lunes, 10 de agosto de 2026

Estació boria, d'Enric Herce

Autor: Enric Herce
Títol: Estació Boira
Editorial: Males Herbes
Any: 2018
Pàgines: 250
ISBN: 9788494780059

Sinopsis:
Estació Boira és l’indret on van a parar els refugiats provinents del planeta Terra com a conseqüència de l’última gran guerra mundial. Max, un exsoldat reconvertit en policia, es dedica a controlar que els ciutadans de l’estació consumeixin la dosi diària de relev, una droga que frena els impulsos violents. La introducció clandestina d’una nova substància que neutralitza els efectes del relev, i l’inesperat ressorgiment del seu passat, el portaran a veure’s involucrat en una trama frenètica en què les grans corporacions lluiten pel poder i els individus viuen cada vegada més sotmesos al xantatge de la seguretat vital.

Por qué este título...
"Vivim al limbe, al purgatori. En una zona de traspàs, de qualitats esmorteïdes, on ja ha marxat la xafagor de l'estiu, però les fulles no es decideixen a llençar-se al buit i abraçar la tardor; allà on no queda rastre del fred hivernal, però la vegetació encara no gosa florir. Vivim al no-res deixant passar els dies, esperant, esperant que arribi no sabem ben bé què d'una vegada per totes, encara que intuïm que quan ho faci no ens agradarà. Tenim els sentits anul·lats i els sentiments diluïts. Tenim la mirada cansada i el posar dels qui no són feliços. Vivim a Estació Boira"

Opinión:

Me gustan los libros raros y experimentales, esos en los que el autor explora nuevas narrativas o juega con el lector. Cosas simples como el narrador en tercera persona que habla contigo, como en los libros de Palma, y cosas tan complejas como El barco de Teseo. Escribir este tipo de obras no es fácil: primero, tienes que ser consciente de que no vas a vender, porque este tipo de obras no venden (excepto El barco de Teseo porque HABÉIS VISTO QUÉ EDICIÓN MÁS GUAY), y segundo, debes tener un gran dominio de la técnica o al final te saldrá un churro incomprensible. 

Este tipo de obras exigen un lector activo y muy dispuesto a hacer un esfuerzo extra por entender qué quiere decir el autor y por qué quiere decirlo así. Vamos, que nunca son lecturas fáciles. En mi caso, he leído este libro centrada, en silencio, volviendo atrás y releyendo algunas escenas, así que os puedo asegurar que el problema no es que no me haya esforzado.

Esta novela tiene como peculiaridad una narrativa fragmentada, por lo que las escenas alternan entre el presente en el que Max está en una investigación, su pasado en la guerra, los recuerdos con su familia y las telenoticias, además de otros fragmentos varios. Para que os hagáis una idea, las primeras 15 páginas contienen las escenas siguientes: 1) Max va por la autopista hacia un restaurante; 2) Max escucha la radio y habla con la camarera; 3) el telenoticias dice cosas sobre el mundo; 4) Max está en casa con su familia siendo feliz, pero resulta que en realidad está solo y es un recuerdo; 5) Max se ha ido a una cafetería con la camarera, hay un flashback de lo que sucedió en el restaurante y volvemos a la conversación de la cafetería (todo esto, presumiblemente antes de estar en su casa recordando a su familia). ¿Estáis confundidos? Bien, así es como me sentía yo mientras leía. Como veis, no hay orden establecido ni interrelación entre unas escenas y otras, por lo que al principio, me sentí perdida. Poco a poco me adapté a esta forma de contar la historia; eso no significa que mi confusión desapareciera del todo.

En parte, entiendo por qué la narrativa es así: representa la visión fragmentada y confusa que tiene Max del pasado y del presente. Aun así, me parece una justificación endeble. Entiendo que no se explique previamente que las escenas de Max con su familia son recuerdos, puesto que para el personaje no lo son, como explicaré más adelante. Sin embargo, no comprendo por qué las escenas bélicas no están conectadas a nada (no es que el personaje piense en ello o algo le recuerde a su pasado) ni qué aportan las telenoticias, más allá de ofrecer de forma artificial información sobre el mundo.

A esto hay que sumarle dos factores que aumentan la confusión. El primero es que estamos ante una de esas novelas en las que la información es muy diegética y el lector tarda un rato en situarse. Así, al principio, no sabemos nada del mundo ni del personaje, por lo que cuando Max utiliza el visor que le permite revivir el pasado como si estuviera allí, no sabemos que todo es un recuerdo. Lo mismo sucede con las partes bélicas: Max es policía, así que creía que esas escenas pertenecían al presente, a los momentos en que vigila el perímetro de la ciudad. 

En segundo lugar, la edición no ayuda. La diferencia entre una escena y otra es un salto de párrafo doble, es decir, un espacio mayor, cosa que no sería un problema de no ser porque algunas escenas empiezan a principio de página y ese espacio pasa desapercibido. En consecuencia, a veces no sabía que habíamos cambiado de escena hasta que me sentía perdida y tenía que volver atrás y releerlo todo. Hacer uso de esta separación de escenas es una decisión estilística que no comparto, pero no es un error en sí. Lo que sí que es un error de edición es olvidarse del espacio que marca el cambio de escena. Solo pasa dos o tres veces, pero ya son muchas. En esos momentos sí que sentí confusión total.

Como veis, me he centrado mucho en el tema de la narración, porque todo lo demás me ha dado un poco igual. Para empezar, el mundo, lo poco que sabemos de él porque las descripciones escasean, no es nada espectacular: Max vive en una estación espacial tras una terrible guerra que convirtió la Tierra en un lugar inhóspito y dividido en facciones. Sinceramente, no he sentido que se ambientara en el espacio, sino en una ciudad futurista cualquiera, donde, como siempre, las megacorporaciones lo controlan todo. En este mundo, la población está sometida a, atención a esta idea tan original, una droga llamada relev, de uso obligatorio, que reduce tu agresividad. Como os decía, nada del otro mundo.

Lo mismo sucede con los personajes. El protagonista absoluto es Max, a quien iremos conociendo con el paso de las páginas gracias a los flashbacks, los recuerdos de su familia y sus acciones en el presente. Es el típico investigador policial que ha sufrido y que ya está cansado de todo, pero que en este caso va a por todas porque el caso afecta a alguien que le importa. Al final nos revelan un detalle importante sobre él que, si se hubiera sabido desde el principio, hubiera dado más empaque al personaje y hubiera permitido ofrecer más debate y reflexiones. En su lugar, es un giro del final que no se desarrolla. No he sentido ningún interés en el personaje porque, al igual que el mundo, tampoco me ofrece nada nuevo.

No hay muchos personajes más. Está Erika, quien acompaña a Max desde el principio, pero es de cartón piedra: sabemos cuatro cosas sobre ella, lo justo para aparecer en esta lista de personajes. Supongo que si la incluyo a ella, lo justo es que también mencione al Poeta. No es que salga mucho, pero es relevante para la trama y lo conocemos más que a Erika porque nos insertan 30 páginas interminables con el diario que ha escrito sobre su vida (por fin un libro en el que un diario tiene la duración de un diario de verdad).

Los personajes no son el punto fuerte de la novela, pero es que la trama tampoco: la investigación sobre qué droga está contrarrestando el relev y quién la ha puesto en circulación también me ha importado poco. No es que la trama esté mal llevada, sino que lo que quiere decir con ella la obra, criticar a las megacorporaciones que controlan el mundo desde las sombras, no me dice nada nuevo. Hay más temas por ahí metidos (la memoria, la guerra, los refugiados, el control social...), pero se tratan muy superficialmente.

Supongo que, visto mi entusiasmo, debería haber dejado el libro. Seguí leyendo por varias razones: porque quería darle una oportunidad a la ciencia ficción en catalán; porque es un libro corto (250 páginas), así que cuando pillé su rollo ya llevaba más de la mitad; porque una vez te situas, es entretenido. Entonces, ¿lo recomendaría? No sabría deciros. Más allá de la narrativa excesivamente confusa, no está mal. Te presentan un futuro distópico tradicional con una trama de corte policial (¡al menos no estamos ante otro de esos libros del individuo derrocando al sistema!) que advierte sobre las megacorporaciones. Cuesta pillarle el tranquillo, pero una vez lo haces, la trama es entretenida. Si sois muy fans del género y queréis ver una muestra perteneciente a la literatura catalana, puede que os guste.

Nota: La edición que yo he leído es en catalán, pero el libro también está traducido al castellano como Estación niebla.

Cosas que he aprendido:

  • Me reafirmo en la idea de que la literatura catalana no parece para mí.

Y ya para terminar, os dejo con mis avances en Goodreads...

PUNTUACIÓN...2'5/5!

Primeras Líneas...

lunes, 3 de agosto de 2026

Libros abandonados 2026 (enero-junio)

¡Hola a todos!

Tras una pausa larga, vuelvo a estar aquí con mi lista de libros abandonados. Esta sección, por llamarla de algún modo, la empecé hace un par de años. No son publicaciones con una periodicidad fija, sino que depende de la cantidad de libros que deje de lado. En este caso, por ejemplo, he agrupado todas las lecturas abandonadas entre enero y junio de este año.

Para la entrada, seguiré la misma estructura que en publicaciones anteriores: os dejaré la sinopsis y un par de líneas justificando por qué he abandonado cada lectura. No son reseñas, porque no he leído los libros completos, pero me gusta hablar de ellos para poner algo de orden en mi cabeza. Además, seguro que es útil poner de sobre aviso a otros lectores.

No es que los libros de los que os voy a hablar a continuación sean malos; muchas veces, dejo los libros porque, por una razón u otra, no encajan conmigo. Seguid leyendo y os lo explico.

Los últimos testigos, de Cynthia Ozick

Sinopsis:
La gran narradora Cynthia Ozick plasma con absoluta maestría el enrarecido clima de América y Europa en la antesala de la Segunda Guerra Mundial.
La amenaza nazi se cierne sobre el horizonte de Europa. Estamos en los fascinantes, peligrosos y turbulentos años treinta. La familia Mitwisser abandona Alemania para exiliarse en Nueva York, donde Rose Meadows acude a la llamada de un anuncio que solicita una ayudante para el señor Mitwisser, el enigmático patriarca, un oscuro erudito especializado en una remota secta judía. Su esposa, Elsa, había sido una reputada física pero vive ahora recluida en una habitación. Una hija de dieciséis años, la misteriosa y exquisita Anneliese, gobierna la casa. Rose entra así en un mundo de incertidumbres, silencios y secretos, la geografía del destierro, un país hechizado por la ambigua figura de otro personaje inquietante: James A'Bair, el benefactor de la familia, hijo de un exitoso autor de libros para niños que se enriqueció con la fabulación de la infancia de su hijo. James es también ahora una especie de refugiado, un hombre que huye de la fama, que le ha dado dinero, pero también de una madurez amarga.
La probada maestría de Cynthia Ozick como una de las grandes narradoras norteamericanas de nuestro tiempo alcanza aquí la cota más alta de su carrera. Los últimos testigos es una novela transida de romanticismo sobre el deseo, la fama, el fanatismo y los insospechados caminos de la fortuna.

Impresiones:
Por Navidad, pedí el libro Últimos testigos, de Svetlana Alexiévich y mi familia me regaló este por error. ¡Ya es casualidad que haya dos libros con títulos y temáticas tan similares! Ya que lo tenía, decidí darle una oportunidad, pero terminé por dejarlo porque me parecía muy aburrido. No me parece que sea un libro malo; simplemente, soy muy quisquillosa con las novelas históricas y aquellas que tienen un tono biográfico, como es el caso, me aburren soberanamente. 

La sombra de los dioses, de John Gwynne

Sinopsis:
Ha pasado un siglo desde que los dioses lucharon y se extinguieron. Ahora solo quedan sus huesos, que prometen un gran poder a aquellos lo suficientemente valientes como para buscarlos.
Mientras los susurros de guerra resuenan en la tierra de Vigrið, el destino sigue los pasos de tres guerreros: una cazadora en una búsqueda peligrosa, una mujer noble que busca la fama en la batalla y un esclavo que busca venganza entre los mercenarios conocidos como los Hermanos de Sangre.
Los tres darán forma al destino del mundo, ya que una vez más cae bajo la sombra de los dioses.

Impresiones:
Aprovechando que John Gwynne venía al Celsius, decidí darle una oportunidad al libro. Me llamaba la atención porque la portada prometía una épica impresionante (¿Yo? ¿Superficial? No sé de qué me estáis hablando) y porque los mundos en los que los dioses existen o han existido de verdad me parecen atractivos: pueden dar pie tanto a reflexiones religiosas como a mostrar lo pequeños que somos. G se animó a leerlo también, pero lo abandonó incluso antes que yo, eso sí, por los mismos motivos: el aburrimiento. Las tres tramas que propone la novela son interesantes, pero no solo están desconectadas, sino que dan vueltas sobre ellas mismas. Intuía que los personajes se iban a encontrar tarde o temprano (más tarde que temprano), pero prefiero las relaciones estrechas a los encontronazos rápidos. Para mí, la historia hubiera funcionado mejor si se podaran las tramas y cada una tuviera su propio libro. 

Una mujer, de Annie Ernaux

Sinopsis:
Annie Ernaux se esfuerza aquí por reencontrar los diferentes rostros y la vida de su madre, muerta el 7 de abril de 1986, al término de una enfermedad que había destruido su memoria y su integridad intelectual y física. Ella, tan activa, tan abierta al mundo. Búsqueda de la existencia de una mujer, obrera, luego comerciante ansiosa por mantener su nuevo estatus y por aprender. Puesta al día, también, de la evolución y la ambivalencia de los sentimientos de una hija por su madre: amor, odio, ternura, culpabilidad, y, por último, apego visceral a la anciana disminuida. «Ya no volveré a oír su voz… Perdí el último nexo con el mundo del que salí.»

Impresiones:
Estoy pasando por una etapa vital en la que las novelas intimistas me llaman la atención, en especial si hablan sobre la familia. Me habían hablado muy bien de esta autora y le di una oportunidad aprovechando que estaba en la eBiblio. Sé que Annie Ernaux habla de su experiencia personal con su madre, pero no esperaba que el tono fuera tan biográfico. La prosa es buena, pero como he dicho con anterioridad, las biografías y yo no encajamos.


Fahrenheit 451, de Ray Bradbury

Sinopsis:

Guy Montag es un bombero y el trabajo de un bombero es quemar libros, que están prohibidos porque son causa de discordia y sufrimiento.
El Sabueso Mecánico del Departamento de Incendios, armado con una letal inyección hipodérmica, escoltado por helicópteros, está preparado para rastrear a los disidentes que aún conservan y leen libros.
Como 1984, de George Orwell, como Un mundo feliz, de Aldous Huxley, Fahrenheit 451 describe una civilización occidental esclavizada por los medios, los tranquilizantes y el conformismo.
La visión de Bradbury es asombrosamente profética: pantallas de televisión que ocupan paredes y exhiben folletines interactivos; avenidas donde los coches corren a 150 kilómetros por hora persiguiendo a peatones; una población que no escucha otra cosa que una insípida corriente de música y noticias transmitidas por unos diminutos auriculares insertados en las orejas.

Impresiones:
No sabéis lo mucho que me duele haber dejado este libro. Lo leí hace muchos años, en la época en que se pusieron de moda las distopías, y me encantó. Cuando G lo leyó, reconoció su valor, pero se quejó mucho de la prosa. Yo le resté importancia; sin embargo, ahora me doy cuenta de que su juicio era muy acertado. La primera vez que leí el libro era en la época en la que leía traducciones de fans, así que os podéis imaginar que mi criterio de calidad literaria era bastante bajo. Con el bagaje lector que tengo ahora, veo que la prosa es un desastre. Intenté leer el libro con traducciones distintas, tanto en castellano como en catalán, pero ninguna me dejaba satisfecha, así que sospecho que el problema es el original. La narración no fluye y el texto no suena bien, como si las palabras rechinaran. Era incapaz de abstraerme en la lectura precisamente por eso. A diferencia de los demás libros, que descarto por completo, en este caso quizás volveré a darle una oportunidad en el futuro con otra edición.



El infinito en un junco, de Irene Vallejo
Sinopsis:
Este es un libro sobre la historia de los libros. Un recorrido por la vida de ese fascinante artefacto que inventamos para que las palabras pudieran viajar en el espacio y en el tiempo. La historia de su fabricación, de todos los tipos que hemos ensayado a lo largo de casi treinta siglos: libros de humo, de piedra, de arcilla, de juncos, de seda, de piel, de árboles y, los últimos llegados, de plástico y luz.
Es, además, un libro de viajes. Una ruta con escalas en los campos de batalla de Alejandro y en la Villa de los Papiros bajo la erupción del Vesubio, en los palacios de Cleopatra y en el escenario del crimen de Hipatia, en las primeras librerías conocidas y en los talleres de copia manuscrita, en las hogueras donde ardieron códices prohibidos, en el gulag, en la biblioteca de Sarajevo y en el laberinto subterráneo de Oxford en el año 2000. Un hilo que une a los clásicos con el vertiginoso mundo contemporáneo, conectándolos con debates actuales: Aristófanes y los procesos judiciales contra humoristas, Safo y la voz literaria de las mujeres, Tito Livio y el fenómeno fan, Séneca y la posverdad…
Pero, sobre todo, esta es una fabulosa aventura colectiva protagonizada por miles de personas que, a lo largo del tiempo, han hecho posibles y han protegido los libros: narradoras orales, escribas, iluminadores, traductores, vendedores ambulantes, maestras, sabios, espías, rebeldes, monjas, esclavos, aventureras… Lectores en paisajes de montaña y junto al mar que ruge, en las capitales donde la energía se concentra y en los enclaves más apartados donde el saber se refugia en tiempos de caos. Gente común cuyos nombres en muchos casos no registra la historia, esos salvadores de libros que son los auténticos protagonistas de este ensayo.

Impresiones:
Un libro sobre libros. De verdad que esperaba que me gustara tanto como Contra la lectura. Tengo que escuchar más a G cuando me dice que antes de comprar un libro o añadirlo a la lista de pendientes hay que leer las primeras páginas... La sinopsis no miente. Habla de la historia del libro y hay anécdotas. Sin embargo, no me ha gustado nada cómo estaba articulado el libro, dejando de lado la implicación personal y poniendo el foco en Historia más que en Libro. Me encanta la Biblioteca de Alejandría, pero para hablarnos de ella, no me hace falta conocer la vida de Ptolomeo II. El ensayo me estaba pareciendo demasiado técnico y poco emocional. Lo cierto es que no entiendo por qué ha cautivado a tanta gente.

Y bueno, hasta aquí el resumen de las novelas que he abandonado y las razones que me han llevado a ello. ¿Habéis leído alguna de ellas? ¿Qué tenéis que decir a mis quejas? ¿Cuál fue el último libro que abandonasteis?