miércoles, 30 de septiembre de 2026

Saga La peregrina, Libro II: Una órbita cerrada y compartida, de Becky Chambers

El largo viaje a un pequeño planeta iracundo fue una lectura con un par de puntos flojos que disfruté por los temas que abordaba y su original worldbuilding. El final era cerrado, pero quería ver qué más era capaz de ofrecer la autora. Por eso, tras una breve pausa, me embarqué en la lectura de esta segunda parte, que me ha ofrecido más de lo mismo, con más foco y profundidad. Os dejo con la reseña que, como os imaginaréis, tiene spoilers del libro anterior. 

Traductor: Alexander Páez García y Antonio Rivas
Editorial: Insólita Editorial
ISBN: 9788412104325
Número de páginas: 448
Encuadernación: Tapa blanda
Fecha de lanzamiento: 17/02/2020
Título original: A Closed and Common Orbit
Idioma original: inglés
Año original: 2016

Sinopsis:
Lovelace era la inteligencia artificial de la Peregrina, una nave tuneladora. Tras despertarse en un nuevo cuerpo sintético después de un traumático reinicio y borrado de memoria, tendrá que empezar desde cero en un mundo donde los de su clase son considerados ilegales. Nunca se ha sentido tan sola. Pepper, una de las ingenieras que arriesgó su vida para reinstalar a Lovelace, se ha comprometido a ayudarle a adaptarse a su nueva vida. Porque Pepper sabe algunas cosas acerca de empezar desde cero. Juntas, Pepper y Lovey descubrirán que, aunque el universo sea un lugar inabarcable, dos personas pueden ser suficientes para llenarlo.

Opinión:

No puedes leer Una órbita cerrada y compartida sin destriparte el final de El largo viaje a un pequeño planeta iracundo (yo lo siento mucho, pero qué títulos más terribles), puesto que empieza justo en el momento en que Sidra, la IA que reemplazó a Lovey, y Pepper se marchan de La Peregrina. No se vuelve a hablar mucho más de los tripulantes de la nave y, si no fuera porque el origen de Sidra está intrínsecamente relacionado con el final de la otra novela, se podrían leer independientemente. Así que, si por casualidades de la vida este libro cae en vuestras manos y no os interesa leer el otro, dadle una oportunidad, porque merece mucho la pena.

El largo viaje a un pequeño planeta iracundo me gustó, pero esta novela me ha parecido mucho mejor. ¿Sabéis todos los problemas que comenté en la otra reseña? Pues aquí, la mayoría se resuelven. La principal novedad es que la autora, al fin, ha encontrado un foco que es, en este caso, la búsqueda de la identidad. En lugar de tener diez personajes, cada uno con su trama, como pasaba en el otro libro, aquí nos centramos en dos, Sidra y Pepper, y ambas tramas se relacionan con lo mismo. En consecuencia, la novela es mucho más cohesiva y permite profundizar mucho más en el tema que pretende explorar.

La obra se centra tanto en los personajes que, en el caso de Sidra, ni siquiera hay una trama como tal, más allá de adaptarse a su nueva forma de vida y a Puerto Coriol. Así, seguiremos a Sidra en su autoexploración, desde el yo mental al yo físico. Las dudas que siente acerca de su identidad derivan, en primer lugar del hecho de convertirse en un individuo. Eso la lleva a preguntarse cuál es su lugar en el mundo y emprender la búsqueda de un objetivo vital. Un poco como nos pasa a todos, una vez llegamos a la madurez. En segundo lugar, reflexiona acerca de cuestiones relativas al determinismo vs libre albedrío. Lógico, teniendo en cuenta que es una inteligencia artificial que no sabe hasta qué punto su programación la condiciona a ser como es. Por último, está la cuestión del cuerpo, un cuerpo que no eligió Sidra, sino Lovey, y que ella aceptó sin pensar en sí misma, sino preocupada por el bienestar de los tripulantes de La Peregrina:
Se marchó porque estaba estaba diseñada para ser complaciente, para anteponer a los demás, para hacer que todos estuvieran cómodos a toda costa.
Pero ¿y su comodidad? ¿Qué pasaba con ella? ¿A las ocho personas que ya no tenían que escuchar su voz cada día les parecería un trato justo si supieran cómo se sentía ahí fuera? ¿Les importaría si supieran que su existencia era un sufrimiento? ¿No se habrían acostumbrado a ella, del mismo modo que probablemente se habían acostumbrado a la ausencia de su predecesora?
Vemos las dificultades que experimentaría una IA para adaptarse a un cuerpo y cómo le afectarían sus limitaciones. Me gusta que se trate esta cuestión, porque es algo muy aplicable a nosotros: mucha gente no se siente a gusto en su propio cuerpo y eso hace que no se sientan a gusto con sus vidas. En general, la reflexión que hace es muy acertada, se trata con profundidad y abarca distintas perspectivas.

Ahora bien, personalmente, me hubiera gustado algo más de trama: el único avance narrativo es la relación de amistad entre Sidra y Tak, un auleon. Esto me parece un buen añadido, porque impulsa la evolución emocional de Sidra y contribuye al desarrollo de la cuestión de la identidad. A diferencia de la anterior novela, donde la diversidad de especies solo aportaba conceptos interesantes, aquí se relaciona con el tema central. Por ejemplo, Tak también tiene problemas para adaptarse a la sociedad, puesto que no puede comunicarse como quisiera: los auleones tienen un lenguaje de colores que deben traducir a fonemas. Otra característica de esta especie relacionada con todo esto es que Tak cambia de género cada cierto tiempo, por lo que tiene una identidad cambiante. Es un personaje interesante que enriquece el debate, aunque su participación en la trama no hace que esta sea más dinámica, que es un poco lo que buscaba. Aquí os dejo dos ejemplos de su cultura.
"Para otras especies, cualquier gris servía, pero los aeluones tenían que seguir una serie de reglas más tradicionales. Cuando estaban entre sus vecinos galácticos, los aeluones usaban el conjunto habitual de pronombres masculinos, femeninos y neutros que entendería cualquier especie. Pero entre ellos eran una sociedad de cuatro géneros. En Centella lo reflejaban en la ropa: negro para aquellos que producían óvulos, blanco para aquellos que los fertilizaban, gris oscuro para los shons, que alternaban de forma cíclica su papel reproductivo, y gris claro para aquellos que no podían asumir ninguno. Era sorprendente ver una exhibición tan definida en una especie cuyo dimorfismo sexual era relativamente insignificante en comparación con el de otras especies, y cuya vestimenta mostraba pocas o ninguna distinciones de género en cualquier otra ocasión.
A pesar de que las pistas que proporcionaba la ropa eran inconfundibles, Sidra se alegraba de haber descargado más referencias sociales antes de salir de casa, ya que los dos últimos géneros eran físicamente imposibles de distinguir. Los shons cambiaban su papel reproductor muchas veces a lo largo de un estándar, y siempre se los consideraba machos o hembras por completo según su situación en el momento. Dirigirse a un shon usando un pronombre neutro se consideraba un insulto, a menos que estuvieran en mitad de un cambio. Los términos neutros estaban reservados para los demasiado jóvenes, los demasiado viejos y los que simplemente eran incapaces de procrear. Como los adultos neutrales en edad reproductiva tenían un aspecto idéntico al de sus homólogos fértiles, en general no les importaba lo que otras especies asumieran en cuanto a los pronombres de género, pero agradecían el uso de los términos correctos. Aunque sabía que la apariencia humana del kit la disculparía en caso de cometer un error con los pronombres, Sidra agradeció el código de colores de la ropa. Detestaba la idea de equivocarse en esas cosas".
"—Para conseguir el título —continuó; estaba lanzado— hay que asistir a cursos de desarrollo infantil, cuidados médicos básicos y comunicación interpersonal. Este es el primer nivel. Después, si se quiere ser viable en este campo, hay que añadir cursos especializados, a beneficio tanto de los niños como de las madres. Yo, por ejemplo, soy experto en masajes, tutoría básica y asesoramiento emocional. Loh, el de ahí, está especializado en artes plásticas y cocina de maravilla. Sei es nuestro jardinero, y también se ocupa de las reparaciones domésticas y la decoración. Un buen nido necesita una combinación de habilidades para prosperar, especialmente en lo relacionado con las madres. La baja por fertilidad es algo importantísimo, y es de lo más divertido, pero al principio es muy estresante para cualquier mujer. Son dos meses imprevistos alejada de su vida normal. Tiene que abandonar cualquier proyecto que tenga en marcha en el trabajo. Tiene que cancelar cualquier otro plan que haya hecho. Si es una espacial, tiene que localizar la comunidad aeluona más cercana antes de perder su oportunidad. Y a menos que su compañero sentimental también pueda tomarse ese tiempo libre, también va a estar separada una temporada de la persona más importante para ella. Va a tener que vivir con extraños (y tener sexo con ellos), y durante todo el tiempo tendrá la preocupación adicional de tener que soportar todo eso y que, a pesar de ello, no consiga tener un óvulo fertilizado al final. Y luego está el asunto de cargar con ese óvulo y dar a luz un mes después, algo que, aunque no es ni de cerca la molestia que supone para vuestra especie, sería un agobio para cualquiera. Así que hacemos todo lo que está en nuestra mano para que la experiencia sea lo más gratificante posible. Es un descanso. Unas vacaciones. Hacemos todo lo que podemos para que las mujeres que vienen a nosotros estén lo más cómodas y felices posible. Tenemos unas camas maravillosas, las habitaciones están limpias. Nuestra comida es espectacular. Disponemos de un hermoso jardín y enormes baños de agua salada. Somos amantes experimentados, y ponemos un gran empeño en asegurarnos de que copular varias veces al día se convierta en algo deseable."

Es por eso que la historia de Pepper me ha gustado más: como se centra en su supervivencia en un entorno hostil, sin duda hay más acción. Realmente no hay tensión, porque sabemos que Pepper logra escapar del planeta; lo interesante es el cómo. El desarrollo de la trama y de los personajes me ha parecido bien equilibrado, pues los obstáculos con los que tropieza no son tan grandes como para distraer la atención de cómo esta experiencia obliga al personaje a evolucionar. Esto demuestra que una historia puede tener profundidad de personajes y una trama interesante al mismo tiempo.

La evolución de Pepper es paralela a la de Sidra. Pepper fue creada como un clon modificado genéticamente para que cumpliera unas funciones concretas. Por eso, una vez se libera, tiene las mismas dudas que Sidra acerca de su identidad y su cuerpo, pero desde una perspectiva más humana. Todo este paralelismo entre la influencia del código binario y la de la genética a la hora de establecer tu identidad me ha parecido muy acertado.

El paralelismo no termina ahí: mientras que el motor de cambio para Sidra es Tak, para Pepper fue Lechuza, una inteligencia artificial de navegación que la ayuda a conocer el mundo más allá de su planeta. La relación maternofilial entre ambas está muy bien llevada, en gran medida porque se le dedica tiempo. ¡Qué diferencia entre Lechuza y Lovey! Y no me refiero a la personalidad (en ese aspecto, por programación, son bastante parecidas), sino al hecho de que, como se profundiza en ella y tiene muchas escenas para desarrollar al personaje, te encariñas pronto con ella. Me alegro de que la autora haya reducido el número de personajes y se dedique más a cada uno de ellos.

El único que me ha quedado cojo es Azul. No sé por qué este personaje no es más relevante. Procede del mismo planeta que Pepper, así que, al igual que ella, es un clon modificado genéticamente para cumplir una función específica, aunque fue apartado por nacer defectuoso. Azul está presente desde el principio (en la actualidad es la pareja de Pepper), pero solo en la trama de Sidra. En la trama del pasado, no conoce a Pepper hasta un par de meses antes del despegue y su interacción es mínima. No me parece un personaje que sobre, puesto que ofrece a Sidra una perspectiva distinta sobre sus dudas; sin embargo, no entiendo para qué se ha molestado en relacionarlo con el pasado de Pepper si aparece tan poco.

Como veis por lo que he comentado, esta novela mejora la anterior en muchos puntos; aun así, hay algo que la autora sigue sin dominar: las escenas de acción. Ambas tramas tienen un final con mucha acción (tampoco tanta, pero es mucha si lo comparamos con todo lo anterior) que no funciona por razones distintas. En el caso de la trama de Pepper (nada de lo que voy a decir es spoiler, porque sabemos desde el principio lo que pasó), sucede demasiado rápido: una vez despega, no tenemos casi ningún capítulo de lo que sucede después. Y eso que es muy relevante, pues no solo es la primera vez que entra en contacto con un mundo que hasta entonces solo conocía por hologramas, sino que es cuando se separa de Lechuza, algo que la marca de por vida. Pasan un montón de cosas que no vemos o que nos resumen por encima y eso le quita toda la emoción al momento.

En el caso de la trama de Sidra, no solo no está preparada, sino que el desenlace resulta insatisfactorio porque está más relacionado con Pepper que con ella. De repente, por casualidad, reciben una información que podrían haber recibido en cualquier otro momento (solo que a la trama no le convenía) y de forma muy acelerada, asimilan lo ocurrido, maquinan y ejecutan un plan para infiltrarse en un sitio y realizar un robo. No he sentido absolutamente nada. No solo porque te ocultan constantemente información sobre el plan o lo que está ocurriendo, sino porque se dedica demasiado poco tiempo a la gestión emocional. Además, el epílogo, donde deberían verse las consecuencias de todo lo que ha sucedido, cuál es la resolución de Sidra y cómo afecta todo a Pepper, dura seis páginas. Lo justo para resumirte cómo sigue la vida de los personajes a continuación. Una lástima, no solo porque pierde cualquier atisbo de sentimiento, sino también porque la conclusión a la reflexión sobre qué hacer si te sientes incómodo con tu propio cuerpo y cómo puedes descubrir quién eres se da de forma directa y escueta, sin espacio para los matices.

Hay muchos tipos de finales y todos dicen mucho de una obra. En algunos casos es donde el autor muestra sus verdaderos colores; en otros, reitera su mensaje sin sutilezas, dando por hecho que algún lector se habrá perdido. En este caso, después de dedicar la novela a dar pros y contras, en el epílogo toma una decisión, cuyas consecuencias no explora. Eso me da a entender que lo que le interesa a la autora es más el debate que la cuestión en sí misma.

Puede que el final no me haya convencido mucho, por cerrar de forma tan brusca los arcos de personaje y estar desconectado de Sidra, además de los problemas para manejar la acción. Pese a ello, he disfrutado mucho leyendo la novela, porque a mí me van los debates y, en este caso, trata con mucha profundidad y desde múltiples perspectivas la cuestión de la identidad y de sentirte incómodo con tu propio cuerpo. La novela tiene un foco claro, donde todas las tramas de los personajes tratan de enriquecer el tema central. ¿Hubiera preferido algo más de acción y un hilo conductor más claro en el caso de Sidra? Sí, pero prefiero que deje eso de lado y se centre en desarrollar sus temas, que es lo que hace, que no en meter acción aleatoria.  

Quisiera terminar diciendo que me alegro de estar leyendo tanta ciencia ficción este año. Es algo que siempre me había echado un poco para atrás: le tenía miedo a las densas explicaciones científicas. Sin embargo, por casualidad, se me han juntado varias lecturas de este género que me han dejado bastante satisfecha. Son libros que han tenido sus más y sus menos, pero han cambiado mi perspectiva: al igual que no toda la fantasía son elfos y dragones, no toda la ciencia ficción son batallas espaciales e ideas complejas y abstractas. Lo que he descubierto es que puede que prefiera la magia dura, pero en el caso de la ciencia ficción, prefiero que sea blanda.

Cosas que he aprendido:

  • Comprender mejor el dilema de no sentirte cómodo con tu propio cuerpo

Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads:


PUNTUACIÓN...4/5!

Primeras Líneas...

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"Sabes que has leído un buen libro cuando al cerrar la tapa después de haber leído la última página te sientes como si hubieras perdido a un amigo." Paul Sweeney