientos. Al menos representan la nueva masculinidad: ninguno de los dos tiene características asociadas tradicionalmente al género masculino.

El ritmo y la superficialidad

Puede que llegados a este punto de la entrada estéis pensando "sí, bueno, tiene algún fallo menor, ¿pero por qué lo has dejado?". Sé que he dedicado muchas palabras a lo que me ha gustado, pero sobre todo quería que entendierais por qué seguí leyendo algo que no disfrutaba. Y es que me costó verlo incluso a mí; tan hechizada me tenía el worldbuilding y la representación naturalizada.

Primero pensé que el problema era un exceso de puntos de vista, ya que me sentía desconectada de las tramas; sin embargo, cuatro narradores no son tantos. En cada capítulo pasan cosas, así que la falta de acción no era el motivo por el que estaba aburrida. Los errores ortográficos y de edición son una cosa (faltan y sobran guiones por todas partes, hay letras giradas y tildes ausentes...), pero si eso no me detuvo con La dama del Nilo, nada lo hará. Tuve que darle muchas vueltas, hasta que al final lo vi: el ritmo es vertiginoso, y para mal.

Que conste que, en cierta manera, soy ese tipo de lectora: el ritmo de los clásicos no es para mí. Eso no significa que me gusten las historias con acción constante y superficiales: busco un equilibrio y este libro, por desgracia, no lo tiene. Estamos ante una obra que mantiene un ritmo acelerado durante nada más y nada menos que 800 páginas. ¡Quién hubiera dicho que a un tocho como este podrían faltarle tantas páginas!

El principio ya daba pistas de cómo iba a ser la historia, pese a que yo no lo quise ver. En las primeras tres páginas, el lector recibe toda esta información: Tané, una de las protagonistas, acaba de terminar su entrenamiento como jinete de dragón y va a graduarse al día siguiente. Mientras pasea por la playa, se encuentra con un náufrago, y recuerda la ley que prohibe la entrada de extranjeros en el país. Por miedo a que lo descubran y se cancele la ceremonia de graduación, decide ocultarlo en una isla cercana. Las otras cinco páginas del capítulo son de otro protagonista, Niclays, quejándose de que le hayan endosado al intruso. En el segundo capítulo, otra protagonista, Eadaz, que nos cuentan que lleva cinco años infiltrada en palacio, mata a escondidas a alguien que pretendía atacar a la reina. Eso es una página. Las otras diez son de ella socializando en la corte. En su momento, no me pareció mal este inicio: vi subversivo que se saltara el típico entrenamiento de Tané, así como el proceso de adaptación de Eadaz a la corte. Lo que no esperaba es que esta fuera la tónica general.

El problema principal de la novela es que pasan demasiadas cosas en pocas páginas. Los capítulos presentan un desequilibrio en la distribución de los hechos: apenas dedican un par de páginas a todo lo relacionado con el desarrollo de personajes y conflictos, y el resto se esfuerza tanto en construir su mundo e introducir nuevas líneas argumentales que olvida profundizar en lo que ha pasado, más allá de alguna mención esporádica. Dicho de otra manera, todo sucede muy rápido, centrándose más en la trama que en los sentimientos de los personajes o la reflexión sobre los hechos.

Por una parte, este ritmo hace que no podamos conectar emocionalmente con los personajes. Para muestra, un botón: vemos que Ead siente algo por Sabran, pero como no dedica ningún momento a pensar en sus sentimientos, no identificamos que ese algo es amor hasta que se lían. Y justo después de pasar la noche juntas, en vez de dedicarle un mínimo a su relación, la novela introduce inmediatamente una nueva trama para Ead fuera del reino y lejos de Sabran. Esto hace que, cuando Ead vuelve del viaje, tenga demasiadas cosas que contarle a Sabran al respecto como para sentarse a hablar de su relación. Si la novela se centrara en mostrarnos el desarrollo sentimental de Ead y Sabran en lugar de avanzar en la trama, conectaríamos mejor con los personajes y sentiríamos el impacto de los sucesos. Si el personaje te importa, lo que le pasa también.

Por otra parte, la trama de esta novela es tan intrincada y compleja que se ve obligada a pasar superficialmente por todos sus puntos argumentales. No puede ser que en tan solo 15 páginas tengamos que: después de años oponiéndose al matrimonio, la reina Sabran decide tomar como marido a un príncipe extranjero; organizan un baile donde ambos se conocen; la reina comenta la jugada con sus damas de honor; Ead (que también estaba por ahí) se reencuentra con su maestro, al que no ve desde hace cinco años, y se entera tanto de que ha muerto una amiga muy querida como de que en su comunidad hay una nueva priora que quiere que abandone la corte. Cada uno de estos sucesos daría para un capítulo entero si se desarrollara con la profundidad suficiente. Para construir un mundo creíble, hay que dedicarle tiempo.

No lo parece, pero preparar una escena es importante. Entiendo que en algunos casos está bien priorizar la sorpresa; eso no significa que deba ser la norma. Aún recuerdo lo absurdo que fue que Ead estuviera interrogando a Truyde, una de las damas de honor, y que una página después, hubiera aterrizado un dragón terrorífico que lleva mil años dormido y estuviera amenazando a la reina. La llegada del dragón, por muy inesperada que sea, no tiene ningún impacto, porque parpadeamos, está ahí, volvemos a parpadear y ya se ha resuelto el conflicto. Lo lógico hubiera sido ver rumores aquí y allá, que sobrevolara el cielo un rato, amenazante, que demostrara su poder y que generara expectación.

En cierto modo, faltan descripciones que nos sumerjan en la historia. Pese a ser la principal detractora de las que son largas y aburridas, soy consciente de su valor. En este caso, he sentido que la obra se apoyaba en el bagaje del lector, como si no hiciera falta describir tanto su mundo porque es similar a muchos otros. No sé, si no describes a tu dragón porque es como cualquier otro, ¿por qué iba a leer tu novela y no otra? Es lógico partir de conocimientos compartidos y personajes estereotípicos, con los que es más fácil conectar; sin embargo, si te quedas ahí, no dices nada.

El ritmo y la ausencia de descripciones hacen que la novela se sienta artificial, como si la autora la hubiera esquematizado primero en forma de lista y después hubiera ido desarrollando cada escena sin conectarla emocionalmente con la anterior. Como si no fuera importante tener en cuenta el tiempo que pasa de una escena a otra o si han pasado muchas o pocas páginas desde uno u otro punto de vista. Esto se puede observar si esquematizo la trama de cualquier personaje, como por ejemplo Tané. Fijaos en la cantidad de páginas que se dedican a su trama y lo espaciadas que están entre sí:

Página 37-45: Se celebra la ceremonia en la que le presentan a su dragón.

Página 68-71: Se despide para siempre de su mejor amiga, que conocíamos por un par de menciones.

Página 135-141: Participa en unas pruebas.

Página 156-160: Más pruebas.

Página 202-206: Prueba final.

Página 249-253: Confirmamos que es jinete de dragón y le dan su túnica de guardiana.

Página 302-312: Charla por primera vez con su dragona y esta le cuenta historias sobre worldbuilding.

Página 329-335: Niclays la chantajea porque sabe que ocultó a un criminal y Tané confiesa sus crímenes a su dragona, que decide ayudarla.

Página 341-346: Capturan a Tané y le muestran la ejecución de su mejor amiga (esto último es una página).

Página 358-361: Le dicen que su dragona ha sido capturada por los piratas y que ella será desterrada a la isla de los eruditos.

Página 437-442: Mientras está en duelo, nos muestran cómo se ha adaptado a la vida con los eruditos, le cuentan una leyenda, traba amistad con un anciano y este le hace notar la misteriosa herida que tiene en el cuerpo y que será relevante para la trama.  

Lo que quería hacer notar con este esquema es qué pocas páginas dura su punto de vista, cuántas páginas tarda en volver a ser narradora y cómo prácticamente nada de lo que os he contado es relevante para la trama general. Es verdad que, al hacer un esquema, parece que haya sido injusta al omitir cualquier desarrollo de personaje, pero la novela tampoco se centra mucho en ello. En vez de mostrarnos cosas como la inquietud de Tané por el crimen que ha cometido, su relación con los otros jinetes de dragón o el duelo por la muerte de su amiga y por la desaparición de su dragona, la novela solo las menciona de pasada y mucho más adelante, sin darles apenas importancia.

Podría hacer exactamente este mismo esquema con Loth y Niclays, que también tienen pocas páginas y escasa relevancia argumental, pero sería repetirme. La única trama en la que se vuelca la novela es la de Ead, que ya he criticado antes por su superficialidad.

Recordemos que el núcleo de la historia es que los dragones de fuego están despertando de su letargo y para combatirlos, las naciones del este y del oeste, enfrentadas desde hace mil años por temas culturales y religiosos, van a tener que aliarse. Bien, pues en la página 630 de 830, que es cuando lo dejé, es cuando empiezan a plantearse el tema de la reconciliación, una idea tan en pañales que aún no hemos visto nada de la política en el este. ¿Y qué pasa en todas las páginas anteriores? No mucho: conocemos mínimamente los reinos colindantes, investigamos sobre los atentados contra la vida de Sabran, seguimos su culebrón sobre el matrimonio y la descendencia y descubrimos cómo se derrotó hace mil años al Innombrable. Durante páginas y páginas la novela vaga sin rumbo y parece no ser consciente de que, si quiere tratar la reconciliación de dos naciones, necesita dedicarle tiempo a la política y a construir personajes profundos, llenos de aristas. Al fin y al cabo, no se puede convencer a alguien de renunciar a todas sus creencias, la base de un conflicto milenario entre naciones, en una sola escena sin mucha preparación. Con Canción de hielo y fuego me quejaba mucho del relleno y el ritmo lento, pero una cosa es escribir cinco novelas que podrían ser tres y otra es escribir una que podrían ser cincoY el resultado no ha sido otro que un pastiche más cercano al resumen que a la narración literaria.

Es una lástima, porque el mundo era muy prometedor. Por una parte, estaba todo el tema de los dragones, que solo tienen una presencia testimonial, cosa que ha defraudado a muchos. El márketing daba a entender que eran clave; sin embargo en las 600 páginas que he leído, son importantes en un par de escenas, mientras que el resto de tiempo, están de fondo. 

Por otra parte, era curioso que la génesis de todas las religiones fuera una historia similar a la leyenda de Sant Jordi y que las diferencias surgieran a raíz de distintas interpretaciones de esa historia. El problema es que, a excepción de Inys, vemos muy poco de todos los reinos (costumbres, política, religión, creencias, historia...), y eso que son relevantes. Sí, visitamos Yscalin, invadido por los dragones, pero no vemos más allá de la corte. A Mentendon, tierra natal del príncipe con el que se casa Sabran, ni siquiera vamos, así que imaginad saber cosas del lugar. Lasia, hogar de Ead, sí que la visitamos... más o menos. No nos describen el país, solo muy someramente el priorato y su organización política y religiosa. En Seiiki, hogar de Tané, estamos un poco más; sin embargo, no vemos mucho: tienen una política aislacionista, adoran a los dragones de agua, hay una pequeña isla para intercambios con Mentendon, otra de eruditos y otra de guardianes de dragones. Son todo sociedades complejas, muy dispares y con mucho que ofrecer por el choque cultural. Está bien que el mundo sea extenso y variado, la realidad es así, pero para qué presentarnos todo eso si después no se aprovecha ni va a nada. Es un poco el problema general de la obra: se presentan muchos personajes, muchas tramas y muchas sociedades y se deja todo a medias.  

El multiperspectivismo y los personajes

El caso es que, como veis, la novela nos fuerza una visión de túnel: nos centramos en los lugares en los que están los personajes y no vemos nada de la periferia, ni siquiera a la gente de a pie. Y como la única trama relevante es la de Ead, al final solo conocemos de verdad su mundo. El multiperspectivimo está bien, pero hay que saber manejarlo. Es importante que los puntos de vista estén equilibrados. Por una parte, a todos los personajes se les debería dedicar el mismo tiempo y, en caso de no ser así, justificar por qué. Por otra parte, no se debería abandonar un punto de vista durante demasiadas páginas; el lector puede olvidarse de esa trama o la historia puede resultar cronológicamente confusa.

Que se trabajaran esos aspectos hubiera ayudado a desarrollar a los personajes; sin embargo, el problema va más allá. Para empezar, no tienen aristas: o son buenos o son malos, no hay más. Los protagonistas son perfectos, un dechado de virtudes, y sus fallos se deben a las circunstancias. Sus motivos son nobles y por supuesto que destruir a los malvados dragones de fuego es el único camino posible. En el otro bando, los antagonistas se pintan como villanos absolutos sin tener en cuenta la escala de grises en la que se mueven: tenemos al Innombrable, un dragón malísimo que solo quiere ver el mundo arder (o eso dicen, porque hasta donde he leído no sale como personaje); la priora, una egoísta que solo quiere salvar su tierra, y la bruja del bosque, que solo quiere el caos. El único personaje un poco gris es, por supuesto, un protagonista: Niclays, aunque tengo bastante claro que siempre actúa en beneficio propio y dudo que tenga redención.

No esperéis mucho más de los personajes: todos son planos y no experimentan ningún cambio en su forma de ser, actuar o pensar. La única que cambia mínimamente es Sabran, quien abandona su fe con tal rapidez que hubiera preferido que no cambiara. Además de que a los personajes les falta desarrollo, tampoco tienen profundidad: la novela no dedica tiempo a explorar su psicología. De nuevo, la única excepción es Sabran, cuyos conflictos con la corona y la maternidad sí que están mejor tratados.

Por último, quiero destacar la infantilidad de los personajes. Todos, con la pequeña excepción de Niclays, tienen un comportamiento muy adolescente, priorizan cuestiones menores y actúan sin control ni consciencia de las consecuencias. Es cierto que son todos veinteañeros, pero Sabran ha sido educada en la corte, al igual que Loth, y Ead ha recibido un entrenamiento marcial antes de infiltrarse en palacio. Podría aceptar que alguno de ellos actuara impulsiva e irreflexivamente; el caso es que todos son iguales. Esto se extiende también a sus situaciones personales: no tienen a nadie que sea su apoyo o que les detenga antes de actuar sin pensar.

Conclusión

Como veis, mi problema con esta novela no es que no salgan dragones, que es la crítica más repetida en Goodreads. Lo que de verdad me preocupa es que este sea el modelo a seguir. Los tiempos cambian y la literatura con ellos. Ya no tenemos la paciencia que tenían nuestros antepasados y eso supone historias cada vez más dinámicas. El ritmo de la novela actual es acelerado, pero eso no debería ir en detrimento de la profundidad de temas ni del desarrollo de personajes. Puede haber acción si también hay momentos de pausa y reflexión. Sin ellos, pierde todo su valor.

Hoy en día devoramos una historia tras otra sin mesura, porque hay tantas publicaciones que nuestra montaña de pendientes amenaza con derrumbarse sobre nosotros. Disfrutamos de lo que leemos, pero con la mosca detrás de la oreja, porque la tentación de la novedad está ahí, una novedad de la que todos hablan, que nos estamos perdiendo, que podría ser mejor que lo que tenemos entre las manos. El mercado busca que nos consuma el ansia, que terminemos deprisa una obra para comprar ya la siguiente. Es por eso que deglutimos las novelas sin masticar, sin saborear cada página, disfrutando de la hamburguesa del McDonald's sin pensar cómo la han hecho.

Este ritmo nos lleva a olvidar los libros mientras aún los estamos leyendo. Y es que llegamos cansados a casa, y el trabajo, conducir, limpiar, cocinar, los niños, la lavadora y cambiar esa bombilla titilante, solo nos deja un momento para nosotros, un momento en el que necesitamos desconectar. Las novelas reciclan personajes y tramas, lo sabemos, lo aceptamos y lo abrazamos, porque estamos cómodos con ello, porque estamos demasiado cansados para exigencias.

En otros momentos de mi vida he sentido un hambre voraz y leído novelas como esta, novelas de las que ya ni recuerdo el título. Las he disfrutado como quien disfruta de un buffet, únicamente preocupada por satisfacer la gula. Hasta que un día probé algo distinto, algo de calidad, y cómo se notó la diferencia. Perdemos la mitad de nuestra vida trabajando y ocupados con tareas varias; no desperdiciemos la otra mitad en un ocio vacío. No nos merecemos esto. Leemos para entretenernos, pero eso no significa que vayamos a aceptar cualquier cosa. Merecemos historias que no tengan la profundidad de un chupito. Merecemos libros que nos distraigan, pero que también nos lleguen al corazón y nos ofrezcan herramientas para seguir adelante. El entretenimiento barato llena nuestro vacío unas horas; el entretenimiento de calidad nos hace comprenderlo.

lunes, 5 de enero de 2026

Libros abandonados 2025

¡Hola a todos!

El año pasado estuve haciendo cuatrimestralmente algunas entradas en las que hablaba brevemente de los libros que había abandonado. Como durante la primera mitad del año no dejé ninguna lectura, decidí esperar a diciembre para reunirlas todas... craso error. No sé qué ha pasado, pero sobre todo estos últimos cuatro meses he dejado un montón de libros, así que la entrada va a ser más larga de lo que creía.

Voy a seguir la misma estructura que en las publicaciones del año pasado: os dejaré la sinopsis y un par de líneas justificando por qué he decidido abandonar cada lectura. Me gusta y me parece necesario hablar de ello, porque así puedo poner de sobre aviso a otros, aunque no haga una verdadera reseña, claro, porque solo he leído una parte. ¡Allá vamos!

1. Sakamura, Corrales y los muertos rientes, de Pablo Tusset

Sinopsis:
Tres extranjeros muertos en la Costa Brava; los tres con una sonrisa en la boca, los tres «coloraos» como cangrejos… la cosa parece estar clara para el cabo de la Guardia Civil Rafael Corrales: tiene que haber sido cosa de las medusas, cuyo veneno no afecta al producto nacional. Pero el maestro Zen e inspector Sakamura, enviado por la Interpol, sospecha que hay mucho más que eso. Corrales conoce el terreno y la idiosincrasia del paisanaje; Sakamura utiliza talentos que provienen de una cultura milenaria, y los dos conforman la pareja de investigadores más desternillante de la literatura. Pero la entrada de Sakamura en el caso pone nerviosos a los estamentos más importantes del país: el President intenta desentrañar qué sabe el Presidente de esto, y el Lehendakari no quiere ser menos. Sin embargo, en lo que sin duda es algo más que un relato humorístico, sólo el inspector Sakamura, el cabo Corrales y la sensual agente 69 han seguido la pista correcta y pueden devolver la paz a la convulsa «España inexistente».

Impresión:
La sinopsis parecía muy divertida. Por desgracia, como se demostró en Lo mejor que le puede pasar a un cruasán, el humor de este autor no es para mí. El anterior libro lo leí hasta el final por inercia; a este no le di tantas oportunidades. No me caía bien ningún personaje, los tópicos sobre los chinos no me hacían gracia y los chistes soeces y estúpidos incluso menos. No pienso volver a acercarme al autor, aunque pueda que sea del agrado de otros.


2. Terry Pratchett: Una vida amb notes a peu de pàgina* La biografia oficial, de Rob Wilkins

Sinopsis:
Primera i única biografia autoritzada de Terry Pratchett, escrita amb el suport i un accés inigualable a la seva família i amics propers, que han aportat històries i imatges que mai abans s’havien sentit ni vist pel públic.
Rob Wilkings es basa en les notes inèdites del mateix Terry, en les quals detallava la seva infància i els seus anys juvenils, amb una autenticitat que ningú més podria donar.
El creador de la sèrie d’èxit fenomenal del Discmón, Terry Pratchett, era conegut i estimat a tot el món pels seus llibres extraordinàriament populars, el seu humor satíric i intel·ligent i la humanitat de les campanyes que va encetar. Però tot això només es una part del conjunt.
Abans de la seva mort massa precoç, Terry escrivia unes memòries: la història d’un noi de sis anys al qual un professor va dir que mai no arribaria enlloc, i que es va passar la resta de la seva vida demostrant-li que s’havia equivocat. Perquè Terry va viure una vida plena de gestes increïbles: convertir-se en un dels autors més venuts i estimats de la Gran Bretanya, guanyar la prestigiosa Medalla Carnegie i rebre el títol de cavaller.
Ara, el llibre que Terry tristament no va poder acabar, l’ha escrit Rob Wilkins, el seu antic assistent, amic i ara marmessor del llegat literari Pratchett. Aprofitant els seus records extensíssims, juntament amb els de la família, amics i col·legues de l’autor, Rob ens revela una imatge sencera de la vida de Terry: des de la infantesa fins a la seva astoradora carrera literària, i com es va trobar i enfrontar a la “tocadeta de collons” de la malaltia d’Alzheimer.
Un retrat profundament emotiu i personal de la vida extraordinària de Sir Terry Pratchett, escrita amb un coneixement de causa sense paral·lel i ple d’anècdotes divertides, aquesta és l’única biografia oficial d’un dels nostres millors autors.
Rob Wilkins va treballar amb Terry Pratchett més de vint anys, primer com a assistent personal i després com a gerent empresarial. Ara dirigeix el llegat literari Pratchett i la productora de Terry, Narrativia.

Impresión:
Nunca me han gustado las biografías. Me aburren soberanamente, por muy interesante que sea la figura histórica o por muy bien escritas que estén. Esto de desgranar la vida de alguien con lupa me parece soporífero. Esperaba que en este caso fuera distinto por ser Terry Pratchett quien es, por el tono humorístico que esperaba que tuviera el texto. Por desgracia, no ha sido así. Ojo, que la biografía es muy buena, muy documentada y está muy bien escrita. Además, para mi sorpresa, el propio Pratchett empezó a trabajar en ella, así que hay comentarios suyos. Estoy segura de que a cualquier otro fan del autor le va a encantar (ahora el libro lo tiene G en su estantería). Pero no es para mí. No me parecía suficientemente entretenida y los datos son demasiado concretos para mi interés (¿qué más me da a mí la forma que tenía el gancho para colgar el abrigo de su primera escuela?).


3. El Priorato del Naranjo, de Samantha Shannon

Sinopsis:
Un mundo dividido. Un reino sin su heredera. Un antiguo enemigo se despierta...
La Casa de Berethnet ha gobernado Inys durante mil años. Aun sin casar, la reina Sabran IX debe concebir una hija para proteger a su reino de la destrucción. Pero los asesinos cada vez están más cerca.
Ead Duryan es una intrusa en la corte. A pesar de que se ha posicionado como dama de compañía, es leal a una sociedad oculta de magos. Ead vigila a Sabran, protegiéndola en secreto con magia prohibida.
Al otro lado del mar oscuro, Tane ha entrenado toda su vida para ser una jinete de dragón, pero se ve obligada a tomar una decisión que podría romper su vida en añicos.
Mientras tanto, el Este y el Oeste siguen divididos. Cada región tiene una religión diferente basada en los sucesos acaecidos mucho tiempo atrás. Los que adoran a los dragones, los que los detestan y quienes adoran al Sin Nombre aparentemente nunca se pondrán de acuerdo.
Y las fuerzas del caos se despiertan de su letargo y parecen estar a punto de llegar.

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Menudo batacazo me he dado con esta lectura. Esperaba muchísimo y me he llevado una decepción enorme. Leí y leí y leí, hasta que, a doscientas páginas del final, lo dejé. Es más superficial que el dibujo de un charco. No me gusta hacia donde va la literatura actualmente ni que esta sea la tendencia mayoritaria. Me enfadó tanto que he escrito una no-reseña (pendiente de publicación) con mis reflexiones sobre los problemas que he tenido con la novela. Como ya me explayo más que suficiente ahí, no voy a deciros mucho más por aquí. El resumen es que la novela puede gustarte si desconectas de todo y te propones no pensar.


4. Firmin, de Sam Savage

Sinopsis:
Nacido en el sótano de una librería en el Boston de los años 60, Firmin aprende a leer devorando las páginas de un libro. Pero una rata culta es una rata solitaria. Marginada por su familia, busca la amistad de su héroe, el librero, y de un escritor fracasado. A medida que Firmin perfecciona un hambre insaciable por los libros, su emoción y sus miedos se vuelven humanos.

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Una novela protagonizada por un ratón de biblioteca (casi literalmente, porque en realidad vive en una librería de segunda mano), ¿qué puede salir mal? La idea era buena, pero me resultó aburrido. Un tono muy biográfico, el tono era humorístico, pero no me parecía divertido y las referencias literarias eran excesivas. El prota es muy pedante. 


5. El último viaje de Tisbea, de Rafael Avedaño

Sinopsis:
Tisbea tiene 22 años, agarra un berrinche si no le compran un helado de pistacho, tiene que cruzar una puerta tres veces antes de pasar al otro lado, y jamás ha besado a un chico. David ha intentado suicidarse varias veces. Está ingresado en un centro psiquiátrico. David y Tisbea son amigos, por eso Tisbea se ha propuesto encontrarle a David una razón para vivir, pero fracasa una y otra vez. El problema es que el autismo de Tisbea no le permite percibir el mundo como los demás. Pero, cuando consigue hacerlo gracias a un tratamiento experimental, se da cuenta de lo que esconden las miradas y sonrisas de los que la rodean. 

Impresión:
Demasiado juvenil para mí. El autismo de Tisbea se retrata de forma demasiado evidente, los diálogos son simples y algo artificiales y falta profundidad. Lo estuve hojeando hasta el final y el mensaje y la conclusión son lo que esperaba. No está mal, refleja bien el autismo y la crisis de identidad de la adolescencia, pero hace tiempo que este tipo de historias dejaron de ser para mí.


6. Sueños en el umbral: memorias de una niña del harén, de Fatema Mernissi

Sinopsis:
El harén de Fatema es muy distinto del que nos evoca la imaginería oriental, es un harén de mujeres, madres, esposas, hijas, tías y abuelas que viven dentro de la casa, imposibilitadas de cruzar solas el umbral. Ante nosotros se despliega la vida de esa niña que poco a poco va entendiendo los poderes femeninos dentro de la casa y las diferentes formas de afrontar esa vida.
Mernissi nos muestra sus mujeres, con sus fantasías y sueños, incluido el «sueño en el umbral», el mundo masculino que se extiende más allá de esos muros de la casa y la historia de una niña enfrentada a los misterios del tiempo y el sexo durante la historia reciente del mundo musulmán.

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Un tema muy interesante del que no había leído nada. Me gustó descubrir cómo son los harenes, más allá de los tópicos que todos conocemos. Rompiendo con los prejuicios, un harén no es similar a un burdel, sino una pequeña comunidad familiar, como si toda tu familia viviera en un mismo edificio, cuyo umbral las mujeres no pueden cruzar. No esperaba la calidez y la sororidad femenina que hay entre las paredes de un harén. Sin embargo, la historia era demasiado costumbrista para mi gusto. Solo vemos el día a día, sin que haya ninguna trama ni hilo conductor, y los personajes no eran muy interesantes. Para mí, el tono era demasiado didáctico. La novela se centra tanto en mostrarnos el harén que se olvida de todo lo demás. 


7. La saga de los longevos I: La vieja familia, de Eva García Sáenz

Sinopsis:
Iago del Castillo es un carismático y atractivo longevo de 10.300 años de edad con un cerebro prodigioso.
Sin embargo, cuando una mañana despierta en San Francisco, lejos de su hogar en Santander, no es capaz de recordar ni su nombre ni los detalles de la misteriosa investigación que le ha llevado hasta allí; una investigación con la que pretende descifrar los motivos por los que ni él ni los demás miembros de su familia envejecen.
Pero ni Iago ni Héctor, su padre, tienen intención de compartir los resultados; ellos son conscientes de los riesgos y el sufrimiento que implica su modo de vida. Son sus hermanos Jairo (un conflictivo escita de casi 3000 años) y Kyra (una huidiza celta de 2500 años) los que, cansados de transitar solos a través de los siglos y hastiados de tener que enterrar a sus hijos, están empeñados en crear una estirpe de longevos como ellos.
Al mismo tiempo, Adriana, una arqueóloga especializada en Prehistoria, está dispuesta a aprovechar que el destino la ha traído de vuelta a su Santander natal para aclarar el extraño suicidio de su madre ocurrido quince años atrás.
Desde el principio, Iago y ella sentirán una poderosa atracción el uno por el otro, aunque ambos intenten ignorarlo.

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Decidí darle una oportunidad al audiolibro porque, aunque el tema me llamaba la atención, me echaba para atrás que fuese una saga de libros tan tochos. Hice bien, porque como veis, lo he descartado. No me ha parecido que reflejara correctamente que los personajes han vivido milenios y las conversaciones me han parecido, en general, muy artificiales, por no hablar del triángulo amoroso que ni me va ni me viene. No parece una mala historia, pero no me genera el menor interés.


8. La casa de la buena estrella, de Diane Ackerman

Sinopsis:
Cuando Alemania invadió Polonia, Jan y Antonina Zabinski, guardianes del zoo de Varsovia, horrorizados ante el nazismo, consiguieron ayudar a más de trescientas personas a huir. Sin embargo, el relato de su hazaña se perdió en la vorágine de la historia. Irónicamente, las jaulas vacías del zoo sirvieron para ocultar a decenas de personas condenadas a una muerte segura. Otras lograron esconderse agazapadas en los escondrijos de la casa. Basándose en el diario de Antonina y otras fuentes históricas, con una prosa exuberante y una sensibilidad exquisita, Ackerman explora el papel que desempeña la naturaleza tanto en lo que se refiere a la bondad como a la violencia, y nos revela la fascinante y perturbadora obsesión que yacía en el corazón del nazismo: venerar y al mismo tiempo violar las leyes de la naturaleza, por un lado, y el control del planeta, por otro.

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Ya sabéis que el tema de la Segunda Guerra Mundial me llama mucho la atención. En este caso, me parecía interesante descubrir qué pasó con los zoos en aquella época y cómo estos pudieron servir para proteger a algunas personas, con el riesgo que eso suponía para los dueños. A eso hay que sumarle que se basa en una historia real y el diario personal de una de las protagonistas; los testimonios reales me parecen muy interesantes. Por desgracia, no es una novela histórica, sino una novela de Historia. No hay una ficcionalización, que es lo que a mí me interesa, sino que realmente nos intenta contar con pelos y señales qué ocurrió y cómo eran los Ackerman. La información se ofrece de forma muy artificial, más en tono enciclopédico que narrativo. No es de mi interés.


9. Iris, de Edmundo Paz Soldán

Sinopsis:
En un futuro no muy lejano, en una región tóxica llamada Iris, se encuentra el Perímetro, territorio de las fuerzas colonizadoras. En el Perímetro viven Xavier, un soldado que debe lidiar con una traumática herida de combate, y el capitán Reynolds y su unidad, que, cansados ante las victorias de los irisinos liderados por Orlewen, deciden emprender su guerra particular. El Perímetro es también el hogar de Yaz, una enfermera que se encuentra allí en busca del jün, planta sagrada que ofrece visiones psicotrópicas y trascendencia.Pero el combate no sólo se libra en la capital. La lucha se traslada a Malhado, un valle florido donde -cuentan las leyendas irisinas- vive el temible Malacosa, y a Megara, centro de la explotación minera y de los mitos en torno a Xlött, el dios demoníaco en nombre del cual se inicia la batalla final por la independencia de Iris.Iris es una novela de gran originalidad, un paso adelante en la trayectoria de Edmundo Paz Soldán. Desde la primera página, transporta a los lectores a un mundo tenebroso y los somete a su lógica, a su delirio, a su violencia y angustia. Iris es una distopía arrolladora e hipnótica sobre la forma en que se reinventan los individuos en tiempos de guerra, una fábula desoladora sobre los excesos del poder, y, al final, un relato esperanzador sobre la lucha por la libertad.

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El problema con los libros experimentales que tanto me atraen es que pueden convertirse en un libro drogas en cualquier momento. En este caso, la ambientación distópica me parecía muy interesante, así como el tema del colonialismo, y el libro está escrito en un lenguaje muy curioso, un español evolucionado que tiene como base los anglicismos. ¿Problema? A medida que avanza la historia, el lenguaje es cada vez más incomprensible y hay muchos conceptos que tienes que ir entendiendo por contexto. Y por supuesto, como decía, muchos momentos esotéricos producto de las drogas que toman los personajes. De nuevo, no es una mala novela, a G le ha encantado, pero no es para mí.


10. El hombre que pudo salvar el Titánic, de Emilio Calle

Sinopsis:
¿Pudo un solo hombre salvar la vida de más de 1.500?
1962. Desde el retiro y soledad de su casa en Inglaterra, el capitán Stanley Lord, alejado del mundo y repudiado por todos, pone en claro los recuerdos de toda una vida en un largo diario destinado a su difunta esposa. Una vida marcada, sobre todo, por un hecho: el hundimiento del Titanic. Medio siglo despues de aquella lejana y fatídica noche, el doloroso recuerdo no deja de perturbar el pensamiento del capitán un solo día. A partir de entonces todo fue un pesadilla: juicios en Estados Unidos y Gran Bretaña, desprecio público, una bien ganada reputación como excelente capitán de barcos arruinada para siempre... en definitiva, una vida robada. Pero ¿por que? Porque aquella noche del 14 de abril de 1912, el capitán Lord se encontraba al mando del buque Californian, el barco que, según todos, pudo haber salvado la vida de las más de 1500 víctimas mortales. Sin embargo, en su testamento vital el capitán desvelará datos que solo algunos conocían y que nadie quiso investigar, como la existencia de un tercer barco "fantasma" que se encontraba en las inmediaciones del Titanic y que no acudió en su auxilio o la presencia de un misterioso personaje llamado Phillwood que parecía saberlo

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Todas las historias de barcos que se hunden me atraen como abejas a la miel. El drama humano que se esconde en catástrofes de este calibre me parece interesantísimo. Esta perspectiva del Titanic me parecía innovadora. Por desgracia, me he sentido incómoda con la lectura, hasta el punto de abandonarla. ¿Hasta qué punto es lícito ficcionalizar la vida de alguien? He leído mucha novela histórica, pero creo que hasta ahora nunca me había encontrado con una obra que ficcionalizara la vida de alguien tan contemporáneo. He leído libros que hablan de personajes anónimos y otros que tratan a personajes históricos de épocas lejanas. Stanley Lord, protagonista del relato, murió en 1962, no hace ni cien años. ¿Qué derecho tiene el autor de poner en primera persona las emociones y sentimientos de alguien que no dejó un diario que hablara de ello? Nunca me había pasado algo así, la verdad, y es por eso que no me he sentido cómoda con la lectura. Una lástima porque el tema era interesante, al igual que la estructura, que alterna entre la noche del hundimiento y los juicios posteriores. ¿Vosotros habéis leído alguna novela histórica en primera persona que ficcionaliza con voluntad documental a un personaje histórico contemporáneo? 


Y hasta aquí los libros que abandoné en 2025. No son muchos en comparación con otros años, aunque me ha sorprendido que fueran todos a lo largo de la segunda mitad del año. Ya veis que la mayoría no es que sean malas novelas, sino que no encajaban conmigo. ¿Qué libros habéis dejado vosotros a medias? ¿Hay alguno de los que os muestro que hayáis leído y os haya gustado? ¡Nos leemos en los comentarios!