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sábado, 21 de septiembre de 2019

Frases memorables: Big fish


"Esto me recuerda -dijo- cuando era un niño.
Miré a aquel anciano, aquel anciano con los viejos pies sumergidos en la corriente de aguas claras, en esos momentos que se contaban entre los últimos de su vida, y de pronto lo vi, sencillamente como si fuera un muchacho, un niño, un joven, con toda la vida por delante, tal como la tenía yo. Nunca lo había visto así. Y todas esas imágenes… el hoy y el ayer de mi padre… convergieron, y en ese instante se convirtió en una criatura extraña, fantástica, joven y vieja a la vez, moribunda y recién nacida. 
Mi padre se convirtió en un mito"

A veces, me gusta sentarme en el sofá y charlar con mi abuela. La única que me queda. Me gusta preguntarle sobre su infancia, sobre cómo eran las cosas en aquellos tiempos y revisar fotografías de gente que ya no está aquí, pero que sigue muy viva en su memoria. Hay historias que le he oído contar una y mil veces, como el viaje en motocicleta por toda España que hizo para su luna de miel, pero no me importa, porque a veces, no la escucho, simplemente la observo. Y en esos momentos, la veo exactamente como el narrador de este fragmento ve a su padre.

Cuando mi abuela me cuenta historias de su pasado, es como si por unos instantes dejara atrás esa carcasa vieja y arrugada en la que se ha convertido su cuerpo y regresara a aquel instante justo. Su tono no es más jovial ni sus movimientos no son más gráciles pero sus ojos resplandecen y ante mi se convierte en la mujer vivaz e incansable de las fotografías, una mujer feliz, que aún no conoce la pérdida.

Y es que tenemos la tendencia de olvidar que nuestros padres, nuestros abuelos, en su momento también fueron nosotros, y que tuvieron que enfrentarse a los mismos problemas y superar los mismos miedos. A veces, ignoro la palabrería de mi madre e intento ver quién fue y qué la ha convertido en lo que es ahora. Y entonces es cuando la veo como un ser extraño, alguien que es al mismo tiempo familiar, pero desconocido. Y me veo también a mí misma.

La cita que os traigo hoy es de un libro bastante peculiar: Big fish, de Daniel Wallace. Es un libro muy corto que recomiendo, en el que William, ahora que su padre se está muriendo, intenta descubrir quién fue. Por eso, va desgranando poco a poco la vida de su padre, una vida muy movidita, llena de anécdotas, y donde quizás haya una pizca de ficción. ¿Qué fue real y qué no? Es una historia sin nudo, pero muy curiosa, tanto por su estructura como por su final...los cuatro finales. Mirad que no soy fan del realismo mágico, pero este libro no estuvo nada mal. Si aún no os he terminado de convencer, os animo a darle un vistazo a la reseña.


viernes, 2 de enero de 2015

Big fish, de Daniel Wallace

Y con esta inicio la primera reseña del año.

Es sobre un libro que todos debéis conocer por la película. Sé que han dado esta película por televisión decenas de veces, pero os aseguro que digo la verdad al afirmar que aún no la he visto. Siempre era por una razón u otra: ahora no tengo tiempo, ya ha empezado, tengo cosas que hacer,...de tal forma, que lleva ya un tiempo en mi lista de películas pendientes de ver.

Hace unos días vi este libro por internet y pensé...¿por qué no? Así que ya lo he leído y ya me he fastidiado la película. pero en fin, creo que ha merecido la pena.

Título original: A big fish
Autor: Daniel Wallace
Editorial: Siglo XXI
Páginas: 168
Año primera publicación en su idioma original: 2007
ISBN: 9788432310201

Sinopsis:
Edward Bloom era un hombre extraordinario e inquieto. Recorría el mundo y sólo regresaba a su hogar de forma impredecible. Sin embargo, ahora ha vuelto para morir. Su hijo, William, siente una necesidad acuciante de conocerlo antes de que sea demasiado tarde y recrea la escurridiza vida de su padre en una serie de leyendas y mitos inspirados en el puñado de hechos que conoce de él. Nada había que éste no supiera hacer: corría como el viento, salvaba vidas, los animales lo adoraban, era un visionario y sabía más chistes que cualquier otro hombre.


Por qué este título...
"—Quería ser un gran hombre —susurra.
—¿En serio? —pregunto, como si para mí fuera una sorpresa.
—En serio —ratifica. Las palabras le salen despacio, débiles, pero vigorosas y seguras en ideas y sentimientos—. ¿Te lo puedes creer? Pensaba que era mi destino. Un pez gordo en un gran estanque... eso es lo que quería ser. Lo que quise desde el primer día. Empecé desde abajo. Durante mucho tiempo trabajé para otros. Luego monté mi propio negocio. Me hice con unos moldes y fabricaba velas en el sótano. Ese negocio se fue al garete. Me puse a vender jacintos a las floristerías. Fracasé. Pero, al final, me metí en la importación / exportación y las cosas empezaron a salirme rodadas. Una vez hasta cené con un primer ministro, William. ¡Un primer ministro! Imagínatelo, un chaval de Ashland cenando en la misma sala que un... No me queda por pisar ni un solo continente. Ni uno. Son siete, ¿verdad? Estoy empezando a olvidarme de en cuáles he... qué más da. Ahora todo eso parece irrelevante, ¿sabes? Y es que ya ni sé en qué consiste ser un gran hombre... cuáles son los... requisitos. ¿Y tú, William?
—Y yo, ¿qué?
—¿Lo sabes? ¿Sabes que qué consiste ser un gran hombre?"

Opinión:
Impresión: Innovador

Lo primero de todo, es que la historia llama la atención por su estructura. No sigue un hilo concreto, no hay un nudo, y en cuanto al desenlace, se nos desvela en el primer capítulo:  Edward, el protagonista, va a morir.

A partir de este punto, su hijo, William, nos va narrando las anécdotas que componen la vida de su padre, a cada cual, más fantástica e irreal que la anterior. Y aún así, he disfrutado leyendo esas pequeñas historietas, algunas llenas de humor, y otras de misterio, que parece que esconden algo de verdad tras toda esa magia.

Y es que en general, Edward me ha parecido un hombre extraño. Muy extraño. Era capaz de las mayores proezas sin pestañear, ha viajado por todos los continentes, y siempre tenía mucho sentido del humor. Es más, su hijo nos bendice con algunos de sus chistes, algo que ha hecho la lectura muy amena.

Lo único que he echado en falta es conocer un poco más al resto del elenco. De William, el narrador, no sabemos casi nada. Sí, menciona alguna que otra anécdota de su infancia, pero rara vez se refiere a sus sentimientos ni nos remite a su niñez: su padre es omnipresente y está en todos los recuerdos que menciona, a pesar de que casi nunca estaba en casa. También a la mujer de  Edward, se la echa de lado, pues no sabemos más que la situación del presente y la historia de cómo se conocieron.

Otra cosa ha destacar es esa falta de hilo conductor, que hace que la historia se pueda dividir en piezas. A parte de la cronología, William no narra las historia siguiendo ningún otro criterio, simplemente, están ahí.

En cuanto al final...extraño, como el libro en general. Y es que, a lo largo de la novela, encontramos diferentes "tomas", y podemos encontrar hasta cuatro finales distintos, aunque el último es especialmente peculiar e inesperado. Ni que decir que se me ha escapado una que otra pequeña lagrimita: a pesar de saber el qué, no sabemos el cómo, y a veces eso es lo que importa.


Como veis, es un libro sumamente original, que no os podéis perder, sobretodo si os digo que tiene muy pocas páginas, por lo que lo devoraréis en no más de 2h y 30 min, como fue mi caso. Sin duda, os lo recomiendo.

Y ahora...¡a ver la película!

PUNTUACIÓN...4/5!

Primeras Líneas...